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Benignidad

Por Dorothea J. Lotter

El nativo abrazó a su hijo moribundo y corrió por el polvo caliente por 2 millas hasta llegar al hospital de Baragwanath, África.   Por instinto, sabía que ya era demasiado tarde.   Con tristeza regresó a casa con el bebé frío en sus brazos.   El niño se había muerto de gastroenteritis.  

Con lágrimas Vusamazulu Mutwa construyó un ataúd rudimentario y preparó el pequeño cuerpo para el entierro.   Para un nativo de Bantu, un entierro apropiado es vital.   Ser enterrado en una tumba desconocida sería la desgracia más profunda que pudiera suceder.   Pero un Bantu no tiene ningún acceso a un cementerio a menos que pertenezca a una iglesia reconocida y el funeral sea dirigido por un ministro.   Una autoridad conocido ha dicho, "La determinación de tener un entierro apropiado es la razón más fuerte por la cual los nativos vuelvan al cristianismo."  

Los padres apesadumbrados fueron a su pastor cristiano, en la iglesia que la esposa había asistido por muchos años; el padre nunca había aceptado la fe.   Cuando pidieron un funeral, el pastor rehusó sin explicación.  

Después Mutwa escribió amargamente, "Extrañamente, el sacerdote sabía exactamente lo que me estaba haciendo cuando rehusó enterrar a mi hijo.   Porque a través de los años, yo le había explicado todas las leyes y costumbres de los Bantu.   Él rehusó simplemente porque yo no era, con el resto de mi familia, un miembro de su iglesia."  

Después Vusamazulu Mutwa escribió ensayo abrasador sobre "La razón que el cristianismo ha fallado en África."   Es parte de su libro amargo, Africa Is My Witness [África es mi testigo],   que acusa, "Los culpables son esto dictadores insignificantes y sádicos quienes llevan sus cuellos blancos al revés."2

Esta historia resumida por Charles Hembree de su libro, Fruits of the Spirit [Los frutos del Espíritu], ilustra vivamente la crueldad que los cristianos, frecuentemente sin querer, infligen a otros.

Al contraste, la Biblia enfatiza la benignidad.   Debería de ser una mayor virtud cristiana, tan importante que Pablo la llama un fruto del Espíritu.

La palabra griega para benignidad (chrestotes) aparece 10 veces en el Nuevo Testamento.   La versión Reina Valera la traduce como "benignidad".   La Nueva Versión Internacional la traduce como "amabilidad".  

Como la palabra amor (agape), la benignidad (chrestotes) se relaciona mucho con hesed en el Antiguo Testamento, el cual representa el amor del pacto de Dios.   Comentando sobre hesed, The Theological Wordbook of the Old Testament [Libro de palabras teolócias del Antiguo Testamento] dice, "amoroso-benignidad —no está lejos de la plenitud del significado de la palabra." 3

La lección de nuestro texto es que el Espíritu Santo nos habilitará a mostrar amabilidad en todas nuestras relaciones cuando busquemos sinceramente su ayuda.

Amabilidad empieza en el corazón

Helen Brenneman escribe: "Había un hombre que tuvo un transplante de corazón.   La operación era un fracaso total.   Porque el hombre era un hombre malo y el corazón era un corazón amable.   Su cuerpo simplemente lo rechazó."4

Sin embargo, la Biblia nos cuenta de un exitoso transplante de corazón: "Les daré un nuevo corazón, y les infundiré un espíritu nuevo; les quitaré ese corazón de piedra que ahora tienen, y les pondré un corazón de carne.  Infundiré mi Espíritu en ustedes, y haré que sigan mis preceptos y obedezcan mis leyes" (Ezequiel 36:26-27).

¡Como el hombre malo, nosotros como hombres caídos tenemos una predisposición de ser poco amable!    Desgraciadamente, aun nuestra experiencia de salvación no nos quita esta tentación.   Los cristianos pueden ser muy crueles, como la respuesta del sacerdote al Bantu.   Y probablemente, sin querer, todos somos crueles a veces.   Pero la Palabra de Dios nos enseña que para agradecer a Dios tenemos que cultivar la virtud de amabilidad.  

Efesios 4:31,32   dice, "Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia.   Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo."  

En Colosenses 3:12,13 Pablo nos amonesta, "Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, vístanse de afecto entrañable y de bondad, humildad, amabilidad y paciencia, de modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes."   Una disposición amable es posible precisamente porque el Espíritu Santo nos ha dado un corazón nuevo como Ezequiel describió.   Este proceso de transformación del Espíritu está enfatizado en Tito 3:5,6   "Nos salvó mediante el lavamiento de la regeneración y de la renovación por el Espíritu Santo, el cual fue derramado abundantemente sobre nosotros por medio de Jesucristo nuestro Salvador."

