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Conversando con Dios:

Reflexiones sobre la oración como relación con el Padre y el Hijo, de Lucas 11:2

Ideas y principios prácticos para estimular a la iglesia para que ore a la luz de los nombres bíblicos de Dios.

Por Doug Oss

IntroducCiÓn

En las Escrituras hay una oración que se eleva por encima de las demás. Jesús la constituyó como oración sobresaliente de su ministerio terrenal cuando la estableció como modelo para los creyentes de todos los tiempos, lugares y circunstancias. En respuesta a una petición de sus discípulos de que les enseñara a orar, Jesús les dijo: "Siempre que ustedes oren, háganlo de este modo" (Lucas 11:2, traducción del autor).1 Ésta llegó a ser la piedra angular de oración en la historia de la iglesia. Conocida desde la antigüedad como la "Oración del Señor", o el "Padrenuestro", en ella Jesús muestra a sus discípulos la manera de estar más íntimamente conectados con su Padre mediante la oración (Lucas 11:1-4; Mateo 6:9-13).

El propósito de este artículo es meditar en la vida de oración de la iglesia actual a la luz del Padrenuestro, y específicamente en la frase "Padre, que tu nombre sea reverenciado" (traducción del autor, Lucas 11:2 – Pater, agiastheto to onoma sou). Después de discutir esta frase y sus implicaciones para la oración, presentaré ideas que los pastores pueden usar para estimular a su gente a orar a la luz de los nombres bíblicos de Dios.

El santo nombre del Padre y del Padrenuestro

El inicio de la oración es notable a causa del uso de la expresión íntima Pater sin un calificativo (del arameo abba, padre).2 Dirigirse a Dios directamente por medio del uso de esta forma implica una relación íntima y personal entre un hijo y su padre. Por tanto, el énfasis de apertura de la oración de Jesús está en la naturaleza de Aquél a quien los discípulos hacen sus peticiones: un Padre que es bondadoso, que se preocupa por sus hijos, y que suple las necesidades de ellos.3

Dirigirnos a Dios de un modo que reconoce su amor paternal no impide que nos aproximemos a Él con respeto. Efectivamente, esta primera declaración del Padrenuestro pide que el nombre de Dios sea "reverenciado" (agiastheto). Marshall comenta correctamente respecto de esta expresión: "El nombre de Dios es, en efecto, su reputación entre los hombres, pero es algo que tiene que ver esencialmente con Dios mismo: los hombres deben hablar de Él con la apropiada reverencia y honor.4 El "nombre" de Dios es una referencia a su persona, a su naturaleza misma. Por ejemplo, cuando alguien ora "en el nombre de Jesús", esa persona no está invocando alguna especie de sortilegio místico de oriente (tal como ocurrió con los hijos de Esceva, Hechos 19:13-16). Más bien, el que ora está invocando la autoridad personal y el poder del Señor Jesucristo. Uno pide que la persona misma del Señor Jesucristo entre en acción, y ora con su divina autoridad y poder.

Bock ha demostrado la estrecha relación conceptual y lingüística que el Padrenuestro tiene con los Kaddish de los antiguos servicios de la sinagoga. Él lo describe de este modo: "Que el nombre de Dios sea santificado es pedir que Dios establezca y muestre su condición única, puesto que referirse a su nombre es referirse a su persona. El Kaddish era una oración escatológica judía que concluía los servicios de la antigua sinagoga, y es similar en fuerza a:

'Exaltado y santificado sea su gran nombre
En el mundo que ha creado conforme a su voluntad.
Que sea su reino el que gobierne
En vuestra vida y en vuestros días y durante toda vuestra vida
En toda la casa de Israel, luego y pronto.'


