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La sanidad para el matrimonio pastoral deshecho

Por Dale Wolery

Miraba fijamente al monitor de su computadora mientras pensaba: Ella lo ha vuelto a hacer. Él tenía que terminar su sermón. No pudo. Su mente atiborrada lanzaba puñetazos.

¿Qué está pensando ella? ¿Por qué descargar ahora mismo? ¡He estado ocupado, tremendamente ocupado, y ella lo sabe! “¿Por qué nunca está por aquí por mí?”

Ella contraatacó. Él lanzó el jab. ¿Estar aquí por ella? ¿Con la carga que llevo? Ella sabe que estoy tratando. Estoy corriendo tan fuerte como puedo. Ella sabe con lo que cargo. Dos funerales en un mes. El retiro de hombres. La iglesia completa. La carga de todas estas tareas. Nunca tomo tiempo para mí. ¿Piensa ella que me da igual? Es ella es a quien le da igual.

¿Por qué Dios?, gritó silenciosamente. ¿Por qué no puede sencillamente aflojar, entenderme, apoyarme, apreciarme? ¿No puede ver tu bendición? La iglesia está creciendo, la gente habla de mis mensajes, la junta acaba de darme un aumento. Ella no está tratando. ¡Ella está loca! —fue su conclusión.

El monitor en blanco le recordó su sermón. Decidiendo cambiar para el correo electrónico, trató de avanzar pero se detuvo. La pesadez de los ciclos acumulativos de conflicto y dolor continuados lo abrumó. La ruptura de la noche anterior simplemente se añadió a la cadena de tundas que aporreaba sin fin a su matrimonio gastado. Puso su cabeza entre sus manos. Era como si su esposa estuviera acuchillándolo constantemente en el corazón. Nunca se había sentido más cansado. No podía imaginar el sentirse más solo. Sintió dolor.

Se abrió la puerta. Él se movió para saludarla y se detuvo, recordando cuán equivocada estaba. Ella no estaba sonriendo. Dándole un pedazo de papel, ella le espetó: “No voy a pasar por esto otra vez. Lo que te importa es la iglesia. Ni tan siquiera sabes que los niños y yo existimos. No puedo recordarme cuándo sentí que te importábamos. Necesitamos ayuda. Quiero que hagas contacto con esas personas y veas qué nos dicen que hagamos.”

Él comenzó su refutación, pero se cerró la puerta. Se sentó. Estaba furioso y frustrado, y echaba chispas. Suspiró. Su único consuelo era que nadie sabía de sus luchas diarias y de su matrimonio deshecho.

Los deshechos matrimonios de pastores son algo normal

Si usted es pastor o cónyuge del pastor que se identifica con la escena anterior, usted no está solo. Si su matrimonio pastoral está deshecho o tiene problemas, no está solo. Algunos de los pastores más exitosos en América del Norte tienen matrimonios terribles.

En vez de matrimonios modelos que reflejen bien a Cristo, muchos matrimonios de pastores luchan por sobrevivir. La familia y los empleados que aparecen en los directorios o en los folletos de las iglesias se ven felices y saludables. Fuera del folleto y en el dormitorio, eso casi nunca es realidad. Las familias de los pastores no son siempre lo que aparentan. Tienen dificultades. Hay un deterioro creciente de la vida de la familia pastoral.

Mi propio matrimonio pastoral conoce ese dolor. Sara y yo luchamos con la confusión de un desmoronamiento conyugal y las exigencias del ministerio. Yo había aliviado el conflicto conyugal, había luchado contra las adicciones, y había bailado la danza de la expectativa congregacional. Cuando parecía que tenía más buen éxito en el ministerio, mi matrimonio y mi vida personal tenían los mayores problemas. Mientras me convencía de que nuestras luchas conyugales eran en gran parte culpa de Sara y demoraba en buscar ayuda para nosotros, pude proceder sin cambiar. Mientras la iglesia aprobaba mi ministerio, expresaba el hecho de eludir a Sara de esta manera: “Cuando termine con _________ (cualquier proyecto estresante), las cosas se pondrán mejor entre nosotros”.

Hallaba el sonreír en público — aunque no me sintiera así — más fácil que la cercanía genuina en la vida conyugal diaria. Sara valientemente me pedía más mientras le daba menos. Pude haber evitado la crisis que dio inicio a nuestro viaje de sanidad si hubiera estado dispuesto a oírle decir: “Nos estamos dejando separar. No estamos tan cerca como estábamos antes”.

