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La Biblia en su contexto

Capítulo 1

¡Contexto, contexto, contexto!

¿Alguna vez le han citado fuera de contexto? A veces las personas citan algo que usted dijo, pero al ignorar el contexto de lo que usted dijo, pueden alegar que usted dijo algo diferente— ¡a veces lo opuesto a lo que usted quiso decir! A veces cometemos este mismo error con la Biblia. Es así que sectas como los testigos de Jehová o los mormones usan la Biblia para defender sus enseñanzas no bíblicas.

Uno de los recursos más importantes para entender la Biblia está en ella misma: el contexto. Algunos lectores quieren saltar inmediatamente a versículos que estén en cualquier parte de la Biblia. (A veces lo hacen usando las referencias que se encuentran en los márgenes de su Biblia; sin embargo, éstos fueron añadidos por los editores y no son parte de la Biblia en sí). Desafortunadamente, podemos hacer que la Biblia diga casi cualquier cosa si combinamos diferentes versículos; incluso hasta versículos que suenen similares, en el contexto pueden referirse a temas muy diferentes.

Usando este método, cualquiera podría pensar que el versículo de Romanos 3:28, que dice “que el hombre es justificado por fe sin las obras”, contradice el de Santiago 2:24, que dice “que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe”. En contraste, cada pasaje tiene sentido de manera especial si lo leemos en su contexto: el fluir de pensamiento de lo que viene antes y después del pasaje que estamos estudiando. En contexto, Santiago y Pablo quieren decir algo diferente cuando se refieren a “fe”. Ambos afirman que una persona se justifica ante Dios sólo por medio de una fe genuina que se expresa en una vida de obediencia bastante consecuente (vea más adelante nuestra discusión del asunto).

Si ignoramos el contexto, casi siempre vamos a malinterpretar lo que leemos en la Biblia. Los estudiantes de niveles avanzados pueden desear saltarse a capítulos posteriores, pero debido a que muchos estudiantes suponen que entienden el contexto mejor de lo que la realidad demuestra, instamos a los lectores a que al menos prueben el siguiente capítulo antes de seguir más adelante.

La importancia del contexto

El contexto es la manera en que Dios nos dio la Biblia, un libro a la vez. Los primeros lectores de Marcos no recurrieron a Apocalipsis para que les ayudase a entender Marcos; Apocalipsis no se había escrito todavía. Los primeros lectores de la carta a los gálatas no tuvieron una copia de la carta que Pablo escribió a los romanos que les ayudase a entenderla. Estos primeros lectores sí compartían cierta información común con el autor aparte del libro que recibieron. En este manual llamamos a esta información compartida “trasfondo”: cierto conocimiento de la cultura, historia bíblica que le antecede, etc. Pero lo más importante era que tenían el ejemplar individual de uno de los libros de la Biblia en frente de ellos.

Por lo tanto, podemos estar confiados de que los escritores de la Biblia incluyeron lo suficiente en cada uno de sus libros para ayudar a que los lectores entendiesen cada libro sin tener que acudir a referencias que no tenían. Por esa razón, el contexto es la clave académica más importante para la interpretación bíblica. (El trasfondo, lo que el escritor daba por sentado, también es importante; retomaremos ese tema en otro capítulo más adelante).

A menudo, ministros que son muy populares en nuestros días citan de manera aislada varios versículos que han memorizado, aunque esto signifique que usualmente dejarán el 99 % de los versículos bíblicos sin predicar. Una persona, aparentemente bien preparada, le dijo a un maestro de la Biblia que ella pensaba que el propósito de tener una Biblia era ¡para buscar los versículos que el ministro citaba en la iglesia! Pero la Biblia no es una colección de los versículos favoritos de la gente con mucho espacio en blanco entre ellos. Usando los versículos fuera de contexto se podría “demostrar” cualquier cosa acerca de Dios, o justificar casi cualquier tipo de comportamiento — así como lo testifica la historia. Pero en la Biblia, Dios se ha revelado a Sí mismo en Sus hechos en la historia, en los registros inspirados de esos hechos y en la sabiduría inspirada de Sus siervos cuando se refieren a situaciones específicas.

Las personas en mi cultura dan valor a todo lo que sea “instantáneo”— puré de papas “instantáneo”, comidas rápidas y muchas otras cosas por el estilo. De la misma manera, muchas veces tomamos atajos para la interpretación de la Biblia citando versículos al azar, o suponiendo que otros que nos enseñaron los han interpretado correctamente. Cuando esto sucede, dejamos de ser diligentes en buscar la Palabra de Dios (Pr. 2:2-5; 4:7; 8:17; 2 Ti. 2:15).

