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El ministerio y el matrimonio: Las esposas de pastor lo dicen todo

Por Gabriele Rienas

Las estadísticas respecto a los matrimonios de pastores son alarmantes:

La mayoría de las esposas de ministro encuestadas dijeron que lo más destructivo que había ocurrido en su matrimonio y en su familia fue el día que entraron en el ministerio.2 Especialmente alarmante es la entrada de las esposas de pastor. Un elevado porcentaje desea que su esposo tuviera otra profesión. Creen que el matrimonio es destructivo para su matrimonio. Estas preocupaciones convincentes necesitan atención.

La vida en el ministerio añade un grupo determinado de problemas a una relación conyugal. Por lo visto, esos son problemas serios. Los obstáculos, aunque no insalvables, necesitan cuidadosa atención porque pueden causar destrucción.

En un día de enero cuatro esposas de pastor se reunieron para comparar notas acerca del tema de estar casada con un pastor. Su objetivo era conversar acerca de los problemas específicos y los beneficios de esta función. Vacilantes al principio, rápidamente se ganaron la confianza las unas de las otras y descubrieron sus experiencias comunes y hablaron de las lecciones aprendidas.

El grupo estaba bien representado. Joyce (se han cambiado los nombres) ha estado casada por treinta y siete años y tiene dos hijos adultos. Ella y su esposo comenzaron como evangelistas y después pasaron al pastorado. Hace poco, dejaron un largo pastorado para aceptar un puesto en una nueva iglesia.

Diane ha estado casada por dieciséis años y tiene dos hijos adolescentes. Ella y su esposo pastorean una congregación grande e importante. Antes tuvieron varias funciones de asociados que abarcó varios años.

Abby fue llamada al ministerio pastoral junto con su esposo. Han estado trabajando juntos en el ministerio de jóvenes durante toda su vida conyugal de diez años. Han estado en una iglesia suburbana durante tres años. Tienen dos hijos menores de cinco años.

Katie y su esposo han estado en una gran iglesia metropolitana durante tres años. Han estado casados siete años y tienen tres niños de edad preescolar. Su esposo es pastor asociado. Antes de esto fueron pastores de jóvenes en otro distrito.

¿Qué tienen que decir cuatro esposas de ministros acerca de estar casada con un pastor? Escuchemos en esta reunión de esposas de ministro que lo dicen todo.

La funciÓn de una esposa

Uno de los mayores retos para la esposa de un pastor es definir su función y propósito. Al principio, esto parece personal y pudiera parecer no tener nada que ver con su matrimonio. Sin embargo, tiene todo que ver con su nivel de satisfacción en su vida y en su matrimonio. “La esposa de un pastor tiene que ser quien ella es. Tiene que sentirse bien como es. Su esposo desempeña una función importante en afirmar esto”, dice Joyce, que ha apoyado con mucho entusiasmo a su esposo durante muchos años.

Una mujer que sabe qué es y qué no es, que entiende su llamado y propósito dado por Dios, y que usa sus dones estará mucho más satisfecha en su relación con su esposo. El esposo puede tanto fortalecer y bendecir a su esposa por ser excepcional, o imponer su propio plan. “A las congregaciones les agrada saber que su pastor y su esposa son un equipo y que se apoyan el uno al otro”, añade Joyce.

Katie nos recuerda que definir la función de una esposa en el ministerio lleva tiempo y trabajo. “Fue duro al comienzo de nuestro matrimonio. Llevó diálogo y tiempo obtenerlo. Lleva un rato desarrollar sus dones y entender qué son”.

La mayoría de las veces el comienzo de un matrimonio y el comienzo del ministerio coinciden. Eso significa que la pareja pastoral entra en nuevas funciones sin ninguna experiencia. El idealismo cede el paso a la vida real y a la aplicación práctica. Las parejas tienen que trabajar juntas en esto.

A veces los esposos pueden imponer expectativas a la esposa por simple necesidad, desesperación o pensamiento poco realista. La comunicación y la negociación se vuelven importantes. Expresar y recibir aportes son necesarios en todo matrimonio, pero son muy importantes en el matrimonio del pastor debido a las presiones externas del ministerio.

