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Cómo evitar los riesgos legales del conflicto, la mediación, y la disciplina en la iglesia

A continuación encontrará cuatro medidas de precaución que su iglesia puede adoptar para reducir su riesgo de responsabilidad legal.

Por Ken Sande

Cada año en los Estados Unidos centenares de personas demandan a la iglesia de la cual son miembros. Más abajo encontrará tres ejemplos de cómo las iglesias pueden terminar en un tribunal:

Un matrimonio descubrió que un adolescente voluntario había tocado de manera inapropiada a su hija durante un paseo de la escuela dominical. Preocupados de que esta persona hubiera hecho algo parecido a otros niños, pidieron a la iglesia que hicieran una indagación exhaustiva del ministerio de jóvenes. El pensamiento de que los padres estaban preparando el terreno para demanda legal y el temor al escándalo que se despertaría si la gente se enteraba del incidente, movió al pastor a minimizar sus temores y a ocultar el incidente. Después de esperar cerca de un mes, la madre comentó el incidente con su prima que recientemente se graduó de la escuela de leyes. Tres días más tarde la maquinaria legal estaba en marcha, y la familia demandó al joven voluntario, al pastor, y a la iglesia por un millón de dólares.

Un respetable miembro de una iglesia convenció a otros miembros a invertir miles de dólares en un proyecto de empresa. Cuando la empresa se estancó y su gestor se negó a devolver el dinero, los inversionistas presentaron su queja al pastor. El empresario no hizo caso a las preguntas del pastor, entonces los ancianos de la iglesia mencionaron la posibilidad de aplicar medida disciplinaria. Una amenazante llamada telefónica de un abogado intimidó a los ancianos, y simplemente pidieron al empresario que buscara otra iglesia. Él rápidamente encontró un nuevo rebaño donde practicar su treta, y también continuó estafando a otros miembros de la iglesia de la que había sido miembro. Cuando más tarde descubrieron que sus líderes sabían de los engaños y no les advirtieron del riesgo, los inversionistas amenazaron con una demanda a la iglesia. Los pastores perdieron su credibilidad, el empresario causó estragos en el rebaño, y el “lobo” no dejó de merodear.

Dos mujeres jóvenes confesaron al pastor que se habían envuelto sexualmente con un hombre que habían conocido en el grupo de solteros de la iglesia. Las dos mujeres se habían contagiado con una seria enfermedad de transmisión sexual. El pastor creyó lo que las damas le informaron, y decidió conversar con el hombre que se había aprovechado sexualmente de las dos mujeres. Éste se molestó, y dijo al pastor que no tenía derecho a inmiscuirse en su vida personal. Cuando el pastor expresó su desacuerdo, el joven respondió: “Para facilitar las cosas, voy a buscar otra iglesia dónde asistir, y asunto arreglado.” Tiempo después, el pastor supo que el hombre había dejado otra iglesia por la misma razón. Ahora estaba en otra iglesia, participando en el grupo de estudiantes universitarios y jóvenes profesionales. El pastor estaba muy preocupado. Quería proteger de ese hombre a otras señoritas, pero había oído acerca de pastores que habían sido demandados por haber comentado acerca de un anterior miembro con los líderes de otra iglesia.

Acciones legales comunes contra las iglesias

Estas situaciones pueden fácilmente desencadenar una de las siguientes demandas legales:

Negligencia en el contrato, la supervisión, o la retención de empleados o voluntarios. Esta demanda tiene que ver con el alegato de que no se procedió con razonable cuidado al contratar, supervisar, o retener un empleado o un voluntario, y que tal descuido perjudicó a una tercera persona. Estas demandas se presentan generalmente cuando un empleado de una iglesia o un voluntario abusa de un niño.

Incumplimiento de responsabilidad fiduciaria. Un fiduciario es una persona que tiene una relación especial de confianza y responsabilidad (como un consejero o un pastor) para con otra persona de la que surge un deber de obrar en buena fe y únicamente para el beneficio de la persona a la que se sirve. La gente presenta estas demandas cuando un líder de iglesia abusa de su influencia, divulga información confidencial, o no provee asistencia razonable a los miembros de su iglesia.

Difamación. Difamación tiene que ver con la agresión al carácter, la fama, o la reputación de una persona con declaraciones falsas y poco honrosas, verbales o escritas.

Conducta intolerable (también se conoce como “causar sufrimiento emocional intencionalmente o por negligencia”). Esta acción implica intencionalmente o por imprudencia causar profundo sufrimiento emocional a otros con una conducta que un jurado podría calificar como “extrema e intolerable”.

Invasión de la privacidad. Los tribunales generalmente fundamentan este curso de acción cuando se difama una persona o se divulga información privada que es objetable a una persona razonable y no es del legítimo interés del público.

