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Benignidad—Templanza

Por Gary B. McGee

La templanza se puede definir simplemente como dominio de uno mismo, la capacidad de los individuos de dominar sus propias emociones, deseos, e impulsos para que puedan servir a otros.   La falta de tal control en nuestra cultura, sea el abuso de drogas, comer demasiado, o cualquier otro de los comportamientos pocos sanos, debe preocupar a cada cristiano, inclusive cada congregación de creyentes que quiere ser un faro de la gracia de Dios para los que "están fuera de control."

Al estudiar Gálatas 5:22,23, es evidente que al reservar la mención de la templanza hasta el final, el apóstol Pablo la está enfatizando deliberadamente como la base de todos los frutos del Espíritu.   Aunque los frutos reflejan la obra de madurez del Espíritu en la vida del individuo, también llegan a ser evidentes en las relaciones con otras personas.

Obtener templanza

Para empezar, examinemos lo que la templanza no es.   Considere la situación de una persona en una película vieja del oeste donde le han pegado un tiro.   Sin medicinas y sin la presencia de un médico, un amigo saca su cuchillo para quitar la bala del cuerpo de esa persona.   Sabe que esto va a ser doloroso, entonces le da un palo a la víctima para meter en su boca para minimizar los gritos y ayudarle a no perder su templanza.   Es una escena de determinación y resolución inexorables al aceptar el dolor crítico.   Afortunadamente, esto no representa el concepto de templanza que Pablo menciona.

La idea bíblica del término requiere crucifixión de la naturaleza pecaminosa por la gracia divina mientras nos rendimos al Señor.   En Gálatas 5:19-21, Pablo compara la vida santificada con las características de la vida vieja: "adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas."   Todas estas categorías reflejan comportamientos que estaban fuera de control y eran comunes en los tiempos del Nuevo Testamento.

Vivir la vida cristiana con victoria no era un problema pequeña para muchos en las congregaciones que Pablo escribió.   Entregarse a las pasiones pecaminosas era la norma de su tiempo.   Los creyentes que no vinieron de un contexto judío, donde los principios del Antiguo Testamento fueron seguidos rigurosamente, probablemente pensaban que el nivel de limitación personal de un cristiano era especialmente difícil de dominar.  

La templanza, sin embargo, que proviene de la presencia del Espíritu en nuestros pensamientos y emociones, está sostenida por el poder de Dios mientras que los creyentes se entregan al Señor en obediencia de su voluntad.   (Considere también Romanos 12:2 donde Pablo se refiere a la transformación de la mente.)   Varios versículos nos ayudan a entender mejor esto:

  • "Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne" (Gálatas 5:16).
  • "Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Filipenses 2:13).
  • "Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él" (Romanos 8:9).

La templanza permite que el creyente venza los hábitos pecaminosos y destructivos, enfatizando el ministerio a los demás, edificando el cuerpo de Cristo, y viviendo en sumisión mutua el uno con el otro (Efesios 5:21), y así vivir una vida que es positiva y productiva en la familia, vecindario, iglesia, y trabajo.   Por ejemplo, Pablo exhortó a la iglesia de Efesio: "El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad" (Efesios 4:28).

A los gálatas escribió: "Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros.   Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.   Pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros" (5:13-15).

Ayuda del cuerpo de Cristo

El cristiano no debe suponer que guardar la templanza es un asunto puramente individual.   Es vital reconocer que el ministerio dentro del cuerpo de Cristo implica la responsabilidad de ayudar a otros.   Note el énfasis corporal en cada uno de los pasajes siguientes:

  • "Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre" (Gálatas 6:1).
  • "Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe" (Gálatas 6:10).
  • "De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan" (1 Corintios 12:26).
  • "Sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor" (Efesios 4:15,16).
  • "Ruego a Evodia y a Síntique, que sean de un mismo sentir en el Señor.   Asimismo te ruego también a ti, compañero fiel, que ayudes a éstas que combatieron juntamente conmigo en el evangelio" (Filipenses 4:2,3).

Las reuniones de los primeros cristianos en casas ofrecían muchas oportunidades para que grupos pequeños de creyentes pudieran animarse el uno al otro en su vida espiritual.

Los cristianos hoy luchan también para dominar varios aspectos de su vida.   Cuando los miembros ministran el uno al otro, sin embargo, el cuerpo de Cristo se puede edificar en amor (Efesios 4:16) mientras que cada persona se madura en carácter y conducta.  

En maneras prácticas (fáciles de implementar), la sanidad de enfermedades emocionales y mentales que causan que la gente pierda control de sus reacciones a los problemas puede suceder en una variedad de contextos dentro de la iglesia: estudios bíblicos y grupos de oración, clases de escuela dominical, reuniones el miércoles en la noche, y muchos más.   Una clase de escuela dominical que anima mucha participación, provee oportunidades para compartir, y ofrece oración y consejo para asuntos amenazadores puede convertirse en grupos de "apoyo" para personas afligidas.   El consejo espiritual y práctico ofrecido en amor puede ayudar al creyente a "tener templanza" (respondiendo de una manera madura y apropiada) con la ayuda divina del Espíritu Santo.

En la clase de escuela dominical que asisto, observo que cada domingo, cuando la gente expresa peticiones de oración, varias necesidades siempre están mencionadas.   De esta manera, aprendemos de las aflicciones de los demás y en oración pedimos la intervención del Señor.   Aunque es una manera sencilla, nos ayudamos a superar los temores y descubrir de nuevo la gracia perdurable de Dios.   El estudio de la Biblia y la discusión nos proveen conocimiento de cómo los creyentes deben reaccionar a las situaciones de crisis o problemas desconcertados diarios.   El compañerismo de un grupo pequeño de creyentes puede mejorar grandemente la obra del Espíritu en cada vida.

ConclusiÓn

En esta vida, nadie logra dominar todos los frutos del Espíritu igualmente.   Algunos especulan que quizás Pablo perdió control cuando tenía un desacuerdo con Bernabé sobre la decisión de llevar con ellos a Juan Marcos en otro viaje misionero (Hechos 15:36-41).   En cuanto a llegar a la perfección en esta vida, él escribió a los creyentes de Filipos, "No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús" (Filipenses 3:12).

El Espíritu de Cristo que obra en nuestros corazones para ayudarnos a vencer las prácticas pecaminosas, y también el consejo cariñoso de los hermanos, permiten que el fruto de la templanza crezca para la gloria de Dios.   Como resultado, podemos modelar los valores de Dios, demostrar en nuestra conducta su poder para ayudarnos diariamente, y ser más efectivos en compartir su amor por otros.

No es sorprendente que las relaciones humanas llegan a ser el campo de batalla para demostrar el nivel de gracia cristiana y la templanza.   Después de todo, Jesús mismo dijo: "En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros" (Juan 13:35).

Gary B. McGee, Ph.D., es profesor de historia de la iglesia y estudios pentecostales en Assemblies of God Theological Seminary, Springfield, Missouri.