Mi entendimiento de las luchas de matrimonio pastoral es personal tanto como profesional. Hemos ayudado exclusivamente a pastores y a sus familias por más de un decenio. La esperanza, la gracia, y la sanidad que se ofrece a continuación es resultado de nuestra experiencia profesional y personal. Te entrego un pedazo de papel y pido a Dios que aceptes la ayuda que Él te ofrece. Habría deseado que yo hubiera hecho lo mismo antes, mucho antes.

¿QuÉ deshace los matrimonios de los pastores?

Hemos visto a Dios obrar en matrimonios de pastores en los que el silencio y la distancia nunca se intensificaron hasta el ataque verbal, y gargantas que predican que están roncas con las palabras de enojo. Dios obra cuando las adicciones son un problema y cuando no lo son. Él halla modos de alentar con gracia y sanidad a las personas cansadas cuando se tambalean bajo la desesperanza. Pero Él obra profundamente, usando a veces el dolor como su principal lenguaje.

No acepté de buena gana su gracia y sanidad porque eso amenazaba lo que había creído y apuntaba amorosamente a mi pecado. Su mano sanadora me guió a aferrarme a conceptos y prácticas contra los cuales yo había predicado. Él no lo hizo a mi manera. Lo que Dios hizo por mí, lo hizo de una manera larga, dura y humillante.

Para descubrir la obra edificante del Señor en los matrimonios de pastores, uno tiene que mirar más profundo que a lo que se está dispuesto la mayoría en las iglesias comunes. Uno tiene que analizar las fuentes del daño extendido y proponer soluciones que den resultado. Las respuestas muy gastadas y fáciles son inútiles.

Las iglesias disfuncionales dañan los matrimonios de los pastores

Una fuente que contribuye a los deshechos matrimonios de pastores es la iglesia. La iglesia es una poderosa proveedora del daño conyugal de los ministros. Las iglesias han pasado a organizaciones disfuncionales que se comen sus crías y matan a sus heridos.

Las iglesias están aferradas al poderoso dios del crecimiento numérico, atascadas con el veneno de “siempre lo hemos hecho de esta manera”, mesmerizadas por el liderazgo de personajes famosos, atadas al modelo empresarial, y por tanto cegadas por la negación colectiva. Esos enfoques machacan implacablemente los matrimonios de pastores. Sin reflexión previa ni malicia, las iglesias simplemente hacen lo que las iglesias hacen.

Las expectativas de la iglesia dañan los matrimonios de los pastores

En casi todas las iglesias, años de disfunción institucionalizada deshilachan el tejido de los matrimonios de pastores. Las iglesias esperan demasiado y se ocupan demasiado poco. Bajo el escrutinio de expectativas estipuladas y no estipuladas, los espíritus más fuertes de nuestro cuerpo ministerial se marchitan. Aunque los cristianos de sentido común medio se reúnen los domingos, la mayoría llega a conclusiones negativas sobre el equipo de liderazgo de su iglesia. La música de la iglesia compite con las grabaciones que escuchan cuando van manejando hacia la iglesia. Cuando el pastor se levanta a hablar, la gente lo compara sin palabras con la ‘crème de la crème’. A través de la semana, los asistentes a la iglesia escuchan a los excepcionalmente dotados oradores cristianos de radio, y ven a los comunicadores en la Internet y la televisión que están en la cima del montón de comunicadores. En el banco, se preguntan por qué su pastor promedio parece tan promedio.

Fuera del púlpito, la gente espera un consejo del pastor que rivalice con el consejo muy competente del conductor del programa de radio Vida Nueva. Otros comparan su competencia o incompetencia para unirse a facciones críticas en la iglesia con el “último éxito” salido de las plumas de los mejores ejecutivos de negocio y autores de nuestra nación. Estas evaluaciones injustas, comparaciones, y otras maneras disfuncionales de hacer la iglesia ejercen una enorme tensión en los matrimonios de pastores.

Se supone que los pastores se destaquen en la predicación, la enseñanza, las capacidades de liderazgo, las capacidades con las personas, y el conocimiento bíblico. La congregación espera que trabajen todos los fines de semana del año y tengan el mejor de los matrimonios. En mi propio matrimonio, las exigencias disfuncionales y no estipuladas de la congregación inflamadas por mi ambición personal quemaron nuestro matrimonio más allá de todo reconocimiento, casi más allá de toda reconstrucción.