Moisés intentó ministrar prematuramente y en su propia fuerza.   Se enojó y mató a un Egipcio.   Solamente después de muchos años como pastor de ovejas, seguido por un encuentro impactante con el Yahvé vivo en una zarza ardiente, Moisés llegó a ser el hombre más manso y un líder poderoso del pueblo de Dios.   Nosotros también podemos llegar a ser personas fundamentales diferentes cuando recibamos un cambio de corazón que nos habilita a ser amable a otros.

La amabilidad es un proceso de crecimiento

No se puede levantarse en la mañana y decir, "Empezando hoy, voy a ser amable."   Aun las mejores intenciones fracasan cuando dependemos de nuestras propias fuerzas.   Pablo dijo que la amabilidad era un fruto del Espíritu porque no puede crecer efectivamente sin el continuo trabajo del Espíritu en nuestras vidas.

Efesios 5:18 amonesta a que "sean llenos del Espíritu."   El contexto más amplio muestra que la plenitud espiritual resulta de un comportamiento cambiado.   "Sométanse unos a otros" (5:21); "Esposos, amen a sus esposas" (5:25); "Hijos, obedezcan en el Señor a sus padres" (6:1); "padres, no hagan enojar a sus hijos" (6:4); "Esclavos, obedezcan a sus amos terrenales" (6:5).   La amabilidad es uno de los productos del Espíritu trabajando en nuestras relaciones.

Jesús estaba diciendo casi lo mismo en Juan 15:5: "Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada."  

El Espíritu Santo según Pablo es el Espíritu de Cristo (Romanos 8:9).   Entonces permaneciendo en Cristo es vivir en el Espíritu.   Son uno.   Permaneciendo en Cristo por medio del Espíritu nos da la fuerza para vivir en obediencia a todos sus mandamientos.  

Al vivir en obediencia, llenos del Espíritu, estos mandamientos bíblicos seguirán resonando y resonando en nuestras vidas: "Abandonen toda amargura, ira... enojo, gritos... calumnias... malicia.   Sean bondadosos... compasivos... perdónense" (Efesios 4:31,32).   "Vístanse de afecto entrañable... de bondad, humildad, amabilidad... paciencia... que se toleren unos a otros... Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes" (Colosenses 3:12,13).

En la Escritura, se nota como Juan intentó ponerse en una posición de poder y prestigio durante el ministerio de Jesús.   Él y sus hermanos preguntaron a Jesús, "Concédenos que en tu glorioso reino uno de nosotros se siente a tu derecha y el otro a tu izquierda" (Marcos 10:37).   Esta petición egoísta sucedió durante la etapa de niñez de su desarrollo espiritual.   Pero creció en espíritu tanto que al final de su vida personificaba la amabilidad.   Juan, uno de los Hijos de Truenos, llegó a ser el Apóstol de Amor como dice una tras otra vez en 1 Juan.   Por el poder del Espíritu, él había aprendido la lección de la amabilidad.

La amabilidad produce resultados

La Biblia muestra que la amabilidad, costosa para nosotros, produce resultados positivos: "El que es bondadoso se beneficia a sí mismo" (Proverbios 11:17).   Este versículo trae a la mente personas como Marcos Buntain y Billy Graham.   Marcos Buntain era amado y honrado en la vida.   En la muerte, miles de personas se pararon por horas en el sol caliente de India para honrarlo.   Entregó su vida para ministrar a las necesidades físicas y espirituales de Calcuta.  

La presencia del Dr. Graham es solicitada por reyes y líderes por todo el mundo.   El Presidente Bush rápidamente lo llamó a la Casa Blanca la noche que los Estados Unidos inició la guerra contra Irak.   Un hombre humilde y amado quien manifiesta la amabilidad, el Dr. Graham ha ganado el respeto de las comunidades tantos seculares como cristianas.  

La amabilidad abre la puerta para el servicio.   Bernabé, el Consolador, vendió un terreno y dio el dinero para el auxilio de los santos (Hechos 4:37).   Era sensible a las personas doloridas en necesidad de ayuda.   Después el Espíritu lo llamó como el primer compañero misionero del apóstol Pablo.

¡Sin duda, este acto de amabilidad para apoyar a los pobres era una parte importante para Bernabé en su crecimiento en servicio!   Este acto testificó a la comunidad cristiana de su capacidad.

La amabilidad también ensuavece el corazón duro y enojado de los hombres.   "La respuesta amable calma el enojo" (Proverbios 15:1).  

Hace años, cuando estuve trabajando con un estudiante que quería dejar sus estudios en el seminario, me di cuenta que él estaba al borde de sufrir un colapso emocional.   Era hostil, y un poco incoherente.   No hubiera tomado mucho provocarlo.   Buscando la sabiduría del Señor mientras hablábamos, sentí que Él me guiaba perfectamente, capacitándome a responder suavemente y calmar sus preocupaciones.   Salió relajado, satisfecho que había conseguido lo que necesitaba.  