Un ministro muy prominente de Estados Unidos, Jim Bakker, estaba tan ocupado con su ministerio en favor de millones de personas, que no tenía tiempo para estudiar las Escrituras cuidadosamente en su contexto. Él confiaba en que sus amigos, cuyas enseñanzas ayudaba a promover, seguramente lo habían hecho. Luego, cuando colapsó su ministerio, pasó muchas horas escudriñando las Escrituras con sinceridad, y para su horror, se percató de que en algunos puntos, las enseñanzas de Jesús, interpretadas en el contexto, ¡significaban exactamente lo opuesto a lo que él y sus amigos habían estado enseñando! No es bueno nunca depender simplemente de lo que alguien más diga que Dios dice (1 R. 13:15-26).

Descubrí esto por mí mismo cuando siendo un cristiano joven, comencé a leer 40 capítulos de la Biblia al día (suficiente para leer el Nuevo Testamento cada semana o la Biblia completa cada mes). Quedé impresionado al descubrir cuánta Escritura había en esencia ignorado entre los versículos que había memorizado, y de cuán cuidadosamente el texto intermedio conectaba aquellos versículos. Me había estado perdiendo tanto, ¡por simplemente usar la Biblia para defender aquello que ya creía!

Después de que uno comienza a leer la Biblia leyendo un libro a la vez, rápidamente reconoce que los versículos sacados fuera de su contexto casi siempre quieren decir algo diferente cuando son leídos en su contexto. De hecho, no podemos fingir que la mayoría de los versículos se entienden si son sacados del contexto. Aislar los versículos de su contexto le falta el respeto a la autoridad de las Escrituras, puesto que este método de interpretación no puede ser aplicado de manera coherente a toda la Escritura. Lo que éste hace es tomar versículos que parecen explicarse por sí solos, pero deja a un lado la mayor parte de la Biblia, y la hace incapaz de ser usada de la misma manera. Predicar y enseñar la Biblia de la manera que ella nos invita a interpretarla—en su contexto original—nos explica la Biblia de manera precisa, y a la vez provee a los oyentes un buen ejemplo de cómo pueden aprender mejor de la Biblia por sí mismos.

Si leemos algún otro libro, no tomaríamos simplemente del medio del libro una declaración aislada e ignoraríamos las declaraciones que le rodean, y que nos ayudan a entender la razón por la que se hizo tal declaración. Si le diésemos un libro de cuentos a un niño que ya está aprendiendo a leer, lo más probable es que ese niño comience a leerlo desde el principio. El que tan a menudo la gente lea la Biblia fuera de contexto (más adelante ofreceré ejemplos) no es porque sea algo natural en nosotros, sino porque hemos sido enseñados de la manera errada por ejemplos frecuentes. Sin faltarle el respeto a aquellos que han hecho lo mejor que han podido sin haber entendido el principio del contexto, debemos aprovechar ahora la oportunidad de comenzar a enseñar a la próxima generación a interpretar la Biblia de la manera correcta.

Muchas contradicciones que algunos lectores dicen encontrar en la Biblia surgen simplemente de ignorar el contexto del pasaje que citan, saltando de un texto a otro sin tomarse el tiempo de primero entender cada texto en sus propios términos. Para desarrollar un ejemplo de lo ofrecido anteriormente, de que cuando Pablo dice que una persona es justificada por la fe sin obras (Romanos 3:28), su contexto deja claro que él define la fe como algo más que la aprobación pasiva a un punto de vista; la define como una convicción de que Cristo es nuestra salvación, una convicción sobre la cual uno descansa su vida (Ro. 1:5).

Santiago declara que nadie puede ser justificado por la fe sin obras (Santiago 2:14) — porque él usa la palabra “fe” para referirse a la aprobación sencilla de que algo es verdadero (2:19); él exige que tal aprobación sea demostrada activamente por la obediencia, para mostrar que es genuina (2:18). En otras palabras, Santiago y Pablo usan la palabra “fe” de maneras diferentes, pero no se contradicen entre ellas en cuanto al sentido. Si ignoramos el contexto y simplemente conectamos diferentes versículos sobre la base de que las palabras se parecen, entonces terminaremos con contradicciones bíblicas que los escritores originales nunca se hubiesen imaginado.

