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El Rvdo. Stanley Monroe Horton, de Springfield, Missouri, falleció el 12 de julio de 2014 a la edad de noventa y ocho años de edad en Maranatha Village, Springfield.

Hijo de Harry Samuel Horton y Myrle May Fisher, el Dr. Horton nació el 6 de mayo de 1916 en Huntington Park, California. Sus abuelos maternos, Elmer Kirk Fisher y Clara Daisy Sanford, participaron en el histórico Avivamiento de 1906 en la Calle Azusa, siendo los líderes de la cercana Misión Upper Room. Como hijo del Avivamiento de la calle Azusa y de la Misión, en palabras de George O. Wood, Superintendente General de las Asambleas de Dios, Horton sirvió como “un puente entre el avivamiento de Azusa y el tiempo presente”.

El Dr. Horton realizó sus estudios en el City College de Los Ángeles (A.A., 1935); la Universidad de California-Berkeley (B.S., 1937); el Gordon College (actualmente el Seminario Teológico Gordon-Cornwell; M.Div., 1944); la Universidad de Harvard (S.T.M., 1945) y el Seminario Teológico Central Bautista (Th.D., 1959). Fue Distinguido Profesor Emérito de Biblia y Teología en el Seminario Teológico de las Asambleas de Dios (AGTS), en el cual enseñó desde 1978 hasta 1991. Anteriormente, había presidido el Departamento de Biblia en el Central Bible College desde 1948 hasta 1978, y había sido profesor del Instituto Bíblico Metropolitan desde 1945 hasta 1948. Durante más de veinticinco años escribió el plan de estudios de “El Maestro” de adultos para la Escuela Dominical. En 1980 ocupó el cargo de presidente de la Sociedad para Estudios Pentecostales. Al jubilarse del magisterio en 1991, se mantuvo en el puesto de editor general de la Serie de Libros de Textos Pentecostales, “Logion Press” en Springfield, Missouri hasta el año 2000.

El Dr. Horton ha sido reconocido como el principal teólogo pentecostal. Erudito de renombre y prolífico escritor, recorrió el mundo hasta los noventa y dos años, visitó veinticinco países para dictar conferencias. Fue autor de docenas de libros, muchos de los cuales han sido traducidos a diversos idiomas, así como capítulos de libros y manuales, además de haber publicado más de doscientos cincuenta artículos y revisiones de libros. Fue incluido en la lista “Quién es Quién en Religión” y en la de “Educadores Destacados de los Estados Unidos”. Sus escritos han aparecido en publicaciones tan diversas como “The Encyclopedia Americana” y el “Diccionario de Movimientos Pentecostales y Carismáticos”.

Presidió el comité editorial de la “Biblia de Estudio de la Vida Plena” y su revisión del año 2003. En diversas traducciones a otros idiomas se la llama “La Biblia de Fuego”. Su libro “What the Bible Says about the Holy Spirit” (Gospel Publishing House, 1976), en español, “El Espíritu Santo revelado en la Biblia” (Vida Publishers), ha sido por largo tiempo el libro de texto fundamental sobre este tema en las universidades y los seminarios de todo el mundo. El Dr. Horton fue el traductor oficial de 1 y 2 Corintios del griego koiné al lenguaje moderno del judaísmo mesiánico para la Biblia “Tree of Life”, proyecto que realizó en colaboración con la Messianic Family Bible Project, actualmente la Biblia oficial de The King's University. La entrega de Stanley Horton a la labor de ayudar a la salvación de “Todo Israel” y su capacidad para las traducciones bíblicas no se debilitaron con el paso de los años.

El Dr. Robert Cooley, quien fuera estudiante de Horton en el Central Bible Institute en 1949, y más tarde colega suyo en la facultad de esta misma institución, comenta acerca de sus escritos: “Fue modelo de una erudición bíblica aplicada a la práctica. De manera que quien leyó la publicación trimestral para los adultos, pudo apreciar que el material de las lecciones tenía como fundamento una comprensión académica de las Escrituras que era al mismo tiempo muy práctica. Lo mismo sucedía con sus artículos y con sus demás libros: una comprensión técnica del texto bíblico, y al mismo tiempo una notable manera de traducir su contenido a un cuerpo de teología aplicada. Este es el significado de su vida; que tenía una maravillosa manera de alcanzar esto. Su erudición nunca fue esotérica, sino que siempre estuvo al nivel de todos. Su don era la capacidad de pasar de una teología exegética a una teología aplicada”.*

La vida de servicio de Horton se caracterizó por una combinación única de fervor pentecostal, dedicación a la erudición bíblica y un carácter semejante al de Cristo.

