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NOTA DEL EDITOR: Desde la publicación original de este artículo publicado el 23 de julio de 2000 en el
Evangelio Pentecostal, Centro Familiar de Adoración (CFA) ha continuado multiplicándose, fundando un total de 40 nuevas iglesias en Paraguay. En CFA, también han experimentado un crecimiento dinámico, y se han convertido en la iglesia más grande de la nación.


El sol no asomaba aún, cuando Emilio Abréu, un niño de 9 años, introdujo el pie en el agua; estaba fría y penetrante como la brisa de la mañana, pero se quitó la camisa y se zambullo. Pronto todo su cuerpo estuvo bajo el agua.

Tres años más tarde, ese niño superó todas las marcas de Paraguay en natación para su edad. Cada año progresaba un poco más. Él dominaba en su especialidad. Cuando cumplió los 19 años se trasladó a los Estados Unidos para entrenar en vista de las olimpiadas. Su destreza como nadador lo ayudó a pagar sus estudios como en la universidad y también a cumplir su sueño de participar en los Juegos Olímpicos.
 
En el Miami Dade Junior College impresionó a un escéptico entrenador cuando igualó el record de la escuela. Aquel año, Emilio ganó tres reconocimientos honoríficos al atleta norteamericano y marcó tres nuevos records. Su especialidad era los 200 metros combinados, 200 metros mariposa, y 400 metros combinados.
 
Las universidades empezaron a hacer sus ofertas. El aceptó aceptar la oferta de la universidad de Indiana. "Teníamos un buen equipo, pero lo clave que ocurriría fue mi salvación", dice Emilio, de 46 años. Mi entrenador era cristiano. A través de  él escuché acerca del evangelio.
 
En marzo de 1976, Emilio pidió a Cristo que viniera a su vida y vivió una radical conversión.
 
"Yo era un atleta y eso me ayudó a no desviarme del buen camino", nos explica. Pero antes de aceptar a Cristo como mi Salvador, procuraba llenar el vacío de mi vida con fiestas. Después que tuve el encuentro con Jesús, deje de hacer esas cosas. Él cambió mi vida, mis prioridades, y mis acciones, ¡fue increíble!
 
Emilio dedicaba su tiempo libre a la lectura de la Biblia, la oración, y a testificar. Llegó a ser el presidente de la Fraternidad de Atletas Cristianos de la universidad. Cuando sus compañeros de equipo se lesionaban o pasaban par momentos difíciles, él oraba con ellos. Muchos fueron sanados. Ese año, más de la mitad del equipo de natación abrió su vida a Jesús.
 
"Dios me estaba preparando para lo que vendría", dice Emilio. Lo más importante en mi vida era el reino de Dios, ya que sabía que era lo único que duraría para siempre.

Cuatro meses después de su conversión, Emilio representó a Paraguay en las Olimpiadas de Montreal, Canadá. Él nadó los 400 metros combinados.
 
"Participar en las Olimpíadas fue una de las más grandes experiencias de mi vida. En aquel tiempo yo era un nuevo creyente y tenía el fuego del Espíritu Santo, así que testificaba a cualquier persona que cruzara mi camino."
 
Emilio compartía su fe en los camarines, en la villa olímpica, y en los buses que llevaban los atletas a los torneos. También se encontró con otros atletas cristianos deseosos de hacer lo mismo.
 
"Compartimos nuestra fe con todos, aun con atletas de países comunistas." Participar en las olimpíadas era una gran oportunidad de causar un impacto en personas que ejercían gran influencia en su país de origen.
 
Durante su tiempo de estudiante, Emilio obtuvo 15 premios de honor. Además conoció a una estudiante, Bethany, que más tarde fue su esposa. Después de la graduación, la pareja se mudo a Paraguay porque Emilio planeaba trabajar en la empresa de la familia.
 
Sin embargo, Dios tenia otro plan para el campeón olímpico. "Mi plan no era el ministerio", explica Emilio. "Nunca lo consideré. Ser cristiano en mi país es para ciudadanos de segunda categoría, especialmente aquellos que se dedican al ministerio."
 
En 1984, poco tiempo después de haberse trasladado, unos amigos le pidieron que sirviera de interprete a unos predicadores. Durante nueve meses, cada noche de la semana, Emilio interpretó las palabras del misionero. Mientras lo hacía, descubrió la dicha de proclamar la Palabra y orar por la gente.
 
"En ese momento no me daba cuenta, pero Dios me estaba preparando para el ministerio", agrega Emilio.

Cuando las reuniones concluyeron, un grupo de 12 estudiantes de escuela secundaria le preguntaron si podía dirigir una sesión de estudio bíblico. El accedió y pronto en el grupo tuvo unas 60 personas. Emilio abandonó su trabajo en la empresa de la familia para convertirse en ministro. El grupo continuó creciendo y tuvo que trasladarse de un edificio a otro. Hoy, cerca de 6.000 personas se reúnen en el Centro de Adoración Familiar, y 4.000 más se congregan en las obras anexas.
 
"Estamos trabajando con un arquitecto para construir una iglesia con capacidad para 20.000 personas", dice Emilio. Desde 1985 hemos iniciado 11 iglesias anexas.
 
A pesar de que ya no participa en competencias de natación, Emilio todavía entrena cada día con la misma tenacidad que lo llevo a las Olimpíadas. Pero antes del amanecer, en vez de saltar al agua fría de una pileta, el dedica horas a la oración, la lectura de la Palabra, y a compartir el mensaje de Cristo con quien quiera escuchar.
 
"Hay muchos que necesitan a Jesús", nos dice, "y el tiempo se acaba. Debemos hacer todo lo que podamos para decirles que la vida de ellos puede cambiar mediante el poder de Cristo."



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