Diane, que tiene un ocupado esposo en una iglesia suburbana importante y próspera, emplea una analogía convincente: “Veo expectativas en una relación conyugal como depósitos y extracciones bancarias. Cuando satisfago las expectativas o requisitos de mi esposo, estoy haciendo depósitos en nuestra relación. Cuando establezco límites o rechazo un requisito, estoy haciendo una extracción. Para tener un sano equilibrio en la cuenta de la relación, sólo hago extracciones cuando me siento fuerte acerca de algo. Si hago depósitos frecuentes en la cuenta, mi esposo me ve como que lo apoyo, y es más probable que entienda y aun celebre mis deseos cuando tienen que hacerse extracciones.”

Las limitaciones del tiempo

Hallar tiempo juntos como pareja es a menudo un reto. Como se ha dicho, ochenta por ciento de los pastores dicen que no tienen suficiente tiempo con su cónyuge.3 Las esposas de pastor confirman esa estadística y ponen ese problema entre los primeros cinco retos de ser la esposa de un pastor. La falta de tiempo con su esposo es sobre todo difícil cuando los hijos son jóvenes, porque las esposas se sienten abrumadas por la responsabilidad de cuidar de ellos y llevar la casa.

Joyce, en asociación del ministerio con su esposo durante muchos años, dice: “Hemos estado en el ministerio mucho tiempo. Pudiera decirse que mi esposo es un pastor que trabaja en exceso. Nuestra generación simplemente esperaba eso. Aprendimos a afrontar eso. Muchos días, mi esposo trabajaba de seis de la mañana a diez de la noche.” Sin embargo, ella decidió celebrar eso como el llamado de Dios en su vida, optando por ver su función tanto como organizador de la casa y padre principal como importante y fortalecedora de su esposo.

“Aunque no hubiera querido nada distinto, sí le eché la culpa una que otra vez”, admite ella.

Aunque en varias oportunidades tuvieron conflictos al respecto, miran atrás a sus años de ministerio como recompensa ahora que están en los años del nido vacío. “Acostumbrábamos llevar a los muchachos a la iglesia el domingo antes de las seis de la mañana. Tomábamos rosquillas y los dejábamos jugar y ver juegos de video mientras nos preparábamos para el culto. Hace poco mis hijos crecidos recordaron los buenos tiempos que tenían los domingos por la mañana, sobre todo las rosquillas. Fui a la vez sorprendido y deleitado de oír cómo lo tomaron. Pienso que tenía que ver con que lo hicieron una experiencia positiva en vez de refunfuñar por ella”, recuerda Joyce.

Abby, la esposa de un pastor de jóvenes con dos niños de preescolar, cuenta la lucha emocional que sintió cuando nacieron sus hijos. Ella tuvo un llamado específico al ministerio. Casada durante seis años y asociada con su esposo en todos los aspectos del ministerio, las cosas cambiaron radicalmente cuando llegó su primer hijo. “Por mucho que amaba a mi hijo, me sentí celosa del tiempo que mi esposo podía continuar dedicando al ministerio, cuando ahora estaba preocupada con el cuidado de nuestro hijo lo sentía distante de las cosas por las que me apasionaba. Al principio, luché.”

Ayudaron el tiempo, la perseverancia, y la comunicación conyugal. “Las cosas están mucho mejor ahora. Mi esposo valora el tiempo en el hogar y con la familia. Esto me ayuda a sentirme vinculada a él. Conversamos acerca de cómo me siento, y él trata de comprender. Los muchachos son mayores ahora y participan con nosotros en el ministerio. Pasan un gran tiempo en las actividades de jóvenes y salidas de la iglesia. Creo que está enriqueciendo sus vidas”, supone Abby.

“Los líderes de nuestra iglesia hacen énfasis en las familias saludables; por lo tanto, animan a los pastores a hacer de sus familias una gran prioridad”, dice Katie. “Las esposas de ministro en nuestra iglesia se ven como asociadas valiosas de su esposo. Esto trae como consecuencia un fuerte sentido de esfuerzo en equipo.” Esa clase de ánimo proveniente de una familia de la iglesia es una poderosa bendición en la vida de una pareja de pastores jóvenes.

Diane es pragmática acerca del tema tiempo. “Somos nuevos en eso, y la cuestión es hundirse o nadar. Mi esposo sale a menudo. Viajó veintitantos días el mes pasado. Es simplemente la manera en que es ahora. Lo bueno es que cuando entra por la puerta se aísla completamente del mundo y está con nosotros.” Ella celebra la función de su esposo en la iglesia y admira el trabajo que él hace.