Estos últimos tres tipos de demandas generalmente surgen cuando los líderes obtienen información personal durante sesiones de consejería o cuando se ha disciplinado a alguien en la iglesia y se revela esa información a personas fuera de la iglesia. Cuando la gente demanda a los líderes por estas ofensas, los obligan a comparecer ante un tribunal, y los someten a días de humillante interrogatorio, y a los líderes les cuesta creer cuando el jurado hace responsable a la iglesia de pagar grandes cantidades de dinero en multa por daños y perjuicios.

Prevenir es mejor que curar

Aun cuando la iglesia gana una demanda, de todos modos generalmente tiene que pagar un gran precio por honorarios legales, pérdida de tiempo y de energía, daños a la reputación, distracción del ministerio, y confusión y disensión en la congregación. Por lo tanto, no basta con que la iglesia tenga una conducta intachable y que prevalezca en una demanda en contra suya. La iglesia, más bien, debe conducirse con tal sabiduría e integridad que la gente no tenga motivo de presentar demandas. A continuación encontrará cinco sencillos pasos que su iglesia puede dar para alcanzar este nivel de protección.

1. Obedezca la Regla de Oro

El más sabio y práctico consejo legal que usted debería recibir es gratis. Lo encuentra en Mateo 7:12: “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.”

La gente podría evitar muchos de los conflictos que terminan en demandas si se rigieran conforme a este principio eterno. ¿Quiere usted que la gente lo considere con seriedad? Usted también debe considerar seriamente a las demás personas. ¿Quiere usted que otras personas reconozcan sus equivocaciones? ¿Quisiera que algunos cambiaran aquellas conductas que pueden herir a otras personas? Haga usted lo mismo.

Si el pastor que se presenta en el primer caso (la niña que fue víctima de abuso) hubiera reflexionado en estas sencillas preguntas, habría podido ayudar a la familia y habría salvado a la iglesia de una vergonzosa y costosa demanda legal. Una reunión con los padres y la niña, la atención compasiva, y la expresión de sincera preocupación por lo que había sucedido habría cambiado el curso de este conflicto.

Ya que estas situaciones siempre encierran importantes asuntos de responsabilidad, el pastor debe escoger sus palabras con sabiduría en vez de apresurarse a hacer cualquier confesión. También es bueno y sabio consultar con la compañía de seguros y un abogado antes de aceptar un error de parte de la iglesia, o comprometerse a cualquier acción de recuperación. Pero la mejor estrategia es mantener la Regla de Oro como principio guía para prevenir ofensas que pueden transformar un problema manejable en una dolorosa demanda legal.

2. Fomente una cultura de paz

Cada iglesia tiene una cultura de resolución de problemas, que es una combinación de costumbres de la congregación, tradiciones, actitudes, y expectativas para la resolución de conflictos. Esta cultura generalmente está contaminada con valores y costumbres mundanales, como ocultar las diferencias de opinión detrás de un barniz de urbanidad, dejando en segundo lugar las relaciones difíciles, quitando oponentes a través de murmuraciones y maniobras políticas, o valiéndose de abogados para forzar a otros a ceder a sus demandas.

La mejor manera de cambiar estas actitudes y hábitos es fomentar una cultura de paz en su iglesia, donde los miembros reciban inspiración y sean equipados para resolver conflictos conforme a los principios evangélicos y bíblicos. Un paso clave para el fomento de una cultura de paz es proveer enseñanza sistemática a la congregación acerca de la reconciliación conforme a la Biblia.

La experiencia muestra que esta clase de preparación es más efectiva a través de la predicación que se coordina con los estudios de la escuela dominical o de los pequeños grupos. Este enfoque de dos puntas permite que la gente aprenda en un grupo los principios clave y que oren unos por otros mientras cada semana practican lo que aprenden de la Palabra de Dios (visite www.PeacemakerChurch.org para obtener información acerca de los estudios para pequeños grupos acerca de la reconciliación).

Cuando los líderes inspiran a la congregación a responder bíblicamente ante los conflictos, con mayor probabilidad los miembros procurarán mantenerse unidos y buscar reconciliación en vez de arrastrar a la iglesia o a sus miembros a los tribunales. Así es como una cultura de paz no solo reduce exposición de la iglesia a la responsabilidad legal, sino que también fortalece su buen testimonio del Señor.

3. Obtenga consentimiento informado

Los tribunales tradicionalmente han dado a las iglesias un trato deferente en relación con el ejercicio de sus convicciones religiosas, que incluye consejería, resolución de conflictos, y actividades disciplinarias. Sin embargo, esta deferencia histórica ha declinado en los últimos años. Al mismo tiempo, la tradicional renuencia que la mayoría de las personas han tenido en relación con la demanda a una iglesia prácticamente se ha evaporado. Como resultado, la gente constantemente amenaza con demandar a iglesias que quieren cumplir la responsabilidad que Dios les ha dado de rescatar a través de la consejería pastoral y la disciplina de la iglesia a sus miembros que se encuentran en serios pecados. Los tribunales han concedido escandalosas indemnizaciones a algunas de estas personas.

