Crecer en el hogar de un pastor
Una existencia de pecera
Por Chris Arnzen

Neil me confesó: “Mi temor es que mis niñas crezcan y no tengan nada que ver con la iglesia, y no sigan al Señor. ¿Cuáles son los escollos del ministerio y cómo los evito?” Había sinceridad en su voz.
Esas preguntas no me sorprendieron. Neil se había graduado hacía poco del Instituto Bíblico, estaba casado, y es padre de tres hijos pequeños. Me hizo esas preguntas porque mi padre era su pastor, y una vez yo había sido su maestro de Escuela Dominical. Tenía sentido que Neil hiciera esas preguntas. Sin embargo, no he vivido en el hogar de un pastor desde hace más de veinticinco años. Yo estaba preocupado de que mi experiencia pudiera no seguir siendo importante. ¿Qué diría un hijo de pastor de hoy?
Una noche siete hijos de pastor de edad universitaria y yo estuvimos en una cena y analizamos sus experiencias. Aunque trataron los temas típicos — la existencia de pecera, las luchas con las expectativas de otros, el aislamiento y el sentirse inferior respecto al ministerio — este grupo de hijos de pastor fueron muy sinceros.
La familia de Lebron (los nombres han sido cambiados) pastorea una iglesia en los barrios céntricos. Durante su vida, sus padres han desempeñado cuatro pastorados. Aaron ha vivido en una importante ciudad del Medio Oeste por los últimos nueve años. Nellie y Kyle son hermanos provenientes de un pequeño pueblo rural en la región central del país. Su padre ha pastoreado la misma iglesia durante doce años. Aunque Tessa y William no son familia, sus padres han ocupado varios puestos en iglesias (en la costa occidental y el Medio Oeste), también en oficinas distritales y nacionales. Los padres de Eduardo vivieron en la costa occidental y en la región central del país. Aunque sus padres se han mudado cinco veces en su vida, han pasado los últimos once años en el mismo pastorado.
Mientras hablaba con estos hijos de pastor, ellos expresaban los aspectos positivos y negativos de crecer en el hogar de un pastor. A pesar de vivir en un entorno de pecera, hicieron observaciones positivas sobre vivir en la casa pastoral.
Kyle: cada año una señora nos daba tenis Nike por Navidad. Ahora que estoy en la universidad, recibo un cheque anónimo todos los meses o cada dos meses.
Nellie: ser hijo de pastor da un sentido de liderazgo. Uno sabe cómo funciona la iglesia, y no lo sorprenden las varias situaciones que surgen.
Eduardo: me ayudó a relacionarme más fácilmente con las personas. No soy tímido. Cuando en la iglesia tenemos un tiempo para saludarnos y conocernos, me siento bien conociendo personas y sabiendo acerca de ellas. Mi fortaleza principal es relacionarme con otros. Eso se relaciona con la compasión que vi que mis padres mostraban a las personas. También siento que tengo compasión. Veo a Dios en todos. Crecer en la casa pastoral me ayuda a tener confianza cuando hablo con la gente.
Aunque esos hijos de pastor tenían una opinión positiva de su vida, también tenían problemas con los cuales tratar.
William: sentía que tenía que compartir a mi papá y a mi mamá con otros estudiantes. Sentía como si no fuera sólo nuestra familia y nuestros hermanos, sino la familia y los hermanos de todo el mundo. Lo bueno, no obstante, era que cuando mi papá estaba en casa empleaba mucho tiempo con mis hermanos y conmigo. Él pasó con nosotros la mayoría del tiempo que tenía.
Kyle: tenía que asistir a cada actividad de la iglesia. No fue tan malo todo el tiempo, pero todavía recuerdo cómo en mi segundo año de universidad tenía que perderme un concierto porque había una comida al aire libre en la iglesia. Ocurrían cosas como esa, pero no era un gran problema.
Un aspecto que esos hijos de pastores mencionaron fue el vivir a la sombra de sus padres. Se afectaron sus identidades en desarrollo y era normal el sentirse diferentes. Tenían dificultades en explicar a sus amigos la carrera de sus padres A veces los adultos suponían que ellos tenían un determinado tipo de carácter basado en la reputación de su padre. Resulta interesante notar que ninguno de esos hijos de pastor luchó con el ser catalogado como “rebelde”, aunque muchos de ellos dijeron que lucharon interiormente y sabían de otros hijos de pastor que sí lo mostraban.