Niveles de contexto

La mayoría de nosotros estamos de acuerdo en que debemos leer la Biblia en contexto, pero, ¿hasta dónde contextualizamos? ¿Será suficiente simplemente leer el versículo que le antecede y el que le sigue al que estamos citando? O, ¿deberíamos estar familiarizados con el párrafo que va delante y con el que va después? O, ¿deberíamos estar familiarizados con todo el libro de la Biblia en el cual toma lugar el pasaje? Aunque en la práctica la respuesta a esta pregunta depende hasta cierto punto de la parte de la Biblia que estemos estudiando (el contexto es menos extenso en Proverbios que en Génesis, o que en 2 Corintios), como regla general debemos pensar en cada pasaje teniendo en cuenta su contexto inmediato y a la vez el contexto del libro de la Biblia en que se encuentre.

Muchos eruditos bíblicos han hablado sabiamente acerca de varios niveles de contexto para cualquier texto. En primer lugar, la mayoría de los textos tienen un contexto inmediato dentro del párrafo en que se encuentran o en los párrafos que los rodean.

En segundo lugar, podemos tener en cuenta el contexto de todo el libro en el que se encuentra el pasaje, que es la unidad del texto como un todo, respecto a la cual podemos estar seguros de que los primeros escritores esperaban que los primeros lectores tuviesen delante de ellos.

En tercer lugar, a veces necesitamos tener en cuenta todo el contexto de la enseñanza de ese escritor. Por ejemplo, aunque los corintios no podían consultar la carta de Pablo a los gálatas, ellos estaban familiarizados con un trasfondo más amplio de sus enseñanzas de lo que nosotros solamente encontramos en 1ra de Corintios, porque durante dieciocho meses Pablo les enseñó personalmente (Hechos 18:11). Todo lo que podamos aprender acerca de la enseñanza de Pablo, nos puede ser útil, teniendo en cuenta que le demos la primera prioridad a lo que le dice a su audiencia en la carta específica que estamos tratando de entender.

En cuarto lugar, existe el contexto de la información compartida — el trasfondo que el escritor original compartía con sus lectores. Parte de este trasfondo puede estar disponible en la Biblia (por ejemplo, Pablo esperaba que muchos de sus lectores conociesen el Antiguo Testamento); pero averiguar el trasfondo también puede necesitar investigación extra (aunque los primeros lectores, quienes normalmente ya lo sabían, lo podían dar por sentado).

Finalmente, podemos observar el contexto de la revelación completa de Dios en la Biblia. Pero este debe ser nuestro último paso, no el primero. Demasiadas veces queremos explicar un versículo a la luz de otro, antes de haber entendido realmente cualquiera de los dos a la luz del contexto inmediato en el que ocurren. Como en el ejemplo de Romanos y Santiago que ya mencionamos, una palabra o hasta una frase en particular no llevan siempre el mismo significado en cada pasaje.

2 Timoteo 3:16-17 declara que “toda la Escritura es… útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”. Toda la Escritura comunica un sentido que es esencial para la iglesia—como ya lo hemos puntualizado, sin “espacios en blanco” entre nuestros versículos favoritos. Sin embargo, para aplicar este principio debidamente, debemos determinar de qué unidad de la Biblia se encuentra hablando Pablo (lo que quiere decir como “Escritura”). Obviamente Pablo no se refiere simplemente a las palabras individuales de la Biblia; aunque las palabras individuales en la Biblia son importantes porque contribuyen al significado del texto, pero una palabra individual, aislada en sí misma, no puede trasmitir mucho significado. (Necesitamos la palabra “y”, pero por sí sola no comunica ningún significado universal u específicamente cristiano). Debemos estar seguros de predicar de la Biblia, ¡no de un diccionario! Este es el peligro de que nos enfoquemos en las palabras por sí solas, en vez de en su función más amplia en oraciones y pasajes.

A pesar de que este principio es obvio (que las palabras individuales no son la unidad primaria de significado), los que leen la Biblia a veces lo ignoran. Una vez leí un devocional basado en Ezequiel 28 que se enfocaba en la palabra “sabiduría”, y el cual explicaba cuán maravillosa era la sabiduría (basada en su significado en un diccionario de hebreo). El escritor explicaba con detalles la necesidad de tener sabiduría y nunca se molestó en señalar que Ezequiel 28 se refiere al malvado príncipe de Tiro, quien se gloriaba en tener sabiduría, la cual representa la simple sabiduría mundanal. En otras palabras, este expositor no estaba predicando a partir de Ezequiel 28, ¡sino de un diccionario de hebreo! A aquellos que siguen el significado de una palabra a través de toda la Escritura, y luego preparan todo un sermón basado en sus resultados, les pudiera ir mejor (siempre y cuando reconozcan las diferentes formas en que la palabra puede ser usada en diferentes pasajes).

