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Ministerio basado en las relaciones: conexión desde la base a la cima

Si las relaciones son tan importantes para nuestra salud espiritual, para la longevidad espiritual, y para nuestras familias, ¿por qué algunos ministros se aíslan?

Por Warren D. Bullock

En una recepción para los ministros de la sección, un joven pastor dijo: “Generalmente no vengo a estas actividades. En cuanto a mí, es nada más que política, y ami no me interesa la política.”

Yo respondí: “Si usted viene a reuniones como estas por beneficio personal o para promoverse, eso es política. Pero si usted viene a estas reuniones para establecer relaciones y ministrar a otros, estamos hablando de buen cristianismo.”

Este pastor aparentemente no entendía el vínculo entre ministerio efectivo y las relaciones duraderas con otros ministros. Pero pocos de nosotros, si es que los hay, podemos sobrevivir sin la fuerza y el apoyo de los amigos de confianza. Si bien es cierto que en las reuniones de ministros rara vez se fomentan las buenas relaciones, éstas pueden ser una manera de iniciarlas. Los encuentros superficiales pueden desarrollarse hasta convertirse en amistades que enriquecen y mejoran nuestra vida y ministerio.

La iniciación y el desarrollo de relaciones era tan importante para Jesús que aún antes de su primer milagro y junto con su primera gira de predicación en Galilea, Él comenzó a llamar a los que conocemos como los Doce. Mientras las multitudes escuchaban su mensaje y eran testigos de sus milagros, Él expuso las profundas verdades del Reino y reveló su corazón a estos leales discípulos. En su hora de agonía en el Getsemaní, quiso contar con la compañía de quienes tenían con Él una relación más cercana. Sus intercesiones que se registran en Juan 17 incluyen su comprensión de que estos amigos eran “los que me [Dios] me diste” (Juan 17:9).

Si vemos las relaciones positivas como un regalo de Dios para nosotros, no sólo las valoraremos, también las alimentaremos.

De los Doce, tres discípulos tenían mayor acceso a Jesús del que dio a los demás. Él no sólo invitó a Pedro, Jacobo, y Juan a ir con el al lugar apartado del huerto de Getsemaní, ellos también tuvieron el privilegio de ver su transfiguración, experiencias que los demás discípulos no tuvieron. Y de los tres, Juan es único que la Biblia llama “el discípulo a quien Jesús amó” (Juan 13:23). Esto no quiere de decir que Jesús no amó a los demás, sino que tuvo una relación especialmente cercana con Juan. Esta relación era tan cercana que cuando Jesús estaba en la cruz, confió en Juan el cuidado de su madre, María.

Si concluimos que Jesús fue discriminatorio en su manera de seleccionar y de relacionarse, cometemos un craso error. La vida y el ministerio de Jesús nos enseñan que las relaciones se desarrollan en los diversos niveles, desde el más íntimo al más superficial. Todas tienen valor, pero no el mismo valor. Cuanto más profunda la amistad, tanto más valor tiene.

Amigos en el ministerio

No nos debe extrañar que nuestros mejores amigos están en el ministerio. Compartimos intereses, desafíos, y conflictos. Nos divierten las anécdotas de la vida de iglesia. No es necesario planear algo especial para disfrutar la mutua compañía. Basta con estar juntos. Se considera un deber mantener la comunicación por teléfono, textos, correo electrónico, o Facebook. Cuando necesitamos conversar, esa es la persona que buscamos.

¡Cuán desolada sería la vida sin amigos! Nos sustenta cuando nos sentimos desanimados, lloran con nosotros en tiempos de dolor, andan con nosotros en el valle, y claman con nosotros desde la cima de la montaña. ¿Qué haríamos en tiempos como esos si no hemos cultivado amistades cercanas?

Amigos en la iglesia

Desde mis días de instituto bíblico, he oído que los pastores no deben tener amistad cercana con los miembros de su congregación. En efecto, escuché a un pastor decir que los pastores deben mantener la distancia de la gente para promover una mística pastoral. Yo no estoy de acuerdo. En primer lugar, no se puede pastorear a larga distancia; y segundo, porque la gente busca autenticidad en vez de mística.

