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Atar y desatar:

una perspectiva bíblica respecto de una popular práctica moderna

Por W.E. Nunnally

IntroducCiÓn

Este artículo trata acerca de la práctica popular pentecostal carismática de atar y desatar ciertas actitudes o disposiciones, espíritus demoníacos, y a veces, hasta ángeles. A pesar del uso difundido de estos términos y de la proximidad al trato sobrenatural que ellos representan, el sitio Web oficial de las Asambleas de Dios no presenta una declaración autorizada sobre la materia. Pero enseñanzas como éstas proveen oportunidad a los pastores y a su gente para ejercer discernimiento y sanas prácticas hermenéuticas a fin de determinar la correcta interpretación de los pasajes usados para enseñar la práctica de atar y desatar.

Necesitamos considerar el asunto de atar y desatar por varias razones. Primero, esta difundida práctica refleja la necesidad de una sólida interpretación bíblica. Con frecuencia la gente supone que esta práctica tiene apoyo bíblico, en vez de hacer un cuidadoso estudio bíblico. El movimiento Pentecostal siempre ha defendido la creencia de que solo las Escrituras son el fundamento en todos los asuntos de “fe y práctica”.1 Por consiguiente, aquellos que toman la Biblia absolutamente en serio deben disciplinarse para someter todas sus creencias y prácticas al escrutinio de ella.

Segundo, necesitamos ver que los asuntos teológicos populares sean como vías para conectarse con las Escrituras y desarrollar nuestras habilidades en la interpretación y aplicación bíblicas. No podemos ser negligentes en la disciplina espiritual del estudio bíblico regular.

Tercero, Dios nos llama a desear conocer y complacernos en hacer su voluntad (Romanos 12:1; Efesios 5:10,17; Colosenses 1:9,10). La Palabra de Dios debe estar presente en cada pensamiento, palabra, y acción de aquellos que desean agradar a Dios, y que conocen y hacen su voluntad.

Una razón final para una seria consideración de este asunto es la preocupación por la salud espiritual de los cristianos individualmente y del cuerpo de Cristo. Las enseñanzas que no tienen un sólido apoyo bíblico con frecuencia ejercen una influencia errónea en los creyentes y llevan a falsas doctrinas y a prácticas que dañan la salud espiritual de los creyentes y de la iglesia. Con estos pensamientos en mente, demos un repaso a esta popular enseñanza.

DeclaraciÓn del problema

En términos de frecuencia, el uso moderno de las expresiones de atar y desatar está completamente fuera de sincronismo con la frecuencia de su uso en el Nuevo Testamento. La mayoría de los cristianos se sorprende al saber que los verbos atar y desatar aparecen juntos solamente dos veces (Mateo 16:19; 18:18). Por el hecho de que la misma palabra griega que se usa para atar en estos versículos (deo) también aparece en Mateo 12:29 (veáse también Marcos 3:27), muchos pentecostales y carismáticos han llegado a la conclusión de que los tres pasajes se refieren a la autoridad del creyente para atar espíritus rebeldes y demoníacos. Lo que parece una conclusión simple y sencilla, está sin embargo erizada de dificultades contextuales, teológicas, y prácticas.

DescripciÓn de las dificultades

A pesar de la interpretación popular de que las palabras de Jesús: “¿Cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata?” (Mateo 12:29, compare Marcos 3:272) prescribe una secuencia para el exorcismo, la evidencia en el resto del Nuevo Testamento no apoya a esta idea. Por ejemplo, aun cuando los escritores de los Evangelios registraron múltiples enfrentamientos entre Jesús y los espíritus demoníacos, no hay una ocasión en el registro escrito en el cual Él haya atado a un demonio antes de echarlo fuera. Aun más, una acción tal relacionada con atar a los demonios no se encuentra en el libro de los Hechos, en las epístolas, o en el libro de Apocalipsis. En comparación con las fórmulas elaboradas de exorcismo de los judíos contemporáneos y de los paganos, las palabras y acciones de Jesús y de sus primitivos seguidores son cortantes y directas: “¡Sal de él!”

Si hubo algo que caracterizó a Jesús, es que era consecuente. Si hubo algo que caracterizara a sus seguidores del primer siglo, es que eran obedientes a sus enseñanzas. Si en Mateo 12:29 Jesús hubiera tratado de proveer una descripción respecto de la adecuada secuencia de actos para un exorcismo exitoso, habría seguido su propia fórmula cuando exorcizaba a los demonios, y sus discípulos del Nuevo Testamento también la hubiesen seguido.