A veces no necesitamos estudiar el significado de una palabra de esta manera; pero aquellos que predican a partir de un listado de versículos en donde aparece esa palabra, todavía corren el riesgo de estar predicando a partir de una concordancia, y no de la Biblia misma. Dios no inspiró la Biblia en secuencia de concordancia; la inspiró libro por libro.

Incluso, enfocarse en un versículo leído en su texto inmediato puede ser problemático (aunque menos problemático), porque ese versículo puede que no represente una unidad de pensamiento completa. Las referencias de versículos no fueron añadidas a la Biblia cuando estaba siendo escrita, sino que fueron añadidas después que estuvo terminada. La unidad de pensamiento es a menudo más grande que un versículo, y no puede tener el sentido correcto fuera de su contexto.

Por ejemplo, que Jesús llorara puede ser instrucción útil para algunas personas que piensan que llorar es un signo de debilidad, pero recordar el contexto nos da un principio más generalmente útil. “Jesús lloró” porque lloró con amigos que estaban sufriendo dolor: este ejemplo nos enseña que es importante llorar con aquellos que lloran, y que Jesús mismo se preocupa por nuestro dolor lo suficiente como para compartir nuestro dolor junto a nosotros.

Usualmente podemos tomar un párrafo como toda una unidad de pensamiento, pero hasta los párrafos en ocasiones no representan la unidad total de pensamiento en el texto. Los párrafos varían en tamaño, pero los identificamos como párrafos distintos precisamente porque son en sí mismos pensamientos completos. Sin embargo, estas unidades de pensamiento a menudo se conectan con otras unidades de pensamiento de manera tal que se torna difícil separarlas de los pensamientos que le rodean. Aunque la mayoría de los párrafos contienen por lo menos un dato o principio, ese dato es a veces demasiado corto para ser usado por sí solo como la base para todo un sermón. Por mucho que prefiero la predicación expositiva (predicar a partir de un párrafo o pasaje), algunos textos no se prestan tan fácilmente para este tipo de enfoque.

Por ejemplo, cuando Pablo se despide de sus amigos en Hechos 20:36-38, el indiscutible amor que se tenían (evidenciado en la triste despedida) nos proporciona un dato crucial: Debemos tener en el presente ese tipo de amor y de entrega los unos por los otros en el cuerpo de Cristo. Pero podemos articular ese principio de una manera más amplia si leemos esos versículos a la luz del discurso de despedida de Pablo que les precede (Hechos 20:18-35). Y en ese pasaje podemos encontrar suficiente material para un amplio sermón o estudio bíblico — si deseamos adherirnos a lo que tenían disponible los primeros lectores de los Hechos — si solamente siguiéramos el tema de ese pasaje acerca del amor de los cristianos de los unos a los otros a lo largo de todo el libro en el cual aparece. (Ej.: 2:44-45; 4:32-35; 14:28; 28:14-15).

A la mayoría de las congregaciones le gustaría más de un punto del cual aprender, ¡o por lo menos más que una sola ilustración de ese punto! Comentar acerca de la unidad en Juan 17:23 puede ser difícil de desmenuzar, a menos que veamos cómo Juan enfatiza la unidad en términos del amor mutuo (13:34-35) y los tipos de barreras que la unidad debe sobrepasar (Jesús traspasa una barrera étnica de envergadura cuando le ministra a una mujer samaritana en Juan 4). Leer este versículo acerca de la unidad en el contexto de todo el evangelio de Juan nos llama a que traspasemos barreras tribales y culturales para amar a nuestros hermanos cristianos.

Un profesor de Homilética en Estados Unidos me dijo que se hallaba escéptico en cuanto a que toda la Biblia era la Palabra de Dios; él dudaba que se pudiera predicar a partir de un pasaje como el de cuando los siervos de David le trajeron una concubina para mantenerlo caliente (1 R. 1: 2-4). Entonces le indiqué que esos versículos eran parte de un contexto más amplio. Después que David pecó, Dios le anunció que el juicio vendría sobre su casa, y que hasta incluso vendría de aquellos cercanos a él (2 Samuel 12:11). Esto se cumplió con la revuelta de Absalón, posiblemente el hijo mayor de David después de la muerte de Amnón.

