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Crecimiento intelectual: un enfoque de “tanto-como” al desarrollo y la eficiencia del liderazgo

La vida de un líder puede tener un valor claramente observable que ni siquiera se acerque a la influencia a largo plazo que es posible tener si agudiza su intelecto y lo desarrolla a su máximo potencial.

Por Byron Klaus

Gordon MacDonald y su esposa andaban husmeando por una librería antigua con la esperanza de encontrar algunos tesoros del pasado. Allí encontraron una biografía de Daniel Webster escrita en 1840. La compraron, deseosos de encontrar nuevas ideas sobre este venerable icono norteamericano. A pesar de que tenía una cubierta desgastada, y que evidentemente alguien había utilizado durante generaciones, descubrieron que el libro estaba mal impreso. Los dueños anteriores tuvieron que usar unas tijeras para separar muchas páginas y así poderlas leer, y mientras más investigaban los MacDonald, más cuenta se daban que tal vez utilizaron el libro aunque raras veces lo leyeron.

El líder cristiano que no haya crecido intelectualmente en la vida es similar al libro antes descrito. La vida de un líder puede tener un valor claramente observable, pero ni se acerca a la influencia a largo plazo que es posible ejercer si agudiza su intelecto y lo desarrolla a su máximo potencial.1

El llamado de Dios en mi vida ha incluido una amplia oportunidad de vivir en la tensión que describe el profeta Isaías como el espíritu de sabiduría y conocimiento: un equilibrio un tanto delicado entre pasión y fervor, y el mundo conceptual del intelecto (vea Isaías 11:2). He aprendido a vivir en la intersección entre estos dos puntos de tensión: por un lado, la fe en la visión profética de Zacarías de que el ministerio de importancia eterna no es con ejército, ni con fuerza, sino por el Espíritu (Zacarías 4:6) y, por otra parte, la instrucción de Pablo a Timoteo de estudiar con diligencia para presentar la Palabra de Dios razonable y cuidadosamente (2 Timoteo 2:15).

He tratado de ser obediente al llamado de Dios de trabajar en las instituciones educativas que forman a los líderes pentecostales con una postura de “tanto-como”. A veces me siento como la rana del dicho que describe Walter Hollenweger, pentecostal suizo, en su Oración de la Rana. Hollenweger reflexiona en su vida como pentecostal en las grandes universidades de Europa: “Oh Dios, tú me hiciste un ser intermedio, y eso es un trabajo difícil. A veces me siento confundido y aterrorizado; fortalece mi fe para que yo sea una risueña criatura intermedia, una rana feliz”.2

Puntos de tenciÓn

En la vida pentecostal tendemos a expresar gran parte de la tensión respecto al cuidado del intelecto, con estereotipos que convenientemente nos permiten descartar evidentes tensiones con evidencia anecdótica que confirman nuestras suposiciones personales. El pentecostal apasionado fácilmente puede recordar la explicación abstracta y obtusa de una cuestión o principio aparentemente simple que ha dado un colega más “cerebral”, dejando a los oyentes con una mirada confundida. El pentecostal que valora el rigor intelectual puede recordar dolorosamente la mínima atención a los principales marcos interpretativos de un texto bíblico que simplemente dejaron a una congregación con conclusiones erróneas y respuestas simplistas.

He observado los dos extremos del espectro, y creo que no tenemos que vivir en este mundo de oposiciones polares. La tradición pentecostal puede evitar tanto la abstracción intelectual confusa como la pasión desenfocada sin sentido. Si permitimos que los puntos de tensión permanezcan en juego, neutralizaremos una increíble contribución que los pentecostales pueden aportar al cristianismo del siglo 21.

Creo que —dentro de la historia de la vida pentecostal y numerosos ejemplos bíblicos— hay pautas para que los pentecostales conviertan las tensiones que todos hemos experimentado, en dimensiones de interacción dinámica que no debilitan, sino que aumentan la fuerza de nuestra tradición. Por ejemplo, algunos podrían argumentar que, históricamente, la gente ha visto a los pentecostales más como hacedores que por su capacidad intelectual. Permítame expresar una visión alternativa a esa sabiduría convencional.