Si seguimos los principios interpretativos de que las Escrituras interpretan las Escrituras, y si examinamos las Escrituras como un todo, tenemos que entender que Mateo 12:29 y Marcos 3:27 no son un mandato, sino mas bien una analogía (una técnica ilustrativa que Jesús usó regularmente en los cuatro Evangelios). Satanás no es un hombre, sino semejante a un hombre rico que debe ser sometido antes que un ladrón pueda robar en su hogar. Satanás debe ser desarmado antes que el reino de Dios pueda avanzar (compare Mateo 12:28).

Segundo, el contexto de Mateo 16:19 y 18:18 no tiene nada que ver con el exorcismo. En el capítulo 16, Jesús estaba hablando acerca de edificar la iglesia (versículo 18). Las llaves que Él dio eran para la apertura del reino de los cielos (versículo 19), no para cerrar (o atar) el dominio de las tinieblas.

En Mateo 18, el atar y desatar no tiene lugar en un contexto de exorcismo, sino en la administración de disciplina en la iglesia. Los líderes de la iglesia tienen la responsabilidad de determinar a quién se le permite permanecer dentro de la comunidad del nuevo pacto, y bajo qué condiciones. Si este es el caso en Mateo 18 y el lenguaje (“atar y desatar”) es idéntico al lenguaje de Mateo 16, los contextos de estos dos pasajes están muy probablemente relacionados.

Al considerar la relación entre estos dos pasajes, es importante tener en cuenta el principio hermenéutico de que “las Escrituras interpretan las Escrituras”. Este principio requiere que el pasaje que no parece claro, o que está en disputa, sea interpretado sobre la base del pasaje que nos resulta claro. En este caso, Mateo 18:18 resulta ser el pasaje claro y sobre el cual no hay duda en cuanto a su significado.

Tercero, cuando la gente interpreta y aplica incorrectamente Mateo 16 y 18, inevitablemente surgen problemas teológicos y prácticos. Por ejemplo, en ninguna parte de las Escrituras (tanto en la literatura judaica como en la cristiana fuera de la Biblia) aparece Dios dando a los creyentes la tarea de atar a Satanás o a los demonios. En cambio, solo Dios y sus intermediarios angelicales realizan esta actividad (Apocalipsis 20:1,2).

En tiempos recientes, la interpretación de desatar se ha referido en algunas ocasiones a la prerrogativa del creyente de permitir que las fuerzas demoníacas ejerzan una cierta libertad. Sin embargo, con más frecuencia, desatar se aplica para liberar un espíritu de avivamiento o de intercesión. En casos extremos, el espíritu de Elías o algún otro personaje bíblico es “soltado”. Respecto a las primeras tres interpretaciones, es más apropiado atribuir tales iniciativas a la obra del Espíritu Santo que a los dictados del hombre. En cuanto a la última interpretación, el idioma y el concepto que representan se encuentran en el límite de la nigromancia (interacción que involucra a los muertos) y son espiritualmente insalubres y bíblicamente inapropiados (compare Levítico 19:26 y Deuteronomio 18:10,11). La interacción que implica a los santos que han partido está dentro del ámbito de Dios solo.

Cuarto, en muchos círculos ha estado en boga la práctica de atar ciertas actitudes o atributos personales a los que se les designa como “espíritus”. De este modo, con frecuencia se induce a los padres a atar el espíritu de rebeldía en sus hijos desobedientes. En manera similar, oímos con frecuencia que gente bien intencionada ata el espíritu de incredulidad sobre personas o grupos. Por muy espiritual que parezca esta expresión, lleva consigo un marco no bíblico de referencia. Dios ha creado a las personas como agentes morales libres.3 Él nos da la capacidad y la responsabilidad de elegir. Dios no responderá a una oración que requiera que Él viole este aspecto de la naturaleza humana que Él creó intencionalmente. Cuando oramos de esta manera, nos colocamos al margen de las Escrituras, que son las que operan como nuestra única regla de fe y práctica. Una vez que uno se aleja de los parámetros de las Escrituras, es muy probable que hayan otras desviaciones, como la creencia y práctica que algunos han adoptado de dar órdenes a los ángeles.