Pero ahora otro hijo de David, el que le sigue al mayor Absalón, está buscando apoderarse del trono (1 R. 1:5). Los versículos que hablan acerca de David al no ser capaz de mantener el calor nos muestran cuán débil y susceptible estaba para esta nueva revuelta; la mención de la concubina ayuda a explicar por qué Adonías llega a merecer más adelante la muerte al pedirla para casarse con ella (1 R. 2:21). Casarse con una concubina del antiguo rey era posicionarse a sí mismo como rey (1 R. 2:22; cf. 2 S. 16:21-22) — ¡Adonías persiste en derrocar el reinado de Salomón! Sin leer toda la historia, se podría pasar por alto el propósito de cada versículo en particular. Pero ciertamente tienen un propósito, y el resto de la historia, sin ellos, no tendría sentido.

Finalmente, el contexto se extiende más allá de las palabras, los versículos y los párrafos a toda la estructura de cada libro de la Biblia. Esto es probablemente lo que Pablo quiere decir cuando dice que “toda la Escritura es inspirada”. La palabra griega aquí para denotar “Escritura” es graphë, que significa “un escrito”. En la mayoría de los casos, cada libro de la Biblia sería escrito en un rollo individual como un texto individual; diferentes libros de la Biblia fueron usualmente escritos como libros completos para dirigirse a diferentes situaciones en el Israel antiguo o en la iglesia. Aunque estos libros a veces consistían en materiales más antiguos (ej., historias acerca de Jesús que circularon antes de que los escritores de los Evangelios los escribieran), los tenemos en nuestras Biblias como unidades completas, y debemos leerlas como tal.

Por ejemplo, Dios nos dio los cuatro Evangelios en vez de uno, porque quería que miráramos a Jesús desde más que una simple perspectiva. (Jesús fue demasiado grande para que simplemente un Evangelio, con su énfasis distintivo, nos enseñase lo suficiente acerca de Él). Si simplemente mezclamos partes de diferentes Evangelios sin reconocer lo que es característico de cada uno, podemos dejar de notar las perspectivas que Dios quiso que obtuviésemos de cada uno.

Aunque podemos predicar desde una narrativa individual de los Evangelios y explicar el texto con fidelidad, haríamos mucho mejor si entendiésemos cómo esa historia bíblica en particular encaja en los temas de ese Evangelio completo en el cual aparece.

En otros casos, el contexto del libro es absolutamente necesario, y no tan solo una linda adición. Por ejemplo, la carta de Pablo a los romanos es un argumento bien entrelazado. Leer cualquier pasaje de Romanos sin entender el flujo de lógica existente en todo el libro nos dejará con tan solo un trozo de argumento. Hay que reconocer que mucha gente lee Romanos de esta forma, pero debido a que este libro se encuentra tan estrechamente conectado, de Romanos se hace un estudio bíblico pasaje a pasaje mucho menos productivo como el que se hace de Marcos. Necesitamos saber que todos han pecado (Ro. 1—3), pero fácilmente se podrían usar muchas semanas analizando esa parte de Romanos antes de llegar a la justificación por fe, o al poder para llevar una vida recta.

Sin embargo, en Marcos nos encontramos con nuevos temas de estudio en casi cada párrafo, y un grupo de estudio bíblico podría tomar fácilmente un pasaje o capítulo cada semana sin sentir que no entenderá lo que quiere decir el autor hasta que pasen unas semanas más. Pablo escribió Romanos como una carta que debía ser leída como un argumento estrechamente entretejido, ¡todo de una vez! Incluso, hasta la primera audiencia de Marcos probablemente leyó todo su Evangelio de una vez, de una sola sentada. Este evangelio funciona como un informe unificado, prefigurando la inminente muerte y resurrección de Cristo desde el principio hasta el final. Hasta que no entendamos la función de un pasaje a la luz del argumento general del libro en que ocurre, no estaremos respetando completamente la manera en que Dios lo inspiró.