Nuestro ejemplo también guiará a otros a ser amables.   Pedro Ainslie, en su libro, Cultivating the Fruit of the Spirit [Cultivando el fruto del Espíritu], dice, "Ninguna influencia es tan poderosa en la sociedad humana como la practica de la amabilidad," y ilustra la historia siguiente:

La cerca entre dos ranchos de Virginia había caído y necesitaba reparaciones.   El ganado de un racho pasó al maizal del otro, haciendo bastante daño.   El ranchero que había sufrido los daños escribió una carta severa amenazando a su vecino que era dueño del ganado. El vecino respondió por carta, expresando su pena profunda, ofreciendo pagar los daños y recordando el ranchero que durante los años sus ganados también habían hecho lo mismo.   Nunca lo había avisado, pero simplemente había reparado la cerca, sabiendo que estas situaciones a veces ocurren a pesar de las precauciones.   La mañana siguiente, el ranchero ofendido rogó que su vecino lo perdone, y desde este día eran mejores amigos.5

La amabilidad demuestra Cristo al mundo.

"La mejor cosa que un hombre puede hacer para su Padre Celestial," dijo Henry Drummond, "es ser amable a algunos de sus otros hijos."   Y Frederick William Faber comentó, "La amabilidad ha convertido más pecadores que el entusiasmo, elocuencia, o conocimiento."   La oración por la salvación de otros tiene que ser juntada con la amabilidad del Espíritu poderoso si vamos a ser efectivos en ganarlos para el Señor.  

Conclusión

Nuestro énfasis en la amabilidad quizá sueñe bien como teoría, pero ¿realmente sucede en la practica?   ¿Realmente nos ayuda el Espíritu Santo para desarrollar la amabilidad?   ¿No es cierto que algunas personas son "naturalmente" amables?  

Es imposible producir la genuina amabilidad cristiana como está descrito en Gálatas 5:22 por nosotros mismos.   Se requiere un nuevo corazón.   Después un proceso de crecimiento sigue que solamente sucederá cuando nos sometamos y obedezcamos el Espíritu Santo.   Él nutra estos cambios positivos de nuestro carácter que están reflejados en nuestras relaciones.

La amabilidad, o la falta de, hace una diferencia en nuestras vidas.   Como niño, sabía muy bien lo que significaba ser sujeto a la crueldad de un padre que castigaba caprichosamente, su razón poco claro.  

Pero después conocí el Padre Celestial, que generosamente derramaba su amor sobre mí.   En amabilidad, mi nutría.   Él era comprensivo, tierno, y accesible.   Dio esperanza cuando yo no la tenía.   Guiaba, abría puertas, animaba y escuchaba mis preocupaciones.  

Por medio de Él encontré el poder sustentador del Espíritu Santo que me ayudó a cambiar la crueldad en amabilidad.  

Nosotros, como el padre Bantu que fue negado un funeral cristiano para su hijo, también quizás experimentaremos la crueldad en la iglesia.

Cuando esto suceda, necesitamos el poderoso ministerio del Espíritu Santo para caminar por los dolores sin amargura.  

Si estemos dispuestos, Él nos capacitará a responder en amor y amabilidad.   Nos dará la fuerza para perdonar y sañará las memorias dolorosas.  

Tenemos que decidir en nuestros corazones no tomar parte en la crueldad en nuestra iglesia y el mundo.   De preferencia, tenemos que ser sensibles a las necesidades de las personas, mostrando amabilidad a los que servimos —tanto los amigos como los enemigos.

Que nos resolvamos, en nuestra cultivación del fruto de amabilidad, buscar los recursos inagotables del Espíritu tierno, y aun dinámico, que Dios tan gentilmente ha derramado sobre nosotros para manifestar su amabilidad.   Porque "No será por la fuerza ni por ningún poder, sino por mi Espíritu dice el Señor Todopoderoso" (Zacarías 4:6).

Las referencias bíblicas son de la Nueva Versión Internacional.

Notas

1.   Charles Hembree, Fruits of the Spirit (Grand Rapids: Baker Book House, 1969), 65.

2.   Ídem., 65, 66.

3.   R. Laird Harris, "hsd" en Theological Wordbook of the Old Testament, ed. R. Laird Harris, Gleason L. Archer, Jr., and Bruce K. Waltkl (Chicago: Moody Press, 1980), 305.

4.   John M. Drescher, Spirit Fruit (Scottdale, Pa.: Herald Press, 1974), 218.

5.   Peter Ainslie, Cultivating the Fruit of the Spirit (St. Louis:Bethany Press, 1968), 47.