La conducta del esposo-pastor hacia su esposa acerca de su programa puede ayudar muchísimo. Aunque esté ocupado, si comunica con toda claridad que ama a su esposa y la valora como parte importante de su vida y su ministerio, eso ayudará a ganar su apoyo a sus obligaciones. Muchas veces una mujer tiene que saber que su esposo anhela emplear tiempo con ella y que busca la oportunidad para hacerlo. El estar a la defensiva y en conflicto respecto a su programa sólo aumentarán el problema. Si la pareja puede ponerse de acuerdo en el reto y cooperar como equipo, eso aumentará la satisfacción en ambas partes.

“Estoy agradecida al Señor por hacerme una joven independiente”, añade Diane. “Es obvio que dependo de Dios, pero puedo lidiar sola con el tiempo. Cuando mi esposo viaja, a veces me siento solitaria. En esos tiempos, le doy gracias al Señor por la lectura. También tengo algunos buenos amigos a los que puedo llamar.”

Una mujer que desarrolla una sensación de bienestar e independencia tiene un tiempo mucho más fácil. Esperar porque la vida comience cuando su esposo sale por la puerta lleva a una mujer a la frustración y a convertirse en víctima. Si ella desarrolla pasión personal y significado en otras actividades, estará más realizada y menos resentida. Si le añade buenos amigos a la mezcla, se beneficiará aun más.

Consejeros

La mayoría de las esposas de pastor, si no todas, dirían que quieren apoyar al esposo y tratar de animarlo más que derribarlo en el ministerio. Hace algún tiempo algunas veteranas esposas de pastor estaban hablando acerca del escuchar a su esposo predicar semana tras semana. Ellas cambiaron impresiones sobre lo que era oír sermones de la misma persona semana tras semana, año tras año. La mayoría planteó que disfrutaban de oír al esposo predicar. Pero otras pocas admitieron que estaban dolorosamente conscientes de las veces que el esposo parecía no preparado en su expresión oral. También admitieron que a veces fueron tentadas a corregir la gramática del esposo o su selección de las palabras después del culto. Una esposa tímidamente sacó de su cartera una larga lista hecha jirones. Ella llevaba esta lista semana tras semana, anotando meticulosamente los errores que su esposo cometía para que los pudiera corregir después del culto.

La mayoría de las esposas no están plenamente conscientes de los detalles cotidianos del trabajo del esposo. Su conciencia de la realización de sus trabajos se basa principalmente en lo que ellos les dicen más que en experiencia de primera mano. Sin embargo, las esposas de pastor a menudo observan al esposo cuando trabaja. Esa familiaridad trae consigo la tentación de evaluarlo y de criticar su conducta.

“A través de los años, he aprendido que puedo confiar en sus elecciones”, dice espontánea Joyce. “Por supuesto, no estamos de acuerdo a veces, y entonces se vuelve un asunto de oración. En esos tiempos, digo, ‘el es el pastor de la iglesia, y no yo. No veo todo el funcionamiento todos los días, y no sé todos los detalles. Voy a dejar que esa decisión sea suya.’ ” Después de pensar un momento, añade: “A veces diré lo que pienso porque me considero a mí misma que soy un equilibrio para mi esposo. Creo que él está de acuerdo.”

“No soy una líder natural, pero me aferro a mis ideas. A veces pongo las ideas aparte cuando mi esposo llega a casa”, admite Abby. “Debo que tener cuidado con eso.”

Katie es sincera en cuanto a esa lucha en los primeros tiempos de su matrimonio. “Cuando éramos pastores de jóvenes, me encontré haciendo más eso. Amaba aquellos muchachos, y tenía mis propias ideas de qué podría dar resultado. No estaba clara sobre qué parecía la asociación. No podía entender por qué no usaba mis ideas si eran buenas. Aprendí que él tenía un buen plan, aunque no fuera mi plan. Tuve que dar un paso atrás, respetarlo y apoyar su visión.” Ella ha aprendido rápidamente.