Aaron: ir a la escuela pública fue desafiante. Los otros niños no entendían lo que hacía mi papá. Algunos niños preguntaban si vivíamos en la iglesia.
Lebron: a veces mi papá me llevaba a la escuela en el vehículo de la iglesia. Le pusieron el “Diosmóvil”. Trate de vivir a la altura de eso.
Otro inconveniente — aunque mi papá y mi mamá eran buenos en encubrirlo — era las cosas negativas que vi en la iglesia. Hace que uno se frustre con la iglesia y cómo ésta funciona. Por algún tiempo me quitó un poco el interés en la iglesia. Entonces en la escuela de segunda enseñanza me di cuenta de que esa es simplemente la forma en que las cosas son.
Tessa: cuando iba a la segunda enseñanza, la gente me preguntaba qué hacía mi papá, o se enteraban de que mi papá era pastor. Yo sentía que tenía que ser perfecto para las personas que no iban a la iglesia o que no eran cristianas. Ellas me llamarían hipócrita porque mi papá era pastor.
Eduardo: pasé por un par de años donde sentía que la gente consideraba una norma elevada de conducta para mí y mi familia. A veces caminábamos en la iglesia después de haber estado peleando. Papá y mamá decían: “Está bien, muestra una sonrisa. Trataremos con eso después”. Ellos estaban sólo tratando de ayudarnos a no parecer niños mimados. Para mí, sin embargo, me hacía sentir que tenía que ser un farsante y estar siempre feliz en la iglesia porque yo era el hijo del pastor.
Los otros niños me admiraban porque yo era el hijo del pastor. No sentía que yo fuera lo bastante bueno como para ser su modelo de conducta, de modo que actuaba como si no me importara lo que pensaran. Entré en una etapa de rebeldía — no en asuntos de drogas o algo por el estilo — sino teniendo una actitud de “no me importa lo que pienses, pues no tengo que satisfacer tus expectativas”.
Kyle: mi papá era muy apreciado. Me di cuenta temprano de que mientras pusiera una buena cara frente a la gente, nadie sabría cómo era yo. Mientras supieran que era el hijo de mi papá, yo era una buena persona. Hasta el día de hoy, cuando conozco a funcionarios distritales y les digo quién es mi papá, dicen que soy un excelente muchacho. Podría ir para mi auto y fumar hierba, y seguiría siendo un excelente muchacho.
Hay un proceso de crecimiento. Tenía que darme cuenta por mí mismo de que mi reputación se basa en quién soy como persona. Recuerdo durante mi segundo semestre en la universidad que comencé a darme cuenta de que la gente no sabía quién era mi papá. Mi reputación se basaba en quién yo era y con qué gente andaba.
La gente espera que las familias de los pastores asistan, participen, y contribuyan en muchas actividades de la iglesia. En iglesias pequeñas, la participación es un asunto de necesidad. Los hijos de pastor son llamados a llenar esos espacios vacíos. Eso a menudo puede hacer que los hijos de pastor crean que la gente se está aprovechando de ellos. Aunque algunos de esos hijos de pastor pudieran identificarse con esos sentimientos, han sido capaz de formular nuevamente sus experiencias como algo positivo ahora que son adultos jóvenes.
Aaron: he empujado a más gente que cualquier otro. Mi papá siempre hacía que mis hermanos y yo fuéramos voluntarios. Nos despertaba el sábado por la mañana, y nos decía qué íbamos a hacer ese día. Eso es simplemente cómo fue y cómo es todavía. Los domingos por la mañana, si algo tiene que ser hecho, somos los primeros que vamos. Supongo que eso forma más tarde el carácter en la vida.
Natalie: yo estaba en el coro, era ayudante en el aula de los niños pequeños y la ayudante de los niños de la iglesia. Si alguien no llegaba para dar una clase, tanto mi hermana, hermanos o yo la dábamos. Era algo forzoso, y me volvió más amargada en cuanto a participar en la iglesia. Cuando comencé en la universidad y asistí a otra iglesia, mi meta número uno era no participar. Ahora participo; no puedo remediarlo.
Pastorear y criar hijos puede ser complejo. Muchos de esos hijos de pastor expresaban el anhelo de que sus padres se relacionaran con ellos como sus hijos, y no como con otra persona en su congregación. Y hasta que esos hijos de pastor entraron en la universidad y experimentaron la distancia en la relación no pudieron apreciar la complejidad de esas dos funciones. Esos hijos de pastor sí tuvieron muchas cosas positivas que decir de cómo sus padres los criaron.
