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El mejoramiento humano: ¿será peor para nosotros el esfuerzo por ser mejores?

Por Christina M.H. Powell

“El hombre, como la hierba son sus días; florece como la flor del campo” (Salmo 103:15). El Salmista describe la gloria pasajera de los seres humano cuando nos compara con la hierba en el campo, antes de que se la lleve el viento.

A través de los años, los humanos se han esforzado por mejorar la condición humana con la esperanza de aumentar la calidad de vida y extender el tiempo que se vive bajo el sol. En el último siglo, la medicina moderna ha hecho avances que han extendido por más de 30 años el promedio de vida en los Estados Unidos.1 Desde el 1900, la taza de mortalidad ha disminuido 90 por ciento y la mortalidad materna ha disminuido el 99 por ciento.2 Hoy no solo vivimos más tiempo que en el siglo pasado sino que también tenemos el beneficio de alternativas que nos ayudan a vivir mejor. Las vacunas fortalecen nuestro sistema inmunológico, las vitaminas maximizan nuestra salud, y la dieta y el ejercicio desaceleran el proceso de envejecimiento. Podemos tomar medicinas que mejoren nuestro estado de ánimo, que aumenten nuestro rendimiento, o que agudicen nuestra concentración.

El siglo 21 promete avances en la biotecnología que podrían mejorar nuestra vida y curar nuestras enfermedades. Las personas buscarán al pastor para que los guíe a cómo responder a las tendencias culturales a aceptar el mejoramiento humano. ¿Cuáles son las implicaciones espirituales de usar medicamentos para  bloquear memorias dolorosas o para mejorar nuestro estado de ánimo? ¿Honramos a Dios cuando perfeccionamos nuestro rendimiento atlético por medio de la biotecnología en vez de perfeccionar nuestras habilidades naturales? Ciertamente los líderes cristianos deben recibir con entusiasmo los avances médicos que mejoran nuestra salud y nuestra productividad. Sin embargo, los pastores deben advertir a su congregación que juzguen cada nueva intervención por considerar los beneficios versus los costos y los riesgos. Necesitamos considerar la posibilidad de que las mejoras que prometen beneficiarnos podrían en realidad dañarnos.

La memoria y la identidad

La memoria es útil cuando podemos recordar hechos y experiencias importantes para nosotros. Recordar más no es necesariamente lo mismo que recordar mejor. Como un reporte que está lleno de detalles sin importancia, una mente que recuerda todos los eventos triviales de cada día se llena de demasiada información. Cuando nuestra memoria funciona debidamente, codifica el nivel apropiado de sentimientos relacionados a cada memoria. Si sentimos muy poca emoción cuando recordamos algo, seremos insensibles a los gozos y a las penas de la vida. Si sentimos demasiada emoción en relación a una memoria en particular, podríamos desarrollar trastorno de estrés postraumático.

El mejoramiento de la memoria humana tiene que ver con mucho más que con el aumento de la capacidad de recordar hechos. De hecho, una posible mejora a nuestra memoria sería ayudarnos a olvidar. La consolidación de una memoria ocurre inmediatamente después de vivir un suceso. En este proceso nuestra mente codifica más duraderamente unas memorias que otras.

Cuando sentimos emociones fuertes, nuestro cuerpo emite ciertas hormonas de estrés. Esas hormonas de estrés activan un área del cerebro en forma de almendra que se llama la amígdala. Los experimentos con ratas muestran que la epinefrina (la hormona del estrés que se conoce como la adrenalina) fortalece la memoria de una experiencia, mientras que los bloqueadores beta que reprimen la acción de la epinefrina debilitan la memoria. Estos experimentos y otros como estos señalan a las maneras farmacológicas de quitar la punzada emocional de las memorias traumáticas.3

Aprendemos de lo que vivimos. Muchas veces las experiencias emocionalmente intensas nos enseñan lecciones importantes, por lo que tenemos cerebros que retienen con excelencia las memorias de esas experiencias. Por ejemplo, nuestra supervivencia podría depender de recordar lecciones que aprendimos en un encuentro cercano con el peligro, pero probablemente no tenemos que recordar lo que almorzamos el martes pasado. Un gran momento como el nacimiento de uno de nuestros hijos es más valioso para nosotros que nuestra lista de quehaceres del primer lunes en febrero hace tres años. Sin embargo, a veces, esta conexión entre el recuerdo de ciertas memorias y la emoción causa dolor debilitante en la vida de aquéllos que han sido testigos de horrores. ¿No sería bueno crear medicamentos que ayuden a estas personas a recobrar la salud mental?