"El cuadro que se nos presenta es del Dios creador, entronizado y manifestando su gobierno. Su gloria llega a ser evidente a todos. El discípulo abre la oración con reconocimiento de Aquél a quien se dirige, confiando y esperando que Dios, en su grandeza, se manifestará (note que el verbo pasivo espera que Dios actúe)."5

Así es que Jesús enseñó a sus seguidores a orar de un modo similar al del antiguo Israel, pero con un notable agregado evidente en la forma íntima de dirigir la oración a Dios como Pater. El respeto por Dios no impide la intimidad con Él. Dios es nuestro Padre y se preocupa de nuestras necesidades. Él es ciertamente un ser trascendente e infinito, tal que está mucho más allá de nuestra capacidad de entenderlo plenamente. Pero Él no es solamente eso. El Padrenuestro es todavía la oración más notable porque indica que este Dios infinitamente trascendente se ha dignado revelarse como un Padre amoroso. Efectivamente, tal como Jesús lo enseña aun con más amplitud en la oración en Lucas 11:5-13, Él presenta una analogía entre un padre humano y el Padre celestial, sugiriendo que Dios, como Padre, está aun más atento a nuestras necesidades, y que Él responde en maneras que exceden las habilidades finitas de nuestros padres humanos (vv. 11-13).

Esta misma paternidad de Dios es evidente también en los nombres que se le dan en el Antiguo Testamento. Cada nombre divino da énfasis a un aspecto de la naturaleza de Dios, que a la luz de la manera en que Jesús nos enseñó a orar, nos informará respecto de la oración como una conexión íntima con nuestro Padre eterno. Está más allá del alcance de este artículo tratar los nombres de un modo exhaustivo, de modo que los nombres que se presentan a continuación representan solamente una lista selecta de ellos. Consideremos las implicaciones de estos nombres escogidos para el lugar que tienen en la oración de la iglesia contemporánea.

La oración y los nombres de Dios en el Antiguo Testamento

Tal como observamos en el caso de Pater, hallamos ideas similares en los nombres de Dios en el Antiguo Testamento. El uso de los nombres divinos en el Antiguo Testamento representan la persona de Dios y su carácter.6 Para los fines de la discusión siguiente, pondremos nuestro enfoque en los nombres que reflejan aspectos específicos de la naturaleza de Dios, de su persona, de su carácter, y no en los nombres más generales de El, Elohim, o Eloah.7

El Shaddai/el sadday. Este nombre (o título, como prefieren algunos eruditos)8 ocurre regularmente en las narrativas de Abraham (Génesis 17:1; 28:3; 35:11; 43:14; 48:3; 49:25) y bien puede ser el nombre más común de Dios en el período patriarcal.9 Es difícil dar con su significado exacto. Comúnmente se ha entendido en términos de "suficiencia". Otras sugerencias incluyen ligarlo al verbo sadad, "devastar o destruir". La Septuaginta ha traducido con más frecuencia este título como pantokrator, el Todopoderoso. Ya sea que signifique "el suficiente" o "destructor", el sentido de Dios Todopoderoso (todo suficiente, o todo poderoso para destruir) queda fácilmente al alcance.

Enfoque de oración: para propósitos de oración, este nombre inspiraría al creyente a orar de un modo que confía aun las circunstancias más difíciles en las manos del Dios todopoderoso, que tiene poder sobre toda la creación para hacer que se cumpla su voluntad, como lo hizo cuando liberó a los hebreos de la esclavitud en Egipto.

El Elyon. Este nombre significa "Dios Altísimo". Elyon es un cognado del verbo hebreo alah, "subir, ser exaltado". Van Groningen describe bien el sentido básico de este nombre cuando dice: "En todas las dimensiones de la vida, en adoración, en actividades militares, en relaciones políticas y económicas, Dios debe ser reconocido como el incomparable, el exaltado, el hacedor, poseedor, y gobernante de todas las gentes, todas las cosas, y todos los acontecimientos,"10

Enfoque de oración: la oración que tiene su enfoque en este divino nombre reconoce el señorío absoluto y el gobierno de Dios sobre el creyente, y en consecuencia, en todas las cosas. Nada está fuera del control de Dios, aun cuando a través de las lentes humanas podría parecer que la vida ha tomado un rumbo torcido. No hay coincidencias; nada sucede al azar; no hay tal cosa como suerte. Existe tan sólo una soberanía divina, providencia, y elección humana.

