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El consejero cristiano competente

¿Cuáles son las principales competencias y cualidades de un efectivo consejero pastoral?

Por Donald A. Lichi

El pastor como consejero: introducciÓn

Hay suficiente documentación para afirmar que el pastor dedica considerable parte de su tiempo a la consejería. A pesar de un creciente número de sistemas de entrega de salud mental (p.ej., psicólogos cristianos, consejeros, especialistas en relaciones humanas, entrenadores personales, etc.), la mayoría todavía recurre a su pastor como la primera fuente de consejo y cuidado del alma. Las razones de esto son fáciles de entender. El natural acceso del pastor a la vida de los miembros de su congregación a través de sermones, nacimientos, crecimiento de los hijos, adolescencia, graduaciones, consejería matrimonial, matrimonio, segundo matrimonio, muerte, crisis, ceremonias, atención en el hospital, defunción y funeral, lo constituye en la primera fuente de consejo en tiempo de angustia.

El pastor está en una posición única de ofrecer completa atención para el alma porque está consciente de lo que cada semana (y también cada día) sucede en la vida de sus feligreses. La diferencia del pastor respecto al terapeuta es que el primero alimenta a las ovejas con la comida espiritual y se preocupa de que estén protegidas del peligro espiritual.

En muchas maneras el pastor-maestro atiende al rebaño desde una perspectiva de largo plazo, generalmente desde la cuna hasta la tumba. Como fundador del ministerio EMERGE, el doctor Richard D. Dobbins afirma: “El pastor está en la posición única de influir en la imagen horripilante que las personas tienen de Dios, la agobiante imagen personal, los hábitos destructivos, y las heridas del pasado.”

Por regla general, la gente confía en el pastor el cuidado de su alma. Los problemas que se presentan al pastor no son distintos de los que se presentan al consejero personal. La preparación para el matrimonio, los problemas matrimoniales, las relaciones padre-hijo, la ansiedad, los sentimientos de culpa, la vocación, los problemas sexuales, las diversas adicciones (entre ellas, la pornografía), y los asuntos de fe ocupan el primer lugar en la lista de asuntos que se deben atender.

Si bien es cierto que las iglesias más grandes tienen a su disposición servicios de atención pastoral especializada, en la mayoría de los casos el típico pastor de las Asambleas de Dios provee consejería como una de sus muchas responsabilidades.1,2 ¿De qué manera el pastor provee consejería cristiana competente?

¿QuÉ es la consejerÍa cristiana competente?

No es de extrañarse que pronto después de la conversión la persona descubra que todavía tiene que librar luchas contra hábitos del corazón previos a la conversión. Lamentablemente, los problemas pos-conversión a menudo despiertan dudas en los creyentes acerca de su experiencia de salvación, y toda una vida de decisiones.

La mayor parte de esta historia está plasmada en la estructura habitual de su vida. Después de todo, cada persona tiene una historia que incluye lo bueno, lo malo, y lo feo. La tragedia y la depresión proveen ejemplos de circunstancias en que los creyentes cuestionan el amor y el cuidado de Dios. A menudo van donde su pastor en busca de tranquilidad, salvación, y recuperación.

La consejería cristiana competente requiere que nos movamos más allá del simple enfrentamiento3 con el pecado o la modificación de la conducta. La consejería cristiana competente debe proveer orientación y medios por los cuales entremos en un programa de desarrollo espiritual deliberado y consciente, donde prevalezca el amor de Cristo. El efecto será la clase de formación espiritual en el aconsejado que con el tiempo desarrolle el tipo de carácter, mente, y hábitos piadosos que armonicen con la vida de Cristo. En breve, Dios bendice a la iglesia con diversos oficios del ministerio (apóstoles, profetas, evangelistas, y pastores-maestros) con el propósito de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio.4

Concuerdo con el doctor Gary Collins, pionero y líder en la salud mental cristiana, quien ofrece la siguiente definición de consejería cristiana: “Los intentos de definir o describir la consejería cristiana tienden a enfatizar la persona que ofrece la ayuda, las técnicas o las destrezas que se usan, y las metas que se quieren alcanzar con la consejería. Desde esta perspectiva el consejero cristiano es un siervo de Jesucristo:

