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Principios de asesoramiento matrimonial para pastores

Por Tricia Cunningham

Tricia Cunningham


Tricia Cunningham, LPC, MFT, dirige Restoration Counseling en La Quinta, California, donde su esposo es pastor. Tienen tres hermosos hijos de 17, 14, y 12 años de edad.

Hace unas semanas recibí una llamada de mi amiga Mónica, que es esposa de un pastor en otro Estado.

—Tricia —dijo, con prisa y ansiedad—. Siento mucho molestarte, pero ¿podrías ayudarme?

—Por supuesto —le respondí, un poco preocupada de que acaso había ocurrido algo grave—. ¿Qué pasa?

—Estoy en camino para encontrarme con una mujer de nuestra iglesia que acaba de enterarse que su marido ha estado viendo pornografía. Está bastante alterada. Sencillamente no sé cómo ayudarla. Temo decir algo que la altere… ¡Cómo quisiera que vivieras aquí para que tú la aconsejaras!

Alguien que viene a pedirle consejos generalmente ya ha determinado que puede confiar en usted.

Como terapeuta matrimonial y familiar, y por casualidad también esposa de pastor, de vez en cuando tiendo a recibir estas llamadas de amigos en el ministerio que son gente amable y cariñosa. Aunque esas características a menudo son suficientes para asesorar en un entorno laico, hay algunos principios de consejería que, de aplicarse, podrían enriquecer la experiencia de asesoramiento

Mantenga la confidencialidad

Alguien que viene a pedirle consejos generalmente ya ha determinado que puede confiar en usted. La confiabilidad implicaría un compromiso de no revelar información a alguien que pueda conocer a esta persona.

(Sin embargo, a veces puede ser necesario faltar a la confidencialidad para proteger a otros de algún peligro. Incluso los asesores profesionales faltan a la confidencialidad cuando descubren que hay abuso de niños o ancianos, o la intención de dañar seriamente otros.

Escuche detenidamente

Esfuércese por descubrir el significado tanto de las palabras como de las emociones que expresa la persona. No piense que esto es fácil.

Si, por ejemplo, una mujer dice: “Me siento tan enojada que sólo quiero vengarme de él. Tengo ganas de engañarlo.” En lugar de responder rápidamente dando todas las razones por las que no debe hacer eso, hágale una pregunta reflexiva, como: “¿Dice usted que quiere vengarse de él haciéndole daño de la misma forma en que él le ha hecho dañó?” Si ella dice que sí, podría hacer una pregunta de seguimiento, algo así como: “¿De veras está usted considerando engañarlo?” A menudo, las personas exageran por el efecto, y suponen que usted sabe que no es en serio. Otras veces, los individuos, mediante esas declaraciones, dan señales que realmente reflejan cómo se sienten. Al hacer una pregunta aclarativa usted podrá distinguir entre ambos, lo cual le ayudará a decidir si dejarlo como está, o hacer un seguimiento.

Después de que usted haya escuchado a la persona el tiempo suficiente para que se sienta comprendida y se dé cuenta de que realmente se preocupa por ella, estará mucho más abierta hacia la orientación.

Después de que usted haya escuchado a la persona el tiempo suficiente para que se sienta comprendida y se dé cuenta de que realmente se preocupa por ella, estará mucho más abierta hacia la orientación.

No se sobrepase en dar consejos

La gente equivocadamente supone que un buen asesor es “uno que da buenos consejos”. Pero en realidad, el asesoramiento cualificado se trata más de saber cómo y cuándo “guiar” o “tomar el mando” con alguien, y cuándo dejar que la persona luche con el Señor y resuelva algunas cosas por su cuenta.

Usted no tiene que tener una respuesta para todo. Se le harán preguntas como: “¿Por qué Dios no evitó que esto suceda?” “¿Debo quedarme en este matrimonio?” Cuando la gente está sufriendo hace esta clase de preguntas. Es perfectamente aceptable, y generalmente mejor, animar a las personas a que intenten conseguir sus respuestas directamente del Señor. Se sorprenderá de lo bien que esto resulta.

Mantenga el enfoque fuera de sí mismo

El asesorar a alguien es muy diferente a charlar con un amigo. Una de las diferencias es que usted no está “compartiendo el problema”. En una conversación con un amigo, generalmente se habla compartiendo historias, pensamientos, y sentimientos. Sin embargo, cuando usted está asesorando, el enfoque permanece en el cliente. Cuando estoy trabajando con clientes, hay momentos en que siento que una experiencia de mi vida puede ser beneficiosa para el cliente. Pero cuando enseño a través de ilustraciones personales, el relato es breve y con propósito, y luego vuelvo a centrarme en el cliente.

Ejerza buenos límites

Hay una razón por la que la mayoría de los pastores, líderes de ministerios, y consejeros profesionales han elegido su “profesión de ayuda”. Son personas bondadosas que sinceramente quieren ayudar a otros. Pero no es raro que estas personas se adentren demasiado en el papel de “salvador”, algo que no solamente elude la obra del Espíritu Santo sino que también fomenta dependencia insalubre.

Si usted, como el que ayuda, no duerme bien, tiene largas conversaciones por teléfono acerca de la situación de la persona a la que está ayudando, está abrumado con emociones acerca de ello, y hace cosas que la persona a la que está ayudando debiera hacer, probablemente está haciendo más daño que bien. Tómelo como una advertencia si está trabajando más duro que la persona que tiene el problema.

Usted pone en peligro su propia salud y bienestar si invierte demasiado de sí mismo en los demás, así que es importante que mantenga ciertos límites. La mayoría de las llamadas de “emergencia” que usted recibe en realidad no son casos de emergencia. Incluso si una persona angustiada lo llama a altas horas de la noche, o en medio del partido de fútbol de su hijo, es importante que evalúe la crisis. ¿Puede esperar un día? Si es así, simplemente concerte con la persona una cita para el día siguiente. El hecho de que la persona tiene una cita para hablar con usted será reconfortante para ella, y lo ayudará a usted a mantener su propio sentido de equilibrio y prioridad.

Sepa cuándo referir

Usted no tiene que tener una respuesta para toda ocación.

Las iglesias y las organizaciones ministeriales de esta nación están llenas de personas en todo tipo de ministerios que generosamente ofrecen su tiempo y talento para ayudar a otros en asesoramiento laico. Y un sinnúmero de personas son bien atendidas por estos individuos. Pero a veces lo mejor que usted puede hacer es referir a una persona o pareja a un asesor profesional.

Si hay abuso, pensamientos o comportamientos suicidas u obsesivos, infidelidad, alcohol, drogas, pornografía, u otras adicciones, refiera a la persona a un profesional.

Conclusión

Sea que usted trabaje con una pareja o un individuo, o termine refiriendo a las personas a un consejero profesional licenciado, a un psicólogo, o a un terapeuta matrimonial y familiar, su papel es vital. Que el Señor lo llene de sabiduría, gracia, y amor cuando ofrezca ayuda a aquellos que están bajo su influencia.

Nota: si tiene preguntas o desea solicitar sugerencias de recursos puede enviar un comunicado electrónico (en inglés) a Tricia, a la siguiente dirección: tricia@restoration-counseling.com