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Lo que deben hacer los pastores para ayudar a parejas afectadas por adulterio

Por Larry E. Hazelbaker

La Palabra de Dios está repleta de ejemplos de mala conducta sexual, y es clara respecto del precio que la gente paga por tal pecado (Proverbios 6:27-29; 7:1-23). ¿Qué es lo que hay al final del camino de una aventura amorosa? Una relación de adulterio por lo general resulta en la pérdida de la familia, de la reputación, del trabajo, del respeto de sí mismo y de la dignidad, de la confianza, y de la relación con Dios. Aun más, una persona siempre cuestionará la lealtad y el compromiso del cónyuge que se vio envuelto en una aventura amorosa: Si él (o ella) es capaz de engañar, ¿me engañará de nuevo?

Al comienzo de uno de estos problemas la relación entre estas dos personas parece algo sutil, no amenazante, honrada y sin peligro; pero los lazos entre ellos sólo crecen y llegan a ser cada vez más firmes. El atractivo es fuerte, y en la mayoría de los casos resulta irresistible. Una vez que una persona decide morder el anzuelo, ya está cazado. (Vea en la columna lateral las cuatro etapas del inicio de una situación peligrosa).

Este tipo de situaciones no se presenta de casualidad. Según Andy Stanley, una persona cruza la línea de adulterio una vez que hace una serie de pequeñas decisiones poco sabias. Hay también un factor psicológico. La teoría psicológica de Alfred Adler dice que la gente tiene una tendencia natural a abrigar sentimientos de inferioridad. Su teoría propone que todas las personas sufren de estos sentimientos, y que continuamente están tratando de superarlos.

En mi experiencia como consejero, he hallado que los sentimientos de inferioridad son con frecuencia la razón de una mala conducta sexual. Una persona tiende a gravitar hacia cualquier cosa que le dé una sensación de valer personal.

La mayoría de las personas que he aconsejado y que tuvieron una aventura, no buscaron que ello sucediera. Pero de mis 30 años de ministerio y de experiencia como consejero, he descubierto que la mayoría de las personas incurre en adulterio por una o dos razones. Primero, uno de los cónyuges no es feliz en el matrimonio. El descuido en una relación tiende a crear un ambiente en el cual puede iniciarse una aventura amorosa. Segundo, la gente tiende a moverse hacia otros que les hagan sentirse valiosos. El sexo es una firme fuente de validación.

¿Qué han de hacer entonces los pastores cuando un miembro de su congregación comete adulterio?

¿CuÁles son las pautas para aconsejar a los que estÁn involucrados en una aventura?

La gente que se encuentra en una aventura tiene diversas razones de acudir a su pastor. Primero, alguien está enterado del problema. Siempre me causa entrañeza cuando la gente se muestra sorprendida de que alguien los haya descubierto. ¿Por qué alguien que está envuelto en una situación moralmente impropia con otra persona habría de creer que podría hacerlo sin que lo descubrieran? En algún punto la aventura terminará, usualmente cuando uno de los participantes en la aventura se va. La persona que causa la ruptura invariablemente le cuenta a alguien. Tengan la seguridad de que sus pecados los delatarán.

Segundo, uno de los individuos se siente culpable y comienza a buscar la absolución. Por lo general viene a tocar la puerta del pastor. Sin importar cómo o cuándo viene la persona, la tarea del pastor es primeramente conducir a la persona al arrepentimiento, luego tratar con los resultados del problema. Esto nunca es una tarea agradable. Efectivamente, a veces puede resultar hasta algo peligroso. Si un pastor discierne que el cónyuge ofendido tiene carácter violento, tal vez necesite llamar refuerzos, o aun recurrir a las autoridades.

Una vez que la pareja (el adúltero o adúltera y el cónyuge ofendido) recurren al pastor buscando ayuda, el pastor necesitará tratar con la pareja como un todo. Algunos de mis colegas difieren de mí en cuanto al asunto de la transparencia, pero yo soy inflexible al respecto. Decir que ojos que no ven, corazón que no siente es error. La Palabra de Dios dice: “La verdad os hará libres” (Juan 8:32). Hablar abiertamente del asunto no será placentero, pero el proceso puede hacer que uno quede libre.

¿CuÁl es el mÉtodo de consejo cuando el cÓnyuge culpable muestra arrepentimiento?