Si Dios inspiró cada Escritura—refiriéndose al menos a cada “escrito” o libro de la Biblia—para que fuese útil, entonces debemos tratar con cada libro de la Biblia como un todo para que lo podamos comprender a cabalidad. (En algunos casos, en donde simplemente se han colocado al azar unidades independientes de pensamiento—por ejemplo, salmos en el Libro de los Salmos, la mayoría de los proverbios en el Libro de Proverbios, y muchas leyes en las secciones legales de Éxodo y Deuteronomio—este principio es menos importante. Pero es muy importante como principio para leer la mayor parte de las Escrituras, y especialmente para argumentos estrechamente entrelazados como es el caso de Romanos o en libros de símbolos interdependientes como es el caso de Apocalipsis).

Este principio tiene serias implicaciones para nuestro estudio bíblico. En vez de leer versículos en la Biblia desde primera instancia con una concordancia o con las referencias en cadena de nuestra Biblia, necesitamos aprender a leer libros completos de la Biblia. Preferiblemente deberíamos leer los más cortos como el de Marcos dentro de un mismo contexto; por lo menos deberíamos enfocarnos en un libro en particular por un período de tiempo en particular. No es útil ir simplemente saltando de libro en libro sin regresar a un libro en particular.

Objeciones en cuanto al contexto

Aquí debo lidiar con una objeción que surge en algunos círculos en cuanto al contexto. Algunas personas citan la Escritura fuera de contexto, y entonces alegan que están en lo correcto porque poseen especial autoridad o especial revelación dada por Dios. Pero deberían ser honestos al decir que esta revelación es particular, y que no es Escritura. Todas las revelaciones deben ser probadas (1 Co. 14:29; 1 Ts. 5:20-21), y Dios en parte nos dio la Biblia para que pudiéramos probar otras revelaciones. Nadie tiene la autoridad de atrofiar los derechos de los oyentes en cuanto a evaluar sus argumentos de las Escrituras al decir que tiene una revelación acerca del significado de la Escritura, el cual los oyentes no puedan evaluar al estudiarlo por sí mismos.

De lo contrario, ¡cualquiera podría decir que la Escritura significa cualquier cosa! Cualquier punto de vista puede ser defendido basándose en textos fuera de contexto; cualquier teología puede hacer que sus razonamientos suenen coherentes. Los Testigos de Jehová hacen esto todo el tiempo. No nos atrevamos a basar nuestra fe en el estudio que otra gente haya hecho de la Biblia, sino la debemos basar en la Biblia misma.

Deberíamos ser muy cuidadosos en lo que decimos que enseña la Biblia. Cuando decimos: “La Biblia dice tal cosa”, es como si estuviéramos diciendo: “Esto es lo que dice el Señor”. En los días de Jeremías algunos falsos profetas decían que hablaban de parte de Dios, pero en realidad hablaban a partir de su propia imaginación (Jeremías 23:16) y se robaban entre ellos sus mensajes (Jeremías 23:30), en vez de escuchar la voz de Dios (Jeremías 23:22). Dios en Su inmensa soberanía puede hablar a las personas por medio de la Escritura fuera de contexto si lo quisiera, así como también puede hablar por medio de un ave, un poema o un asno; si Dios es todopoderoso (Apocalipsis 1:8), puede hablar de la manera que a Él le plazca. Pero no acostumbramos acudir a los asnos para que nos enseñen la verdad, y el hecho de que Él le hable a una persona por medio de un versículo fuera de contexto, eso no determina que ese sea siempre su significado para todo el mundo. El significado universal del texto es el significado al cual todos los lectores tienen acceso, dígase, lo que significa en su contexto.

Cuando era un joven cristiano recién convertido, me encontraba pasando un curso de latín, y se suponía que como tarea tradujese a César. Queriendo leer tan solo mi Biblia y no hacer mi tarea, abrí mi Biblia al azar esperando encontrar algún texto que dijese: “Déjalo todo y sígueme”. En vez de eso, encontré: “Pues dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios”. Dios escogió responder a mi necia forma de acercarme a las Escrituras al nivel que se merecía, pero esto en lo absoluto quiere decir que ahora este texto haga un llamado a todos los cristianos ¡a que traduzcan la obra de Cesar: La guerra contra los galos!

Han de analizarse todas las veces que se alegue haber escuchado la voz de Dios (1 Co. 14:29; 1 Ts. 5:20-21), y escuchar lo que otra persona alegue puede meternos en problemas si no lo examinamos con cuidado (1 R 13:18-22). Pablo nos advierte: “Si alguien cree ser profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo es mandamiento. Pero si alguien lo ignora, él será ignorado” (1 Cr. 14:37-38, RVA). La única revelación a la que todos los cristianos pueden mirar con certeza es la Biblia; podemos estar seguros de que lo que quiere decir es lo que Dios quiso decir cuando inspiró a los autores originales para que comunicaran su mensaje original. Esta es la única revelación sobre la cual todos los cristianos concuerdan como el “canon”, o vara de medir, con respecto a todas las demás alegaciones de revelación. Es por ello que debemos hacer todo lo mejor que podamos para entenderla, predicarla y enseñarla de la forma en que Dios nos la dio, en contexto.

