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Capítulo 5

Trasfondo bíblico

En cualquier tipo de comunicación, algunos asuntos pueden ser planteados, pero otros pueden dejarse como presuposiciones. Por ejemplo, me encuentro escribiendo en español suponiendo que tanto yo como mis lectores sabemos español. Si Pablo escribió los corintios en griego, él suponía que ellos sabían griego. Yo presupongo que mis lectores saben lo que es una Biblia, y no estaría mal suponer que mis lectores saben lo que es un auto, un radio y una computadora. Los lectores de Pablo no conocían ninguna de estas cosas, excepto lo que era la parte de la Biblia llamada Antiguo Testamento.

Así mismo, Pablo podía aludir a costumbres específicas que sus lectores practicaban sin tener que explicárselas, porque los corintios sabían exactamente a qué se refería. (Por ejemplo, “el bautismo de los muertos”, 1 Corintios 15:29). Pero para nosotros entender lo que Pablo quería decir, debemos conocer griego o poseer una traducción, y deberíamos conocer la cultura que compartían los escritores bíblicos con sus audiencias o tener acceso a recursos que nos ayuden a explicar esa cultura. Lo que el escritor podía presuponer como parte de lo que quería decir era tan parte del significado como lo que tenía que plantear.

Anteriormente hemos resaltado la importancia del contexto del libro completo porque la mayoría de los libros de la Biblia resaltan temas específicos que hablan de asuntos específicos. No deberíamos saltar de un libro de la Biblia a otro (excepto en donde un libro se refiere específicamente a otro que haya circulado previa y ampliamente), al menos no hasta que hayamos primero deducido lo que quiere decir cada pasaje en su propio contexto.

Pero una razón por la que libros específicos enfatizan temas específicos es porque hablan de situaciones específicas. Aunque muchas personas a veces ignoran tales versículos, muchos versículos exponen explícitamente audiencias específicas para estos libros—por ejemplo: los cristianos en Roma (Romanos 1:7) o en Corinto (1 Co. 1:2). Hay maneras apropiadas de aplicar estos libros en el presente, pero en primer lugar debemos tomar en serio lo que estas obras de manera explícita dicen ser: obras dirigidas a audiencias específicas, tiempos específicos y lugares específicos. En otras palabras, antes de que podamos determinar cómo aplicar el significado antiguo en el presente, debemos entender el significado antiguo. Pasar por alto este importante paso en la interpretación bíblica es ignorar lo que la Biblia dice de sí misma.

Cuando Pablo escribía las cartas, el mismo género en el cual las escribía nos recuerda que hablaba de situaciones específicas, como lo suelen hacer las cartas. De esta manera, por ejemplo, en 1 Corintios Pablo habla de cuestiones acerca de la comida ofrecida a los ídolos, el cubrirse la cabeza, y de otros asuntos que los cristianos hoy en día ven usualmente como relevante solamente en algunas culturas. La carta también habla de la división entre los seguidores de Pablo y los de Apolos, la cual no ocurre exactamente en esa forma hoy en día; sí tenemos que lidiar con las divisiones en la iglesia, pero pocos son los que hoy en día dicen ser de Apolos. Si leemos las cartas como cartas, recordemos buscar las situaciones específicas que tratan.

Debemos considerar incluso la relevancia de las narrativas para la primera audiencia a la que fueron dirigidas. Por ejemplo, si Moisés escribió Génesis para aquellos que acababan de ser libertados de la esclavitud en Egipto, inmediatamente se pudieron haber identificado con José, quien también había sido esclavo en Egipto antes de su exaltación. El énfasis repetido en Génesis acerca de la promesa de la tierra santa también ofrecería gran aliento a los israelitas, quienes estaban a punto de entrar a ella y conquistarla. Al considerar la envergadura de la relevancia de la Biblia para su audiencia original no hace que ella sea menos relevante para nosotros; más bien, nos enseña a cómo descubrir adecuadamente su relevancia. Todo lo que está escrito en la Biblia es para todos los tiempos, pero no todo lo que está en la Biblia es para todas las circunstancias.

Algunos ejemplos de enseñanzas específicas de cultura encontradas en la Biblia

Todos reconocemos que algunos mandamientos en la Biblia estaban limitados al período del que hacen referencia. Moisés dice que construyan una “baranda” (NVI) alrededor del techo para no ser culpable de derramamiento de sangre si alguien se cae de él (Dt. 22:8); sin embargo, la mayoría de nosotros no construimos barandas alrededor de nuestros terrados (techos). ¿Nos encontramos acaso desobedeciendo este pasaje?