Eduardo: no fue hasta que llegué a la universidad que me di cuenta de cuán complicado es ser padre y pastor. Mis padres han estado diciéndome de cosas que sucedieron en la iglesia y que nunca supe. Hicieron bien al no decirnos a mí y a mis hermanos de algunas cosas malas que ocurrieron. Mi mamá dijo que ellos sabían que oiríamos cosas acerca de la iglesia, y que no querían añadir más a aquello, de modo que se reservaron aquellas cosas como marido y mujer. Estoy agradecido por eso.
Tessa: estoy de acuerdo. Mis padres hicieron bien al guardar de mí información de la iglesia que no tenía que saber, sobre todo cuando era pequeña. Ellos tenían su trabajo, y mantuvieron apartada a la familia.
Kyle: siempre aprecié el hecho de que mis padres dieron a entender por qué estaban en el ministerio. Papá siempre decía que Dios lo había llamado a este pueblo. He estado en la misma ciudad toda la vida. Papá todavía recibe ofrecimientos de diversos lugares, pero él cree que por ahora tiene que estar aquí. Ver ese llamamiento de Dios me ayuda. No me siento llamado al ministerio, pero eso me ayuda con cualquier cosa que Dios quiera hacer con mi vida. Valdrá la pena, aun en los tiempos difíciles.
Eduardo: mi papá y mi mamá asistían a todas las actividades que yo tenía. Resultaba natural para mí el verlos entre el público. En la escuela de segunda enseñanza, teníamos un concierto del coro. No era muy grande. Yo decía: “Papá, no vayas. Será aburrido. No quiero que vayas”. Pero él siempre estaba entre el público.
Yo decía: “Papá, no tienes que venir a eso”.
Él decía: “No, te amo. Quiero ir a verte”. Eso era amable, aunque le decía que no tenía que ir a todo.
Sin embargo, al pensar en el pasado, esos hijos de pastor sí deseaban que sus padres hubieran hecho algunas cosas de otra manera.
Kyle: habría deseado que me hubieran expuesto al mundo de fuera. Estuve en una burbuja cristiana veinticuatro horas siete días a la semana. No fui expuesto mucho a los no cristianos. Todos mis amigos iban a la iglesia. Fue difícil para mí pasar por la segunda enseñanza, ir a las convenciones de jóvenes, y oír sobre dar testimonio, porque no sabía a quién dar testimonio. Era difícil ser cristiano cuando lo número uno que se supone que hagas es dar testimonio a otras personas. Eso me hizo sentir que estaba fracasando. Es un tipo de situación extraña. Mis padres estaban tratando de hacer lo mejor posible, pero habría querido que me hubieran expuesto más al mundo de fuera.
Eduardo: veía a mi papá como el que hacía cumplir las órdenes. Entonces los domingos, era un papá apacible y cariñoso, aunque me había acabado de dar una zurra el sábado por la noche. Como niño de seis años, pensaba que mi papá era un hipócrita. Mi papá tenía problemas con el enojo. Él hablaría acerca del enojo el domingo, pero el martes estaría gritándonos.
Los hijos de pastor ven la parte humana de sus padres. La mayoría de las personas en la congregación no ven eso. Ven al pastor el domingo y creen que es un gran hombre, y lo es, pero usted ve sus defectos y sus peores momentos. De modo que, como niño, tenía la idea de que papá era un hipócrita.
Lebron: mis padres no eran demasiado legalistas ni demasiado duros para mí; al contrario, me dieron demasiada libertad. Se me permitía tener citas o salir adondequiera que quería. No tenía toque de queda. Estuve un par de veces a punto de hacer malas decisiones que me habrían perdido completamente. Con mucha facilidad pude haber participado en el grupo inconveniente más de lo que lo hice. Al pensar en el pasado, habría deseado que mis padres tuvieran algunas regulaciones más.
Nellie: creo que mis padres enfatizaban demasiado en la iglesia. Sé que eran los pastores, pero había días en que sentía que si ellos tuvieran que escoger entre la salvación y la iglesia, escogerían la iglesia. Creo que vi que ellos hicieron por la iglesia más que ningún otro. Vi el sacrificio que mi familia hizo. Hubo veces en que necesitábamos un descanso y la libertad de no ir a cada actividad o función de la iglesia.