El Olam se refiere a Dios como el Eterno, que crea el tiempo y que permanece por encima y afuera del tiempo como lo conocemos. Olam conlleva el sentido léxico básico de eterno, o de duración sin límites. El término aparece ligado frecuentemente al carácter y los atributos de Dios, como en el caso de su fidelidad (Salmo 117:2).

Enfoque de oración: en el Apocalipsis, se describe al Padre y a Jesús como el Alfa y Omega, el principio y el fin (Apocalipsis 1:8; 21:6; 22:12-16). El énfasis de estos pasajes está en el control final y absoluto de Dios sobre la historia humana, concluyendo en el exterminio final y total del mal y en la bendición eterna de los creyentes. A través del Apocalipsis, los creyentes (incluyendo los mártires que están debajo del altar en Apocalipsis 6:9-11) son estimulados a confiar en el Dios eterno, quien los vindicará y traerá justicia sobre la tierra en su debido tiempo, conforme a su plan. Es importante que los creyentes sean pacientes y soporten, aun cuando no puedan conocer el tiempo de Dios. Es preciso tener fe en que Dios intervendrá, aun cuando su intervención aun no parezca muy próxima.

El Roi se usa una sola vez en la Biblia, cuando Agar usó la expresión para describir la manera en que Dios la había mirado y provisto para ella en el desierto (Génesis 16:13). Literalmente, el "Dios que ve", lleva probablemente la connotación del "Dios que me ve" en la narrativa de Agar. Aun cuando esta misma expresión no se encuentra en otro lugar, hallamos en los Salmos expresiones similares que describen a Dios como el que todo lo ve y todo lo conoce (Salmos 33:18; 139:1).

Enfoque de oración: este nombre da a los creyentes la seguridad y la confianza de que Dios está atento a lo que les sucede y que cuida de ellos. En Romanos 8:28, Pablo escribe: "Todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados." Todas las cosas les ayudan a bien, porque, en primer lugar, Dios Padre tiene el control de todas las cosas (8:29-32); segundo, el Espíritu Santo intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios para ellos (8:26,27); y tercero, Jesús intercede también por los creyentes (8:34; Hebreos 4:14-16). Por consiguiente, nada tiene poder de separarnos del amor de Cristo (Romanos 8:35 y ss.). Las tres personas de la Trinidad están resguardando a los que siguen a Cristo.

Jehová y sus formas compuestas. Jehová es un nombre hebreo y personal para Dios. Ocurre 6823 veces en el Antiguo Testamento, siempre como el nombre propio de Dios. El significado del nombre no es claro, aun cuando tradicionalmente los eruditos lo relacionan con el verbo hebreo hayah, "ser". De este modo, ha habido un enfoque tradicional sobre la existencia autónoma de Dios cuando se considera este nombre. Sin embargo, puesto que el significado no ha sido determinado con claridad, algunos traductores más recientes han evitado el significado tradicional de "Señor", y han vuelto a la transliteración, reservando el uso de Señor para la palabra hebrea Adonai.11

Los usos de Jehová en el Antiguo Testamento dejan bastante aclarado que este es el nombre por sobre todo otro nombre, e incorpora los significados de todos los otros nombres divinos en su amplio uso en las Escrituras.12 En particular, los usos de este nombre dan énfasis a la fidelidad de Dios para cumplir las promesas de su pacto. De este modo, se encuentra también en varias formas compuestas importantes que dan énfasis a la fidelidad de Dios para guardar su pacto con su pueblo: Jehová Jireh, Dios encontrará o proveerá (Génesis 22:14); Jehová Nissi, Dios es mi bandera (la bandera que se usaba para unir al ejército para la batalla [Isaías 11:10; 59:19]; Jehová Shalom, Dios es paz (Jueces 6:24); Jehová Sabaot, Dios de huestes (tanto humanas como angelicales, Números 10:14-28; Salmo 33:6); Jehová Rafa, Dios es el Sanador (Éxodo 15:26; Salmo 103:3); Jehová Roi, Dios es mi pastor (Salmo 23:1).