Resulta que allá por los tiempos de Moisés, la gente tenía sus techos planos y la gente solía pasar tiempo en el techo, a menudo con sus vecinos. Así que, si el hijo de un vecino se caía del techo, se podía lastimar; por lo tanto, Moisés manda a construir una baranda alrededor de los techos para proteger a los vecinos. En el presente, si bien no llevamos a nuestros vecinos al techo, el sentido para nosotros no es la baranda, sino que el principio aplicable es que cuidemos a nuestros vecinos (prójimos). Por ejemplo, cuando alguien sube a nuestro auto, tratamos de que se ponga el cinturón de seguridad, pero no habríamos descubierto el principio si no hubiésemos entendido el trasfondo.

Algunos en nuestro tiempo tratan de sacar doctrina específicamente de las cartas de Pablo, así que tomemos algunas del Nuevo Testamento como ejemplos. Pablo le dice a Timoteo que vaya a Troas y le traiga su capa que allí se encuentra (2 Ti. 4:13, NVI); sin embargo, ninguno de nosotros trata de obedecer este mandamiento explícito de las Escrituras yendo a las excavaciones de Troas para buscar la capa de Pablo. (Incluso aunque Pablo también llama a Tito a que venga a donde está él en Tito 3:12, no vemos que visitar a Pablo en Roma sea un mandamiento para nosotros en el presente).

Incluso si Timoteo no hubiese podido buscar la capa, e inclusive si aún existiera y pudiéramos estar seguros de que era la de Pablo, solamente una persona podía en realidad ir a buscarle la capa. ¡Y ninguno de nosotros podría llevársela a Pablo! Este pasaje de las Escrituras está dirigido a la única persona que podía llevarlo a cabo, es decir, Timoteo.

Del mismo modo, ¿realmente necesitamos cuidarnos de Alejandro el herrero? (2 Ti. 4:14-15) Aun si el promedio de vida de las personas fuese por encima de los 150 años, ciertamente ya hace tiempo habría muerto. (Para otras alusiones con situaciones específicas, ver ejemplos en 2 Ti. 1:2-6; 3:14-15; 4:20; Tit. 1:4-5). Podemos aprender principios a partir del vínculo de Pablo con Timoteo y de sus advertencias con respecto a la oposición, pero no podemos expresar que esos planteamientos son literalmente mandamientos para nuestros días.

Reconocemos estos ejemplos como absurdos. Protestamos diciendo: “¡Esos mandamientos fueron dados solamente a Timoteo!”. Nuestra protesta es correcta, pero ¿cuántos otros mandamientos en 1ra y 2da de Timoteo pueden haber sido solamente para Timoteo o sólo para la cultura efesia del primer siglo?  No podemos dar por contestada esta pregunta simplemente adivinando una respuesta que sea de nuestra preferencia, ni tampoco podemos ignorar la pregunta y estar siendo consecuentes. Pablo probablemente estaba consciente de que el Espíritu le guiaba a medida que escribía (1 Co. 7:40; 14:37), pero es muy dudoso que él esperase que los cristianos tratasen de aplicarse esta carta dos mil años más tarde—o que esperase que la historia de la humanidad fuera a durar dos mil años más (cf. 1 Co. 7:29; “nosotros” en 1 Ts. 4:17). Si ellos en realidad tratasen de aplicar esta carta dirigida a Timoteo, él esperaría que tomasen en cuenta lo que esta porción de la Escritura dice ser explícitamente: una carta a Timoteo (1 Ti. 1:2; 2 Ti. 1:2). 

Hoy, muchos cristianos cuestionan la fe de otros que no interpretan literalmente cada texto que ellos sí interpretan literalmente. Sin embargo, nosotros no tomamos todos los textos de manera literal—o por lo menos no queremos aplicarnos directamente algunos textos sin tener en cuenta que nuestra situación es diferente. Pablo le dice a Timoteo que trate de no tomar agua, y que en su lugar tome vino, a causa de su estómago (1 Ti. 5:23). En verdad, Pablo no le estaba diciendo a Timoteo que se emborrachara; en el tiempo de Pablo, la mayoría de los vinos eran rebajados con agua, a dos partes de agua por una de vino, y el vino no era destilado, por lo que el contenido de alcohol no era alto.

Al mismo tiempo, antes de la refrigeración y el sellado hermético, cualquier jugo de uvas que había sido guardado por algunos meses después de la última cosecha contenía cierto grado de alcohol. ¿Le diríamos a cualquier cristiano de nuestro tiempo que tenga dolor estomacal que no tome agua y que se beba una cerveza aguada? ¿O era ese simplemente el remedio más eficaz disponible en los tiempos de Pablo, en contraste con el nuestro?

En realidad toda la Escritura es universalmente aplicable (2 Ti. 3:16). Sin embargo, esto no significa que no se encuentre articulada de maneras específicas en la cultura y el lenguaje. Más bien, significa que tenemos que tomar en cuenta la situación cuando interpretemos la Escritura, leyéndola como estudios de caso aplicados a situaciones específicas para así encontrar sus principios, los cuales entonces podemos aplicar en otras situaciones. De lo contrario, terminaríamos como algunos de los misioneros del hemisferio occidental, que mezclaron su propia cultura con el mensaje bíblico, y entonces dijeron a los cristianos en África que, para ser buenos cristianos, tenían que mantener lo que decía la Biblia y las costumbres de la cultura occidental (lo cual se parece a lo que los opositores de Pablo hicieron en Galacia—Gálatas 2:3-5; 6:12-13).