A fines del siglo 19, mientras el movimiento misionero moderno estaba en crecimiento, había muchas estrategias de cómo este esfuerzo misionero mundial podría hacerse todavía más rápido y eficaz. La pasión entusiasta entre un grupo de personas interesadas, con mentalidad misionera, incluía un deseo profundo de ver la restauración del poder del Espíritu Santo tal como se enseña y se ilustra en el Nuevo Testamento. La aparición del movimiento pentecostal a principios del siglo 20 y su compromiso fundamental de evangelizar el mundo no se trataba meramente de un grupo de gente entusiasta, radical y sacrificada con gran pasión por llevar el evangelio hasta los confines de la tierra.

Lo que nuestros antepasados afirmaron era una creencia en la necesidad de un poder espiritual que enviara al receptor hacia un destino conectado con la permanente misión redentora de Jesucristo. El poder tenía como propósito la evangelización mundial, y la fe en el pronto regreso de Cristo hizo necesario trabajar “mientras sea de día” (Juan 9:4). Señales y prodigios, que el Espíritu Santo otorgó, acompañaron esta obra, dando poder a los esfuerzos misioneros y acelerando el regreso de Cristo.

El finado historiador pentecostal, Gary McGee, sugiere que esta nueva “estrategia radical” no era solamente una especie de “interrupción del Espíritu Santo”; era una crítica teológica de todo el esfuerzo misionero del siglo 19 que dio lugar a lo que McGee llamó la estrategia radical.3 Lejos de una actividad sin sentido, pero apasionada, se trataba de una declaración teológica vibrante que era similar a la evaluación profundamente espiritual de Pedro acerca de los acontecimientos del Día de Pentecostés, cuando pronunció esas palabras conmovedoras, llenas de magnífica perspicacia bíblica, “esto es lo dicho” (Hechos 2:16, RV).

Modelos de equilibrio en el libro de los Hechos

Los primeros versículos de Hechos 13 proporcionan otra imagen que tiene profundas implicaciones para el liderazgo pentecostal del siglo 21. La iglesia de Antioquía era una nueva iniciativa, fuera de lo común, que estaba en pleno apogeo y que sin duda causaba preocupación al liderazgo en Jerusalén. Antioquía había llevado sus esfuerzos del nuevo evangelismo a grupos de personas que no tenían conexiones judías. La iglesia estaba en pleno apogeo, bajo la dirección de Bernabé y Saulo de Tarso.

El capítulo 13 comienza con una descripción fundamental de la naturaleza del liderazgo en Antioquía. Lucas da una descripción a sus lectores del hecho de que los profetas y maestros eran fundamentales para la prosperidad de esta iglesia. Desde luego, Antioquía tenía una combinación vital de sólida base bíblica y de un sentido de discernimiento de la dinámica del tiempo presente en que Jesús obraba por el poder del Espíritu. Lucas hace ver la presencia tanto de profetas como de maestros en el contexto de una disciplina regular de adoración y ayuno que dio por resultado una clara dirección del Espíritu Santo para apartar a Bernabé y a Saulo para una nueva y especial iniciativa.

El breve vistazo a esta vital iglesia del Nuevo Testamento proporciona una idea clave: no necesitamos ligar la vital experiencia espiritual con minuciosidad en fundamentos bíblicos. De hecho, podemos sacar una conclusión razonable de que la iglesia de Antioquía, con su combinación de vital experiencia espiritual y profundo arraigo en las Escrituras, fue el modelo que el Espíritu claramente quería duplicar cuando esta iglesia encomendó a Bernabé y a Saulo para lo que llamamos el primer viaje misionero de Pablo.

Hechos 13 y 14 describen este primer esfuerzo misionero y las iglesias que Pablo y Bernabé establecieron. Al principio de Hechos 15 vemos un problema profundamente teológico que llega a su punto crítico. El futuro de la Iglesia está en juego cuando entra en conflicto la naturaleza de la salvación. La cuestión en disputa es si una persona debía convertirse en judío, conforme a las enseñanzas de Moisés, como requisito previo a la salvación o si cualquier persona de cualquier cultura podía, únicamente por la fe en Cristo, recibir la salvación.