En 2010, el AGTS honró al Dr. Horton como “Líder del Legado”; alguien que manifiesta una “inquebrantable fidelidad a la Biblia… prolongado tiempo de ejercicio de sus funciones… un alto nivel de seguridad, sin apariencia alguna de arrogancia ni de altivez… [que] acepta la responsabilidad por [su] ministerio… [que] demuestra un amor incondicional por aquellos a quienes sirve… es perseverante… tiene una visión que siempre incluye el fervor evangelístico… y [que] toma decisiones que beneficiarán a la Iglesia… mucho más allá del ejercicio de sus responsabilidades… o incluso de su propia vida”.** Parte de ese legado fue el apoyo del Dr. Horton a la mujer en posición de liderazgo, así como su dedicación a la reconciliación racial. “Las Escrituras indican con claridad que todos somos uno en Cristo, y que nos necesitamos unos a otros”, solía decir.

Comprometido con el sentir de que seguir a Cristo significa ser “discípulo durante toda la vida”, el Dr. Horton continuó sirviendo a la Iglesia hasta bien entrados sus noventa años en la Comisión de las Asambleas de Dios para la Pureza Doctrinal, como consejero para los aspirantes al doctorado en AGTS, y como miembro de la junta original de Israel's Redemption, papel que desempeñó hasta el final de su vida.

En 2009, el AGTS estableció en su honor el Fondo de Recursos para a Erudición Dr. Stanley M. Horton (http://agts.edu/more/horton/). En vez de flores, se recomienda hacer una donación este fondo de recurso; tenga la bondad de llamar a la Oficina de Desarrollo del AGTS, en el teléfono 417-268-1000.

En 2009, Gospel Publishing House publicó la biografía del Dr. Horton bajo el título “Stanley M. Horton: Shaper of Pentecostal Theology” [Stanley M. Horton: Forjador de la Teología Pentecostal]. Como apéndice a la biografía, se halla disponible una bibliografía completa de obras del Dr. Horton, o acerca de él, publicadas hasta este momento, además de entrevistas de video con él en el portal del Flower Pentecostal Heritage Center en la red (haga clic aquí para verlo: http://s2.ag.org/hortonbib).

Antes que Stanley M. Horton, fallecieron sus padres, su amada esposa Evelyn Gertrude Parsons y sus hermanos Donald, Harold, David, Evelyn May, y Gertrude. Le sobreviven dos hermanas, Esther y Ruth, de California; dos hijos, Stan, Jr. (Linda Self) de Springfield, Missouri; y Ed (Diana Dykes) de Branson, Missouri, y su hija Faith (Brent Stilts) de Springfield, Missouri. También le sobreviven tres nietos: Matthew (Darci Stonebreaker), Mónica (Matthew Bryant) y Zachary Andrew Horton Stilts, así como seis biznietos: Cale, Aven, Asher, Noah, Lila y Seth.

Más adelante se comunicarán los detalles de su funeral.

--Lois Olena

*Robert Cooley, entrevista telefónica con Lois E. Olena, Springfield, Missouri, 28 de agosto de 2008.

**Thom S. Rainer, “Breakout Churches: Discover How to Make the Leap” (Grand Rapids, Michigan, Zondervan 2010), pp. 66-67. (En español, “Iglesias Exitosas: Descubre cómo dar el salto”, Editorial Vida, Miami, FL).

 

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Declaración de Verdades Fundamentales

[Desde el principio, los líderes de las Asambleas de Dios vieron la necesidad de determinar algunas normas fundamentales. Las dieciséis normas doctrinales que tenemos hoy son esencialmente las mismas Verdades Fundamentales que se establecieron en 1916.]

