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Cuando la gente tira piedras:

Cómo proteger su matrimonio y su familia

Por Don y Jodi Detrick

El domingo 9 de diciembre de 2007 amaneció frío y despejado, como casi todas las mañanas de diciembre en Colorado. Pero a diferencia de la mayoría de los domingos de diciembre, sonaron los disparos cuando un hombre armado apuntó a los adoradores que salían del culto matutino en la Iglesia de la Vida Nueva en Colorado Springs. Feligreses asustados, presos de terror, de pronto cambiaron de planes para el almuerzo y la fraternidad a tácticas de supervivencia y barricadas. Mientras el drama continuaba, el pistolero acabó con dos vidas jóvenes e hirió a otros tres. Una mujer guardia de seguridad valientemente intervino para dar fin a la masacre hiriendo al tirador, quien entonces se quitó la vida.

A primeras horas del día, el mismo pistolero soltó un torrente de balas en un dormitorio en la Capilla Biblia de Fe en la cercana Arvada, matando a dos estudiantes de Juventud con una Misión e hiriendo a otros dos. ¿Qué había motivado a Matthew Murray a tal violencia?

Los padres de Murray lo habían educado en la casa y lo habían criado en un ambiente cristiano. Algunos años antes, no obstante, Juventud con una Misión había despedido a Murray con veinticuatro años de edad. Amargado, hacía poco que había enviado un mensaje con insultos y amenazas al recinto universitario de Arvada. Para Murray, las heridas eran profundas. Las ofensas recibidas y el dolor sin solucionar se convirtieron en resentimiento, amargura, enojo, ira, y por último en la venganza que desató contra inocentes personas en aquel frío domingo de diciembre.

Como resultado de la balacera en La Vida Nueva, muchas iglesias están revisando la seguridad y evaluando sus planes y procedimientos respecto a la salud y seguridad de sus feligreses. Llamamos a esto administración de riesgos. Las iglesias perspicaces han estado haciendo esto durante años. Guardias armados pueden parecer una medida extrema, pero, ¿cómo determina uno la importancia de la seguridad, sobre todo cuando los niños están en el santuario, un lugar que se considera seguro del daño y los intrusos?

Afortunadamente, sucesos trágicos como la balacera de La Nueva Vida tienden a ser una anomalía y no algo que ocurre por lo regular un domingo. La mayoría de las personas no disparan balas en las iglesias. Pero muchos tiran piedras, aunque no del tipo que pudieran hacer añicos los vitrales. En vez de eso, las piedras que tiran destrozan emociones, corazones, sueños, y perspectivas de esperanza. Esas piedras pueden herir. Pregunte a cualquier pastor que se esté curando de heridas que recibió de la emboscada verbal de un feligrés infeliz o de un miembro de la Junta.

Mi esposa y yo hemos tenido esa misma experiencia. Después de pastorear por casi treinta años en iglesias pequeñas, medianas, y grandes — mientras criábamos tres hijos — hemos tenido experiencia y educación en los criterios de selección para atender a personas afectadas por catástrofes cuando estábamos dotando de personal a nuestros primeros puestos de primeros auxilios. Mientras servía como funcionario distrital en los últimos años, frecuentemente ayudé a pastores y sus familias a expresar la angustia y a mantener su equilibrio mientras se recuperaban de apedreamientos de manos de aquellos a quienes servían.

Mi esposa y yo creemos en la importancia de la administración de riesgos para proteger nuestro matrimonio y a nuestros hijos de aquellos que intencionalmente o inadvertidamente les causarían daño emocional. ¿Cuántos adultos hijos de pastor aborrecen la iglesia y están lejos de Dios porque nadie protegió su dignidad ni los escudó de asaltos en la iglesia cuando estaban creciendo? ¿Cuántos matrimonios de pastores que parecía que estaban en el cielo terminaron porque los conflictos en la iglesia los afectaron y al fin destruyeron la vida familiar? Aunque no pueda contratar a guardias de seguridad o construir un cercado para proteger su matrimonio y su familia, considere estas sugerencias.

Reconozca el peligro

“Si sólo lo hubiera sabido”.

No puedo decirle cuántas veces he oído esas palabras dichas con pesar por pastores que fallaron al no reconocer la influencia negativa que la agitación de la iglesia estaba teniendo en sus matrimonios y en sus familias. Enredados en el ministerio y con la adrenalina fluyente, los pastores pueden fácilmente pasar por alto el efecto de las circunstancias negativas en su esposa y en sus hijos; pero vivirán para lamentarlo.