Parte del problema con el uso de la tecnología para alterar la consolidación de la memoria es nuestra presente falta de habilidad para diferenciar entre las personas que desarrollarán el trastorno de estrés postraumático y los que exhibirán resiliencia emocional frente a una tragedia. Mientras que una solución a esto sería dar medicamento a todas las personas que experimentan una situación traumática, tal acción presenta una preocupación ética. Nuestras memorias, tanto lo negativo como lo positivo y lo neutral, marcan nuestra identidad. Un paciente de Alzheimer sufre de la pérdida de identidad a medida que pierde sus memorias de sus seres queridos y de las experiencias de la vida. Cuando nos insensibilizamos emocionalmente a los recuerdos del pasado, arriesgamos distorsionar nuestra identidad.

  Un elemento disuasorio a mandar tropas a la guerra es nuestra memoria colectiva como sociedad de los horrores de la guerra. Sentimos compasión cuando vemos los efectos de los desastres naturales, en parte, por el testimonio de los que han sido testigos del impacto emocional de la pérdida vivida en esas tragedias. Es una escala más pequeña, las experiencias difíciles en nuestra vida nos ayudan a apreciar más nuestros triunfos además de suavizar nuestro corazón para responder prontamente cuando hay otros en necesidad a nuestro alrededor. Procesar nuestras emociones dolorosas nos enseña a brindar consuelo a otros (2 Corintios 1:4).

El intentar medicar todas nuestras memorias dolorosas nos deshumanizaría, y nos debilitaría en vez de fortalecernos. Por lo tanto, el uso de tecnología para cambiar el procesamiento de nuestra memoria debe ser tratado con sumo cuidado. Para algunas personas, librarse de las memorias dolorosas podría ayudarlos a recobrar su identidad. Pero para muchos otros, y para la sociedad en general, la pérdida de memorias dolorosas podría producir una identidad distorsionada.

El estado de Ánimo y la realidad

Mientras que los medicamentos para cambiar nuestra memoria todavía están en las primeras etapas de desarrollo, los medicamentos para cambiar nuestro estado de ánimo han estado disponibles por siglos. Históricamente, las personas han usado el alcohol y el opio para mejorar su estado de ánimo. A principios del siglo 20, los doctores descubrieron que el litio podía equilibrar el estado de ánimo. Recientemente, los Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Serotonina (ISRS) como Prozac, Paxil, y Zoloft han provisto maneras seguras de mejorar el ánimo. Las compañías farmacéuticas diseñaron estos medicamentos para tratar la depresión y las enfermedades mentales. Puesto que estos medicamentos están fácilmente disponibles, algunos doctores recetan estos agentes para mejorar el ánimo a personas que tienen una neuroquímica  normal pero que enfrentan situaciones difíciles.

En adición a los medicamentos para cambiar el estado de ánimo que están disponibles, podemos imaginar esta clase de medicamentos en el futuro. Considerando los medicamentos de hoy y los del futuro, pensemos en las implicaciones éticas de mejorar nuestro estado de ánimo por otras razones que no sea tratar las enfermedades mentales. ¿Hay diferencia entre mejorar nuestro estado de ánimo por medio de la oración, o por una conversación con un amigo, o por correr en el parque y por tomar una píldora? Suponga por un momento que la píldora para cambiar el ánimo no tiene efectos secundarios. Ciertamente es conveniente la píldora. Sin embargo, debemos preguntarnos si la píldora produce una felicidad distinta a la felicidad que producen nuestras acciones y relaciones con los demás. ¿Nos ayuda la medicina a volver a la realidad, o produce una realidad falsa?

Si por cambiar artificialmente nuestro ánimo logramos sentirnos bien pero sacrificamos la verdadera satisfacción, no hemos mejorado sino empeorado. La felicidad pasajera que no está anclada a logros que pueden ser medidos, en la formación de nuestro carácter, o en las relaciones interpersonales significativas con los demás es como comer una hamburguesa con queso que arruina nuestro apetito para la cena de bistec. Cambiar nuestro estado ánimo en nombre del mejoramiento humano cambia nuestra identidad. Suponga que un hombre se enamora de una mujer cuya alegre disposición es producto de un laboratorio químico. Él se preguntará si el amor de ella por él permanecerá en la ausencia de esta ayuda química. ¿Aún se sentirá atraído a ella si la personalidad de ella se convierte en más oscura y apagada por la ausencia del medicamento que mejora su estado de ánimo?