La inspiración no cambia el género de un escrito o el tipo de literatura. Los Salmos siguen siendo salmos; la narración sigue siendo narración, y las epístolas siguen siendo epístolas. (En otro capítulo de los que siguen trataremos el tema del género). Las cartas personales, al igual que sermones dirigidos a congregaciones locales, pueden contener al mismo tiempo exhortaciones universales y específicas de una cultura; esto es cierto en cartas bíblicas e inspiradas, tal y como lo es en otras cartas.

Por ejemplo, a veces escribo cartas de exhortación que contienen básicamente principios universales relevantes a la situación particular de la que hablo. Sin embargo, en esas mismas cartas puedo incluir algunas exhortaciones relevantes solamente a la situación en particular que estoy tratando. A menos que escriba conscientemente esperando que haya otros futuros lectores fuera de la situación, puede que nunca me detenga a distinguir cada exhortación, ya sea universal o específica. Debido a que trato de que todas mis exhortaciones sean relevantes a mi audiencia inmediata, no escribo estos dos tipos de exhortación en maneras diferentes.

Por lo tanto, un lector posterior puede distinguir entre mis exhortaciones específicas y mis exhortaciones universales al reconstruir la situación en que yo escribía y al comparar mis otros escritos refiriéndome a situaciones específicas. De esta manera, la murmuración siempre va ser algo que está mal (1 Co. 10:10; Fil. 2:14); comer comida para ídolos es algo que a veces está mal (1 Co. 8-10); la autoridad de las mujeres como ministras de la Palabra a veces era limitada, pero otras era elogiada (cf. Ro. 16:1-12; Fil. 4:3).

Pablo brinda muchos mandamientos directos que hoy en día no observamos, y otros que no podemos. ¿Cuántos cristianos apartan dinero el primer día de cada semana para una ofrenda a los santos en Jerusalén (1 Co. 16:1-3)? Pablo manda a su audiencia a que reciban a Epafrodito (Fil. 2:29), pero debido a que este último ya está muerto, no podemos cumplir este mandamiento literalmente. Pablo exhorta a sus lectores a que oren por su ministerio y el de sus compañeros (2 Ts. 3:1-2), pero ya es demasiado tarde para orar por sus ministerios. En cambio, aprendemos más de principios generales acerca de la hospitalidad y el orar por los siervos de Dios.

¿Debe ser absurda la aplicación transcultural antes que la limitemos? ¿O estos ejemplos “absurdos” nos señalan la forma en la que debemos leer de manera consecuente las cartas de Pablo? Decir que tan solo los pasajes en los cuales la limitación cultural se hace obvia son en realidad los culturalmente limitados, es sencillamente evadir los métodos de interpretación. Si estos ejemplos nos recuerdan el género en el cual Pablo escribe, entonces nos recuerdan que Pablo podría mezclar libremente planteamientos directamente transculturales con aquellos que se referían simplemente a situaciones específicas. No debería sorprendernos que Pablo relate a sus lectores acerca de dónde se encuentran; él plantea específicamente que esa es su estrategia misionera (1 Co. 9:19-23; 10:31-33), y la mayoría de nosotros hoy en día, de igual manera, tratamos de ser relevantes a quienes hablamos.

Cuando Pablo exhorta a los hombres a que oren debidamente (1 Ti. 2:8), ¿debemos suponer que las mujeres no deben orar de manera adecuada? ¿O debemos suponer que así como Pablo tenía una situación específica a la cual dirigirse con respecto a las mujeres en esa congregación (2:9-15), él también tenía en mente un problema específico referido al comportamiento de los hombres de aquel lugar (2:8)? Debido a que otros pasajes elogian (Ro. 16:1-12; cf. Jueces 4:4; Hechos 2:17-18; 21:9; Fil. 4:2-3) o permiten (1 Co. 11:4-5) diferentes ministerios de las mujeres, ¿podrá ser posible que las limitantes dadas en 1 Ti. 2:11-12 se refieran a una situación específica? Las respuestas a algunas de estas preguntas son muy debatidas, pero nuestro deseo de ser consecuentes en la manera en que debemos interpretar la Biblia puede invitarnos a hacer tales preguntas.