Nuestra propia ingenuidad al principio de nuestro ministerio nos hizo sentir exentos del daño que habíamos visto en otras familias pastorales. Razonamos que, si amamos a Jesucristo y todos en nuestra iglesia aman a Jesucristo, seguramente todos podríamos llevarnos bien. Tal razonamiento confuso rápidamente se evaporó a la luz de la realidad.

Hace años, como pastor novato de veintidós años, hice un comentario inocuo mientras enseñaba en una clase de adultos de la Escuela Dominical. Refiriéndome a una dieta continua de maná, dije que podía identificarme con los hijos de Israel ya que prefería más variedad en mi régimen que una ración diaria de frijoles. No estaba preparado para la explosión que iba a experimentar de uno de los hombres mayores de la clase.

“Usted no sabe lo que significa sufrir. Usted no tuvo que vivir durante la depresión. Y si hubiera estado semanas en una trinchera como yo estuve durante la Segunda Guerra Mundial, se habría sentido feliz de tener algunos frijoles que comer.” Su tono era feroz. Cuanto más hablaba, tanto más alto expresaba su furia. Humillada, su esposa finalmente lo calmó.

Aunque atónito por su arrebato, también aprendí algunas cosas ese día. En primer lugar, aun una sencilla lección bíblica puede ser peligrosa cuando la gente interpreta mal o tergiversa sus comentarios e intenciones. En segundo lugar, aunque usted tal vez no conozca desde hace mucho a una persona, le puede representar a alguien o algo de su pasado que provoque una reacción negativa.

Estas personas no están simplemente respondiéndole a usted; están tirando piedras como reacción ante la carga que han llevado durante mucho tiempo. Por último, aprendimos a vigilar qué decíamos a su alrededor y protegimos a nuestros hijos cuando estábamos en su presencia, siempre precavidos de otra erupción de aquel volcán.

Ponga lÍmites entre el hogar y la iglesia

Vivíamos en la casa pastoral al lado de la iglesia. Mientras algunos pueden disfrutar de este arreglo, nosotros lo hallamos desafiante porque no había una clara separación entre la casa y la iglesia. Los miembros de la iglesia podían pasearse por allí en cualquier momento. La privacidad era difícil de preservar. En tanto éramos amables y hospitalarios, intencionalmente informamos a nuestros feligreses que veíamos nuestro hogar como un espacio personal y queríamos que nuestros hijos se sintieran seguros allí.

Debido a que yo (Jodi) participaba sin paga en el ministerio como miembro del personal de la iglesia, y nuestros hijos eran jóvenes, sentí el conflicto entre ser un ministro y ser una madre. Una que otra vez alguien me haría saber que no satisfacía sus necesidades o expectativas. Eso me sabía malísimo. Apreciaba que mi esposo hacía reafirmaciones públicas de mí y de nuestra decisión de que fuera principalmente una mamá permanente en casa. Él exhortaba a las personas que respetaran el hecho de que yo no estaba al alcance de ellas veinticuatro horas al día siete días a la semana como consejera de la iglesia, líder del Ministerio de Damas, maestra de estudio bíblico, directora del coro y pianista (aunque yo era activa en todas esas funciones). Si tuviéramos que hacerlo otra vez, es probable que pondríamos aun con más claridad los límites con una mejor comprensión de nuestras propias limitaciones.

Muchísimas esposas de ministro sienten el dolor de la comparación con sus predecesoras o con el ideal imaginado de alguien de quiénes debían ser. Don y yo hemos hecho un esfuerzo para ser regularmente cada uno el animador del otro, tanto en privado (aun en intercambio de correos) como en público. A veces un bien puesto ¡Bien hecho! ¡Eres asombrosa! escrito o dicho por su mejor amigo puede significar mucho en fortalecer el corazón contra el daño hecho por las piedras.

También tomamos una decisión de no forzar a nuestros hijos a funciones en el ministerio si no se sentían llamados o si no podían aceptarlo con entusiasmo. A través de los años, ellos desarrollaron sus propios dones y pasiones, a menudo distintos de los nuestros.

En su mayor parte, nuestras congregaciones fueron amables y permitieron que nuestros hijos exploraran su individualidad más allá del contexto de ser los muchachos del predicador. ¿Sus hijos sienten la libertad de ser ellos mismos y expresar su propia individualidad y estilo sin afrontar la crítica de las personas en la congregación?