[Declaración de Verdades Fundamentales PDF]

La Biblia es nuestra regla suficiente de fe y conducta. Esta Declaración de verdades fundamentales tiene por objeto simplemente ser una base para la confraternidad entre nosotros (v.g., que todos hablemos una misma cosa, 1 Corintios 1:10; Hechos 2:42). La fraseología que se usa en esta declaración no es inspirada ni disputada, pero la verdad que se presenta se considera esencial para un ministerio del evangelio completo. No se afirma que esta declaración contenga toda la verdad bíblica, sólo que abarca nuestra necesidad tocante a estas doctrinas fundamentales.

1. La inspiración de las Escrituras

Las Escrituras, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, son verbalmente inspiradas por Dios y son la revelación de Dios para el hombre, la regla infalible y autoritaria de fe y conducta (2 Timoteo 3:15-17; 1 Tesalonicenses 2:13; 2 Pedro 1:21).

2. El único Dios verdadero

El único Dios verdadero se ha revelado como el eterno existente en sí mismo "YO SOY", el Creador del cielo y de la tierra y Redentor de la humanidad. Se ha revelado también encarnando los principios de relación y asociación como el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo (Deuteronomio 6:4; Isaías 43:10,11; Mateo 28:19; Lucas 3:22).

LA DEIDAD ADORABLE

(a) Definición de vocablos

Los vocablos trinidad y personas, según se relacionan con la Deidad, aunque no se encuentran en la Biblia, son vocablos que están en armonía con ella, por lo tanto podemos comunicar a los demás nuestro entendimiento inmediato de la doctrina de Cristo respecto al Ser de Dios, según se distingue de "muchos dioses y muchos señores". Por tanto podemos hablar debidamente del Señor nuestro Dios, que es un solo Señor, como una Trinidad o como un Ser de tres personas, sin apartarnos por ello de las enseñanzas bíblicas (como ejemplo, Mateo 28:19; 2 Corintios 13:14; Juan 14:16,17).

(b) Distinción y relación en la Deidad

Cristo enseñó una distinción de personas en la Deidad que expresó en términos específicos de relación, como Padre, Hijo y Espíritu Santo, pero que esta distinción y relación, en lo que a su forma se refiere es inescrutable e incomprensible, pues la Biblia no lo explica (Lucas 1:35; 1 Corintios 1:24; Mateo 11:25-27; 28:19; 2 Corintios 13:14; 1 Juan 1:3, 4).

(c) Unidad del Único Ser del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo

Por lo tanto, de la misma manera, hay eso en el Padre que lo constituye Padre y no Hijo; hay eso en el Hijo que lo constituye Hijo y no Padre; y hay eso en el Espíritu Santo que lo constituye Espíritu Santo y no Padre ni Hijo. Por lo que el Padre es el Engendrador; el Hijo es el Engendrado; y el Espíritu Santo es el que procede del Padre y del Hijo. Así que, por cuanto estas tres personas de la Deidad están en un estado de unidad, existe un solo Señor Dios Todopoderoso y tiene un solo nombre (Juan 1:18; 15:26; 17:11, 21; Zacarías 14:9).

(d) Identidad y cooperación en la Deidad

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no son idénticos en lo que respecta a persona; ni se les confunde en cuanto a relación; ni están divididos en cuanto a la Deidad; ni opuestos en cuanto a cooperación. El Hijo está en el Padre y el Padre está en el Hijo en cuanto a relación. El Hijo está con el Padre y el Padre está con el Hijo, en cuanto a confraternidad. El Padre no procede del Hijo, sino el Hijo procede del Padre, en lo que respecta a autoridad. El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, en cuanto a naturaleza, relación, cooperación y autoridad. Por tanto, ninguna de las personas de la Deidad existe ni opera separada o independientemente de las otras (Juan 5:17-30,32,37; 8:17,18).

(e) El título Señor Jesucristo

El título Señor Jesucristo es un nombre propio. En el Nuevo Testamento nunca se le aplica al Padre ni al Espíritu Santo. Por tanto pertenece exclusivamente al Hijo de Dios (Romanos 1:1-3,7; 2 Juan 3).