Los tribunales indemnizan por daños porque las iglesias no establecieron claramente ni comunicaron cómo ministrarían a los miembros con quienes estuvieran en conflicto. Como resultado de esto, un miembro puede alegar ante un jurado que las acciones de la iglesia (como el ejercicio de la disciplina redentora) son irrazonables y ofensivas, y que el tribunal debe castigarla con una cuantiosa indemnización por daños.

Un elemento clave para prevenir esas demandas e indemnizaciones es adoptar políticas claras y comprensivas que describan la manera en que la iglesia manejará los conflictos, y cómo aplicará disciplina a sus miembros en conflicto o impenitentes. Estas políticas proveerán a su iglesia una de las defensas más efectiva en caso de cualquier demanda: consentimiento informado. Para asegurar esta defensa, una iglesia debe estar habilitada para probar ante un tribunal que la persona que se queja de un daño estaba informada de las políticas y procedimientos de la iglesia y que a sabiendas consintió en someterse a ellas. Como se ha escrito en un tribunal:

“Cuando las personas voluntariamente se reúnen en la búsqueda de satisfacción espiritual, la Primera Enmienda requiere que el gobierno respete su decisión y no imponga sus propias ideas a la organización religiosa. Bajo la Primera Enmienda, las personas son libres de consentir en someterse al gobierno espiritual de un conjunto de principios eclesiásticos establecidos y definidos y que los ejercen quienes los interpretan y los aplican: ‘El derecho de organizaciones religiosas voluntarias para asistir en la expresión y diseminación de cualquier doctrina religiosa, y para crear tribunales donde se tomen decisiones acerca de controversiales asuntos de fe dentro de la asociación, y para el gobierno eclesiástico de todos los miembros, congregaciones, y funcionarios dentro de la asociación general, es un hecho indiscutible. Todo aquel que se une a tal cuerpo lo hace con un consentimiento tácito de este gobierno, y está obligado a someterse a él’ ” Watson v. Jones, supra. 1

Aunque la mayoría de las iglesias tienen provisiones en sus estatutos acerca del “ejercicio de la disciplina según Mateo 18”, este tipo de declaración general habitualmente no satisface el clima legal individualista y hostil a la iglesia de hoy. Por lo tanto, es esencial que las iglesias actualicen sus documentos de gobierno por añadir la terminología que preserve el derecho de la iglesia de apacentar a su rebaño y rescatar del pecado a los “santos” que han perdido el rumbo. La terminología que se añada debe contemplar asuntos como la continua disciplina después de que un miembro intenta retirarse, e informar a sus miembros y a los líderes en otras iglesias de sus acciones disciplinarias cuando sea necesario proteger de riesgos a otros (p.ej., cuando alguien ha seducido a mujeres en los grupos de solteros o ha estafado a los miembros mayores de la iglesia con inversiones fraudulentas).

Basado en su experiencia en la mediación y el arbitraje de centenares de demandas contra iglesias, Peacemaker Ministries ha desarrollado el modelo de Compromisos Relacionales. Estos compromisos modelo se han diseñado para que las iglesias puedan claramente establecer sus políticas acerca de la resolución de conflictos, el divorcio, la metodología para la consejería, la confidencialidad, y la disciplina de la iglesia (véase el documento modelo en www.Peacemaker.net/Risk_Management). Al actualizar sus documentos de gobierno con este tipo de provisiones, usted puede fortalecer su habilidad para restaurar a una oveja descarriada y también reducir el riesgo de las demandas legales que enfrenta su iglesia.

4. Prepare como mediadores a miembros talentosos

Un cuarto salvaguarda para reducir la exposición de su iglesia a la responsabilidad legal y mejorar su habilidad de responder constructivamente a los conflictos es reclutar y entrenar un equipo de talentosos miembros de la iglesia que sirvan como mediadores bíblicos. Los mediadores bien preparados y a los que se puede recurrir con prontitud proveen unas cuantas coberturas de protección legal para las iglesias.

Primero, los mediadores están al servicio de los miembros de la iglesia y pueden proveer sabios consejos en las etapas iniciales de un conflicto. Esto promueve la reconciliación y evita las demoras y los malentendidos que pueden convertir pequeños asuntos en enfrentamientos mayores.

Segundo, los mediadores que han recibido entrenamiento también son versados en la ética y los procedimientos prácticos de la mediación prudente y legal (como el uso de normas de procedimiento y de acuerdos bien bosquejadas), y habrá menos probabilidad de que se maneje un caso con poca eficiencia y que las partes implicadas tomen represalias.2

Tercero, y lo más importante, los mediadores reconciliadores con preparación bíblica tienen generalmente buen éxito en resolver incluso los conflictos más complejos. Cuando las partes se han realmente reconciliado, no habrá necesidad de ir a los tribunales en busca de solución.