Guarde a sus hijos

Aunque viva lejos de la iglesia, es demasiado fácil hacer menos claros los límites y traer al hogar los problemas de la iglesia. Esto crea un ambiente insalubre para los hijos. Si no anda con cuidado, sus hijos pueden comenzar a asociar la iglesia con sentimientos negativos.

Aunque la iglesia sea el lugar donde mamá y papá trabajan, tiene que ser también un lugar donde los hijos se sientan seguros y valorados. Si los padres regresan de la iglesia al hogar curándose sus heridas, los hijos pueden comenzar a sentir ansiedad acerca de la iglesia y verla como un lugar de dolor en vez de un lugar de paz y gozo.

No importa cómo usted se siente sobre armas de fuego, es trágico oír sobre niños que murieron por jugar con un arma cargada en su propio hogar. Si los pastores y las esposas no son cuidadosos, su propio enojo sin resolver o la amargura hacia aquellos que los han herido puede ser como un arma cargada que se queda desprotegida.

Aunque los pastores nunca pretendan que sus hijos recojan su angustia y negatividad, si los hijos la hallan en el hogar, puede estar seguro de que serán curiosos y comenzarán a jugar con ellas. Los resultados pueden ser trágicos. Haga una comprobación para asegurarse de que tiene descargadas con seguridad las balas de amargura, cinismo o pesimismo de sus actitudes de modo que sus hijos no las recojan en el hogar ni se hagan daño a sí mismos.

Tener expectativas irreales de que nuestros hijos serán ejemplos perfectos (en comportamiento, deportes, talento, devoción y lauros académicos) para los otros niños en la iglesia también puede ser peligroso. Una vez al año, yo (Don) presento una “Charla de persona a persona” un domingo por la noche a nuestra congregación. Les dije que nuestros hijos eran como los de ellos, y que no estaban obligados a satisfacer las expectativas de un hijo de pastor perfecto. Aun con las mejores intenciones y una congregación amorosa, a veces nuestros hijos se sentían obligados a vivir al nivel de una cierta norma que los demás de su edad no tenían que vivir.

En la actualidad exhortamos a los padres a crear un ambiente de amabilidad y misericordia en sus hogares. Los pastores necesitan las normas bíblicas de conducta, pero también tienen que dejar a sus hijos que sean quienes son. Esté satisfecho de ellos, emplee tiempo con ellos, y nunca deje de tratar de tender puentes de comunicación a sus corazones. El amor de los padres y la aceptación proveen el mejor chaleco a pruebas de balas para un hijo. Diga a su congregación que si quieren hacer algo por usted como pastor, pueden amar a sus hijos y reafirmarlos cada vez que sea posible.

Sus hijos también necesitan amigos que experimenten las mismas circunstancias en la vida. Necesitan conexión con sus iguales que comprenden las alegrías y los problemas de ser hijos de pastor. Muchos distritos tienen retiros para hijos de pastor o campamentos destinados a ofrecer exhortación especializada y conexión con los iguales. Aproveche la ventaja de esas oportunidades. Recuerde que usted puede escuchar y proveer un lugar seguro cuando sus hijos necesiten desahogarse o expresar las luchas asociadas con la vida en una familia pastoral. No lo tome como un ataque personal ni como la última palabra en cuanto a cómo se sentirán. Ellos pueden simplemente tener que ponerle palabras a lo que los está fastidiando. Saber que usted escuchará será de gran ayuda.

Evite los extremos

Una vida familiar normal no puede florecer en un ambiente donde la crisis es común. La gente tirará piedras. El conflicto es parte normal de la vida.

En un ambiente eclesiástico sano, la gente puede resolver los conflictos. Hay muchos artículos y libros que pueden ayudarle a resolver el conflicto.

No vea cada desacuerdo como una gran crisis o una lucha. Las buenas personas pueden estar en desacuerdo, y hacerlo de manera agradable. No toda persona con una perspectiva distinta o que pone en tela de juicio una decisión es un enemigo o un instrumento del diablo. No toda montaña es digna de que muramos en ella, de modo que escoja sus batallas sabiamente. Como pastor y padre, resista el impulso de alistar a su cónyuge e hijos en la formulación de planes de batalla.

Ore

La oración es nuestra mejor línea de defensa cuando nos convertimos en blanco de ataque. Cuando las personas agitan nuestras emociones y hieren nuestros sentimientos, la disciplina de la oración requiere que hagamos una pausa y reflexionemos antes de enfrascarnos en palabras o acciones que puedan exacerbar aun más el problema. Hay un tiempo para actuar — para defender, deliberar o discutir — pero la oración tiene que ser nuestra respuesta inicial cuando una piedra hiere nuestro corazón y magulla nuestro espíritu.