Tal vez las parejas que entran juntos al ministerio y al matrimonio pudieran tener una vista ligeramente idealizada de cómo sería eso. Esto es cierto sobre todo si la esposa se considera llamada a la misma clase de ministerio que su esposo. El imaginarse la unidad armoniosa, el tomar decisiones juntos, y trabajar codo a codo en el reino de Dios parecen deseables, aun espiritual. Sin embargo, la realidad es que dos personas no piensan exactamente igual ni enfocan las cosas de la misma manera todo el tiempo. Se multiplica en las diferencias de personalidad, y se potencia al aumentar los conflictos.

El respeto por su esposo y sus métodos y enfoque tiene prioridad sobre el tener razón y hacer las cosas a nuestra manera. Diane admira a su esposo. “Tengo un profundo respeto por los llamamientos que hace mi esposo. Quiero ser como él”. Dijo que debido a que ella rara vez trata de influir en él, su aporte trae mucho más peso cuando surge algo importante.

La buena comunicación es la clave. “Soy cuidadosa de cómo expreso las cosas. El cuestionamiento dogmático no caería bien”, dice franca Diane. “Por lo general, expresaré preocupaciones en una pregunta: ‘¿Qué piensa de eso…?’ Obtengo su respuesta y entonces regreso con: ‘He aquí cómo me siento al respecto.’ Es como tomarse una medicina con un poco de azúcar”.

Diane cuenta acerca de una eficaz herramienta de comunicación. “Descubrimos este truquito hace algunos años y ahora lo usamos constantemente. Les damos puntuación a las cosas en una escala de 1 a 10. Le diré: ‘Esto es un 8 o un 9.’

“Él dirá: ‘Esto es sólo un 4 para mí.’ Esto nos ayuda a saber dónde está en la escala.

“Rara vez uso 8 a 10 a no ser que sea muy importante. Si lo uso, él sabe que es muy importante. A menudo uso 4 y 5. Si es un 6, sé que es importante para él. Descubrimos esa escala por casualidad, y de repente una luz se encendió. Da buen resultado para nuestra comunicación.”

Respeto y admiraciÓn

Libros recién publicados han hecho énfasis en que la mayor necesidad de un hombre es el respeto y la admiración de su esposa. Esa necesidad es tan grande como la necesidad de una mujer de que su esposo la ame. Los hombres están de acuerdo en que eso es cierto.

Sin embargo, pastores confiados y seguros de sí mismos aparecen en lo exterior, la vulnerabilidad y la inseguridad pueden estar presentes al mismo tiempo. Los hombres no expresan verbalmente estos sentimientos. Diane contó que su esposo frecuentemente dice: “Sólo quiero que estés ufana de mí”.

Con prudencia ella añade: “Cuando la esposa constantemente corrige al esposo, el hombre piensa: Piensas que soy un tonto, y no crees en mí. La esposa pudiera sólo estar tratando de mostrar su reacción, pero el esposo no lo capta así. Él necesita estímulo más que consejo.”

Ser pastor es un oficio muy visible, y la iglesia es la familia de Dios. Por lo tanto, el pastor está abierto a mucho escrutinio y análisis. Cada vez que predica, se hace vulnerable, dando a la gente la oportunidad de examinar o criticar lo que ofrece. La esposa opta, o por volverse aliada del esposo, o por volverse otra fuente de tensión en la vida de él. “Cuando mi esposo entra por la puerta, sé de inmediato cómo ha tenido el día”, dijo Katie. “Él es fuerte. Nadie diría que es inseguro. Pero él admite que en lo más íntimo necesita seguridad”.

Seguridad en el matrimonio

Muchos de nosotros hemos sido afectados por las revelaciones de inmoralidad en algunos matrimonios de pastores notorios. También sabemos que nuestro esposo trata con almas atribuladas que a menudo no tienen límites sanos. Katie admite de buena gana que las revelaciones de inmoralidad en personalidades públicas del ministerio la asustan. Cuando oye de tales casos, se pregunta cómo las parejas pueden salvaguardar su matrimonio.

La prevención y la protección del matrimonio antes de que surja un problema es la clave. Si la relación conyugal es sólida antes de que venga la tentación, será mucho más probable que la pareja la venza. El luchar por el buen éxito de su matrimonio parece ser común en matrimonios de pastores de larga duración. Una actitud en la que hemos estado de por vida lleva a la perseverancia y a la prevención.

Diane dice que ella y su esposo han analizado esto. “Estamos en esto de por vida. Cualquier dificultad que surja en nuestra relación, quiero una recuperación rápida. Haré todo lo que pueda para resolverlo entre nosotros y movernos de ahí.” Ese tipo de compromiso persevera a través de los tiempos duros y trae seguridad a la relación.

