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Los dones espirituales en la iglesia de hoy

Parte 4: Los dones de palabra

Por Douglas A. Oss

Los dones de palabra mencionados en 1 Corintios 12:10 son: profecía (propheteia), discernimiento de espíritus (diakriseis pneumaton), diversos géneros de lenguas (gene glosson), e interpretación de lenguas (hermeneia glosson).

Definición de los dones de palabra

La mayoría de eruditos pentecostales o carismáticos consideran que la revelación dada por medio de los dones de palabra en la iglesia de hoy no se puede igualar en calidad con las Escrituras, por las siguientes razones: (1) En el contexto inmediato, Pablo exhorta a la iglesia de los corintios a que juzguen las profecías, aparentemente para ver su exactitud y autoridad (14:29), algo que él nunca hubiera dicho acerca de las Escrituras. (2) El hablar en lenguas se describe como que el espíritu humano ora por impulso del Espíritu Santo, sin ninguna mención de “calidad autoritativa” como de las Escrituras (14:14). (3) El propósito definido de los dones es de edificación, no para producir Escrituras (12:7; 14:3–5,12,19,31).

Profecía

El uso en el Nuevo Testamento de propheteia indica que la profecía era un acto espontáneo de palabra inspirada —a diferencia de un estudio preparado de las Escrituras—, pero no inspirada en el mismo sentido que el canon. El contenido de las expresiones parece haber sido predictivo (véase, Hechos 11:28; 21:10), en una forma que al mismo tiempo era de naturaleza exhortativa (véanse, 1 Corintios 14:20–26; 1 Pedro 1:10–12). El ministerio profético era tan significativo en el Nuevo Testamento, que los que fueron asignados por el Señor como profetas (véase Efesios 4:11) se mencionan después de los apóstoles.

La profecía predice acontecimientos en el futuro (Hechos 11:28; 21:10,11) y manifiesta los secretos del corazón (1 Corintios 14:20–26), con el fin de dar exhortación colectiva o personal.

Discernimiento de espíritus

El discernimiento de espíritus (diakriseis pneumaton) está estrechamente relacionado con los dones proféticos y se refiere a la habilidad divinamente impartida de determinar las expresiones proféticas que son de Dios y las que no lo son (compárese 1 Tesalonicenses 5:19–22). Esto no necesariamente refleja los motivos del profeta, aunque los falsos profetas asaltan con dudas a los hermanos en la iglesia y deben ser identificados. Más bien, la necesidad de discernimiento muchas veces simplemente refleja la percepción falible del profeta. A veces, a pesar de los mejores esfuerzos del profeta, el mensaje puede ser mal percibido.

Muy claramente implicado en este don está el elemento subjetivo en el don profético. Las profecías no necesitan ser recibidas sin sentido crítico, como absolutas o vinculantes para el creyente. Se las debe “escudriñar” (la clase de juicio implicado por diakriseis;por ejemplo, los de Berea en Hechos 17:11).

Diversos géneros de lenguas

La más clara declaración definitiva acerca de las lenguas (gene glosson) está en 1 Corintios 14:14: “Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto.” Según este versículo, “lenguas” constituye una clase de oración en que el espíritu humano ora en una forma que transciende la capacidad de razón humana. Es una comunicación de espíritu a Espíritu.

El contexto amplifica el contenido de las lenguas para que incluya: oración, cantos, alabanza, y acción de gracias (vv. 15–17). La evidencia del libro de Hechos confirma la naturaleza básica de las lenguas como alabanza y declaración de las maravillas de Dios (véase, Hechos 2:11; 10:46; 19:6).

Muchas veces se usa 1 Corintios 14:2 en esta discusión para argumentar que las lenguas son exclusivamente una expresión del hombre a Dios: “Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios.” Este versículo refuerza el contenido del hablar en lenguas como expresión del espíritu humano a Dios; sin embargo, no necesariamente excluye la verdad de que los mensajes en lenguas pueden ser comunicación de Dios al hombre.

