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Reuniones de fin de año. ¿Hacen más daño que bien?

Por Tim McGraw

En una reunión de esposas de pastor a la cual asistió mi esposa, surgió la conversación referente al tema de las reuniones de fin de año en las iglesias. Una de las señoras dijo: “Nuestra iglesia ya no celebra más reuniones de fin de año”. Ella prosiguió: “Hasta hoy, yo todavía conservo recuerdos hirientes de reuniones desagradables de iglesia, las que se remontan hasta los días de mi niñez”.

Otra de las señoras añadió rápidamente: “Nosotros tampoco las celebramos por la misma razón”.

Más tarde esa noche mi esposa me dijo que ella envidiaba a esas mujeres porque no tenían que enfrentar la reunión de fin de año – una reunión descrita por un líder cristiano como la emboscada anual.

Durante nuestros 24 años de ministerio público, mi esposa y yo hemos experimentado nuestra porción de experiencias dolorosas. Dudo que seamos los únicos en sentir lo que sentimos respecto de estas reuniones. Efectivamente, muchos pastores ven llegar la reunión de fin de año con terror, si no con ansiedad. ¿Por qué se sienten de este modo los pastores? Tal vez han sido enceguecidos demasiadas veces por lo que yo llamo el lado desagradable de la iglesia. Estoy hablando de:

¿Le resulta familiar esto? El apóstol Pablo reprendió a los creyentes corintios, cuando dijo: “No os congregáis para lo mejor, sino para lo peor” (1 Corintios 11:17). ¡Qué acusación más seria! Nosotros podríamos aplicar fácilmente esta misma observación a la iglesia de hoy en lo concerniente a la manera en que llevamos a cabo nuestras reuniones de fin de año.

Las Escrituras nos muestran que debemos celebrar cada reunión de la iglesia, cualquiera sea el propósito de ellas – adoración, fraternidad, elección de funcionarios, o la celebración de un paseo – con la misma meta de edificar el Cuerpo. Pablo es enfático en este punto: “Cuando os reunís… hágase todo para edificación” (1 Corintios 14:26).1 En este mismo capítulo, Pablo usa cuatro veces la palabra “edificación” (versículos 3,5,12,26) para destacar su argumento. De este modo, el Apóstol recalca lo que debe ser el principio que gobierne las reuniones de la iglesia.

Ninguna reunión debiera hacer más mal que bien, incluida la de fin de año. ¿Pasa la prueba de edificación la reunión de fin de año? ¿Salen de ella los creyentes fortalecidos o debilitados? Estas preguntas son dignas de la reflexión de un líder. Es lastimoso, pero yo he visto a muchos buenos y abnegados santos de Dios salir del santuario con aspecto triste. Esto no debiera ocurrir. Es tiempo de que reconsideremos, aun que reformemos, la reunión de fin de año.

Como muchos pastores, he intentado hacer que esta reunión fuese positiva nominándola “celebración”. Aun cuando apruebo este cambio de nombre, he entendido que la iglesia necesita algo más profundo. Muchas iglesias tienen recuerdos negativos martillados en su psique corporativa. La iglesia no olvida fácilmente estos recuerdos. Un pastor no puede borrar años de experiencias negativas con sólo cambios cosméticos.

Nadie puede rectificar años de cosas desagradables con tan sólo poner un nuevo letrero sobre un antiguo diario mural. ¿Podría ser que los conflictos asociados con la reunión de fin de año revelen un problema más profundo? ¿Será que una mentalidad de “una afirmación democrática confirma mis derechos” esté fundamentalmente en oposición con la humildad y sumisión propias del pueblo de Dios? ¿Son estos dos conceptos incompatibles, irreconciliables? Pienso que sí. De otro modo, ¿cómo explica uno la actitud del miembro de iglesia que de repente siente libertad, ciertamente, el derecho de imponerse en la reunión de fin de año de un modo como no lo haría en un culto de la iglesia o en cualquier otra reunión espiritual? ¿Cómo explica uno el tono airado de un miembro de iglesia, que suena más como mundano que como algo propio de la iglesia? ¿Cómo reconcilia uno el espíritu de acusación (con frecuencia dirigida al liderazgo) con el ministerio del Espíritu Santo? ¿Es esto lo que Dios quiere – aun cuando sea una vez al año? Pienso que no.

La mayoría de los pastores están deseosos de aceptar el calor y la presión que acompañan al llamado. Estos son materiales que fomentarán el crecimiento y la madurez. Muchos pastores promueven el discurso saludable. “Hierro con hierro se aguza; y así el hombre aguza el rostro de su amigo” (Proverbios 27:17). Efectivamente, el buen liderazgo se comunica regularmente con la congregación, no sólo una vez en la reunión anual.

El liderazgo puede evitar muchos problemas por medio de la comunicación saludable. Rick Warren dice: “La gente está abajo en aquello que no está arriba”. El liderazgo pastoral debe a la congregación una comunicación regular. Si los pastores no están comunicando en forma permanente, no debieran sorprenderse cuando los miembros de la iglesia se muestran descontentos. Por cuanto la comunicación es una clave para el buen liderazgo, los pastores necesitan aceptar esa responsabilidad.