Salomón dijo: “Todo tiene su tiempo,… tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar” (Eclesiastés 3:1,4). La pena, aunque no es placentera, tiene su tiempo que produce una abundante cosecha de sabiduría. “El corazón de los sabios está en la casa del luto; mas el corazón de los insensatos, en la casa en que hay alegría” (Eclesiastés 7:4). La tristeza que viene con el proceso de profunda pena es una celebración de la conexión que teníamos con nuestro ser querido que ha partido. Cuando pasamos por la pena aprendemos lo que es valioso en la vida,  y posiblemente esto pueda reorganizar nuestras prioridades para vivir una vida con más propósito. Mientras que los medicamentos que mejoran el estado de ánimo son ciertamente útiles en el tratamiento de personas cuyo proceso de pena es poco productivo y prolongado, no debemos apresurarnos a medicar todos los sentimientos humanos desagradables.

Finalmente, en personas emocionalmente y mentalmente saludables, los sentimientos tienen la función de un sistema de radar que nos avisa que algún aspecto de nuestra vida requiere mayor atención. Para algunas personas, un sentimiento de descontento podría motivarlas a meditar acerca de sus necesidades espirituales, y hacer que se acerquen más a Dios. Para otros, los sentimientos melancólicos de insatisfacción podrían producir en ellos el ímpetu para hacer cambios que resulten en una mejor salud y en mejores decisiones en la vida. Las personas deben recibir con los brazos abiertos algunos sentimientos negativos y luego examinarlos por el mensaje que comunican, en vez de descartarlos por medios farmacológicos. Las personas saludables podrían descubrir que les beneficiaría enfrentar la realidad en vez de rechazarla.

Rendimiento y esfuerzo

Otra área abierta al mejoramiento por medio de la biotecnología es el rendimiento humano. Nuestra búsqueda de la excelencia y nuestra naturaleza competitiva nos lleva a querer desempeñarnos cada vez mejor en el campo atlético de juego, en el salón de clase, y en el campo laboral. La habilidad de un atleta, de un alumno, o de un empresario de desempeñarse mejor que su competencia depende de la combinación de habilidades genéticas y esfuerzo humano. Aún así, la gente busca la forma fácil de obtener la ventaja competitiva. Los atletas recurren a los esteroides y a la eritropoyetina para aumentar su rendimiento. Los alumnos recurren a la Ritalina para mejorar su concentración cuando estudian para exámenes. Los empresarios que trabajan largas horas usan la cafeína para mantenerse alertas y combaten el jet lag con modafinilo. Podemos esperar que esta tendencia continúe a medida que la biotecnología nos provea medicamentos cada vez más seguros y efectivos.

En adición a los medicamentos, la terapia genética podría proveer en el futuro maneras de mejorar el rendimiento atlético por estimular la producción de células rojas, aumentando la masa muscular, o cambiando el metabolismo de la grasa. Las pruebas comunes de sangre o de orina no detectarían estos cambios genéticos. Por supuesto, la preocupación principal es la seguridad de usar la terapia genética para mejorar el rendimiento. Muchas veces las manipulaciones genéticas producen cambios desconocidos e indeseados en otros genes que no son el gene que se intenta alterar, lo que usualmente resulta en cáncer. Aún si estos mejoramientos fueran seguros, los problemas éticos permanecerían.

La participación en los deportes incluye otros ideales que van más allá de la idea de ganar o perder. Estos principios incluyen la imparcialidad, el trabajo en equipo, y la dedicación. Los logros atléticos reflejan la combinación de la habilidad natural y del arduo trabajo para perfeccionarla. Cuando un atleta mantiene una dieta disciplinada y entrena por muchas horas para tener buen éxito, su rendimiento es producto de su esfuerzo personal. Cuando los medicamentos o las manipulaciones genéticas aumentan el rendimiento del atleta, los logros atléticos ya no sólo son el resultado de los esfuerzos del atleta. Su victoria es el resultado de los cambios que se han hecho además de lo que él ha hecho.

Debilitar la conexión entre el rendimiento y el esfuerzo disminuye el valor de los resultados. El atleta que ha sido mejorado podrá tener mejor desempeño, pero en el proceso se convierte en un peor atleta.