Con las exigencias diarias de un pastorado, es fácil pasar por alto el hecho de que un hijo de pastor puede estar experimentando un conflicto interno. Aunque los hijos de pastor a menudo parecen confiados y muestran buenas aptitudes para la conversación y el liderazgo, luchan con niveles variables de inseguridad. Al pensar en el pasado, hubo algunas cosas que ellos harían de otra manera.
Kyle: me sentí inseguro a través de toda la segunda enseñanza. Fui educado en la casa, de modo que automáticamente pensaba que cualquiera que hubiera ido a la escuela pública estaba más en la onda que yo. No importaba quienes fueran. Aun el muchacho más apestoso estaba más en la onda que uno educado en la casa. Estoy contento de haber sido educado en la casa, pero creo que habría sido una mejor influencia para mis amigos si hubiera sido un poco menos inseguro. Creo que habría tenido mucha más diversión.
Tessa: habría deseado que yo hubiera contribuido más allá fuera en la escuela de segunda enseñanza. Tenía gran participación en la iglesia. Habría deseado que yo hubiera participado en más actividades de la escuela de segunda enseñanza que me relacionaran con más personas. Mi año de novata en la escuela de segunda enseñanza fue la primera vez que había estado en una escuela pública. Asistí a una pequeña escuela cristiana y fui educada en la casa hasta que entré en la segunda enseñanza. No estaba preparada para la escuela pública. Yo era insegura y tímida, y demasiado protegida. No sabía cómo comportarme cerca de las personas. Habría deseado que no me hubiera importado tanto el cómo la gente pensaba de mí, y que hubiera probado cosas nuevas.
Aaron: también me sentía inseguro en la escuela de segunda enseñanza. Pienso que la razón era que no podía comportarme como los otros muchachos. Ellos salían y se iban de fiesta los fines de semana. Yo no tenía nada que hablar con ellos a la hora del almuerzo. Podía hablar del evangelio, pero no se puede hacer eso todos los días a la hora del almuerzo. Es probable que cursara la segunda enseñanza en otro lugar. Cultivaría relaciones con las personas, en vez de sólo sentarme allí y estar callado.
Eduardo: con toda sinceridad habría deseado que yo hubiera participado más en la iglesia. Lo único a lo que mis padres me empujaban era a ir a la iglesia cada domingo, aunque estuviera enfermo. Tenía que estar mortalmente enfermo para no ir. Aquello hizo que el asistir a la iglesia fuera un trabajo para mí. Siempre decía que estaba muy ocupado, pero creo que era que todavía se me salía el resentimiento de mis años más jóvenes.
Con los padres en el ministerio, todos los hijos de pastor tuvieron que luchar con que si el ministerio como vocación de tiempo completo estaba o no en su futuro. Para algunos de esos hijos de pastor el proceso de pasar a través de esto fue doloroso. A veces los pastores o la gente de la iglesia presionan a los hijos de pastor para que entren al ministerio como su vocación, que de otra manera no lo harían.
Eduardo: vengo de una familia de pastores multigeneracional, y soy el único varón en mi familia. Aunque las personas no lo dicen, usted sabe lo que están pensando. Yo había creído que a pesar de todo, iba a ser pastor. Me llevó años comprender que si fuere la voluntad de Dios, eso sucederá. Pero también quiero ser abierto a otras cosas. Nunca pensé que pudiera ser periodista porque la gente esperaba que yo fuera pastor. Está en tu sangre: tienes que hacerlo. Sin embargo, mis padres nunca me presionaron de esa manera.
Kyle: mis tres hermanas mayores fueron a un instituto bíblico. Soy el primer varón, de modo que quiero seguir las pisadas de mi papá.
Una vez teníamos a un misionero en la iglesia. Mi papá le dijo que Dios había llamado a muchos niños al ministerio. Él los llamó a pasar al frente. Todos los jóvenes fueron, y yo fui el único que me quedé sentado. Me sentí como si estuviera en exhibición porque estaba solo. Recuerdo que dije en oración: “Dios, ¿por qué no me llamaste?”