(f) El Señor Jesucristo, Dios con nosotros

El Señor Jesucristo, en lo que respecta a su naturaleza divina y eterna, es el verdadero y unigénito Hijo del Padre, pero en lo que respecta a su naturaleza humana, es el verdadero Hijo del Hombre. Por lo tanto, se le reconoce como Dios y hombre; quien por ser Dios y hombre, es "Emanuel", Dios con nosotros (Mateo 1:23; 1 Juan 4:2,10,14; Apocalipsis 1:13,17).

(g) El título Hijo de Dios

Siendo que el nombre Emanuel abarca lo divino y lo humano, en una sola persona, nuestro Señor Jesucristo, el título Hijo de Dios describe su debida deidad, y el título Hijo del Hombre su debida humanidad. De manera que el título Hijo de Dios pertenece al orden de la eternidad, y el título Hijo del Hombre al orden del tiempo (Mateo 1:21-23; 2 Juan 3; 1 Juan 3:8; Hebreos 7:3; 1:1-13)

(h) Transgresión de la doctrina de Cristo

Por tanto, es una transgresión de la doctrina de Cristo decir que el Señor Jesús derivó el título de Hijo de Dios sólo del hecho de la encarnación, o por su relación con la economía de la redención . De modo que negar que el Padre es un Padre verdarero y eterno y que el Hijo es un Hijo verdadero y eterno es negar la distinción y relación en el Ser de Dios; una negación del Padre y del Hijo; y una substitución de la verdad de que Jesucristo fue hecho carne (2 Juan 9; Juan 1:1,2,14,18,29,49; 1 Juan 2:22,23; 4:1-5; Hebreos 12:2).

(i) Exaltación de Jesucristo como Señor

El Hijo de Dios, nuestro Señor Jesucristo, después de limpiarnos del pecado con su sangre, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, sujetándose a El ángeles, principados, y potestades. Después de ser hecho Señor y Cristo, envió al Espíritu Santo para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla y confiese que Jesucristo es el Señor para la gloria de Dios el Padre hasta el fin, cuando el Hijo se sujete al Padre para que Dios sea todos en todo (Hebreos 1:3; 1 Pedro 3:22; Hechos 2:32-36; Romanos 14:11; 1 Corintios 15:24-28).

(j) Igual honor para el Padre y el Hijo

Siendo que el Padre ha dado al Hijo todo juicio, no es solo un deber de todos en el cielo y en la tierra postrarse ante El, sino que es un gozo inefable en el Espíritu Santo adscribir al Hijo todos los atributos de la deidad y rendirle todo el honor y la gloria contenidos en todos los nombres y títulos de la Deidad excepto los que denotan relación (ver los párrafos b, c y d), honrando así al Hijo como se honra al Padre (Juan 5:22,23; 1 Pedro 1:8; Apocalipsis 5:6-14; Filipenses 2:8,9; Apocalipsis 7:9,10; 4:8-11).

3. La Deidad del Señor Jesucristo

El Señor Jesucristo es el eterno Hijo de Dios. La Biblia declara:

(a) Su nacimiento virginal (Mateo 1:23; Lucas 1:31,35).

(b) Su vida sin pecado (Hebreos 7:26; 1 Pedro 2:22).

(c) Sus milagros (Hechos 2:22; 10:38).

(d) Su obra vicaria en la cruz (1 Corintios 15:3; 2 Corintios 5:21).

(e) Su resurrección corporal de entre los muertos (Mateo 28:6; Lucas 24:39; 1 Corintios 15:4).

(f) Su exaltación a la diestra de Dios (Hechos 1:9, 11; 2:33; Filipenses 2:9-11; Hebreos 1:3).

4. La caída del hombre

El hombre fue creado bueno y justo; porque Dios dijo: "Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza". Sin embargo, el ser humano por su propia voluntad cayó en transgresión, incurriendo así no sólo la muerte física sino también la espiritual, que es la separación de Dios (Génesis 1:26, 27; 2:17; 3:6; Romanos 5:12-19).

5. La salvación del hombre

La única esperanza de redención para el hombre es a través de la sangre derramada de Jesucristo, el Hijo de Dios.