El cargo de “obispo” (1 Ti. 3:1), como la mayoría de los otros cargos en las iglesias locales en el Nuevo Testamento, surgió en un contexto cultural específico. Les era práctico a las iglesias tomar los modelos de liderazgo de las sinagogas que ya eran funcionales en el mundo romano. ¿Podrá ser posible que las controversias de las denominaciones modernas acerca de las formas de liderazgo eclesial exageren demasiado en un asunto que realmente no es central a lo que Pablo quiere enseñar? Algunos conservarían como transcultural el requisito de que dirijamos debidamente nuestra familia como condición para dirigir la iglesia (3:4-5).

Pero esto es tomado de un antiguo requisito mediterráneo para tener un liderazgo respetable, en una cultura en donde la autoridad paternal podía ser llevada a cabo por medio de la disciplina severa (en teoría, hasta la ejecución) — una cultura que difiere marcadamente de la nuestra. De acuerdo, algunos toman en cuenta estos modelos de orden eclesial como transculturales, así que debemos recurrir a otros ejemplos específicos de cultura más claros.

Quizás sean más significativos los pasajes que brindan instrucciones, no tan solo a Timoteo, sino a la iglesia en general. ¿Cuántos considerarían transcultural la advertencia de que las viudas menores de sesenta años hablarían “lo que no deben”? (Probablemente una mejor traducción sería “falsas enseñanzas”; 1 Ti. 5:11-13) ¿O que las fábulas circulan especialmente entre mujeres viejas (4:7)? Aquí, por ejemplo, las viudas no pueden ser puestas en el listado de necesitados de la iglesia, a menos que tengan por lo menos sesenta años, se hayan casado una sola vez (5:9), hayan criado hijos y hayan lavado los pies a extraños (5:10), y también que no tengan una familia extendida que se ocupe de ellas (5:8). Los estadounidenses generalmente relegan en el gobierno los programas de atención a las viudas. Los africanos, más cercanos aún a la cultura bíblica, normalmente las mantienen por medio de la familia extendida.

Pero en la mayoría de las culturas hoy en día, tan pocas viudas han lavado los pies de otros, que nuestras iglesias no pueden alegar que obedecen las enseñanzas de Pablo, y mucho menos que las estén manteniendo. Pablo ordena que las viudas más jóvenes se vuelvan a casar, para que no tomen el lugar de otras más ancianas que la iglesia mantiene (5:11, 14). No se encuentra muy claro el hecho de cómo iban a cumplir este precepto si no hallaban marido. En los días de Pablo había escasez de mujeres (posiblemente por la práctica pagana de rechazar a las que nacían hembras) y, por lo tanto, la mayoría de las mujeres encontraban marido rápidamente. Sin embargo, en muchas de las iglesias de membrecía afroamericana, las mujeres solteras superan en número a los hombres solteros en más de dos por cada hombre. Por el contario, en algunas partes rurales de la India y China, los hombres superan ampliamente la cantidad de las mujeres.

Pablo aclara que algunas de sus ordenanzas en las epístolas pastorales se relacionan con el hecho de evitar la apostasía (1 Ti. 5:15) y—un asunto relacionado con las perspectivas de una cultura más amplia—la deshonra pública (1 Ti. 3:2, 6-7, 10; 6:1; Tit. 1:6-7; 2:5, 8, 10). Esto incluye sus exhortaciones respecto a la obediencia de los esclavos (1 Ti. 6:1-2; cf. Tit. 2:9-10), la cual la mayoría de los cristianos sabría que está dirigida a una situación cultural específica. Si los principios son más ineludibles que las exhortaciones sobre situaciones específicas que las ilustran, entonces vamos a querer considerar cómo la situación del presente difiere de aquella del primer siglo, y qué practicas apoyan u obstaculizan el evangelismo de la iglesia.

Pero nada de esto significa que estos pasajes no tengan nada que enseñarnos. Pablo le escribe de manera específica a Timoteo, a Tito o a iglesias en particular, pero podemos aprender de la sabiduría inspirada para estas situaciones, a medida que nos detenemos a pensar cómo se puede contextualizar de manera diferente a nuestras situaciones un tanto diferentes. La naturaleza humana y la naturaleza de Dios no han cambiado, y podemos tener en cuenta los cambios en la cultura siempre y cuando sepamos algo de las culturas originales de la Biblia. Por ejemplo, Pablo dejó específicamente a Timoteo en Éfeso para advertir acerca de aquellos que enseñaban falsas doctrinas (1 Ti. 1:3), y le exhorta a que haga conforme a las profecías que se le habían dado (1:18; 4:14; cf. 2 Ti. 1:6); también hace mención de falsos maestros específicos (1:20), quienes están muertos en estos momentos.

Aunque Pablo no nos dejó a nosotros en Éfeso, y aunque no hayamos recibido las profecías de Timoteo, aquí podemos encontrar una abundante gama de principios transculturales, tales como el de rechazar las falsas doctrinas, prestar atención a las palabras de sabiduría o de profecía debidamente examinada. Pero una vez más, el hecho de percatarnos de que las exhortaciones específicas pueden tener una relevancia más general, no nos permite que simplemente supongamos que conocemos esa relevancia transcultural antes que hayamos estudiado la situación cuidadosamente.