En ese tiempo, no estaba consciente del pecado sistémico de la iglesia o del mío mientras cavaba más profundo la tumba de nuestro matrimonio. Conocí iglesias que dañaron los matrimonios de sus líderes y matrimonios de líderes que dañaron la iglesia, pero no estaba consciente de que esos procesos obraban en mi vida.

Cuando los errores, pecados, y fracasos de un líder — no importa que sean no intencionales — se combinan con las prácticas más malas de la iglesia, la combinación es mortal para su matrimonio. Sanar un matrimonio deshecho de un líder requiere sinceridad respecto a las enfermedades de la iglesia. También tenemos que examinar las enfermedades comunes que los pastores traen a sus matrimonios y sus iglesias.

El daÑo a los pastores daña a los matrimonios de los pastores.

La renuncia de sí mismo en el ministerio es poderosa

Los líderes cristianos están en su mayor parte ciegos a su comportamiento saboteador. El camino a la destrucción en el ministerio está pavimentado con nuestra mejor teología, enseñanza, esfuerzo e intenciones. Las poderosas trampas de renuncias que nos mantienen con su agarre son en gran parte invisibles para nosotros. No sabía cuán imperfecto yo era. Oro que usted sea sensible y, le advierto, no es fácil.

Los pastores son presionados para que guarden los secretos que dañan al matrimonio

El denodado descubrimiento de sí mismo es necesario para que Dios cambie el matrimonio de un pastor. Eso es problemático. En la Red de Recuperación Pastoral, donde ahora sirvo, hallamos que es más difícil para los pastores hacer frente con sinceridad a sus problemas que lo es para las personas sentadas en los bancos. Los pastores saben intuitivamente que ellos tienen que evitar la verdad acerca de sus defectos y mantenerlos a cubierto. La iglesia se aferra a su noción de la perfecta familia del líder y sus expectativas correspondientes. A su iglesia le encanta que usted sea el líder sin defectos. Es probable que usted también disfrute de eso.

Nuestra cultura emplea una energía poderosa que motiva a los pastores a mantener encubierta la verdad. Ella se complace en derribar a los pastores cuando son menos que perfectos. El error público por pastores imperfectos es pasto fácil para una prensa hambrienta. La iglesia y la cultura facilitan a los pastores engañarse a sí mismos en un silencio dañino sobre lo que sucede a puertas cerradas. Los pastores no pueden arreglar sus matrimonios sin admitir que están deshechos. La sinceridad es esencial. Mientras los pastores insisten en la verdad, es importante que sean sinceros acerca del poder del pedestal.

Las personas ponen a los pastores en pedestales que aíslan

Las iglesias ponen a los pastores y a sus cónyuges en pedestales invisibles. La gente intenta honrar y distinguir a sus pastores, pero el pedestal se convierte en una fuerza que daña a los pastores como líderes. Los sentimientos de importancia y de honor asociados con el estar en el pedestal inicialmente atraen a los pastores, pero esta fuerza motriz de grupo compartida crea un aislamiento excepcional que deshace la parte en común de los matrimonios de pastores.

El sistema de castas pastorado/laicado fomentado por nuestro modo de pensar consumista de personajes famosos hace que las amistades normales y edificantes sean casi imposible para el pastor y su esposa. Cuando las parejas pastorales afrontan las dificultades de la vida, muchas veces las afrontan solos. Cuando sufren espiritualmente, las reglas no establecidas de la fuerza del pedestal los hacen sufrir en silencio. Cuando la Red de Restauración Pastoral analiza las planillas de inscripción, nos sorprendemos cuán conmovedoramente los pastores y las esposas declaran que están solos y sin amigos. La frase que más oímos al conversar con pastores acerca de sus problemas es: “No tengo hacia quién volverme”. Los pedestales dañan los matrimonios.

El enemigo trabaja estratÉgicamente

La razón más obvia de tantos matrimonios deshechos en la categoría pastoral es el ataque del enemigo. La naturaleza estratégica de los matrimonios de pastores los hace blanco favorito del enemigo. Cuando un matrimonio pastoral se derrumba, Satanás gana. No hay noticia más sensacional, ni se extiende más rápidamente, ni mancilla más al cristianismo que la noticia de que anda mal el matrimonio de un pastor. Los burlones se deleitan y los demonios bailan cuando la caída de un líder cristiano deja a sus feligreses abandonados.