En la mayoría de las iglesias que he pastoreado, he tenido una relación cercana con dos o tres varones. Ellos han sido para mi como Pedro, Jacobo, y Juan. Nuestra amistad se había desarrollado al punto de que podía abrir mi alma a ellos, volcar mis frustraciones, y ventilar los desafíos personales. Nunca supe que traicionaran mi confianza. Con muchos de ellos todavía mantengo una cercana amistad. En los pastorados donde no desarrollé estas amistades, generalmente me sentí muy solo.

La longevidad pastoral contribuye al enriquecimiento de tales relaciones. La confianza se establece con el tiempo; la confianza no crece de la noche a la mañana. Con la confianza viene la disposición y la voluntad de abrirnos a los triunfos y los problemas. La confianza es dar y recibir, es compartir lo que hay en el corazón.

Debemos ser cuidadosos y sabios con nuestras amistades en la iglesia. Pero aunque una amistad se arruine, y las personas nos traicionen como lo hicieron con Jesús, vale la pena correr el riesgo. Los beneficios de estar ligado de manera tan cercana a once amigos mitiga el dolor de perder uno.

Amigos fuera del ministerio y de la iglesia

El evangelismo por amistad es el tema en boga en muchas de nuestras iglesias, y con toda razón. Las relaciones con los vecinos y con otros que viven lejos de Dios pueden convertirse en una puerta abierta para hablar de Jesús. Hace poco supe de casi toda una vecindad que asiste a la iglesia por el trabajo del pastor. Su interacción con ellos como vecinos ha comenzado a dar fruto espiritual. En el proceso, él da ejemplo a su congregación un modelo de cómo tocas la vida de las personas, no como un pastor, sino como un vecino.

Sin embargo, el fundamento de nuestra amistad con las personas que no han entregado su vida a Cristo no es la respuesta positiva a nuestro testimonio. No son blancos a los cuales dirigimos el evangelio. Son amigos que amaremos no importa cómo respondan a Dios. Aún así, siempre habrá una sombra entre nosotros y ellos, porque “¿qué comunión [tiene] la luz con las tinieblas? … ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?” (2 Corintios 6:14,15). Cuando no se comparte una relación espiritual, nuestra amistad podrá llegar sólo hasta cierto limite.

Amigos en tiempos difÍciles

Si no tenemos amigos fuertes, responsables, confiables, ¿quién nos ayudará en los tiempos difíciles? ¿Con quién conversamos de nuestros sufrimientos, frustraciones, y temores? Todo ministro experimentará luchas y dolor y no debe estar solo cuando pase por momentos así.

Algunos pastores han sido tan sacudidos por situaciones adversas, y tan golpeados por problemas inesperados, que se han retirado del ministerio. La mentalidad de lucha o huida ha terminado en huida. Aun cuando deciden quedarse y pelear, la lucha los deja emocionalmente tan agotados que renuncian a su posición para recuperarse de las profundas heridas que tanto él como su familia han. Dependiendo de las circunstancias, una o ambas respuestas pueden ser la voluntad de Dios para ellos.

Pero en ambos casos, los buenos amigos que acompañan en los conflictos son de inapreciable valor. Los amigos establecen confianza durante años de relación, por eso los pastores pueden expresar profundos sentimientos sin temor de revelarlos. El conocimiento de las fortalezas y las vulnerabilidades del otro nos da una plataforma para animar y aconsejar. La oración juntos es un bálsamo sanador, un acto de fe, y un estímulo positivo.

Cuando atravesé por un tiempo de agotamiento algunos años atrás, la atención y las oraciones de buenos amigos me ayudó a sobrellevar las circunstancias.

Amigos en los buenos tiempos

Cuando nuestros ministerios marchan bien, cuando la iglesia está viviendo un momento de prosperidad espiritual, cuando es evidente la unidad de misión y propósito, podríamos pensar que los amigos son menos importantes. Estamos disfrutando de las bendiciones y del buen éxito. Pero ese buen éxito tiene sus propios peligros.

Cuando vivimos el éxito, necesitamos amigos a quienes demos cuenta de sentimientos arrogancia y orgullo, y sentimientos de prepotencia. Como ministros, todos decimos creer en la responsabilidad, hasta que alguien nos pide cuentas. En ese momentos nos acusamos unos a otros, aún a nuestros amigos, de extralimitarnos.