Gerard Egan declara: “Los ayudantes son efectivos en la medida que sus clientes, a través de la interacción cliente–ayudante, se encuentran en una mejor posición de manejar sus situaciones problemáticas y también desarrollar con más efectividad los recursos y las oportunidades que no se han aprovechado.”6

La consejería cristiana competente ayuda en el diagnóstico de problemas, la determinación de expectativas, la definición de puntos fuertes, y el desarrollo de estrategias de trato. Todo esto hará posible que la persona aconsejada pueda desarrollar su potencial para el Reino. A continuación se hará un análisis más detallado de estos aspectos.

El propÓsito de la consejerÍa cristiana

¿Con qué propósitos Dios ha provisto a la iglesia de su pastor (de quien la consejería juega un papel principal)? La respuesta se encuentra en Efesios 4:12, donde descubrimos la frase: “a fin de perfeccionar a los santos”. Efesios 4:12 usa el término katartismon, que no se encuentra en ningún otro lugar del Nuevo Testamento, aunque se encuentran verbos correspondientes en otros versículos (Mateo 4:21, “remendaban”; Hebreos 11:3, “constituido el universo” desde el principio en el orden y la forma que debía tener; y Gálatas 6:1, a la persona que ha caído “restauradle” a la condición de salud espiritual que debe tener).

Recuerde, la misión evangelística de la iglesia es guiar a los perdidos a Cristo, mientras que la misión pastoral (que incluye la consejería) ayuda al creyente a realizar su potencial divino o pertinente al Reino. Las buenas noticias son que Dios puede salvar al pecador y transformarlo a la imagen de Cristo. El Espíritu de Dios está obrando para transformar a la persona de manera integral. Él ofrece sanidad para el cuerpo, la mente, las emociones, las relaciones, y nuestro andar personal con Jesucristo. El pastor tiene el hermoso privilegio y la responsabilidad de animar a la persona a quien aconseja a poner su confianza en Cristo.

La persona que busca ayuda pastoral idealmente madura hasta alcanzar una condición adecuada para la misión que debe cumplir en el Cuerpo. En otras palabras, la sanidad de una persona nunca será sólo para su propio beneficio. Dios, más bien, trae sanidad a la vida de una persona para que ésta sea de bendición a otros.

El plan y desarrollo de la consejería cristiana competente

Para muchos pastores, la idea de la consejería tiene un cierto glamour idealista. Después de todo, la gente busca su sabiduría y dirección para los grandes asuntos de la vida. Randy Alcorn dice: “De lejos, la consejería tiene un hermoso rostro; parece misteriosa, estimulante, y desafiante. Pero de cerca es posible ver las cicatrices. Debido a que la consejería es algo difícil, agotador, y a veces frustrante, es fácil perder el sentimiento de expectación. . . Considero que la consejería es tan sólo un aspecto del ministerio pastoral. Ahora veo cuán fácilmente puede oscurecer no sólo el ministerio de una persona, sino su vida entera. Es como el camello proverbial que introduce la nariz en la tienda, y una vez que se le da esa libertad, después introduce el lomo y las patas delanteras, y empuja hasta que pronto no deja lugar para otra cosa.”7

Mi consejo para los pastores es que no dediquen más de 4 ó 6 horas a la semana a su función como consejero. También sugiero que limiten la duración de la consejería personal a 3 ó 5 sesiones. Si el problema no se ha resuelto en su mayor parte durante ese plazo, posiblemente se debe referir a la persona.

No minimice el efecto de sus sermones en la continua atención de las preocupaciones de las personas que aconseja. Recuerde, la consejería personal puede ocupar todo su tiempo. La consejería es sólo una de las muchas funciones y responsabilidades que usted tiene. Para mantener expectativas realistas, desarrolle una política escrita, que lo obligue a adherirse a algunas pautas básicas para la consejería.

Una vez que el pastor explica las expectativas, debe dar estructura a la relación de consejería. El siguiente es un breve ejemplo de lo que yo explico al iniciar la consejería:

El desarrollo de la consejería consiste de tres partes: su parte, mi parte, y lo que obtenemos juntos.