Jesús nos dijo: “Amad a vuestros enemigos y orad por quienes os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:44). Pablo meditaba: “Nos maldicen, y bendecimos; padecemos persecución, y la soportamos; nos difaman, y rogamos” (1 Corintios 4:12,13). Es casi imposible responder de esta forma a no ser que usted haya orado primero y que el Espíritu Santo lo haya capacitado para responder propiamente.

Muchas veces sentíamos peso en el corazón y unimos las manos o como pareja o con uno de nuestros hijos para orar sobre una situación hiriente. Nuestros hijos deben saber que acudimos primero a Jesucristo cuando la gente nos hiere. También tienen que oírnos orando no sólo por las personas que habían sido injustas con nosotros (si estaban conscientes de la situación), sino también para llegar a comprender y pedir perdón por nuestra parte en los conflictos. Como personas imperfectas, tenemos que admitir que las piedras a veces vuelan también de nuestros dedos.

Cultive amistades

Muchísimos siervos de Dios optan por sufrir solos. Tanto porque sus circunstancias los avergüenzan, o porque esperan que se olviden con el tiempo. Otros sufren en aislamiento porque les falta amigos de confianza y confidentes.

En 2005 redactamos el borrador de una encuesta para ministros y cónyuges en la Red del Ministerio del Noroeste respecto a los problemas que afrontan en el ministerio. Una pregunta era: ¿Cuántas veces el año pasado usted experimentó problemas críticos en su ministerio?

Treinta y siete por ciento de los que respondieron a esa pregunta hicieron un círculo en “2 o más”, mientras que casi once por ciento informó “4 o más” problemas críticos el año pasado. Sólo veintitrés por ciento informó “ninguno”. Hicimos una pregunta de seguimiento: ¿Dónde se vuelve usted la mayoría de las veces por ayuda cuando está afrontando un problema muy importante en su ministerio? Aunque la respuesta mayoritaria (46.5 por ciento) fue “un amigo o colega en el ministerio”, más de diecisiete por ciento de los que respondieron indicaron que “ellos simplemente se abrieron camino por su propia cuenta”.

Sufrir solos es como tratar de rascarse su propia espalda. Usted puede saber exactamente dónde radica el problema, pero no sabe cómo alcanzarlo por sí mismo. A menudo nos falta la objetividad y destreza necesarias para diagnosticarnos y tratarnos. Nuestras emociones pueden cegar u oscurecer detalles que ofrezcan soluciones potenciales, detalles que los ojos de un amigo pudieran pronto localizar.

A través de los años hemos descubierto que gente que se arrastra a esconderse entre las zarzas a curarse sus heridas a menudo muere allí. Hay tiempos para la soledad. La meditación personal es imposible sin ella. Pero no hay sustituto alguno de un amigo confiable, fiel y que no cuestione que le ayude a desempacar su dolor y que excave en las profundidades de su emoción hasta que las piedras preciosas del carácter salgan pulidas a la superficie. George Eliot escribió: “Oh, el consuelo, el indescriptible consuelo de sentirse seguro con una persona, no teniendo que pesar los pensamientos ni medir las palabras, sino simplemente que soltarlas, tal como son, paja y grano juntos, con certeza de que una mano fiel las tomará y las tamizará, guardando lo que es digno de guardar, y con un soplo de amabilidad hará volar el resto.”

El soplo de la amabilidad es una brisa refrescante y rara con poderes medicinales, sobre todo cuando sigue a una sesión extensa de escuchar. Como pareja o individualmente no habríamos sobrevivido en el ministerio de no haber sido por amigos alentadores que escucharon nuestras historias de luchas mientras iban con nosotros a través de los salones del sufrimiento.

Tenemos que tener amigos a los que podamos ir en tiempo de crisis. A no ser que cultivemos amigos durante las temporadas de actividad fructífera, no cosecharemos los beneficios de la amistad durante las estaciones de adversidad solitaria.

Muchísimas parejas pastorales nos han confiado que no tienen amigos íntimos. Nuestro consejo siempre es el mismo: encuentre un amigo, hable a alguien, invite a otra pareja a almorzar, sea amigo, haga algo.

No suponga que todo el mundo está demasiado ocupado, que a nadie le importa, o que los pastores de otras iglesias (sobre todo las grandes) están libres de problemas. Hace años mientras pastoreaba una congregación más pequeña, nos reuníamos regularmente con otra pareja pastoral en circunstancias similares en nuestro día libre. Debido a que vivíamos a igual distancia de una ciudad más grande, por lo general nos encontrábamos allí y empleábamos el día divirtiéndonos y procesando cualquier situación y sentimiento que experimentábamos en ese tiempo.