Algunos dicen que en el Nuevo Testamento los apóstoles tomaron pasajes de las Escrituras fuera de su contexto, lo cual nos autoriza a hacer lo mismo. Algunos críticos judíos no creyentes usan el mismo argumento para decir que los que escribieron el Nuevo Testamento no se encontraban realmente inspirados por el Espíritu Santo. Podríamos responder que no importa cuán guiados nos encontremos por el Espíritu, no nos encontramos escribiendo Escrituras. Pero la realidad es que las alegaciones acerca de que los escritores del Nuevo Testamento tomaron el Antiguo Testamento fuera de su contexto, en su mayoría están sobrevaloradas. Los ejemplos que los críticos dan caen usualmente en una de tres categorías, de las cuales ninguna nos autoriza a descubrir el significado de un texto ignorando su contexto.

En primer lugar, al responder a los oponentes que usaban documentos originales, los escritores bíblicos a veces respondían en consecuencia (“respondiendo al necio conforme a su necedad”, tal como dice Proverbios).

En segundo lugar, y más comúnmente, ellos simplemente sacaban analogías del Antiguo Testamento para ilustrar principios hallados en dichos textos o en las vidas que presentaban.

En tercer lugar, y quizás la más repetida, los textos que pensamos que están fuera de contexto reflejan nuestra incapacidad de reconocer la manera compleja en la que el escritor ha usado el contexto.

Algunos eruditos no cristianos han acusado a Mateo de citar Oseas 11:1 (“de Egipto llamé a mi hijo”) fuera de su contexto, y a veces lo presentan como uno de los casos más notables en los que los escritores del Nuevo Testamento malinterpretaron el contexto. Ellos hablan de esta manera porque Oseas está refiriéndose a Dios liberando a Israel de Egipto, mientras que Mateo aplica el texto a Jesús. Pero Mateo conoce muy bien el versículo: en vez de depender de la traducción de Oseas en griego común, él hace su propia y aún más correcta traducción a partir del hebreo. Si leemos el contexto de Mateo, vemos que este no es el único lugar en donde compara a Jesús con Israel: así como Israel fue probado por cuarenta años en el desierto, Jesús fue probado por cuarenta días (Mateo 4:1-2). Mateo también conoce el contexto de Oseas: así como una vez Dios llamó a Israel desde Egipto (Oseas 11:1), Él traerá un nuevo éxodo y una nueva salvación para Su pueblo (Oseas 11:10-11). Jesús es el precursor, el pionero, de esta nueva era de salvación para Su pueblo.

En el mismo contexto, Mateo aplica Jeremías 31:15 (donde Raquel llora por el exilio de Israel) para la matanza de infantes en Belén (Mateo 2:17-18), cerca de la cual Raquel fue enterrada (Gen 35:19). Pero Mateo conoce el contexto de Jeremías: después de anunciar la tragedia de Israel, Dios promete restauración (Jeremías 31: 16-17) y un nuevo pacto (Jeremías 31:31-34). Mateo compara esta tragedia ocurrida en la niñez de Jesús con una en la historia de Israel, porque él espera que sus primeros lectores con cierto conocimiento bíblico reconozcan que tal tragedia formaba el preludio de la salvación mesiánica. Mateo también conoce muy bien el contexto de Isaías 7:14, el cual cita en Mateo 1:23 (vea su debate en el capítulo 2 a continuación); el contexto permanece fresco en la mente de Mateo cuando cita Isaías 9: 1-2 en Mateo 4:15-16. Mateo no está ignorando el contexto: él está comparando el ministerio de Jesús con la historia de Israel y las promesas que esos mismos contextos evocan. ¡Él leyó el contexto mejor que lo hicieron sus críticos!

Respondiendo ante Dios

En diferentes partes del cuerpo de Cristo enseñamos muchas cosas; nuestra única base para el diálogo es nuestro común fundamento en las Escrituras. Pero si podemos hacer que las Escrituras digan lo que queramos al sacarla de su contexto, no podremos decir que tenemos verdaderamente un fundamento común.