Recuerdo la lectura acerca de un campeón de peso pesado, Riddick Bowe. Cuando acababa de ganar el título, tuvo que defender por primera vez su cinto de peso pesado. Pero su preparación para la pelea fue la mejor. Muchas fiestas, mucho gasto de dinero, y las sesiones de entrenamiento de cada día eran muy livianas. Su preparador estaba preocupado de que por la actitud displicente de Bowe, el siguiente contrincante le quitaría el título de campeón. Él dijo que el mayor problema de Bowe era que no tenía a nadie en su séquito que estuviera dispuesto a decirle: “No”. Bowe perdió la pelea y el título de campeón.

Todos necesitamos en nuestro séquito alguien que no diga “no”. Es posible que no nos guste, pero necesitamos amigos que desafíen nuestras actitudes, acciones, decisiones, y direcciones. Cuando nuestros amigos nos piden cuenta de lo que hacemos no es porque no nos aman, sino porque nos aman. Pueden evitar que hagamos cosas que finalmente nos pueden destruir.

Aislamiento ministerial

Si las relaciones son tan importantes para nuestra salud espiritual, para la longevidad espiritual, y para nuestra familia, ¿por qué algunos ministros viven en relativo aislamiento?

Geografía. Algunos ministros no están aislados porque quieran, sino por razones geográficas. Quienes pastorean en zonas rurales posiblemente no tienen la proximidad de los buenos amigos. Aunque se valgan de las mejores redes sociales para no perder el contacto, nada reemplaza sentarse con alguien y conversar cara a cara. Tendrán que hacer un mayor esfuerzo para mantener relaciones que sean estimulantes y alentadoras.

Inseguridad. Porque he tenido problemas de timidez, he procurado entender esta forma de inseguridad. He concluido, cierto o equivocado, que la esencia de la timidez es el orgullo. Me preocupa en extremo el hecho de que la gente me acepte o me rechace. La timidez se enfoca sólo en mí. En vez de pensar cómo puedo amar y ministrar a otras personas, pienso en como me responderán a mí. La inseguridad puede llevarnos al aislamiento.

Independencia. La actitud “no necesito a nadie” obviamente no es verdad. Pero si un ministro piensa de esta manera, no tendrá muchos buenos amigos. Se jactará de lo que puede hacer sin ayuda de nadie. Esta actitud hace a Dios aparecer como alguien verdaderamente afortunado de contar con la ayuda de este ministro. Pero esta misma sensación de independencia a menudo se convierte en rebeldía contra la autoridad, y aliena a quienes podrían ser poderosos aliados en las relaciones.

Temor. El temor hace que mantengamos la distancia con las personas. “Si realmente me conocieran, no querrían estar conmigo”. Si alguien nos ha herido en el pasado, nos atemoriza la idea de cultivar una relación cercana y volver a sufrir.

Faltas/pecados ocultos. Todos tenemos deficiencias de carácter, pero algunos tienen conflictos personales que mantienen ocultos. Puede ser pornografía al llegar la medianoche o abuso conyugal. Puede ser las finanzas caóticas o hábitos debilitantes. Estos secretos nos impiden desarrollar la clase de amistad en que debe haber transparencia y autenticidad.

Time. Los calendarios dominan nuestra vida, y necesitamos tiempo para cultivar y mantener relaciones. Nos dejamos atrapar por los horarios que eliminan las amistades que podríamos iniciar. Esperamos que nuestros amigos tomen la iniciativa de acercarse a nosotros, en vez de incluir el cultivo de la amistad como parte de nuestras actividades.

Estos no son obstáculos insuperables. Podemos vencerlos. En algunos casos, es necesario que Dios intervenga para cambiar nuestras actitudes , modificar nuestro pensamiento, y darnos una nueva perspectiva. En otros casos, somos nosotros los que debemos iniciar la acción, aprovechar las oportunidades, y liberarnos de nuestros temores. Los ministros que no enfrentan la raíz de lo que provoca su aislamiento y no desarrollan relaciones sólidas enfrentan un futuro de aislamiento y soledad. Pero quienes han enriquecido sus amistades a través de los años disfrutarán la calidez y la seguridad que proveen estas relaciones.

Warren Bullock

WARREN D. BULLOCK, D.Min., es presbítero ejecutivo del Concilio General de las Asambleas de Dios y antes se desempeñó como pastor de Northwest Family Church of the Assemblies of God, Auburn, Washington.

 

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