¿CuÁles son la interpretaciÓn y aplicaciÓn adecuadas?

Ahora que hemos comentado lo que Mateo 16:19 y 18:18 no significan, es necesario que veamos cuál es el sentido de tales pasajes.

Primero, para entender la terminología de atar y desatar de Mateo 16:19, debemos comenzar con Mateo 18:18. Cuando se emplea el principio de contexto literario inmediato, el significado de este pasaje resulta claro, porque contiene muchos indicadores contextuales. Los elementos de un “hermano [que] peca” (versículo 15), “repréndele” (versículo 15), “testigos” (versículo 16), “iglesia” (versículo 17), y excomunión, “tenle por gentil y publicano” (versículo 17), no dejan duda de que el pasaje no trata de exorcismo, sino de excomunión. En este contexto es que se lee el versículo 18: “Todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo”.

Cuando se toma Mateo 18:15-20 como un todo, Jesús estaba autorizando a los líderes de la iglesia a seguir un proceso específico con el fin de preservar la pureza y el testimonio de la iglesia. Se les designa a ellos para que protejan la reputación de Dios y de su iglesia, y si es necesario, para que despidan a los miembros que en forma abierta persisten en su estilo de vida pecaminoso. Sus decisiones son autoritativas (atar) y finales.

A menos que tomemos en forma extrema la traducción tradicional de estas palabras, necesitamos tomar en cuenta que este texto no concede la influencia humana desenfrenada sobre los decretos de Dios. Las referencias gramaticales del griego autorizado nos hacen ver que necesitamos traducir el versículo 18: “Cualquier cosa que ustedes aten en la tierra habrá (ya) sido atada en el cielo; y cualquier cosa que desaten en la tierra habrá (ya) sido desatada en el cielo”. Los líderes cristianos tienen que reflejar la voluntad de Dios en sus decisiones, y no ser ellos quienes las generen. Del mismo modo que con muchos otros pasajes de las Escrituras, éste enseña a quienes somos siervos de Él, a hacer su voluntad antes que exigir que Él haga la nuestra (Mateo 6:10; 7:21; 26:39; Romanos 12:1; Efesios 5:10, 17; Colosenses 1:9,10).

Los dos versículos finales de este pasaje proveen mayor evidencia de la naturaleza judicial (contrariamente al exorcismo) del pasaje. “Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:19,20).

Usualmente estos versículos se han usado para garantizar las respuestas a las peticiones en oración ofrecidas por dos o tres creyentes “que están de acuerdo” unos con otros. Pero las palabras “otra vez os digo”, fusionan claramente esta enseñanza con la instrucción previa. En otras palabras, Jesús estaba reiterando la misma verdad que comunicó en el versículo 18. El “acuerdo… respecto de cualquier cosa que pidieren” (versículo 19) tiene límites definidos por el contexto en el cual aparace la frase. Por cuanto el contexto más amplio tiene que ver con la disciplina de la iglesia, lo más probable es que Jesús dijera que Dios está dispuesto a contestar a oraciones por fortaleza, sabiduría, revelación, valentía e imparcialidad para los participantes en una disputa o los disciplinadores, y para convicción, contrición, reacción, arrepentimiento, y perdón para el pecador.

La garantía de la presencia de Dios entre los “dos o tres… reunidos en [su] nombre (versículo 20) calza perfectamente en el contexto judicial y disciplinario. Los “dos o tres” que se mencionan no son números arbitrarios. Se refieren a los “testigos” a los cuales el juez podía llamar para establecer las palabras o hechos pecaminosos del acusado mediante su testimonio ocular (véase Deuteronomio 17:6,7; 19:15-21; 1 Timoteo 5:19). Los dos o tres mencionados por Jesús en Mateo 18:20 se refieren sin duda a los testigos del versículo 16.