Cuando Pablo le dice a Timoteo que beba un poco de vino por causa de su estómago (1 Ti. 5:23), aprendemos que a veces es necesario tomar medicina. Dios en ocasiones sana instantáneamente en respuesta a nuestras oraciones, pero en muchas otras nos ha provisto de medios naturales por medio de los cuales podemos mejorar nuestra salud. (Cuando decimos “natural”, nos referimos a lo que él ha creado en la naturaleza, no a prácticas ocultistas que involucran a espíritus malignos). Al reconocer que esta es la única forma en que podemos aplicar algunas porciones de las Escrituras, esto debe llamarnos a que seamos consecuentes: quizás esta sea la única manera en que se debe leer toda la Escritura para que sea útil para enseñar (2 Ti. 3:16).

Esta era la manera en que Pablo solía leer el Antiguo Testamento: “Estas cosas sucedieron como ejemplo para nosotros, tanto las buenas como las malas” (1 Co. 10:6, 11). De la misma manera, debemos leer las historias bíblicas como estudios de caso, como ejemplos de cómo Dios trató con las personas en diferentes tipos de situaciones. Entonces podemos recibir advertencia o aliento cuando reconozcamos situaciones parecidas del presente, pero debemos asegurarnos de que las situaciones sean realmente parecidas. Simplemente no nos aplicamos directamente cada pasaje que leemos sin tener en cuenta la diferencia de la situación.

Lo mismo es cierto en cuanto a las cartas de Pablo. Pablo se refirió a situaciones específicas en una cultura específica. No podemos simplemente aplicar directamente sus palabras a todas las culturas, como si pudiéramos ignorar las diferencias. Cuando Pablo dice: “Saludaos con ósculo santo” (Ro. 16:16; 1 Co. 16:20; 2 Co. 13:12; 1 Ts. 5:26), él usa la manera más común del saludo más íntimo dentro de su cultura.  (Los besos familiares a veces solían ser ligeros besos en los labios). Hoy en día, los cristianos todavía deberían saludarse entre ellos de manera afectuosa, pero en la mayoría de nuestras culturas muy pocos usan los besos para hacerlo, especialmente los tipos de besos que se usaban en aquel entonces. Aunque los intérpretes cristianos del presente tienen diferencias a la hora de marcar una norma, nadie trata de cumplir literalmente cada mandamiento de la Biblia sin tener en cuenta la diferencia en las situaciones. Nadie trata de buscar la capa de Pablo en Troas para llevársela.

Usando el trasfondo cultural

Pero simplemente el hecho de que debemos tener en cuenta la cultura al interpretar la Biblia no nos dice precisamente cómo usarla. Para esto debemos seguir varios pasos.

1. Obteniendo el trasfondo correcto

En primer lugar, debemos tener en cuenta, como mejor sea posible, las situaciones y la cultura específica a las cuales se dirigieron los escritores originales de la Biblia. Por ejemplo, resulta útil conocer acerca del uso de los besos en los saludos en la cultura de Pablo. Si en nuestro tiempo vamos a practicar (o no) el cubrirse la cabeza, debemos saber cómo era la apariencia de aquello con que se cubría la cabeza en los tiempos de Pablo (y por lo tanto, qué quiso decir con eso) y por qué él favorecía su uso (para ver si compartimos esas razones).

¿De dónde obtenemos este trasfondo? Algunos de los trasfondos se encuentran en la misma Biblia. Por ejemplo, podemos aprender mucho de los tiempos en los cuales profetizó Isaías si leemos las historias de los reyes en cuyos reinados profetizó (enumerados en Is. 1:1) en 2 Reyes; de la misma manera, acerca de las situaciones de las que Jeremías habló de manera tan severa un siglo después. Hechos 17:1-9 nos cuenta acerca de la fundación de la iglesia en Tesalónica, lo cual a la vez nos brinda un trasfondo para leer 1 y 2 de Tesalonicenses.

También podemos reconstruir parte de la situación específica a la que va dirigida basándonos en lo que el mismo texto enfatiza. Por ejemplo, Pablo parece dirigirse a la división judío-gentil en Roma, a los conflictos entre los cristianos más pudientes y los más pobres en Corinto, y así por el estilo. Percatarnos de estos patrones en estas cartas puede ayudarnos a reconstruir los distintos tipos de asuntos con los que los autores tenían que lidiar, arrojando luz acerca de muchos detalles en estas cartas.

Pero no todo el trasfondo se encuentra disponible en la misma Biblia. Cuando Pablo escribió la carta a los corintios, no proveyó una traducción de su carta en chadiano, en árabe ni en inglés; más adelante, los traductores proveyeron esto para nosotros, pero Pablo escribió su carta en griego porque ese era el idioma que hablaban la mayoría o todos los cristianos de Corinto.