Las personas heridas pueblan las categorías pastorales

La superpoblación de las categorías pastorales llenas de personas heridas es un fenómeno natural que perjudica a los matrimonios. Observadores atentos creen que es probable que quienes sufrieron más daño en su niñez sean los que más entren en el ministerio. Muchas veces la gente acusa a los psicólogos de unirse a su campo para ajustarse ellos mismos. Creemos que muchos ministros entran al ministerio esperando que se acercarán más a Dios, se volverán mejor persona y tendrán mejores matrimonios. Esto no siempre da buen resultado. Por muy maravillosa que sea la obra de salvación de Dios, no salva a los ministros y a las esposas de sus propios y profundos problemas personales.

El ataque satánico concentrado, el aislamiento del pedestal, y el deseo inconsciente de recibir la sanidad espiritual dan lugar a un número desproporcionado de matrimonios deshechos entre los líderes cristianos. Esa vulnerabilidad a la desintegración conyugal también está compuesta de los habituales problemas conyugales que afrontan otras parejas.

La desintegraciÓn cultural de la familia daÑa los matrimonios de los pastores.

Los pastores también sufrieron cuando eran niños

La desintegración de la familia en la última mitad del siglo pasado afecta profundamente los matrimonios de los pastores de hoy. Esa crisis causó el aumento en el divorcio, la dependencia de los productos químicos, el distanciamiento emocional en las relaciones familiares, estilos de vida forzados, el materialismo no censurado, adicciones, abuso, y abandono. Cada generación sucesiva produce más niños que sufren. El desarrollo atrofiado de esos niños que sufren resulta en niños que sufren en cuerpos de adultos que guían más y más iglesias.

El comprender ese gran cambio que se produce en nuestro carácter y en nuestras relaciones nos despierta a la plena trascendencia de las severas palabras de Jesús: “Mejor le fuera que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos” (Lucas 17:2). Los pecados hechos a los niños que los hacen pecar son delitos capitales. Los traumas de la niñez se agravan cuando se quedan sin resolver y encuentran el rigor del ministerio y del matrimonio.

Los pastores tambiÉn estÁn atrapados en adicciones

Otra consecuencia de la desintegración general de la familia es un aumento espectacular en las adicciones. Esta arremetida compromete los matrimonios de los pastores. La adicción de preferencia en categorías conservadoras de ministros es la adicción sexual. La adicción por el sexo y la pornografía atrapan a un número creciente de pastores vulnerables. A diferencia de la cocaína, la pornografía es barata, fácilmente accesible y muy adictiva. Ninguna profesión es más susceptible a su poder que el pastorado. ¿Quiénes más se supone que empleen largas horas en sus oficinas detrás de puertas cerradas con acceso no controlado a la Internet? Esta esclavitud ata a hombres buenos y de otra manera piadosos haciéndolos impotentes.

Los pastores también luchan contra la dependencia de productos químicos, arrebatos violentos, dependencia a relaciones inapropiadas y adicciones a procesos, tal como ver televisión. Los pastores que se encuentran con la presión del ministerio mientras tienen matrimonios difíciles hallan consuelo temporal en los escapes habituales. Esto se convierte en adicciones devoradoras.

Las congregaciones, sin saberlo, aprueban la adicción al trabajo, la complacencia obsesiva, el servir y el apaciguar a otros. De igual manera, los líderes que despliegan arrogancia narcisista y practican comportamiento dominante manipulador muchas veces se levantan hasta la cima como poderosos líderes cristianos. ¿Hay esperanza?

La esperanza del matrimonio pastoral

Medidas a medias no dan buen resultado

Los pastores y las iglesias tienen que cambiar significativamente. Lamentablemente, cuando los cristianos proponen soluciones a este tipo de asuntos, muchas veces la mayoría encubre la realidad con palabras de sonido bíblico o aplican medidas a medias impotentes a estos problemas conyugales profundamente arraigados. Por lo tanto, suponen que fines de semana de descanso ocasionales, retiros anuales o ajustes rápidos, tales como los grupos de responsabilidad, solucionarán estos problemas.

Las medidas a medias y los grupos de responsabilidad por lo general producen más rechazo y daño. Estos se añaden al rechazo a un grupo de la iglesia porque ésta supone que un disuasivo está en su lugar, cuando no lo está. Ellos tampoco no ayudan a los pastores. La mayoría de los pastores que vienen a nosotros tras ser atrapados en adicciones, están en grupos de responsabilidad. Si un pastor miente a su cónyuge, le mentirá a un grupo asignado a supervisarlo. Es lo suficiente duro el decir a nuestros amigos que estamos luchando, pero es aun más difícil decir la verdad a las personas que están designadas a que se aseguren que no nos equivoquemos. Las soluciones para los matrimonios desintegrados de pastores son considerablemente más complejas que el designar observadores de salón. Las medidas a medias fallan.