En mi segundo año en la universidad, mi papá estaba hablando, y mencionó que mis cuatro hermanos habían estado o estaban actualmente en el Instituto Bíblico. Entonces él mencionó que yo estaba en una universidad cristiana. Él dijo: “Mi hijo Kyle (en un tono bajo, serio) participa en los ministerios de los medios de difusión”. Estaba allí sentado y casi lloré. Nunca había oído a mi papá decir nada que hiciera sentirme como que era menos; siempre había sido tácito. En ese momento, sentía que fue expreso; era presión. Fue algo por lo cual tuve que perdonar a mi papá. Fue un tiempo difícil para mí, pero tuve que confiar en Dios y saber que Él tiene planeado mi futuro.
Nellie: me sentí presionado por mis hermanos, más que por ningún otro, para que fuera al campo misionero. Todos ellos fueron llamados a las misiones. Eso era lo que estaba en onda hacer. Le diría a la gente que sería un misionero cuando sintiera más que el llamado al ministerio de jóvenes. Pero mi papá estaba orgulloso de ellos. Él siempre diría a la gente que mis hermanos mayores serían misioneros. Así que traté de adaptarme.
Cuando pregunté a esos estudiantes hijos de pastor qué le dirían a un joven pastor sobre criar hijos en la casa pastoral, expresaron la necesidad de dedicar tiempo a estar en familia aunque sea simple. Reclamaron que la seguridad de una sólida relación entre mamá y papá era inapreciable y protectora durante los momentos difíciles de las transiciones pastorales. Añadieron que una falta de integridad y reafirmación lleva a la confusión.
Kyle: con mi familia, sabíamos que mamá estaría allí y que papá podría estar allí. Uno de mis mejores recuerdos es el ver a Seinfeld con mi papá. Ese es todavía el mejor espectáculo de siempre para mí, porque cada vez que lo veo, pienso en mi papá. Eso es lo que hicimos durante mis años en la escuela de segunda enseñanza. Para mí, era algo con lo que podía contar. Sentía que me las arreglaba con el tiempo en familia mejor que mis hermanos. Te podría decir que les dolía cuando no obtenían tiempo para ellos de forma individual.
William: mi papá sacó ventaja del tiempo que pasaba con nosotros. Era divertido cuando estaba en casa. Mi mamá participaba tanto como mi papá. El papel de ella fue determinante.
Fue importante la manera en que nuestro padre trató a mamá. No tuve citas hasta que cumplí los dieciséis, pero estaba preparado. Sabía cómo debía tratar a una mujer. En la misma manera en que mi papá trataba a mi mamá. Él dio el ejemplo. Ellos habían tenido discusiones, pero había ciertas cosas de las que no hablaban si estábamos nosotros. Lo que sí acordaron fue no discutir acerca de cosas insignificantes que no tienen importancia.
Tessa: siempre diga a sus hijos y a su cónyuge que los ama. Deje que sus hijos sepan que usted ama a su cónyuge y que la trata de la forma debida. Ellos deben saber eso. Mis padres siempre me dicen que me aman, y eso nunca envejece.
Eduardo: mis padres han tenido siempre una relación increíble. Nunca pensé que se divorciarían; nunca pensé eso pudiera ocurrir. Fue simplemente una relación increíble que tengo que considerar. Si alguna vez pelearon, o no lo supe, o lo mantuvieron en secreto de nosotros los niños. Nunca pelearon acerca de la iglesia frente a nosotros. Creo que eso fue parte de la manera en que nos protegieron del aspecto amargo del pastorado.
Lebron: es importante comprender que sus hijos no son parte de la congregación. Ellos necesitan un papá y una mamá, no simplemente un pastor. Asegúrese que esté interpretando ambas funciones.
Eduardo: mi mayor preocupación es que usted base sus reglas y su estilo de vida en ser un padre, no un pastor. No es la elección de sus hijos que usted sea un pastor, y la vida de ellos no está conectada a la iglesia. Asegúrese de disciplinarlos y de establecer ciertas reglas no porque usted sea el pastor y su familia tiene que verse de cierta forma. De otra manera, aquellas expectativas pueden hacer que sus hijos se vuelvan más amargados y rebeldes.
Nellie: no tema admitir ante sus hijos que usted está equivocado. Cuando no haya empleado tiempo con ellos, o haya predicado un sermón que sabe que no estaba viviendo, no tema decirles que usted se equivocó.