(a) Condiciones para la salvación. La salvación se recibe a través del arrepentimiento para con Dios y la fe en el Señor Jesucristo. El hombre se convierte en hijo y heredero de Dios según la esperanza de vida eterna por el lavamiento de la regeneración, la renovación del Espíritu Santo y la justificación por la gracia a través de la fe (Lucas 24:47; Juan 3:3; Romanos 10:13–15; Efesios 2:8; Tito 2:11; 3:5–7).

(b) Evidencias de la salvación. La evidencia interna de la salvación es el testimonio directo del Espíritu (Romanos 8:16). La evidencia externa ante todos los hombres es una vida de justicia y verdadera santidad (Efesios 4:24; Tito 2:12).

6. Las ordenanzas de la iglesia

 

(a) El bautismo en agua. Las Escrituras establecen la ordenanza del bautismo en agua por inmersión. Todos los que se arrepienten y creen en Cristo como Salvador y Señor deben ser bautizados. De esta manera declaran ante el mundo que han muerto con Cristo y que han sido resucitados con El para andar en nueva vida (Mateo 28:19; Marcos 16:16; Hechos 10:47, 48; Romanos 6:4).

(b) La santa comunión. La Cena del Señor, que consiste en la participación de las especies eucarísticas–el pan y el fruto de la vid–es el símbolo que expresa nuestra participación de la naturaleza divina de nuestro Señor Jesucristo (2 Pedro 1:4); un recordatorio de sus sufrimientos y su muerte (1 Corintios 11:26); y una profecía de su segunda venida (1 Corintios 11:26); y un mandato para todos los creyentes "¡hasta que él venga!"

7. El bautismo en el Espíritu Santo

Todos los creyentes tienen el derecho de recibir y deben buscar fervientemente la promesa del Padre, el bautismo en el Espíritu Santo y fuego, según el mandato del Señor Jesucristo. Esta era la experiencia normal y común de toda la primera iglesia cristiana. Con el bautismo viene una investidura de poder para la vida y el servicio y la concesión de los dones espirituales y su uso en el ministerio (Lucas 24:49; Hechos 1:4, 8; 1 Corintios 12:1–31). Esta experiencia es distinta a la del nuevo nacimiento y subsecuente a ella (Hechos 8:12–17; 10:44–46; 11:14–16; 15:7–9). Con el bautismo en el Espíritu Santo el creyente recibe experiencias como la de ser lleno del Espíritu (Juan 7:37–39; Hechos 4:8), una reverencia más profunda para Dios (Hechos 2:43; Hebreos 12:28), una consagración más intensa a Dios y dedicación a su obra (Hechos 2:42) y un amor más activo para Cristo, para su Palabra y para los perdidos (Marcos 16:20).

8. La evidencia física inicial del bautismo en el Espíritu Santo

El bautismo de los creyentes en el Espíritu Santo se evidencia con la señal física inicial de hablar en otras lenguas como el Espíritu los dirija (Hechos 2:4). El hablar en lenguas en este caso es esencialmente lo mismo que el don de lenguas (1 Corintios 12:4–10, 28), pero es diferente en propósito y uso.

9. La santificación

La santificación es un acto de separación de todo lo malo, y de dedicación a Dios (Romanos 12:1, 2; 1 Tesalonicenses 5:23; Hebreos 13:12). La Biblia prescribe una vida de "santidad sin la cual nadie verá al Señor" (Hebreos 12:14). Por el poder del Espíritu Santo podemos obedecer el mandato que dice: "Sed santos porque yo soy santo" (1 Pedro 1:15, 16).

La santificación se efectúa en el creyente cuando este reconoce su identidad con Cristo en su muerte y su resurrección, y por fe se propone vivir cada día en esta unión con Cristo, y somete todas sus facultades al dominio del Espíritu Santo (Romanos 6:1–11, 13; 8:1, 2, 13; Gálatas 2:20; Filipenses 2:12, 13; 1 Pedro 1:5).

10. La Iglesia y su misión

La Iglesia es el cuerpo de Cristo, la morada de Dios por el Espíritu Santo, con el encargo divino de llevar a cabo su gran comisión. Todo creyente, nacido del Espíritu Santo, es parte integral de la asamblea general e iglesia de los primogénitos, que están inscritos en los cielos (Efesios 1:22, 23; 2:22; Hebreos 12:23).