La declaración “de persona a Dios” de 14:2 puede ser debido a que no hay interpretación de lo que se trata en el contexto (14:1–17). Si alguien habla en lenguas en un culto de adoración y no hay interpretación, entonces la persona habrá hablado solamente a Dios, debido a que en ese punto la congregación no puede comprender lo que se ha dicho.

Interpretación de lenguas

La interpretación de lenguas se refiere a la traducción (hermeneuo y sus cognados) de lo que se ha hablado en lengua desconocida. Esta traducción expone el contenido del mensaje en un idioma que la congregación entiende, de modo que todos puedan ser edificados. Si el mensaje no tiene sentido para los oyentes, entonces no puede haber edificación (1 Corintios 14:1–19).

Con respecto a las lenguas en la adoración, casi siempre consideramos que el contenido de las interpretaciones es profético; las interpretaciones son virtualmente siempre de Dios al hombre. La enseñanza de 1 Corintios 14:1–5 indica que la profecía es equivalente a la interpretación de lenguas en términos de edificación; pero ninguna señala ni implica que el contenido será idéntico. Aunque no hay garantía bíblica para argumentar que nuestras prácticas tradicionales no corresponden, hay amplia evidencia en 1 Corintios y los Hechos para sugerir que el contenido de las lenguas puede también ser expresión del espíritu humano a Dios.

Por consiguiente, por lo menos algunas veces, el contenido de la interpretación será una expresión a Dios en la forma de una oración, una alabanza, una acción de gracias, o una canción.

La contribución al ministerio de los dones de palabra

El propósito de los dones de palabra es la edificación de la iglesia. Ellos edifican, específicamente mediante el contenido de lo que se habla. Las profecías pueden ser expresadas a grupos o individuos en la forma de exhortaciones o predicciones. El grupo o el individuo debe orar por el don profético compañero de discernimiento, con el fin de evaluar lo que se ha dicho. Los supuestos profetas a veces han abusado del don, especialmente en el ministerio a individuos.

La constante aplicación del criterio bíblico para la profecía será una ayuda en mantener equilibrio en la iglesia cuando se manifiesta este don. Cuando una persona es legítimamente dotada con este ministerio, es una fuente poderosa de estímulo y nunca se debe menospreciar (véase, 1 Tesalonicenses 5:19–22); pero la profecía tiene que ser examinada y pastoreada.

La profecía dada por el Espíritu Santo edifica, nunca derriba. Bendice al pueblo de Dios. Confirma y renueva pero nunca produce ansiedad o temor. Nunca usurpa la autoridad del pastor concedida por Dios. Además, este don revela los secretos del corazón de los inconversos y los lleva al arrepentimiento y a la adoración (1 Corintios 14:20–25). Finalmente, la profecía que está de acuerdo con la Palabra reflejará los principios del amor expresados en 1 Corintios 13:1–7.

Las lenguas y la interpretación que se manifiestan en conjunto edifican a la iglesia, así como las profecías. Las lenguas solas no pueden producir esto en un culto de adoración, debido al factor de comprensión, aunque las lenguas sin interpretación sí edifican al que las habla (1 Corintios 14:1–5,18,19).

Las lenguas que son interpretadas edifican a la iglesia por medio de oración, alabanza, acción de gracias, canto, y declaración de las maravillas de Dios, por tanto fungen en relación complementaria con el don profético.

Conclusión

Cada uno de los dones que se han cubierto en esta serie obran en conjunto para edificar a la iglesia, y ninguno de los dones expresados aisladamente pueden cumplir tanto como todos ellos en conjunto. El Espíritu otorga los dones según su voluntad con el fin de edificarnos, renovarnos, y guiarnos a toda verdad mientras Jesucristo va edificando su reino por medio de nosotros.

Douglas A. Oss, Ph. D. es profesor en el Seminario Teológico de las Asambleas de Dios en Springfield, Missouri.

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