De la misma manera, él no se detiene a explicar las costumbres o las situaciones que él y los corintios ya conocían. Éstas están ya dadas por sentado en lo que les quiere expresar, pero los lectores modernos necesitan investigar un poco para averiguar lo que quiso decir. Pablo vería bien que otros lectores más adelante aprendieran de sus cartas, pero él no podía escribir una carta que fuese dirigida a todos los idiomas y a todas las culturas a la vez. Pablo esperaría que aprendiésemos su idioma y cultura, o que usáramos herramientas que nos ayudaran.

Un conocimiento más específico acerca de la cultura requiere de más esfuerzo, porque no todos poseen recursos para averiguar el trasfondo bíblico aparte de la Biblia. En algunos asuntos (como el ósculo santo, las costumbres en los entierros judíos o las vasijas de agua en Caná) reconocemos que la cultura de la Biblia a menudo difiere de la nuestra. Pero a veces erramos, inclusive cuando pensamos que podemos pasar por alto que nuestro propio trasfondo cultural (¡como si todos los cristianos modernos compartieran la misma cultura!) es suficiente para entender la Biblia.

Muchos de nosotros no podemos percibir el impacto que tendría en los primeros que escucharon la parábola de Jesús acerca del hijo pródigo: ningún padre decente hubiera dividido su herencia antes las exigencias de un hijo, hubiera corrido a saludarlo o lo hubiera recibido en casa sin darle ningún castigo. Jesús compara a Dios con un padre indulgente y poco severo— sencillamente para mostrar cuán misericordioso ha sido con respecto a nuestras rebeliones en contra Suya.

En muchas ocasiones no podemos captar el sentido del pasaje porque no estamos familiarizados con la cultura en la cual fue escrito. Algunas culturas, como las del Oriente Medio y las mediterráneas, o alguna que otra cultura africana rural tradicional, se acercan más a las culturas en el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento que la mayoría de las culturas occidentales. (La cultura beduina puede ser la más cercana como para entender a Abraham; una mezcla de campesinos y sabios judíos nos da el mejor trasfondo para Marcos; los escritos de Pablo reflejan un mundo cosmopolita y una urbanidad grecorromana más amplios).

Pero ninguno de nosotros se atreve a suponer que siempre interpretaremos la Biblia correctamente sin consultar la cultura antigua. Las culturas africanas se acercan más a la cultura bíblica que las occidentales, pero esto facilita que pasemos por alto el hecho que a veces las culturas africanas difieren de la bíblica (por ejemplo, en Corintio, el esposo o la esposa podían pedirse el divorcio sin importar las protestas del rechazado—1 Co. 7:15).

Varias fuentes proveen información acerca de las antiguas culturas mediterráneas. Por ejemplo, alguien que quiera estudiar los Evangelios de manera más detallada, debe leer, además del Antiguo Testamento, los apócrifos (una sección incluida en las Biblias católicas, pero no en las protestantes), especialmente Sabiduría de Salomón y Eclesiástico (Sirácida); algunos de los rollos del Mar Muerto (en especial el Manual de disciplina y el Rollo de la guerra) y la llamada Pseudoepígrafa (especialmente 1 Enoc; la epístola de Aristeas; 4 de Esdras y 2 de Baruc); partes de las obras de Josefo (especialmente sus obras Vida de Josefo, Contra Apión y fragmentos de Guerras), y probablemente el tratado de Aboth en el Mishnah. Debido a que la mayoría de los estudiantes no tienen acceso a todos estos recursos, se puede usar una enciclopedia bíblica (como la reciente International Standard Bible Encyclopedia) para obtener respuestas a preguntas específicas que uno tenga. Pero a veces uno ni siquiera conoce las preguntas que debe hacer sin saber algo del trasfondo.

Por esa razón, una de las herramientas más sencillas y disponibles es el IVP Bible Background Commentary [Comentario bíblico de trasfondo de la IVP]. La porción que se refiere al Nuevo Testamento  provee el trasfondo a cada pasaje o versículo del Nuevo Testamento. Hace años quería una herramienta así, pero debido a que ninguna estaba disponible, pasé muchos años investigando la cultura mediterránea antigua para proveerla en un tomo, pasaje por pasaje, para hacerla ampliamente disponible a todos los lectores bíblicos. Desde ese tiempo, también se han producido otros comentarios acerca del trasfondo bíblico. Para aquellos que quieran profundizar, el IVP Bible Background Commentary provee una bibliografía de recursos útiles para una investigación más avanzada de la cultura mediterránea antigua.