El Concilio de Jerusalén no fue sobre una controversia respecto a la estrategia misionera o de la metodología pragmática. Bernabé y Pablo arraigaban su estrategia en la profunda fe bíblica de que la salvación es únicamente por fe. Este no era un asunto insignificante. Si bien hicieron un recuento de los increíbles efectos del evangelio sobre los gentiles mediante señales y prodigios, al mismo tiempo que dieron forma y clarificaron la comprensión que tenía la Iglesia acerca de la salvación.

Cuando Pedro y Jacobo se adentraron en la discusión, formularon los fundamentos bíblicos para la continua vitalidad de la expansión de la Iglesia. Hechos 13–15 ofrece un maravilloso estudio de caso acerca de cómo puede prosperar el liderazgo pentecostal. La confianza en el poder sobrenatural de Dios para transformar a las personas, junto a una mente perspicaz que reconoce los problemas en juego, es el patrón claro y digno a seguir (13:2 y 15:12-18).

El relato de Hechos 17:16-34, acerca de la predicación de Pablo en Atenas, es otra afirmación de la eficacia de mantener agudo nuestro intelecto como parte de la continua eficiencia en el ministerio. El ministerio de Pablo en Atenas muestra que Pablo tenía una clara comprensión de la conciencia cultural de su entorno, ya que este pasaje revela vistazos de la vida en Atenas. Él estaba consciente de los valores religiosos y estéticos atenienses y los destacó en sus conversaciones con los intelectuales en el Areópago. Para señalar sus temas de conversación utiliza tanto las suposiciones estéticas como las religiosas de la clase privilegiada con la que está dialogando. Sin embargo, esto no es simplemente un estudio de caso en la capacidad intelectual de Pablo ni la necesidad de estar bien documentado para impresionar a las personas a las que uno les está presentando las aseveraciones de Cristo. Es obvio que Pablo es intelectualmente sagaz y un claro contrincante para sus compañeros de diálogo, pero esto es meramente el marco para presentar la verdad eterna de la clara superioridad de Jesucristo como se ve en la resurrección.

El lenguaje común que Pablo usa con este grupo de atenienses acomodados es un claro instrumento necesario, y lo hace bien. Pero Pablo indica que hay “grietas” en el sistema de vida de los atenienses y que Dios ha soportado la “ignorancia” de ellos durante suficiente tiempo. Ya era hora de que vieran la luz y que se arrepintieran (v. 30). Pablo une la proclamación audaz del evangelio que el Espíritu Santo le facultó con el claro marco conceptual que él pone en su encuentro con la élite de Atenas. Una vez más vemos el patrón de dependencia en el poder sobrenatural de Dios para transformar vidas, unido a una mente aguda que reconoce en el contexto los problemas duraderos en juego.

Juan Wesley: ¿prototipo pentecostal?

Es posible que Juan Wesley sea la figura histórica que más nos ayuda a proporcionar un modelo combinado de excelencia pastoral y aguda inteligencia. Wesley pasó sus primeros años en la casa pastoral de un ministro a largo plazo. Su padre, Samuel, pastoreó la misma congregación durante treinta y nueve años. Él y Susana, su esposa, criaron dieciocho hijos. Juan y su hermano Carlos tuvieron el privilegio de obtener una maravillosa educación en el Lincoln College de la Universidad de Oxford. La trayectoria espiritual de Juan lo llevó a una variedad de experiencias, entre ellas la obra misionera entre los indios norteamericanos en lo que hoy es el estado de Georgia. A su regreso a Inglaterra se encontró con unos misioneros moravos cuya vida espiritual impactó profundamente su vida y bajo cuya influencia da testimonio de haberse convertido al evangelio.