El fruto del manejo de los riesgos inspirado en el evangelio

En la primera parte de este artículo, presenté el caso de un hombre que convenció a algunos miembros de su iglesia a que invirtieran en un proyecto de negocio que él estaba promoviendo. Esta es una situación que se repite con mucha frecuencia en las iglesias de los Estados Unidos, especialmente durante la presente crisis económica. Estas situaciones típicamente resultan en congregaciones fragmentadas, líderes desacreditados, una cadena de infructuosas acciones legales, y pérdidas financieras irrecuperables que acaban con los ahorros de toda una vida de muchas familias.

Sin embargo, tales resultados se pueden evitar, como lo ilustra la iglesia que había deliberadamente implementado los cuatro pasos para el manejo de los riesgos que se presentaron más arriba. Cuando los líderes supieron que muchos miembros habían caído en esta clase de conflicto, de inmediato entrevistaron a cada inversionista y al negociante con quien estaban disgustados. Todos recibieron un trato respetuoso y también tuvieron oportunidad de presentar una completa explicación de su perspectiva.

Los líderes pronto descubrieron que el negociante estaba posponiendo la venta de una propiedad en espera del momento propicio para obtener una mayor ganancia personal. Esa era la razón de que no hubiera devuelto las ganancias que había prometido a sus inversionistas. Los líderes le aconsejaron que vendiera la propiedad de inmediato para que cumpliera las promesas a sus inversionistas aunque él mismo perdiera la oportunidad de obtener una mayor ganancia. Cuando él rechazó la intervención de los líderes y amenazó de que cambiaría de iglesia, los líderes le recordaron acerca de las medidas disciplinarias (a las que él había consentido acogerse) que les daba derecho a pedir a otras iglesias de la comunidad que le exigieran que solucionara el problema con los creyentes que habían sido perjudicados.

El negociante consultó con un abogado. El abogado le informó que los Compromisos de Relaciones de la iglesia estaban bien redactados y concedía a los líderes el derecho de hacer lo que habían anunciado si él no solucionaba el problema que había provocado a sus inversionistas. En vista de que no podría escapar fácilmente de la situación, el negociante volvió a la iglesia y aceptó llegar a un acuerdo con los afectados.

Los líderes de la iglesia pidieron a un grupo de mediadores adiestrados que los ayudaran a tratar con el hombre de negocios y los inversionistas. En los días siguientes, Dios obró a través de ellos y la persona que causó el conflicto se arrepintió de corazón. Finalmente, decidió vender la propiedad y cumplir sus compromisos con la mayor rapidez posible. En vista de que el conflicto había provocado habladurías y división en la congregación, él consintió en hacer una confesión pública para fomentar la sanidad y la reconciliación. Cuando terminó su confesión ante la congregación, uno de los inversionistas a quien la situación la afectó profundamente sintió de parte del Espíritu Santo que debía confesar que había permitido que el enojo y la amargura lo dominaran y que agravaran la situación. Cuando estas dos personas se perdonaron y delante de todos los presentes se abrazaron, la congregación fue testigo del poder de la reconciliación que hay en el evangelio.

Al vivir algunos de los principios bíblicos fundamentales acerca de la reconciliación y el manejo de los riesgos, esta iglesia pudo aprovechar una situación imprevisible y potencialmente divisiva como una oportunidad para el ministerio de amplio alcance. Las acciones de los mediadores restauraron la unidad en la congregación, hicieron justicia, inspiraron un mayor respeto por los líderes de la iglesia y el equipo de mediadores, y el testimonio de la iglesia se dio a conocer en la comunidad. Como se expresa en Santiago 3:18: “Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.”

KEN SANDE es un abogado que sirve como presidente de Peacemaker® Ministries (www.Peacemaker.net), que provee recursos de educación y entrenamiento, y servicios para la reconciliación en las iglesias y en los ministerios en cualquier parte del mundo. Sande es autor de El Pacificador: guía bíblica para la solución de conflictos, Peacemaking for Families, y muchos otros recursos acerca de la reconciliación y el manejo de riesgo conforme a principios bíblicos.

Notes

1. Véase, p.ej., Guinn v. Church of Collinsville, 775 P.2d 766, 774 (Okla. 1989, énfasis del autor); Hester v. Barnett, 723 S.W.2d 544, 559-60 (Missouri 1897); (“La disciplina que el cuerpo religioso puede imponer … debe ser dentro de los términos del consentimiento.”)

2. Para revisar muestras de reglas de procedimiento y normas éticas que han sido probadas en centenares de casos, véase www.Peacemaker.net., “Pida ayuda para enfrentar un conflicto”.

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