La iglesia tiene que buscar ayuda exterior

Las iglesias que desean salud espiritual tienen que buscar ayuda exterior. La mejor ayuda está arriba. Dios puede sanar. Pero la ineptitud de una iglesia para desviar a la junta y a otros grupos de liderazgo de la prioridad de agendas de negocios a la más alta prioridad de la oración es un indicador de cuán poco desea genuinamente la ayuda de Dios. Si queremos su ayuda, pediremos por el crecimiento espiritual y el de las relaciones, en vez de orar sólo por la cirugía de la rodilla de la tía Suzie. Nuestra petición a Él de que revele y cambie nuestra bancarrota sistémica y personal es vital. Si Dios no edifica la iglesia, trabajamos en vano.

Además, la iglesia puede obtener los servicios de consultantes, profesores de seminario, y líderes denominacionales para observar, inspeccionar, y reformular valores institucionales descuidados y tratar problemas sin salida. Los pastores sanos invitan a este tipo de escrutinio para ellos mismos y para sus iglesias. El utilizar consultantes e interinos mientras una iglesia está en un período entre dos pastores es eficaz para producir cambios edificantes. Durante ese tiempo las iglesias pueden volverse corteses y sinceras acerca de sus propios defectos y necesidades, en vez de seguir siendo orgullosas y cerradas. Cuando una congregación rehusa permitir que la búsqueda de personalidades, los programas de construcción, y el crecimiento numérico la muevan, en ella pueden servirse con eficiencia los unos a los otros con amor y cuidado por sus equipos de liderazgo.

La educación laica respecto del cuidado pastoral, los valores organizativos, a cómo cambian los grupos, y a la naturaleza de lo sano y lo disfuncional fomenta el cambio de calidad en la iglesia. Cuando las congregaciones son sinceras respecto a sus luchas, al permitir que la verdad bíblica seria los guíe, a la gracia dadora de valores y al animar la utilización de consejeros cristianos de buena calidad, crean ambientes sanos para ellos mismos y para sus líderes.

Los líderes de la iglesia tienen que buscar ayuda externa

¿EstÁn usted y Dios genuinamente cerca?

Si usted es un ministro o el cónyuge de un ministro con un matrimonio que está ardiendo, usted sabe que la iglesia pudiera echar combustible a este fuego, pero también sabe que usted tiene que apagarlo. Aceptar la responsabilidad es necesario. Si usted es un líder que lucha por ocultar el dolor conyugal, está obrando contra Dios. Él quiere exponer el problema de modo que pueda usarlo a usted y a otras parejas de líderes para guiar a la iglesia hacia la salud y la renovación. Hasta que los problemas no salgan a la superficie, no pueden ser sanados, y la eficiencia de su liderazgo será embotada.

La complejidad de los asuntos conyugales de los pastores requiere ayuda externa. Además, la mejor ayuda externa está arriba. Sólo Dios puede darle la sanidad, la gracia y la intimidad que usted desea en el matrimonio. Ese reconocimiento, sin embargo, es menos eficaz cuando se les dice a pastores. La genuina espiritualidad de los guías espirituales es complicada.

Hace varios meses un pastor que había servido al Señor por más de cincuenta años fue arrestado por solicitar servicios de prostitutas. El pecado sexual lo había perseguido casi todo el tiempo que había servido al Señor. Cuando llamó, una de las primeras preguntas que hice fue: “¿Qué hubo en su relación con Cristo que no dio buen resultado para usted?” Su respuesta muestra la dificultad.

Él dijo: “Oh, no, mi relación con Cristo es muy buena”.

Debido a que la profesión de ministro y sus funciones están tan íntimamente entrelazadas con las relaciones personales de los ministros con Dios, es fácil que los pastores supongan que están cerca de Dios cuando no es así. Por ejemplo, los pastores dicen constantemente las palabras de Dios de parte de Él. Todo ese hablar produce un conocimiento que les permite sentirse más cerca de Dios de lo que están. Esto es muy complicado por la duplicidad pastoral. Aunque predicamos la Palabra perfecta de Dios en nombre de Dios, creyendo en la disponibilidad del poder de la resurrección, nos encontramos confesando repetidamente los mismos pecados. A menudo esto también disminuye nuestra integridad, en vez de motivarnos a depender más completamente de Él.