En un día en particular, el esposo y yo (Don) hicimos algunas actividades de hombres mientras nuestras esposas fueron de compras. Mientras iba manejando pasé por una de nuestras mayores iglesias de la denominación, y pregunté: “¿Ha estado alguna vez en ese edificio?” Debido a que ninguno de nosotros habíamos estado, decidimos detenernos. Después de presentarnos a la recepcionista, ella nos indicó que era probable que al pastor le complaciera enseñarnos el lugar. Protestamos que éramos simplemente pastores de iglesias pequeñas de la zona y sabíamos que él era un hombre ocupado, pero ella parecía insistente.

En la próxima hora el pastor nos llevó en un recorrido por las instalaciones y nos habló de su visión del ministerio. Aprendimos que había tenido también algunos que tiran piedras en su congregación. Antes de irnos, oramos juntos. Nuestra presunción de que era un hombre ocupado y que no se interesaría en una pareja de pastores de iglesias pequeñas no pudo ser más desacertada. Sus palabras de partida nos dieron una lección que nunca he olvidado: “He pastoreado aquí por muchísimos años. Esta es la primera vez que otro ministro se ha detenido para verme. Muchas gracias a ustedes”.

Sobre todo, guarde la santidad de su matrimonio

Una relación conyugal estable es la mejor defensa contra las influencias externas y los que tiran piedras. Decida qué tipo de escudos protegerá mejor su relación conyugal y la salud emocional/espiritual de su cónyuge. Algunas parejas no analizan ciertos asuntos de la iglesia en el hogar. Algunos pastores optan por escudar a sus esposas de las circunstancias negativas de la iglesia o los conflictos que están afrontando. Otras parejas (estamos entre estas) creen que la relación conyugal provee una caja de resonancia segura y confidencial para rendir parte, obtener perspectiva, y orar juntos por personas que tiran piedras o situaciones de iglesias tambaleantes. (Aun cuando este sea el patrón escogido, algunos asuntos confidenciales deben seguir sin revelar, aun para el cónyuge.)

Cualquiera que sea su estrategia, sea cuidadoso de que todo su tiempo de pareja no sea consumido contando y examinando su pila de piedras. Si no anda con cuidado, será fácil recoger las piedras que lo magullaron durante la última semana y, con frustración, tirárselas al que esté más cerca de usted, por lo general a su compañera. Divirtiéndose juntos, creyendo el uno en el otro, creando tiempo y espacio para el romanticismo en su matrimonio, son algunos de las mejores maneras de absorber el efecto y atenuar el dolor de un ataque externo hiriente. Si estamos seguros en nuestras relaciones principales — con el Señor y con nuestro matrimonio y nuestra familia — seremos capaz de soportar muchos problemas.

El perdón y la reconciliación provee la mayor sanidad de las piedras tiradas. Poco después de la balacera de La Vida Nueva el año pasado, el pastor principal Brady Boyd discretamente organizó una reunión emotiva con los padres de Murray y los padres de las dos adolescentes que él había matado. Murray también le había disparado al padre de las muchachas. El padre, junto con su esposa — con lágrimas — ofreció perdón a los padres de Murray. Como resultado, la reconciliación comenzó. “Como cristianos, podemos hablar filosóficamente acerca del perdón y de la redención, pero lo vi modelado de una forma que nunca lo había visto en esta semana”, dijo el pastor Boyd.

Hasta que lleguemos al cielo, donde las únicas piedras serán joyas brillantes que formarán parte de los muros y las puertas, a veces aquellos que lanzan insultos, acusaciones y críticas nos harán sufrir. Las abolladuras y los deslucidos en nuestra armadura de fe es probable que signifiquen que estamos haciendo algo bien. Si oramos, nos desarrollamos y contamos con amigos seguros, y aseguramos que nuestros hogares y matrimonios sean saludables y zonas libres de piedras, y llenas de gozo y de gracia, seremos capaz de desviar y desactivar las armas que otros pongan en formación contra nosotros.

JODI Detrick, M.A., es presidenta de la Network for Women y directora del ministerio femenil de Northwest Ministry Network, North Bend, Washington.

Don Detrick, D.Min., has served as secretary/treasurer for the Northwest Ministry Network since 2004. He also serves as a general presbyter for the Assemblies of God. Don and Jodi live in North Bend, Washington.

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