Cuando la influencia de Wesley creció, sus principios fundamentales para el ministerio llegaron a conocerse como el cuadrilátero wesleyano.4 Estos cuatro pilares proporcionan un modelo importante para nuestra consideración. El primer pilar del cuadrilátero fue la primacía de las Escrituras. Wesley no permitió otra norma para la fe o la práctica que no fuera la Biblia. Vemos claramente su pasión por las Escrituras cuando dice: “Dadme ese libro; a cualquier precio dadme el libro de Dios”.

El segundo pilar de Wesley era lo que él llamaba la autoridad de la tradición. En una época en que la revolución estaba destruyendo todo sentido de tradición y autoridad, Wesley sostuvo que los cristianos deben valorar los vínculos con creyentes de todos las eras anteriores. Él creía que la experiencia de ellos era una fuente de suma importancia para la comprensión de la vida y el ministerio contemporáneos y una protección contra la repetición de los errores del pasado. Creía que los creyentes deben reconocer al Espíritu Santo como director de la constante misión redentora de Jesucristo a través de la historia. Wesley dijo: “Si tengo alguna duda, consulto a los que tienen experiencia en las cosas de Dios. De modo que mediante los escritos, los que están muertos todavía hablan. Y lo que por lo tanto aprendo, eso enseño”.

El tercer pilar de Wesley era la autoridad de la razón. Si bien podemos entender cómo una persona en medio de la Era de la Ilustración haría tal aseveración, Wesley sencillamente sugiere que reconozcamos el pleno uso de la facultad que Dios nos dio. Él estaba dispuesto a vivir en la tensión que este pilar tendría que sobrepasar. Wesley dijo: “Que la razón haga lo que la razón puede. Úsela hasta donde sea posible. Pero, al mismo tiempo, acepte que es totalmente incapaz de dar fe o amor y, por consiguiente, de producir virtud verdadera o felicidad esencial. Espere estos de una fuente superior”.

El último pilar de Wesley era la autoridad de la experiencia. La vitalidad de la fe que Wesley afirmó es una de sus duraderas contribuciones a la vida cristiana. Integró su profundo compromiso a las estrategias para hacer madurar a los discípulos con su convicción de que un encuentro con el Espíritu de Dios era necesario para la madurez cristiana. Wesley dijo: “Es necesario tener el oído que oye y el ojo que ve; tener una nueva clase de sentidos abiertos al alma, que no dependan de los órganos de carne y hueso para producir evidencias de las cosas que no se ven ... para discernir objetos espirituales y para llenarnos con ideas de lo que el ojo exterior no ha visto ni el oído ha escuchado”.

La eficiencia de Juan Wesley y su ministerio a largo plazo en toda Inglaterra es uno de los ejemplos perdurables de una persona “tanto-como”. Tenía una viva y profunda vitalidad espiritual y su intelecto era una fuente de amplitud y profundidad en la comprensión de la importancia de lo que en su época estaba espiritualmente en juego. Wesley comprendió su llamado en el plan de Dios cuando dijo: “No temo que el pueblo llamado metodista deje de existir. Temo que solo existan como una secta muerta, con la forma de religión pero sin el poder”. La vida y el ejemplo de Wesley, y en particular su “cuadrilátero”, merecen una seria consideración de los pentecostales que buscan encarnar la vitalidad del encuentro espiritual con Dios y la amplitud minuciosa en el rigor conceptual.

Oportunidades contemporÁneas

Ralph Riggs es un brillante ejemplo en la historia de las Asambleas de Dios de un líder que valoró un enfoque de “tanto-como” en el desarrollo y la eficiencia del liderazgo. En una época en la que la gente podría haber visto con sospecha una mente brillante, Riggs dijo: “la preparación para el ministerio debe comenzar en el momento en que sentimos el llamado sobre nosotros. Nunca debe terminar”.5 Pasó toda su vida defendiendo una perspectiva verdaderamente pentecostal que afirma que para mantener excelencia en la vida y el ministerio hay que cuidar del intelecto. La vida de Riggs fue un profundo compromiso para defender este principio, y al hacerlo, hizo una enorme contribución a todo el cristianismo.