A veces, la mala interpretación marca una diferencia de vida o de muerte: por ejemplo, en el pasado, algunas persona justificaban las indulgencias (pagar dinero a la iglesia para recibir el perdón) o la esclavitud. Este estudio es acerca de los métodos de interpretación, no de doctrinas, pero tomemos por ejemplo algunos puntos de vista que se creen comúnmente hoy en día. No estoy preguntando si estamos equivocados o no con tales enseñanzas, sino cuáles podrían ser las consecuencias si estuviésemos equivocados. Si lo que enseño (y no tan solo la interpretación errada de los oyentes) hace que la gente crea que una vez que han pronunciado cierta oración serán salvos, no importa cómo vivan o a qué religión se conviertan después, más vale que esté en lo cierto; de lo contrario tendré que dar mucha explicación ante Dios si estoy equivocado.

Y si por el contrario, lo que enseño (y no tan solo la interpretación errada de los oyentes) hace que la gente viva insegura de su relación con Dios al punto que algunos se rindan por la desesperación, tendré que dar muchas cuentas ante Dios si me encuentro en lo incierto. Si enseño acerca de la sanidad de tal manera que la gente tiene miedo de confiar en Dios, y la gente sufre o muere pudiendo ser restaurada, debo responder ante Dios. Si enseño que todos los que creen serán sanados, y si algunos que no son sanados entonces dejan de creer, debo responder ante Dios.

La cuestión no es si tendremos que responder ante Dios, ya que todos tendremos que dar cuenta delante de Él de cualquier forma, sino más bien si seremos hallados fieles por Él con respecto a lo que nos ha enseñado. Lo que enseñamos puede traer consecuencias de vida o de muerte en las vidas de las personas. Si lo que enseñamos es lo que realmente dice la Biblia, la responsabilidad cae sobre la Biblia y el Dios que la dio, pero si lo que enseñamos es nuestra interpretación errada de la Palabra de Dios, tenemos que llevar nuestra responsabilidad ante Dios. Puedo imaginar que, en el día del juicio, mucha gente protestará diciendo: “Pero si yo tan solo predicaba lo que el señor fulano de tal predicaba”.

Pero es que muchos de los “mega-predicadores” han pasado más tiempo promoviéndose a sí mismos y en hacerse “grandes” que lo que han pasado estudiando la Biblia. (Si usted se mete de a lleno en la Biblia, sabrá quién es quién). Cuando nos presentemos ante Dios, no podremos culpar a los “mega-predicadores” por lo que hemos enseñado. Dios nos dio una Biblia, no para que memorizáramos las teorías de otros predicadores, sino para que pudiéramos encontrar lo que Dios en verdad nos enseña.

En el siguiente capítulo examinaremos ejemplos de versículos dentro del contexto—en parte para ilustrar cuán necesario es que estudiemos el contexto con más cuidado aún, a pesar del hecho que todos profesemos ser sus partidarios. De manera deliberada seleccioné textos que a menudo son usados fuera de su contexto en los círculos dentro de la iglesia que mejores conozco. Imparto clases a estudiantes de muchas denominaciones (y a otros que no pertenecen a ninguna), y veo que la mayoría de estos textos son conocidos por casi todos ellos en su manera descontextualizada. Sin embargo, casi siempre, después de juntos haber examinado estos textos dentro de su contexto (o después de que los alumnos los estudien dentro de su contexto), llegamos a un consenso casi unánime (por lo general unánime) con respecto a lo que ellos significan.

Después de examinar “el contexto inmediato” en el capítulo que le sigue, nos trasladaremos a otros temas en los capítulos que siguen. Primero, trataremos el tema del contexto integral del libro, el cual incluye reconocer la estructura del argumento (en libros como el de Romanos con argumentos muy estrechamente relacionados) y desarrollar temas (en libros más como el de Marcos). Luego, nos dirigiremos a temas como el del contexto histórico y el situacional—“trasfondo”—asegurándonos que nos estemos refiriendo a los mismos tipos de asuntos que los autores bíblicos se referían. También trataremos los diferentes tipos de escritos en la Biblia (estilos, géneros y formas como las parábolas).

Craig Keener es profesor de Nuevo Testamento en el Seminario Teológico Asbury y graduado del Seminario Teológico de las Asambleas de Dios. Es autor de quince libros, entre ellos un comentario del Nuevo Testamento (vendido en más de medio millón).

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