Para empeorar las cosas, nuestros congregados suponen que estamos cerca de Dios. Si no lo estamos, esto hace más difícil para nosotros el ser sinceros con ellos, o con cualquier otro. Nuestra vergüenza se acentúa con esa complicación. ¿Qué pensarían si supieran la verdad?

Como puede suponerse, los pastores que tratan con problemas conyugales o que afrontan sus relaciones con el Señor sienten muchísima vergüenza. A pesar del proyecto de Dios para nosotros en el cuerpo de Cristo de contarnos nuestro dolor los unos a los otros, los pastores prefieren reservárselos. De esa manera es menos embarazoso, pero no da buen resultado.

Mis luchas espirituales embarazosas me enseñan a confiar sólo en la vitalidad de mi relación con el Padre en tanto que estoy dispuesto a buscar, hallar, y con sinceridad emplear la ayuda humana segura que Él amorosamente provee en el cuerpo de Cristo. En resumen, si usted es parte de un matrimonio pastoral que se desmorona, debe buscar ayuda profesional. Si usted no está dispuesto, lo exhorto a que cuestione la autenticidad de su relación con el Padre que lo ama.

¿Ha revelado su adicciÓn?

Si usted es adicto, debe detenerse la adicción. Cuanto más pronto revele su hábito antes de que sea atrapado, tanto mejor. La preocupación por la adicción destruye la intimidad emocional en el matrimonio. La sanidad para su matrimonio requiere que usted afronte su esclavitud. Si usted se pregunta si está atrapado, evaluaciones en tiempo real lo capacitarán para que haga una evaluación objetiva.

¿EstÁ evitando dificultades comunes?

Toda ayuda profesional no es igual. Si empleamos una orientación ineficaz, continuará nuestro desmoronamiento conyugal. Seis dificultades por lo general obstaculizan al proceso de ayuda. Los buenos consejeros no dejarán que los pastores participen en esas prácticas.

En primer lugar, no debemos centrar nuestra atención en las faltas del cónyuge. Sólo podemos cambiarnos a nosotros mismos y debemos centrarnos en eso.

En segundo lugar, tenemos que rechazar acusaciones conyugales porque son sólo parcialmente ciertas. La más ligera exageración de nuestros defectos en una acusación conyugal moviliza nuestras defensas contra ella, aunque la mayoría de lo que dice nuestro cónyuge sea verdadero.

En tercer lugar, no debemos dejar que nuestra vergüenza domine nuestras reacciones. Si lo hacemos, rechazaremos la verdad porque ya nos sentimos mal con nosotros mismos.

En cuarto lugar, debemos comprender que los traumas de la niñez intensifican los conflictos de hoy.

En quinto lugar, debemos reconocer que nuestro desarrollo atrofiado hace que reaccionemos huyendo, peleando, y enfriándonos emocionalmente.

En sexto lugar, no debemos enfocar las relaciones desde una perspectiva jerárquica. Esto nos hace reaccionar en el nivel infructuoso de que yo tengo la razón y ella no; o los esposos no debían hacer esto y las esposas tienen que hacer eso. En vez de emplear este enfoque controlador destructivo, tenemos que movernos más allá de las funciones y las reglas rígidas hacia un enfoque de la relación más piadoso y útil.

Elimine los “debes” y “debieras” y pregúntese: ¿cómo puedo cambiar, ser más sincero, ser más útil? ¿Cómo puedo ser más amable? ¿Qué puedo hacer para resolver el conflicto? ¿Cómo me siente ella? ¿Cuál es la pizca de verdad que se me escapa? ¿Quién puede ayudarme a ver cómo hiero a mi cónyuge? Cambie sus paradigmas de relaciones para ocuparse de este enfoque más productivo.

Reflexione sobre el escenario al comienzo de este artículo. A pesar de la frustración de la esposa, sus instintos eran buenos. Ella sabía que necesitaba ayuda. Para cambiar de paradigmas, cambie desde el interior hacia fuera. Comience practicando enfoques más amables con su cónyuge. El inflamar de nuevo una relación llena de vitalidad con el Señor exigirá ayuda externa especializada. Usted y su matrimonio son dignos de eso.

Siempre podemos hallar razones de tener esperanza. Tanto que su cónyuge quiera ayuda o quiera que usted busque ayuda, lo exhorto a que lo haga hoy. Por lo general las esposas buscan primero, pero los hombres seguramente tomarán la delantera.

Dale O. Wolery, MRE., is founder and executive director of Clergy Recovery Network, a nondenominational resource for ministry professionals in crisis located in Joplin, Montana.

 

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