Estas palabras llevan una promesa y una advertencia. La promesa es la garantía de Dios de que ningún líder o testigo tendrá que pasar por esta difícil experiencia confiando sólo en su propia fuerza. Ellos experimentarán la presencia, autorización, y capacitación de poder a pesar de lo difícil de la situación. Sin embargo, la advertencia se ve en el hecho de que nada menos que Dios es quien supervisa el proceso. Sus representantes en la tierra deben recordar la santidad personal, rectitud, justicia e imparcialidad de Dios cuando lleven a cabo un juicio. Sus decisiones deben reflejar el decreto celestial.4

Estímulo y desafío semejantes a éste eran comunes en los primeros siglos. Podemos ver esto en un pasaje de la literatura rabínica que provee un mayor fundamento bíblico: “Los jueces debieran conocer a quien juzgan, y en la presencia de Quién juzgan, y Quién es el que juzga con ellos. Los testigos debieran saber respecto de quién dan testimonio, en la presencia de Quién dan testimonio, con Quién dan testimonio, y Quién es el que da testimonio con ellos, puesto que se dice: “Entonces los dos litigantes se presentarán delante de Jehová” (Deuteronomio 19:17), y se dice: “Dios está en la reunión de los dioses; en medio de los dioses juzga”.5

Segundo, después que establecemos que el atar y desatar ordenado por Jesús en Mateo 18:18 tiene que ver con la disciplina en la iglesia, podemos movernos a Mateo 16:19. El contexto es menos obvio, pero el lenguaje desusado y superpuesto provee amplia razón de que se sospeche que el contexto es similar al de 18:18. El hecho de que los verbos atar y desatar aparecen en ambos pasajes y en ninguna otra parte en las Escrituras sugiere que los contextos están relacionados. Será necesario satisfacer otros criterios, sin embargo, antes de llegar a una conclusión.

Cuando nos fijamos en el contexto literario inmediato, los indicadores (aun cuando posiblemente sean menos obvios) sugieren una similitud de contexto con Mateo 18. Por ejemplo, en 16:18 Jesús habla de “edificar [su] iglesia”. El versículo 19 introduce la metáfora de las “llaves del reino de los cielos”. A causa de la frase genitiva clarificadora “del reino de los cielos”, las llaves deben referirse a autoridad para determinar la admisión y la no admisión en la fraternidad de la iglesia. Es en este punto del versículo que aparece la frase en cuestión: “Y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos” (16:19).

La construcción gramatical aquí es la misma que en 18:18. Por tanto, como en 18:18, podemos traducir: “Cualquier cosa que ustedes aten en la tierra habrá (ya) sido atada en el cielo; y cualquier cosa que desaten en la tierra habrá (ya) sido desatada en el cielo”. En este texto Jesús ordena al liderazgo de la iglesia que reflejen la voluntad de Dios y no la de ellos mismos respecto de a quien debieran recibir como miembro “en plena comunión” en la nueva comunidad de pacto.

Tercero, además del hecho de que 16:19 y 18:18 comparten la misma terminología y contexto, la literatura concerniente a esta discusión que hallamos fuera de la Biblia apoya la interpretación de estos textos en la manera que estamos sugiriendo. La asociación verbal de atar y desatar aparece con tanta frecuencia en la literatura rabínica que nos parece que Jesús estaba empleando terminología que su cultura entendería con facilidad. Aquí tenemos tres ejemplos:

Estos pasajes de la literatura rabínica confirman que los términos atar y desatar, cuando aparecen juntos, se refieren a la autoridad de los que están en el liderazgo para atar (prohibir) y desatar (permitir) ciertas prácticas o conductas. Aun más, estos pasajes no tienen relación con atar o desatar espíritus de demonios, ángeles, o actitudes de la gente.

¿Cuál es, entonces, la diferencia entre 16:19 y 18:18? Sobre la base de la información contextual ya comentada, parece que el capítulo 16 se refiere a la autoridad del liderazgo de la iglesia para prohibir o permitir la entrada a la comunidad del pacto. Por otra parte, el capítulo 18 se refiere a la autoridad del liderazgo para prohibir o permitir la continuación de la condición de miembro en la comunidad del pacto. Aun cuando esto pueda parecer a algunos algo torpe y sentencioso, los miembros del personal pastoral y las juntas de diáconos o ancianos funcionan en la actualidad de esa manera cuando las iglesias están en condición saludable y de acuerdo a modelos bíblicos.9

Un cuarto paso para asegurar una interpretación apropiada consiste en comparar las conclusiones de uno con un amplio espectro de erudición en el pasaje de que se trata. Este paso no debiera dejarse de lado livianamente como accediendo a la interpretación de la mayoría. Más bien, los estudiantes serios de la Biblia deben emplear este paso como una red de salvaguardia adicional, o como un sistema de verificaciones y contrapesos. Este paso es semejante al de los hombre de ciencia que repiten un experimento y obtienen los mismos resultados. En este caso, es importante que una gran cantidad de consenso de eruditos, liberales, y conservadores, católicos y protestantes, cristianos y judíos, hayan aceptado la interpretación básica dada anteriormente.10