En un nivel práctico, Diane añade: “Si me convierto en una gran compañera sexual de mi esposo, se adelanta mucho en el camino hacia la relación a prueba de aventuras amorosas. La unidad sexual con su esposa es enorme para un hombre. En una escala de 1 a 10, es un 12.” Una esposa tiene mucho poder en ese aspecto tanto para edificar como para derribar a su esposo.

Además, los límites y las salvaguardas apropiados son necesarios para cualquiera que trabaje con personas. Eso incluye responsabilidad y limitaciones que impidan aun la aparición de conductas impropias.

Es lo mejor para las parejas pastorales el predeterminar los límites y estar de acuerdo con ellos. ¿En qué circunstancias, si es que las hay, estaría el pastor solo con otra mujer? ¿Cuáles serían las salvaguardas? ¿Qué sobre las reuniones en la oficina? ¿Cuándo estas tendrían lugar y bajo qué condiciones? ¿Ante quién es responsable? ¿Quién formulará esas preguntas y se las hará a ellos?

La visibilidad de la esposa para la congregación también desempeña una función de proteger el matrimonio y tiene otros beneficios. Aunque las funciones, las responsabilidades, y aun el grado de participación puede variar mucho, las esposas de pastor tienen que estar presentes en la vida de la iglesia. Un esposo que celebra la presencia excepcional de su esposa invierte en su matrimonio. También contribuye a la confianza que ella tiene en sí misma y en su llamado excepcional, cualquiera que sea.

CÓmo obtener ayuda

¿Qué tiene que hacer una pareja pastoral cuando surjan dificultades que parecen insalvables? ¿Qué si los intentos de comunicación fallan y los temas sin resolver causan heridas y fatiga en su relación? La realidad es que los matrimonios de pastores no son inmunes al divorcio. Cuando sucede esto, la destrucción es grande y de largo alcance. En el pasado, buscar ayuda externa parecía una posibilidad impopular y remota.

Gracias a Dios, la orientación y la ayuda matrimonial han sido cada vez más aceptadas. Katie confirma eso. “El primer año de nuestro matrimonio fue difícil. Mi esposo acudió al pastor principal en busca de ayuda. No hubo vergüenza en su respuesta a mi esposo. Él le recomendó orientación externa.” Libres para buscarla sin reservas, fueron muy ayudados por lo que aprendieron.

“Si usted va al médico para la salud física, ¿por qué no iría a un consejero matrimonial si su matrimonio tiene dificultades?”, añadió Diane. “Si fuéramos perfectos, ¿cómo nos relacionaríamos con nuestro pueblo? La gente habla más acerca de lo que en realidad está pasando. Vivimos en una sociedad de mucha comunicación. La gente habla de todo. Todo está al descubierto. El beneficio es que podemos ser más libres para pedir ayuda cuando la necesitamos.”

Unidad espiritual

Aunque haya beneficios definidos a una mayor apertura y al diálogo sincero, hay también desventajas. El peligro es que nos volveremos tan cognoscitivos en nuestro enfoque de los problemas que dejaremos fuera el componente espiritual de una relación matrimonial fuerte. El adagio es viejo pero cierto: la familia que ora unida permanece unida.

El grito de muchas mujeres es para que los esposos asuman más el liderazgo espiritual en el hogar. La esposa de pastor tiene el privilegio de observar a su esposo ejercer el liderazgo espiritual en una iglesia. Si este liderazgo se extendiera al hogar dependerá de la pareja.

Perece lógico que un hombre que exhorta apasionadamente y ora públicamente lo haría así en la privacidad de su hogar. Sin embargo, en un ambiente de entera sinceridad, muchas parejas pastorales admiten que ellos no oran ni ejercitan una vida devocional juntos. Una encuesta informó que noventa y cinco por ciento de los pastores no oran regularmente con su cónyuge. Este es un hecho misterioso. Tal vez la espiritualidad en público sea más segura que la expresión espiritual privada e íntima. La espiritualidad de uno es más vulnerable en un ambiente en que su cónyuge lo conoce íntimamente. Cualquiera que sea la razón, las parejas pastorales tienen que esforzarse por hacer de la oración parte normal de su relación.