2. Determinando cómo el pasaje se relaciona con su cultura

Debemos conocer suficientemente bien la cultura y la situación para poder entender por qué los escritores bíblicos hablaron lo que hablaron en la forma que lo hicieron. Una vez que entendamos la cultura y la situación, necesitamos entender lo que los escritores dicen a la situación. Cuando se estudia un pasaje, debemos preguntarnos: ¿concuerda el autor con los puntos de vista de su cultura sobre este asunto? Por ejemplo, cuando Jesús le dice a Sus discípulos que reprendan en privado antes de hacerlo en público (Mt. 18:15-17), aquí Él concuerda con la costumbre judía de hacer las cosas en ese entonces. En otros casos, los escritores bíblicos adoptan aspectos neutrales de las culturas a las que hablan por el hecho de ser testigos relevantes dentro de aquellas culturas, tal y como Pablo explica claramente lo que él hace en 1 Corintios 9:19-23.

¿Algún escritor bíblico no concuerda con algún aspecto de su cultura? Por ejemplo, aunque los israelitas tenían algunos de los sacrificios que tenían los cananeos (como las ofrendas por el pecado), no ofrecían sacrificios para que lloviera. Muchos paganos pensaban que las ofrendas a sus dioses podían asegurarles la lluvia, pero el Dios de Israel prometió sencillamente a Su pueblo que les mandaría lluvia si obedecían Su pacto. La ley mesopotámica exigía que, si una persona albergaba un esclavo fugitivo, debía ser ejecutada; por el contrario, Dios mandaba a los israelitas a que brindaran refugio a los esclavos que se escapaban (Dt. 23:15).

¿Modifica el escritor bíblico una perspectiva común de su cultura, incluso cuando (a menudo) se encuentre comunicando su mensaje en maneras culturalmente inteligibles? Esta es una de las maneras más frecuentes en que los escritores bíblicos se relacionaban con sus culturas. Por ejemplo, de Aristóteles en adelante, los griegos y los romanos a menudo enfatizaban que el varón cabeza de familia debía gobernar a su esposa, hijos y esclavos. Pero Pablo, cuando aborda el tema, modifica las instrucciones: le dice al esposo que no debe gobernar a su esposa, sino que debe amarla (Ef. 5:25). La esposa debe someterse, pero como una forma de sometimiento cristiano que todos los cristianos deben aprender a practicar (Ef. 5:21-22). Si leemos este pasaje como si Pablo estuviera diciendo exactamente lo mismo que Aristóteles, pasaríamos por alto lo que nos quiere decir.

De igual manera, Dios instruye a los israelitas a construir un Tabernáculo, con un lugar santísimo, santuario y atrios, tal y como en los templos egipcios, pero esto hace el contraste aún más sorprendente: encima del arca de Dios no hay imagen de la deidad como en los templos egipcios. A veces los escritores bíblicos, por causa de su testimonio, adoptaban aspectos de su cultura que eran buenos o neutrales, pero esto nos invita a prestar mucha más atención a dónde estos escritores contradicen sus culturas.

3. Aplicando el mensaje de los escritores bíblicos

No podemos determinar si toda cultura o situación debe expresar los problemas de la misma manera que lo hicieron los escritores bíblicos hasta que no entendamos las razones de estos escritores para presentar los argumentos que presentaron. Pero una vez que tengamos una buena idea de por qué los escritores bíblicos se refirieron a una situación de la forma en que lo hicieron, podemos comenzar a preguntarnos cómo ellos hubiesen aplicado los mismos principios en situaciones muy diferentes.

Por ejemplo, conocer por qué las mujeres se cubrían la cabeza en los días de Pablo nos ayuda a entender por qué él da tales instrucciones. La mayoría de las mujeres en el oriente del Mediterráneo cubrían su pelo en público como señal de recato sexual; de esta manera, las mujeres de clase baja en las iglesias estaban alarmadas cuando algunas mujeres de la clase alta rehusaban ponérselos. (El pelo constituía el objeto primario de la lujuria masculina en el antiguo mundo mediterráneo, por lo que se requería que las mujeres casadas cubrieran su pelo; algunas mantas modernas para la cabeza no logran hacer esto). Por lo tanto, Pablo trata el asunto de la ostentación, la seducción, el recato sexual y la división de clases en la iglesia, todos los cuales son temas transculturales.

Pero, ¿resolvería Pablo de la misma manera los asuntos de recato sexual o división de clases en cada cultura de la misma manera que lo hizo en Corinto? ¿Los mantos para la cabeza resultarían una solución para asuntos como esos en cada cultura? ¿Podrían los mantos para la cabeza convertirse en señales de ostentación en algunas culturas, mostrando buena posición? ¿Podrían estos realmente convertirse en algunas culturas en instrumentos de seducción, de la manera que las joyas y los vestidos ostentosos lo eran en la cultura de Pablo? ¿Qué hay de la cultura en donde tan solo las personas de buena posición puedan darse el lujo de usar los mantos para la cabeza, y de esta manera se introduce la división de clases en la iglesia? ¿Será posible que haya iglesias en algunas partes del mundo en donde llevar puesto un manto en la cabeza (como lo contrario a no llevarlo) pueda hacer que el que lo lleva esté llamando la atención?