Conclusiones

Podemos arribar a varias conclusiones útiles y prácticas a partir de un estudio cuidadoso de atar y desatar. Primero, las Escrituras son instructivas, estimulantes, y liberadoras cuando se entienden y aplican apropiadamente. Lo opuesto también puede ser cierto. Cuando malinterpretamos o torcemos intencionadamente las Escrituras, la gente bien intencionada es con frecuencia herida y aun a veces arrastrada al temor de esclavitud espiritual (véase también Mateo 23:2-4; Hechos 20:29,30; 1 Timoteo 4:1; 2 Timoteo 2:2-18; Tito 1:9-11; 2 Pedro 2:1; 3:16,17; Judas 10,11, etc.).

Segundo, los principios hermenéuticos probados por el tiempo, del contexto literario inmediato, del contexto gramatical, de que las Escrituras interpretan a las Escrituras, la totalidad de las Escrituras, y la malla de seguridad de una comunidad de eruditos respetables son buenas herramientas para la interpretación bíblica. Ninguno de estos métodos está fuera del alcance de la mayoría de las personas. Cuando empleamos fielmente estos principios, ellos nos capacitan para acercarnos más al significado original de las Escrituras.

Tercero, la interpretación y aplicación apropiadas de estos pasajes nos ayuda a poner nuestro enfoque en el correcto método de Jesús y de la cristiandad apostólica, cuya única actitud ante las fuerzas demoníacas fue “¡sal fuera!” Es importante que la iglesia de la actualidad redescubra que los demonios no responden a nuestras elaboradas tácticas, pronunciamientos, confesiones, y reprensiones. Nuestro impacto en el mundo es más exitoso cuando hacemos lo que las Escrituras nos llaman a hacer y confiamos que Dios hará lo que nosotros no podemos hacer: liberar a las personas.

Cuarto, cuando entendemos estas Escrituras, ellas apoyan lo que los pastores y directivas de iglesias han estado haciendo durante siglos. Si la Biblia es nuestra única regla de fe y de práctica, necesitamos tener sólida garantía bíblica para prácticas tales como vetar a los solicitantes de afiliación y de administrar disciplina en la iglesia. ¡Qué bendición es tener las enseñanzas de Jesús como guías de nuestros pensamientos y acciones, antes que la tradición, las preferencias personales, y las prácticas populares!

W.E. NUNNALLY, Ph.D., es profesor de Judaísmo Primitivo y Orígenes Cristianos en Evangel University, Springfield, Missouri.

NotAs

1. Preámbulo a la Declaración de Verdades Fundamentales. Visite http://www.ag.org/top/beliefs/Statement_of_Fundamental_Truths/stf_full.cfm

2. Citas de las Escrituras tomadas de la Biblia versión Reina-Valera 1960. Usada con permiso.

3. Vea mis artículos “Los pecados de la maldición generacional”, Enrichment 12, N° 4 (2007): 114; “Puntos de vista defectuosos de la salvación”, Enrichment 13, N°3 (2008): 128; y “Eterna seguridad”, Enrichment 13, N°4 (2008): 122.

4. Vea el comentario sobre la adecuada traducción e interpretación del versículo 18 previo. También, vea mi artículo “Juzgando sin ser sentencioso”, Enrichment 2, N°4 (1997): 92, o en Internet http://enrichmentjournal.ag.org/199704/092_judging.cfm

5. Tosefta Sanhedrin 1:9.

6. Mishnah Sotah 9:14, énfasis añadido.

7. Mishnah Nedarim 6:5-7, énfasis añadido.

8. Ibid., 7:1, énfasis añadido.

9. De nuevo, vea “Juzgando sin ser sentencioso”.

10. Para una indagación de posiciones y una bibliografía funcional sobre el tema, vea W.D. Davies y Dale C. Allison Jr., Comentario crítico y exegético sobre el Evangelio según Mateo (Edinburgh: T & T Clark, 1991) 2:636- S. Keener, Comentario sobre el Evangelio de Mateo (Grand Rapids: Eerdmans, 1999), 429,430,454.

 

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