Que el cónyuge ofendido sea capaz de perdonar y seguir adelante depende de la persona. Con frecuencia los cristianos creen que necesitan perdonar y olvidar. Esto no siempre es fácil, ni debiera serlo. Jesús ofreció la posibilidad de perdonar, olvidar, y seguir adelante cuando concedió a la víctima de un prolongado problema el permiso para divorciarse del cónyuge adúltero.

Aun cuando el adúltero esté arrepentido, es imposible anular los efectos del adulterio. Lo menos que puede esperarse de un pastor es que muestre a la pareja lo que perderán a causa del divorcio y estimular su reconciliación.

Aun si el adúltero está arrepentido a veces la aventura es suficiente para arruinar por completo el matrimonio. Si tanto el ofensor como la víctima tienen la voluntad para salvar el matrimonio, el pastor debe decidir si puede comprometerse en un proceso de consejería de cierta duración.

Si el pastor se compromete a proveer consejería por un período prolongado, necesita entender que las emociones son increíblemente altas durante este proceso, y que a veces las parejas llegan al extremo de enfermarse emocionalmente. Durante ese lapso un pastor podría sugerir un tiempo de separación. Si el adúltero y la víctima continúan viviendo en la misma casa, continuamente estarán recordando la transgresión. El ambiente será insalubre y el conflicto se hará peor.

Según sea la condición de inestabilidad emocional de cualquiera de los cónyuges, el pastor podría recomendar que busquen la ayuda de un médico para aliviar la ansiedad. La separación de ambos y el suministro de medicamentos recetados por el médico puede ayudarlos a alcanzar algún grado de estabilidad emocional.

Mientras la gente permanece en un ambiente que produce ansiedad, tendrán una limitada habilidad para tratar en forma racional con los importantes asuntos que necesitan ser considerados. Esto es similar a tratar de aconsejar a un alcohólico mientras está embriagado; de nada servirá. Cada persona debe ser racional si un pastor va a aconsejar a la pareja en pro de la reconciliación. Cada uno de los cónyuges debe ser capaz de pensar con claridad.

En el consejo pastoral hay varios métodos para ayudar a componer las relaciones si el ofensor está arrepentido y su cónyuge tiene voluntad de arreglar las cosas. Uno de los métodos sugiere que el ofensor revele cada uno de los detalles de la información respecto al asunto, estando presente el consejero. Esto ayuda a la víctima a considerar la información en forma lenta y cuidadosa. La gente también tiene el don de imaginación. Con frecuencia reacciona ante los acontecimientos imaginados como si fueran verdaderos. Los detalles encubiertos, por pequeños que sean, pueden llegar a ser la fuente de imaginaciones vívidas en la mente del cónyuge ofendido. Sin embargo, el cónyuge ofendido necesita determinar cuándo bastante es bastante. Él, o ella, debe tener oportunidad de oír, considerar, y reaccionar a cuanta información sea necesaria para comenzar el cierre.

El otro método es: “Ojos que no ven, corazón que no siente”. Como ya dije, estoy en desacuerdo con este método. Una vez más, el cónyuge ofendido debe ser quien determine la mejor manera de considerar el problema.

Un grande e irreversible error es hacer que el cónyuge ofendido se sienta culpable de no poder olvidar el incidente. Nosotros no somos Dios; podemos perdonar, pero nunca he conocido a un cónyuge ofendido que haya olvidado por completo la ofensa. Aquellos que dicen haber perdonado y olvidado, por lo general redirigen su enojo o su herida viviendo en condenación y castigando al ofensor abteniéndose de la intimidad y de las relaciones sexuales.

¿CuÁndo les aconseja el pastor recurrir a otra fuente de ayuda?

Si un pastor no tiene el tiempo y la energía para dedicarse a un proceso de larga duración en que sirva de apoyo emocional las 24 horas del día y los 7 días de la semana, debe aconsejar a la pareja que consulten a un calificado terapeuta de matrimonio y de familia. También, si el problema tiene dimensiones mayores que la habilidad del pastor para resolverlo, es tiempo de referirlos a quien convenga. La pareja puede necesitar ver a un consejero que se especialice en consejería matrimonial y en mediación de divorcio que provea el consejo consecuente y eficiente que se necesite para que haya sanidad.