La espiritualidad de los hijos de pastor fue el último tema que analizamos. Esos hijos de pastor estaban en transición; su desarrollo espiritual se ha movido más allá de las actividades de la iglesia y ahora adquiere un significado personal. Hablaron con franqueza acerca de su relación personal con Dios y de cómo el tener padres en el ministerio daña o ayuda a esa relación. Lo que ellos reportaron pudiera parecer desalentador y atemorizante a una pareja pastoral. Si esto es un reflejo del desarrollo espiritual de hijos de pastos típicos, sin embargo, una pareja pastoral puede prepararse mejor para la crisis de fe de sus hijos, y convertirlo en una oportunidad para mostrar la fe en tiempo real.
Eduardo: crecí oyendo sobre cómo podía tener una relación personal con Dios, pero no sabía plenamente lo que eso significaba. Sabía que Jesucristo vive en mi corazón, y leía la Biblia, pero nunca la entendí. Pasé por una etapa de resentimiento. Mientras me hago mayor, he descubierto que proceso las cosas espirituales de manera distinta.
Reconozco que cultivar una relación personal con Dios es elección mía, sobre todo desde que no vivo más con mis padres. Cuando los padres enseñan a sus hijos, tienen que hacer que ellos entiendan que tener una relación con Dios es elección suya. Esa es la gran diferencia. Usted no está siendo forzado a servir a Dios: se le está dando la oportunidad de tomar una decisión.
Kyle: crecer en el hogar de un pastor perjudicó y ayudó mi espiritualidad. Perjudicó mi espiritualidad, porque crecí pensando que el cristianismo era una gran cantidad de reglas. Mis padres no estuvieron de acuerdo. Decían que no era acerca de los “no”, sino acerca de los “haz esto y haz lo otro”. Pero no fue así que viví mi vida. Fui legalista en la escuela de segunda enseñanza. Servir a Dios era para mí seguir una lista de reglas. Es bueno saber que todo es acerca del amor de Dios a las personas, y las reglas caen en su lugar después de eso.
Nellie: sentí que mi cristianismo se volvió una rutina. Tenía que ir a la iglesia. Tenía que hacer esto y aquello. Nunca dejé de leer la Biblia ni de orar, pero sí pasé un tiempo en que eso no me importaba un comino. Lo hacía porque tenía que hacerlo.
Cuando fui al Instituto Bíblico, estaba amargado con la iglesia y no quería ir. Iba los domingos por las mañanas y me iba temprano. Estaba en extremo resentido con la iglesia mi primer semestre. El participar en la iglesia tenía que ser elección mía. Ahora participo en la iglesia, y amo a la iglesia. Me gusta el poder ir porque ahora es mi elección.
Aaron: sentía que era salvo porque mi papá era el pastor. Estuve montado en su auto durante mucho tiempo hasta que me mudé y fui a la universidad. Después de la segunda enseñanza, tuve que hacer una elección personal de servir a Dios. No serví más a Dios sólo porque mi papá era pastor.
Lebron: diría que ser hijo de pastor perjudicó mi espiritualidad. No sentía la necesidad de orar ni de meditar en la Palabra. Pensaba que ya lo sabía todo. Sentía que, por asociación, yo era un buen cristiano. No fue hasta que ingresé en la universidad que vi la importancia, sobre todo desde que fui a entrar en el ministerio, de tener una relación personal y un tiempo solo con Dios.
ConclusiÓn
Cuando los hijos de pastor estuvieron reflexionando sobre su vida espiritual, mencionaron el mudarse de su casa como un momento crítico en su decisión de servir al Señor. Los padres también afrontan un momento crítico. Aun cuando estén preocupados por sus hijos, el mostrarlo podría indicar que no confían en éstos. Eso pudiera causar un distanciamiento en la relación. Un hijo de pastor dijo: “¿Cómo no puedes confiar en mí cuando te he ayudado a ti y a la iglesia durante dieciocho años? He hecho todo lo que me has pedido que haga; sin embargo, no puedes confiar en mí para que continúe por mí mismo durante cuatro años. Pienso que confiar en tus hijos es importante.” Este es el tiempo en que se prueba la fe y se muestra el amor.
Estaba claro que esos hijos de pastor tenían mucho que decir. Hablaron de lo positivo y lo negativo de crecer como hijos de pastor. Una falta de integridad, de tiempo en familia, y de exposición fuera de la iglesia causó conflictos internos. Sin embargo, experimentando la seguridad del matrimonio de sus padres, su reafirmación y apoyo, y la libertad de decidir de modo positivo, influyó en sus experiencias. A pesar de su experiencia, era evidente que la vida espiritual de ellos fue dinámica y que maduraba en una fe personal.