Enfoque de oración: los pactos (y las promesas de los pactos) permanecen intactos gracias a la fidelidad de Dios, no por causa de la fidelidad de su pueblo, que ciertamente ha fracasado en repetidas ocasiones. El Nuevo Testamento afirma esto en Cristo (2 Corintios 1:20). Efectivamente, la gente es capaz de tener fe en Cristo tan sólo porque Dios ha obrado previamente para "traerle" a la fe (Juan 6:44; 12:32; 16:6-11). La salvación se basa exclusivamente en la gracia de Dios y en su fidelidad para con nosotros (Efesios 2:1-10). Los seguidores de Cristo pueden confiar en su provisión y en la presencia de la paz y del gozo de su reino por medio del Espíritu Santo (Romanos 14:17; 16:20; Efesios 2:14). Así también, este nombre puede inspirar a la iglesia para que se una tras la bandera de Cristo en la evangelización de una raza humana que se ha alejado y ha ido tras el pecado (Romanos 10:14-17). Dios Padre y el Señor Jesús son fieles para combatir y obrar a favor de aquellos que están en Cristo (Romanos 16:20; Apocalipsis, en su integridad). El Señor Jesús como nuestro Pastor (Hebreos 13:20) cuidará de nosotros aun en las más difíciles circunstancias. Es claro que este nombre, el más excelso de todos, se ve cumplido finalmente en Cristo, y de este modo la oración debiera hacerse con total confianza en la fidelidad de Cristo para cumplir "todas las promesas de Dios" (2 Corintios 1:20; Filipenses 1:6; Hebreos 4:14-16).

Conclusión

Este artículo sirve meramente como una plataforma para la oración a la luz de los nombres de Dios. Espero que sea claro para el lector que virtualmente hay infinita inspiración para que la iglesia ore a la luz de los nombres de Dios. El principio simple y más importante que hay que tener en cuenta cuando se ora a la luz de los nombres de Dios es que todos los significados de los nombres, y todas sus implicaciones, hallan finalmente su cumplimiento en Jesucristo. Es para Él, y en su nombre, que vivimos, actuamos, hablamos, trabajamos, y oramos (lo que se puede ver en el libro de Hechos). "Nuestro Padre" ha elegido revelarse en su Hijo unigénito, y a Él le ha dado el reino, el poder y la gloria, por siempre jamás. La eficacia de la vida de oración de la iglesia depende del nivel de la relación personal de la iglesia con Cristo
(Filipenses 3:10-12).

Doug Oss, PH.D., director of the Center for Expository Preaching, professor of Bible exposition, Assemblies of God Theological Seminary, Springfield, Missouri.

NOTAS

  1. John Nolland, Word Biblical Commentary, Lucas 9:21-18:34, vol. 35b (Dallas: Word, 1993), 610-12.
  2. Darrell Bock, Lucas, vol. 2. 9:51-24:53. Baker Exegetical Commentary on the New Testament (Grand Rapids: Baker, 1996), 1051,52.
  3. I. Howard Marshall y W. Ward Gasque, The Gospel of Luke: A Commentary on the Greek Text, The New International Greek Testament Commentary (Exeter, Englad: Paternoster, 1978), 456. Véase también Robert H. Stein, Vol. 24: Lucas (ed. electrónica) Logos Library System. The New American Commentary (Nashville: Broadman & Holman, 2001), 324.
  4. Marshall, 457.
  5. Bock, 1052.
  6. C.J.H. Wright. "Names of God," en The International Standard Bible Encyclopedia, ed. rev., G.W. Bromley, ed. (Grand Rapids: Eerdmans, 1988; 2002), 504. Gerard Van Groningen, "Names of God" en Baker Encyclopedia of the Bible, Walter A. Elwell, ed. (Grand Rapids: Baker, 1988), 880–88.
  7. Para más lectura sobre los usos de estos tres nombres véase Wright, 505,06; Van Groningen, 881,82; también Adonai no se trata aquí; para mayor información sobre Adonai véase Wright, 507.
  8. Wright, 507.
  9. Ibíd., 506.
  10. Van Groningen, 882.
  11. Ibíd., 883.
  12. Wright, 507; Van Groningen, 883,84.

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