En tales casos, ¿seguimos el ejemplo específico de Pablo, o seguimos los principios transculturales que Pablo usó para resolver un caso específico en una cultura específica? Es por eso que es de tanta importancia que tengamos en cuenta el trasfondo cultural y que leamos coherentemente la Biblia a la luz de ésta: si Dios inspiró a los escritores para que hablaran a su cultura en una manera particular, ¿cómo hablarían hoy a la nuestra? ¿Cuáles son los principios y cuáles son los ejemplos específicos que ilustraban esos principios en las situaciones a las que los escritores bíblicos hablaron?

Jesús interpretaba las Escrituras de esta forma. Los fariseos estaban interesados en las medidas minuciosas, pero a Jesús le interesaban más los principios (Mateo 12:7). Jesús tenía en cuenta las razones humanas por las que se dieron algunas Escrituras: Dios permitió algunas cosas por la dureza de su corazón (Mr. 10:5), pero la meta principal era que entendiesen los propósitos ideales de Dios (Mr. 10:6-9). Ellos citaban una ley; Él les citaba una historia. Toda la Escritura es inspirada y útil para enseñar (2 Ti. 3:16); por lo tanto, el asunto no es que un escrito sea más útil que el otro.

El problema era que ellos tan solo veían los detalles; en cambio, Jesús buscaba las razones de los detalles. Jesús alegaba que lo que más importaba eran la justicia, la misericordia y la fe (Mt. 23:23) —el corazón de la Palabra de Dios. De la misma manera, Pablo no coincidía con sus contemporáneos en cuanto a lo que era fundamental, argumentando que era el poder de Dios lo que nos salvaba, y no asuntos secundarios, como la circuncisión o las leyes sobre los alimentos. Este método de interpretación nos exige que nos enfoquemos en lo que más importa (el Evangelio y la obediencia a la voluntad de Dios), en vez de convertirnos en legalistas a causa de asuntos secundarios que podrían desviarnos de la esencia del Evangelio.

Gran parte del Nuevo Testamento consiste simplemente en ejemplos de cómo relacionar el mensaje básico del Evangelio con varias situaciones y desafíos históricos y concretos. Así mismo, debemos aprender cómo relacionar el mensaje central de Cristo con nuestras disímiles situaciones del presente, nunca perdiendo de vista cuál es el principio central y cuáles son sencillamente las expresiones culturales. Muchos de los primeros misioneros vinieron con un Evangelio contextualizado en su propia cultura, dígase versiones europeas o americanas del Cristianismo. Normalmente se mantenían fieles a la Biblia, pero a menudo no podían discernir la diferencia entre la enseñanza real de la Biblia y la forma en que la habían aplicado a los problemas que enfrentaron en sus culturas particulares.

De esta manera, a veces obligaban los cristianos africanos a que adoptasen estilos musicales de occidente, los estilos de ropa, los estilos de la ceremonia para las bodas, entre otras cosas más, porque suponían que tales costumbres eran cristianas. Hoy conocemos más y, por lo tanto, debemos evitar cometer los mismos errores. Debemos ser capaces de distinguir entre los principios universales de la Biblia y cómo los aplicó en las culturas a las que se dirigió. (Una vez más, afirmamos que toda la Escritura es el mensaje de Dios, pero primero fue el mensaje de Dios a las culturas originales a las cuales Dios lo envió, por lo que, para que podamos escucharlo debidamente en el presente, debemos tener en cuenta cómo Dios lo relacionaba con aquellas culturas). De la misma manera, debemos distinguir entre lo que la Biblia enseña para todas las culturas y cómo la hemos aplicado específicamente a las situaciones que debemos tratar.

Por supuesto, si no tenemos cuidado, la gente puede usar la cultura para pasar por alto aspectos de la Biblia; este es un peligro que debemos evitar a toda costa. Durante siglos ha habido personas que han tratado de dar una explicación convincente de lo que dice la Biblia sin tener en cuenta el aspecto de la cultura; por lo tanto, este peligro no debe causarnos temor en cuanto a usar el trasfondo de la manera adecuada. Simplemente debemos usarlo con seriedad, siendo diligentes para encontrar la verdad. El único punto de partida para hallar sabiduría es el temor al Señor (Pr. 1:7); si le tememos, tendremos cuidado de realmente entender Su verdad, a dondequiera que nos conduzca genuinamente la evidencia de la Biblia, en vez de buscar una explicación convincente de esa verdad.

Craig Keener es profesor de Nuevo Testamento en el Seminario Teológico Asbury y graduado del Seminario Teológico de las Asambleas de Dios. Es autor de quince libros, entre ellos un comentario del Nuevo Testamento (vendido en más de medio millón).

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