Los pastores a veces se sienten frustrados cuando la gente no procede con suficiente rapidez. Ellos pueden empujar al ofendido y al ofensor a juntarse demasiado pronto. Debemos recordar que la función principal de un pastor es hacer que la gente sea salva y enseñarles a aplicar la Palabra de Dios a su vida. Esperar que un pastor sea todas las cosas a toda la gente es algo irreal. El pastor que se esfuerza en extremo con frecuencia se verá abrumado. Si hace esto con regularidad, la posibilidad de sufrir un colapso es real. El sitio Web de la Asociación Americana de Consejeros Cristianos (http://www.aacc.net) puede ayudar a un pastor a ubicar a un calificado consejero cristiano en la mayoría de los lugares en los Estados Unidos. También, la Oficina de Ministerial Enrichment en 417-862-2781, ext. 3014, provee una lista de consejeros calificados a través de toda la nación.

¿CuÁl es el mÉtodo de consejerÍa cuando el cÓnyuge culpable no se arrepiente?

Si el adúltero no está arrepentido, el pastor podría desear referirlo a un consejero. Si el pastor tiene suficiente tiempo decidir ver regularmente a la víctima (por lo general una o dos veces a la semana) para proveer ayuda emocional y espiritual. Los que buscan consejo, por lo general hallan sanidad.

Si el adúltero es un miembro de su congregación y no muestra arrepentimiento ni quiere reconciliarse con su cónyuge, sino que continúa en el problema, entonces es necesario excomulgarlo del cuerpo de Cristo.

Los pastores también pueden referir a la víctima a un abogado que le ayudará con los asuntos legales relacionados con el divorcio y la separación, si es obvio que el matrimonio es irreconciliable. Como ya se dijo, esta es una situación en que el sufrimiento de una persona puede llevarla a padecer algún tipo de trastorno emocional. Es difícil, pero no imposible, pensar racionalmente cuando uno descubre que su cónyuge le ha sido infiel. Una persona en crisis tiende a hacer pobres decisiones. Por consiguiente, es imperativo que estén presentes un consejero espiritual y un buen abogado cristiano, mientras la víctima se halla en el proceso de recuperación.

¿QuÉ podemos decir respecto de disciplina?

Un pastor debe tratar con cautela esta situación. Los miembros de iglesia que se ocupan en el ministerio laico en la iglesia local deben mantener una alta norma. Si han cometido adulterio o algún otro grave pecado, no debiera ocupárseles en el ministerio hasta que pasen por un proceso de restauración. Un hombre o una mujer arrepentidos, que han cometido adulterio, no debieran seguir teniendo un lugar en una directiva de iglesia o enseñar una clase de escuela dominical. No permitiríamos que un ujier recibiera las ofrendas si fuera sorprendido robando. De igual modo, no ocuparíamos en puestos importantes de ministerio a personas que hayan transgredido los límites morales dados por Dios. En cambio, los ofensores deben demostrar al cuerpo de Cristo que se someten a la autoridad del liderazgo de la iglesia y que están dispuestos a aceptar la disciplina. Será el liderazgo de la iglesia el que determine si el ofensor puede servir como miembro del comité de recepción, ayudar con el mantenimiento de la iglesia, u otras funciones menores en términos de influencia y responsabilidad.

Finalmente, las relaciones son entidades poderosas. La relación más poderosa es un matrimonio fortalecido por un lazo espiritual y físico firme. Lamentablemente, la mayoría de los matrimonios no tiene ni lo uno ni lo otro. Para tener matrimonios fuertes, debemos reconocer que cualquier debilidad en nuestro espíritu o en nuestra relación física puede ser aprovechada por el enemigo de nuestra alma, y ciertamente lo será. Necesitamos instrucción en estas áreas desde muy temprano en nuestra vida. Tristemente, cuando muchos se dan cuenta de su necesidad de este tipo de instrucción, es frecuentemente muy tarde.

Richard L. Dresselhaus

Larry E. Hazelbaker, Ph.D., an Assemblies of God minister, is professor of psychology and chairperson of the behavioral and social sciences department at Southeastern University, Lakeland, Florida. He is also founder and president of Harbor Institute, Inc., a nonprofit organization that ministers to ministers and their families.

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