El ejemplo bíblico del apóstol Pablo y los ejemplos históricos de Wesley y Riggs dan testimonio de una profunda espiritualidad, y también de un intelecto agudo. La vida de ellos da testimonio de la duradera influencia y la eficiencia en el ministerio que produce una combinación de “tanto-como”. La vitalidad de nuestra herencia pentecostal a veces nos lleva a preguntar por qué la formación preparatoria y el crecimiento continuo incluyen tantas cosas abstractas, mientras que tanta gente con verdaderos problemas requiere de atención inmediata.

Nuestra eficiencia como líderes depende en gran medida de nuestra inmersión proactiva en las luchas diarias, donde en todas partes hay personas con problemas y donde las necesidades parecen aumentar de manera exponencial. Podemos llegar a impacientarnos con el dominio de temas bíblicos, lecciones históricas y controversias teológicas.

La ecuación para tener influencia durante toda una vida no es solo un buen sentir y una buena actitud hacia nuestra vocación y el ministerio que Dios nos da, sino el desarrollo de eternos pilares de comprensión, resistentes a las modas pasajeras. Tomás de Aquino dijo: “Podemos tener claridad en nuestras acciones solo si en primer lugar tenemos claridad en nuestro pensamiento”. Según esta declaración, es obvio que la acción sigue a la visión.

Hay veces en que nos encontramos con la perspicacia de fuentes seculares que hasta parecen tener un toque profético. En 1939 la autora Edna St. Vincent Millay ofreció tal visión. En un poema titulado Huntsman, what quarry? [Cazador, ¿cuál es la presa?], ella ofrece una conmovedora observación que se ha vuelto más real en los setenta y más años desde que escribió estas palabras:

“En esta era ... esta era dotada de poder Hacer despertar a la luna con pasos. ... En esta era dotada, en sus horas oscuras, Cae del cielo una lluvia meteórica De hechos ... yacen incuestionables, sin combinar. Sabiduría suficiente para drenarnos de nuestros enfermos Es hilada a diario; pero no hay un telar Para tejerlos y hacer tejidos.”

Me llama la atención la idea de este poema. Pone a una persona en la luna antes de los viajes espaciales y antes de que se estableciera la era de la informática, algunos ya habían definido el problema. St. Vincent Millay ve claramente que tenemos la información para resolver la mayor parte de los males de nuestro mundo. Sencillamente no tenemos un telar para hacer el tejido. Vivimos en un mundo de información masiva con poco que dé sentido a la accesibilidad cada vez mayor a las montañas de información.

El líder pentecostal se erige como un testimonio del evangelio, que es el telar con el que se puede tejer una tela redentora. El testimonio de ejemplos bíblicos e históricos es claro. Los líderes pentecostales tienen la oportunidad de modelar la eficiencia en el ministerio, que para un mundo desorientado tiene sentido intelectual, y lo hace dependiendo de milagrosos recursos eternos.

Neil B. Wiseman

 

BYRON KLAUS, D. Min., Presidente del Seminario Teológico de las Asambleas de Dios en Springfield, Missouri

 

NotAs

1. Gordon MacDonald, Ordering Your Private Life (Chicago: Moody Press, 1984), 109,110.

2. Walter Hollenweger, Pentecostalism: Origins and Developments Worldwide (Peabody, Massachusetts: Hendrickson Publishers, 1997), 388.

3. Gary McGee, “The Radical Strategy in Modern Missions: The Linkage of Paranormal Phenomena With Evangelism,” in The Holy Spirit and Mission Dynamics, ed. C. Douglas McConnell (Pasadena, California: William Carey Library, 1997), 69–95.

4. Para una detallada introducción al cuadrilátero de Wesley, véase Donald Thorsen, The Wesleyan Quadrilateral (Minneapolis, Minnesota: Light and Life Publishers,1990); all Wesley quotes are taken from the writings of Wesley as referenced in Thorsen’s volumetodas las citas de Wesley se tomaron de los escritos de Wesley como se refieren en el libro de Thorsen.

5. Ralph Riggs, A Successful Pastor (Springfield, Missouri: Gospel Publishing House, 1931), 20,21.

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