Los pastores cuya política de iglesia requiere una reunión de fin de año no pueden permitirse ser ingenuos. La gente está en juego. Permitir que ocurran cosas negativas vez tras vez en las reuniones de fin de año es arriesgarse a desilusionar a los recién convertidos, desacreditar la autoridad pastoral, y faltar al respeto a la iglesia de Dios (véase 1 Corintios 3:16; 1:10). Lamentablemente, esto ocurre con más frecuencia de lo que nos complacería admitir.

¿Hay algún modo de salir de este mal? ¿Pueden las reuniones de fin de año honrar a Cristo y edificar a la gente? Sí. Hay un mejor modo de dirigir dichas reuniones, y muchas iglesias están haciendo ajustes. Recientemente, un funcionario denominacional me dijo: “Nuestra reglamentación ya tiene 50 años, y necesita que se le dé un pellizco”. ¿Qué están haciendo las iglesias para mejorar las reuniones de fin de año y para avanzar en una dirección más edificante?

Incorporar la reuniÓn de fin de aÑo al culto de adoraciÓn

Muchas iglesias ven el valor de conectar la reunión de fin de año a su vida de adoración. Comprenden que es sabio hacer decisiones en una atmósfera cálida y de adoración. Han aprendido con la dura experiencia que es difícil estimular la fe, o celebrar en un ambiente frío y estéril. Lamentablemente, el nombre “reunión anual de negocios” no despierta mucho entusiasmo, y la juventud no encuentra en ella nada provechoso (¿cuántos de ellos asisten a la reunión?). Al integrar la reunión de fin de año a un culto de adoración, las iglesias tienen una atmósfera mucho más rica para hacer decisiones de importancia. Una advertencia: el cambio de nombre de “reunión” a “celebración” no garantiza un cambio de atmósfera. El ambiente es, con mucho, más importante que el nombre.

Uso afirmativo, no electivo, balotas

Los ganadores y los perdedores deben serlo al modo estadounidense, pero en la iglesia los perdedores significan santos heridos. ¿Cuántos nominados para una directiva pierden la elección (tal vez por cuarto año consecutivo), y cada uno siente el dolor de su rechazo? Después que la reunión ha terminado, los santos circulan torpemente entre las personas, porque no saben qué decir. Luego, después de experimentar vergüenza pública, los nominados se retiran, alimentando heridas frescas que pueden tardar meses en sanar. ¿Es este el método de Dios? No. Esta es la razón de que muchas iglesias estén usando ahora balotas afirmativas. Las balotas de afirmación presuponen que la iglesia hace un minucioso proceso de escrutinio antes de presentar los líderes a la congregación. Luego, cualquiera sea el método que use la iglesia, tal como extraer nombres calificados de un sombrero, o verificar “sí” o “no” en una balota, la congregación afirma al nuevo líder, o líderes.

Examinar la agenda, no permitiendo o restringiendo la participaciÓn libre

Este apego a la agenda no tiene la intención de coartar la comunicación, sino la de proteger a la congregación de aquellos que usarían la reunión para expresar sentimientos personales. Un líder cristiano describe la libre participación en una reunión de fin de año como una oportunidad para pecar. Qué descripción más significativa. Lamentablemente, lo que él dice con frecuencia resulta cierto, y muchos pastores tienen las cicatrices para probarlo. La libre participación permite que la gente haga comentarios no aprobados a los miembros. En el mejor de los casos esto puede ser una torpeza; en el peor, puede significar división. La intranquilidad que siente la congregación con frecuencia permanece largo tiempo después que la reunión ha terminado. Para atender esta necesidad, algunas iglesias exigen que la gente entregue por escrito un asunto para la agenda. Los líderes examinan el asunto antes de presentarlo a la asamblea. El examen de la agenda es una manera de prevenir que un cañón suelto destruya una reunión. Un comentario desagradable o una acusación pueden destruir los elementos positivos del culto. Esta clase de cosas desagradables desanima a los miembros fieles y a los recién convertidos. Si el examen de la agenda parece demasiado restrictivo, recuerde que los riesgos son altos.

Revise los Estatutos y Reglamentos

Una revisión no significa lanzar fuera al bebé con el agua para el baño. Proverbios nos previene contra mover las antiguas piedras de deslindes. Los documentos de la corporación sirven una importante función, pero tal vez necesiten evaluación y ajuste. Los reglamentos deben servir a las necesidades presentes y futuras de la iglesia, no simplemente encapsularse en el pasado. Ajustar o darle un pellizco a los Estatutos y Reglamentos no es cometer un sacrilegio, actuar en rebeldía, o violar una verdad. Es reconocer que las normas de ayer necesitan ponerse al día para ajustarse a las necesidades de hoy.

Por eso, yo deposito mi voto. Reformemos nuestras reuniones de fin de año. Tengamos reuniones que honren a Cristo, edifiquen a los creyentes, y testifiquen del Espíritu de Dios; reuniones que edifiquen la fe, afirmen a los líderes, y lancen una visión para el futuro; y reuniones que hagan bien y no dañen.

Tim McGraw, pastor, Yosemite Christian Center (Assemblies of God), Madera, California

NotA

1. Las citas de las Escrituras son de la versión Reina-Valera 1960.

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