Lo que es cierto en el atletismo también lo es en el aspecto académico. Los alumnos que toman un atrecho en el proceso de aprendizaje por usar drogas que agudicen su concentración o los ayuden a estar más alertas no aprenden algunas lecciones de la vida como aprender a manejar el tiempo y lograr el buen equilibrio entre el entretenimiento y el trabajo. Aunque estos medicamentos pueden mejorar el rendimiento temporalmente, se sufre a largo a plazo. Tanto el atleta como el alumno crecen en buen carácter por aplicar sus mejores esfuerzos a desarrollar sus habilidades innatas. A veces el mejor esfuerzo de una persona puede ser insuficiente para ganar una carrera u obtener las mejores calificaciones de la clase. Sin embargo, la experiencia de dar lo mejor de sí mismo en medio de las limitaciones puede ser un mejor premio que el que se buscaba originalmente.  

Desde el punto de vista espiritual, consideramos las habilidades genéticas, a las que usualmente nos referimos como talentos, como dones de Dios. Tenemos la responsabilidad de desarrollar los talentos que Dios nos ha dado (Mateo 25:14-30; Lucas 19:12-27). Dios no nos ha dado a todos los mismos talentos o el mismo nivel del talento. Aun así, cuando trabajamos diligentemente en desarrollar lo que Él nos ha dado, lo honramos.

ConclusiÓn

No es negativo el buscar maneras de mejorar la vida. No debemos temer el progreso tecnológico. Los avances médicos para combatir las enfermedades infecciosas en el último siglo han ayudado grandemente a la humanidad. Los misioneros médicos buscan llevar a países en desarrollo las bendiciones de este conocimiento como una forma de mostrar compasión y proclamar el evangelio. Cuando vivimos más tiempo, y tenemos vidas saludables, podemos ser más efectivos en la obra que Dios nos ha encomendado. Para extender la vida en este siglo la medicina tendrá que solucionar los problemas cardiovasculares y los del cáncer. Ciertamente, es un gran desafío.

Sin embargo, no todos los avances de la ciencia médica serán beneficiosos. Las personas necesitan que su pastor los ayude a distinguir entre las intervenciones que son beneficiosas y las que son dañinas. Además, los pastores ministran a las necesidades humanas que impulsan la búsqueda por el mejoramiento humano. Ciertamente las personas que luchan con memorias dolorosas tienen profundas necesidades espirituales y emocionales. Ellas necesitan oír el mensaje bíblico del perdón, de la redención, y de la restauración. Aunque las personas en profunda depresión necesitarán intervención médica, muchas personas tienen una neuroquímica normal pero enfrentan difíciles situaciones. El cuidado pastoral lleno de compasión puede proveer la ayuda que estos hombres y mujeres necesitan para sobreponerse a sus dificultades y progresar en su desarrollo espiritual y emocional.

Nuestra búsqueda de maneras de mejorar nuestro rendimiento revela nuestro deseo de encontrar propósito, significado y reconocimiento. Los pastores pueden ayudar a las personas a encontrar la satisfacción de esos deseos por ayudarlos a descubrir el propósito de Dios para su vida y la función que pueden tener en la iglesia y en la comunidad.

En los Evangelios, encontramos liberación de la presión del desempeño, y hallamos que la gracia de Dios es suficiente para nuestras debilidades humanas. Nuestra vida en esta tierra puede ser tan breve como la de la hierba del campo, pero la Biblia nos enseña que el Señor se ocupa tanto de cada persona que hasta sabe cuántos cabellos él o ella tiene en su cabeza (Mateo 10:30; Lucas 12:7). Su amor por nosotros mejora nuestra vida en maneras que la biotecnología nunca podrá hacerlo.

Christina M.H. Powell

CRISTINA M.H. POWELL, Ph.D.,es ministro ordenado, autora, escritora de temas médicos e investigadora científica capacitada en la Escuela Médica de Harvard y en la Universidad de Harvard. Dicta conferencias en las iglesias y en toda la nación, y trata asuntos relacionados con la fe y la ciencia en el portal www.questionyourdoubts.com.

Notas

1. E. Arias, “United States Life Tables, 2004,” National Vital Statistics Reports, 2007, 56(9): Table 11. Http://www.cdc.gov/nchs/data/nvsr/nvsr56/nvsr56_09.pdf. . Leído el  18 de marzo de 2010.

2. “Ten Great Public Health Achievements — United States, 1900-1999,” Morbidity and Mortality Weekly Report, 1999, 48(12):241-243. Http://www.cdc.gov/mmwr/preview/mmwrhtml/00056796.htm. Leído el 18 de marzo de 2010..

3. J.L. McGaugh, “Memory Consolidation and the Amygdala: A Systems Perspective,” Trends in Neurosciences, 2002, 25(9): 456–461.

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