Si se sigue esta estructura, una buena manera de iniciar una relación de consejería es por preguntar: “¿Por qué vino a verme?”, “¿En qué puedo ayudarlo?”; “¿Qué lo trajo hasta aquí?” Dejo que la persona que busca consejo dé una breve explicación de su preocupación. Después, invito a la persona a que asuma un enfoque en soluciones, y le pido que imagine cómo sería su preocupación si pudiera solucionar el problema. Es sorprendente que cuando las personas se enfocan sólo en sus problemas, generalmente no piensan en términos de soluciones o de escenarios favorables.

Después viene la planificación de metas. En seguida pido a la persona que desarrolle metas claras y manejables que la conduzcan a solucionar el problema y a tomar decisiones. Junto con el establecimiento de metas, ayudo a la persona que aconsejo a restaurar el equilibrio en la salud física, mental, emocional, social, y especialmente en su relación personal con Jesucristo. Por eso, mi costumbre es comenzar cada sesión con preguntas acerca de estas cinco dimensiones: física (alimentación, sueño, ejercicio, y descanso), intelectual (pensamientos, registro escrito, obsesiones, lectura), emocional (estado de ánimo, energía), social (relaciones importantes, vida laboral, amistades), y espiritual (vida devocional, oración, lectura de la Biblia, disciplinas espirituales).8 Además ayudo a la persona a desarrollar metas medibles en cada uno de estos cinco aspectos.

Recuerde a la persona que busca consejo que si bien es cierto que la fuerza de voluntad es un componente necesario de la consejería, no es suficiente para tratar los arraigados hábitos pecaminosos. La voluntad del hombre nunca podrá realizar la obra que Dios hace sólo por su gracia. Andar y vivir conforme a la disciplina y la gracia de Dios produce en nosotros un anhelo de hacer su voluntad (Filipenses 2:13).

Al finalizar cada sesión, asigne algún trabajo para que se desarrolle en casa. De esta manera comunica que usted espera que la persona tome iniciativas en el proceso de consejería. Este tipo de trabajo es un voto de confianza de que con la ayuda de Dios la persona puede hacer cambios saludables en su vida. Una salud equilibrada, con el tiempo, revertirá muchos de los efectos de una salud deficiente y formará una estructura de buenos hábitos en la vida de la persona que usted aconseja.

La sesión de consejería debe terminar con una oración en que se pida la ayuda del Espíritu Santo para ayudar, consolar, convencer, y desafiar a quien busca consejo. La oración también ofrece una buena oportunidad de hacer una síntesis de los puntos que se trataron en la sesión de consejería.

El dolor de la consejerÍa cristiana competente

La consejería cristiana competente es riesgosa. A veces es dolorosa. Una frustración clave que enfrentan los pastores es que una vez que la gente ha progresado, después flaqueen, reincidan, o simplemente rechacen la obra que se ha realizado. El apóstol Pablo sintió algo parecido cuando, después de haber derramado su vida por las iglesias de Galacia, descubrió que habían rechazado la simple verdad de la salvación por la fe sólo en Jesucristo. Él sufrió al ver que los miembros de la iglesia decaían y volvían a “débiles y pobres rudimentos” de su pasada vida (Gálatas 4:8,9). Él comparó su angustia con “los dolores de parto hasta que Cristo fuera formado” en ellos (Gálatas 4:19). Tal vez usted se ha sentido de esta manera, cuando después de haber invertido su corazón aconsejando a alguien de la iglesia, después esta persona rechaza la sabiduría de Dios y vuelve a su pasada manera de vivir.

Usted puede tener la plena seguridad de la veracidad de la Palabra de Dios y de sus caminos. No deje de instar, suplicar, advertir, exhortar, y predecir a la persona que aconseja el posible resultado de sus decisiones. Dígale que si continúa alimentando el yo personal, terminará quebrantando su relación personal con Dios y sufrirá también otras negativas consecuencias (véase Gálatas 5:16). Por otra parte, si la persona humildemente se somete a la Palabra de Dios y anda según la dirección del Espíritu Santo, su vida producirá el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22).