Siendo que el propósito de Dios en relación con el hombre es buscar y salvar lo que se había perdido, ser adorado por el ser humano y edificar un cuerpo de creyentes a la imagen de su Hijo, la principal razón de ser de las Asambleas de Dios como parte de la Iglesia es:

(a) Ser una agencia de Dios para la evangelización del mundo (Hechos 1:8; Mateo 28:19, 20; Marcos 16:15, 16).

(b) Ser un cuerpo corporativo en el que el hombre pueda adorar a Dios (1 Corintios 12:13).

(c) Ser un canal para el propósito de Dios de edificar a un cuerpo de santos siendo perfeccionados a la imagen de su Hijo (Efesios 4:11–16; 1 Corintios 12:28; 14:12).

(d) Ser un pueblo que muestra el amor y la compasión de Dios a todo el mundo (Salmo 112:9; Gálatas 2:10; 6:10; Santiago 1:27).

Las Asambleas de Dios existe expresamente para dar continuo énfasis a esta razón de ser según el modelo apostólico del Nuevo Testamento enseñando a los creyentes y alentándolos a que sean bautizados en el Espíritu Santo. Esta experiencia:

a. Los capacita para evangelizar en el poder del Espíritu con señales y milagros (Marcos 16:15–20; Hechos 4:29–31; Hebreos 2:3, 4).

b. Agrega una dimensión necesaria a la adoración y a la relación con Dios (1 Corintios 2:10–16; 1 Corintios 12–14)

c. Los capacita para responder a la plena manifestación del Espíritu Santo en la expresión de frutos, dones y ministerios como en los tiempos del Nuevo Testamento para la edificación del cuerpo de Cristo (Gálatas 5:22–26; 1 Corintios 14:12; Efesios 4:11, 12; 1 Corintios 12:28; Colosenses 1:29).

11. El ministerio

Nuestro Señor ha provisto un ministerio que constituye un llamamiento divino y ordenado con el cuádruple propósito de dirigir a la iglesia en: (1) la evangelización del mundo (Marcos 16:15–20), (2) la adoración a Dios (Juan 4:23, 24) y (3) la edificación de un cuerpo de santos para perfeccionarlos a la imagen de su Hijo (Efesios 4:11, 16), y (4) satisfacer las necesidades humanas con ministerios de amor y compasión (Salmo 112:9; Gálatas 2:10; 6:10; Santiago 1:27).

12. Sanidad divina

La sanidad divina es una parte integral del evangelio. La liberación de la enfermedad ha sido provista en la expiación y es el privilegio de todos los creyentes (Isaías 53:4, 5; Mateo 8:16, 17; Santiago 5:14–16).

13. La esperanza bienaventurada

La resurrección de los que han muerto en Cristo y su arrebatamiento junto con los que estén vivos cuando sea la venida del Señor es la esperanza inminente y bienaventurada de la Iglesia (1 Tesalonicenses 4:16, 17; Romanos 8:23; Tito 2:13; 1 Corintios 15:51, 52).

14. El reino milenario de Cristo

La segunda venida de Cristo incluye el rapto de los santos, que es nuestra esperanza bienaventurada, seguido por el regreso visible de Cristo con sus santos para reinar sobre la tierra por mil años (Zacarías 14:5; Mateo 24:27–30; Apocalipsis 1:7; 19:11–14; 20:1–6). Este reino milenario traerá la salvación de Israel como nación (Ezequiel 37:21, 22; Sofonías 3:19,20; Romanos 11:26,27) y el establecimiento de una paz universal (Isaías 11:6–9; Salmo 72:3–8; Miqueas 4:3, 4).

15. El juicio final

Habrá un juicio final en el que los pecadores muertos serán resucitados y juzgados según sus obras. Todo aquel cuyo nombre no se halle en el Libro de la Vida, será confinado a sufrir castigo eterno en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda, junto con el diablo y sus ángeles, la bestia y el falso profeta (Mateo 25:46; Marcos 9:43–48; Apocalipsis 19:20; 20:11–15; 21:8).

16. Los cielos nuevos y la tierra nueva

"Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia" (2 Pedro 3:13; Apocalipsis 21:22).

 

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