Los beneficios inesperados

Aunque estar casado y en el ministerio tiene sus problemas, también tiene sus beneficios. Cuando se le pidió que contara lo que a ella más le complace de su matrimonio, Joyce dijo: “Tengo un esposo que es apasionado acerca de Dios. Es un hombre de Dios. Dirige su casa acorde con la Palabra”.

“Estoy anonadada con las cosas que hemos visto hacer a Dios en nuestra iglesia y en nuestra familia”, dice Katie. “Lo hemos visto proveer. Hemos visto milagros, y hemos sido bendecidos. Hemos criado a nuestros hijos en un hogar en el que una y otra vez han sido testigos de milagros.” Disfrutar de estas bendiciones juntos provee un vínculo especial a la familia.

Abby señala que la esposa de un pastor se beneficia de la flexibilidad que trae el programa de su esposo. “Aunque a veces pueda estar ocupado, también me puede ayudar a hacer cosas en pleno día si surge la necesidad. Me encanta esta flexibilidad.”

Ella también señala los beneficios de la familia de la iglesia que sea cariñosa. “A pesar de todo, usted es especial porque es la familia del pastor. La mayoría de ellos lo aman y son comprensivos. Les complace amarlo”. Ese tipo de apoyo congregacional recuerda la clase de apoyo que las jóvenes parejas acostumbraban recibir de las familias antes de que nuestra sociedad se volviera ambulante. Eso enriquece una relación y provee perspectiva, contrarrestando la tensión del aislamiento con la que luchan muchas parejas.

Una lista de los beneficios de que disfruta la esposa de un pastor no está completa si no se mencionan las muchas oraciones que la gente hace a favor de su matrimonio. La esposa del pastor aprecia el aliento y el consuelo que vienen de la seguridad de que los santos están orando diariamente por ella, su matrimonio y su familia. Ellas están en muchas listas de oración desde el día en que aceptan el llamado de una iglesia.

La mayoría de las personas conocen de matrimonios de pastores que se han destruido. Dondequiera que oímos de tal tragedia, nos entristecemos. Nos volvemos más conscientes de cuán frágil puede ser nuestra vida. Nos recuerda nuestra humanidad y nuestras vulnerabilidades.

Admiro a las parejas pastorales que buscan una relación apasionada, unificada, y sana. El tema recurrente que aparece con las esposas de pastor en tales matrimonios es el mantener una perspectiva positiva y orientada a la solución de los problemas del matrimonio pastoral. Quizá la actitud lo sea todo.

Joseph Barth dijo: “El matrimonio es nuestra última y mejor oportunidad de crecer”. Aunque cada persona es diferente en carácter, fortalezas, y pasiones, una resolución a hacer que una relación dé resultado adaptando y buscando el crecimiento personal parece ser la clave. La esposa de un pastor que sea sincera respecto a sus problemas, pero que adapte pragmáticamente sus expectativas, puede buscar soluciones y disfrutar del buen éxito y de la realización en su relación matrimonial.

No estamos solas en nuestro viaje. Si pudiéramos describir el matrimonio como un banco con tres patas, la ayuda del Espíritu Santo es la tercera pata en la relación. Hacemos lo que podemos, y dependemos de su ayuda. Diane lo resume así: “No soy una víctima. Opto por asumir una función activa en mi vida”. Este enfoque de la vida y del matrimonio en el ministerio lo hace diferente

Gabriele Rienas

Gabriele Rienas ha sido esposa de pastor durante veintitrés años, y actualmente se encuentra en la iglesia Christian Life Center, de Aloha, Oregón. Es consejera profesional en el Christian Counseling Center de Oregón, y también organiza seminarios para formar equipos de trabajo con las iglesias y los negocios. Se puede hablar con ella al 503-649-4444.

Notas

1. H.B. London y Neil Wiseman, Pastors at Greater Risk [Los pastores en el mayor riesgo] (Ventura, Calif.: Regal Books, 2003).

2. Estadística compilada de organizaciones como Barna, Maranatha Life, y Focus on the Family.

3. London y Wiseman, Pastors at Greater Risk.4. [Los pastores en el mayor riesgo] Según Silo Place Ministries (http://www.shilohplace.org), que extrajo su información de Focus on the Family, Ministries Today, la revista Charisma, TNT Ministries, y otros respetados grupos.

 

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