La evaluaciÓn de la consejerÍa cristiana competente

Para evaluar la consejería cristiana competente, el pastor debe verificar que la persona que aconseja alcance los resultados que se esperan. Es importante examinar lo que espera. Qué resultó y qué no resultó. ¿Ha progresado la persona aconsejada en la consecución de sus objetivos? ¿Puede ver los efectos de una vida transformada en el desarrollo de nuevos y buenos hábitos? ¿Ve el fruto del Espíritu en la vida de la persona (Gálatas 5:16-26)? ¿Toma la persona que ha aconsejado decisiones que la despojan del viejo yo y visten de una nueva identidad? ¿Se aleja de la inmoralidad, del egocentrismo, y de las adicciones? ¿Ha desarrollado afecto por otros, entusiasmo por la vida, y serenidad? ¿Hay un anhelo de ser fiel a las cosas de Dios? ¿Hay un sentido de compasión en su corazón? ¿Ha despertado en la persona un amor por las cosas que Cristo ama, y una aversión por lo que Él rechaza? ¿Se duele por las cosas que el Espíritu Santo siente dolor?

Debido a su dependencia del Espíritu, el pastor debe anticipar adelantos sobrenaturales en difíciles situaciones de consejería. La consejería cristiana competente se apoya en el Espíritu Santo como proveedor de poder, consuelo y discernimiento. El pastor es un principal conducto a través del cual el Espíritu Santo ministra efectivamente a las heridas del pasado en la vida de la persona que recibe consejo, también provee las capacidades para las luchas de la vida en el presente, y ofrece esperanza para un glorioso futuro.

Donald A. Lichi, Ph.D., es un psicologo acreditado y también sirve como vicepresidente de EMERGE Ministries, Inc., Akron, Ohio.

Editor’s note: The author wrote four articles on Christian counseling for Enrichment journal in 1999–2000 entitled: “A Biblical Model for Counseling in the 21st Century.”

Notas

1. Véase mi artículo “The Many Roles and Demands of the Assemblies of God Pastor” [Las muchas demandas y funciones de un pastor de las Asambleas de Dios] en Enrichment [Enriquecimiento], 1, no. 2 (Primavera 1996); 88-93.

2. Véase mi capítulo “Personal Counseling in the Power of the Spirit” [Consejería personal en el poder del Espíritu] en el libro The Pentecostal Pastor [El pastor pentecostal], ed. Thomas E. Trask; Wayde I. Goodall; y Zenas J. Bicket (Springfield, Missouri: Gospel Publishing House, 1997).

3. Véase Dallas Willard: The Divine Conspiracy (San Francisco: HarperCollins Publishers Inc., 1998). Los capítulos 2 y 9 de Willard presentan una excelente exposición acerca de la superficialidad de la mayor parte de la vida cristiana y la necesidad de formar “hábitos de santidad”.

4. Francis Faulkes, The Epistle of Paul to the Ephesians, Comentario del Nuevo Testamento Tyndale (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1978), 120.

5. Gary Collins, The Biblical Basis of Christian Counseling for People Helpers. (Colorado Springs: NavPress, 1993), 21.

6. Véase Gerard Egan, The Skilled Helper, 8th ed. (Pacific Grove, California: Thomson Brooks/Cole, 2007). Excelente libro introductorio a las habilidades básicas para la consejería con una propuesta positiva y centrada en las soluciones. Con frecuencia se usa en seminarios para consejeros profesionales y en los talleres de consejería pastoral.

7. Véase Building Your Church Through Counsel and Care [Edifique su iglesia a través de la consejería y la atención] (Minneapolis: Bethany House, 1997).

8. Mi vehemente sugerencia es que las personas que reciben consejo desarrollen disciplinas espirituales básicas que las conduzcan a una relación personal y transformadora con Jesucristo. Entre mis favoritos están los siguientes libros: Richard Foster, Celebration of Discipline: The Path to Spiritual Growth (Nueva York: HarperCollins, 1998); y Dallas Willard, Renovation of the Heart: Putting on the Character of Christ (Colorado Springs: NavPress, 2002).

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