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Estrategias para tener menor remordimiento en el ministerio

Por Kim Martinez

Gail Johnsen

Kim Martínez es pastora, con credenciales de las Asambleas de Dios, que trabajan principalmente en zonas urbanas. Ella tiene una maestría en teología del Seminario Fuller y escribe artículos para Ministry Today.

Cuando tenía dieciocho años de edad me dieron una residencia fantástica. Ese tiempo de práctica requería que viviera con una familia, cuya forma de vida no entendía. Después de seis semanas, dejé la residencia y volví a casa. Seis meses después, empezó el dolor. Usted tal vez tenga experiencia de esa clase de dolor, que comienza con punzadas en el estómago y luego pasa al cuello, donde se hace nudos. Después vienen los relámpagos de dolor emocional. En los peores días, uno llega al borde del pánico. En mejores, esa angustia nos recuerda que nunca jamás queremos hacer algo que vaya a causar semejante dolor o remordimiento.

El remordimiento viene porque no llegamos a la altura de las expectativas de nosotras mismas o de otros. ¿Recuerda las clases de ciencias en la escuela secundaria? Allí aprendimos que, incluso en los entornos más controlados, los seres humanos nos equivocamos como tres por ciento de las veces. Esto significa que no importa lo que hagamos, habrá momentos en que defraudaremos a Dios, a otros, y a nosotras mismas. Usted cometerá errores. Sin embargo, hay muchas cosas que puede hacer para convertir esos errores (o la sensación de que ha cometido un error) en oportunidades de crecimiento, en lugar de volverlos en estanques supurantes de pesar. He aquí algunas cosas que pudieran ayudarle:

  1. Maneje sus expectativas. Yo entreno a mujeres en la vida y en el ministerio. He descubierto que comúnmente tendemos a formar una imagen de cómo debe ser la vida y nos entregamos de lleno a cumplir esa expectativa. Comprendemos el propósito al que Dios nos está llamando, y luego buscamos la manera de llegar allí. Empezamos por ese camino, y entonces pasa algo en la vida. Alguien construye una pared de ladrillo en el centro de nuestro bien planificado camino hacia el éxito, o un terremoto abre un desfiladero en medio de ese camino. Ahí estamos, colgando sobre el borde, tratando de encontrar tracción, con la esperanza de que la vida pronto vuelva a nuestro bien planificado “normal”.

    Cuando nos chocamos con una pared de ladrillos, a cien kilómetros por hora, no podemos escapar del dolor. Para algunas personas es difícil recuperarse de ese golpe. Buscan encontrar un camino de regreso a la imagen de perfección que tuvieron al principio.

    Las paredes de ladrillo pueden ser decepciones y sueños fallidos, como cuando sólo llegan dos personas al programa que usted planificó para ochenta. Los desfiladeros son acontecimientos en la vida de gran envergadura, como la muerte de un ser querido o la pérdida de un buen trabajo.

    Hace años tuve un trabajo que me encantaba. Entonces lo perdí. La transición que tuve, de la iglesia y el trabajo que me encantaba, posiblemente fue la más difícil de mi vida, un lugar entre una pared de ladrillo y el Gran Cañón.

    Recientemente, escuché una excelente exposición sobre este tema, de parte de mi hija de 21 años de edad. Ella me dijo: “Estoy aprendiendo a manejar mis expectativas. En lugar de establecer mi programa y tratar de cumplirlo, estoy esperando a que Dios dirija mi camino. He decidido que al acercarme más a Jesús cada día, voy cumpliendo mi objetivo.”

    ¿Por qué no se me habría ocurrido eso? ¿Por qué pasé tantos años tratando de abrirme paso en el ministerio en vez de confiar en que Dios me hiciera la persona para la cual Él me creó?

  2. Acepte que el sendero de la mujer es diferente. Durante años traté de ser una voz valorada en el ministerio, donde los hombres en gran medida mandan. Intenté seguir un sendero familiar para los hombres y que pudiera ser respetado por ellos. Dado que la vida de los varones es bastante lineal, me sentía abatida cada vez que me encontraba con un desvío. El sendero de una mujer no es igual al de un hombre. Aunque nuestro aporte y nuestra condición son igual de importantes, esa igualdad no significa lo mismo. Su voz como mujer será valorada porque usted aporta una profundidad de experiencia que es diferente. Con el fin de tener una voz valorada usted no tiene que recorrer el mismo sendero que sus homólogos masculinos. Lo que sí tiene que hacer es dejar que Dios desarrolle su vida a través de todos los desvíos y las experiencias.

    Usted cometerá errores. Sin embargo, hay muchas cosas que puede hacer para convertir esos errores (o la sensación de que ha cometido un error) en oportunidades de crecimiento, en lugar de volverlos en estanques supurantes de pesar.

    Después del nacimiento de mi segundo hijo, me encontré en un desvío importante. Yo había estado fuera del ministerio un par de años, y sentía como que Dios se había olvidado completamente de mí. Regalé todos los libros que tenían que ver con el ministerio, excepto mis comentarios. Esperaba tener una vida lineal agradable, y descubrí que Dios usa desvíos. Ese fue un tiempo muy oscuro y difícil. Seis años más tarde, de pronto Dios me llamó nuevamente al ministerio activo. Para entonces yo era una persona diferente, con la profundidad y sabiduría que sólo puede forjarse a través de la locura de criar niñitos que no dejan dormir y mediante presupuestos que sólo Dios puede arreglar.

  3. Obtenga aportes. Hay algo nuevo que está dando vueltas, grupos llamados Mastermind [mente experta]. El objetivo de un grupo de Mastermind es que usted busque cinco o seis de las personas más inteligentes que uno conozca y las haga parte de su vida. Reúnanse regularmente, y deje que le den información. Algunas de las personas más laboriosas que conozco tienen dos o tres grupos de Mastermind; uno para su vida espiritual, uno para su ministerio; y uno para la vida en general. El término Mastermind es nuevo, pero no el concepto; por lo menos no para las mujeres. Las mujeres que avanzan juntas pueden marcar una diferencia.

  4. Disponga de tiempo para su vida espiritual. Esto es más que “tener un tiempo devocional”. Si usted sabe cómo recibe información y cuáles son sus lenguajes del amor, puede determinar cómo mejor relacionarse con Dios. Además, las disciplinas espirituales tienen como fin ayudarle a establecer espacio para escuchar la voz de Dios, para ver lo que Él quiere mostrarle, y para sentir su presencia. En el Distrito y la Red de Ministerio tenemos grupos de mujeres que se comprometen a formar un grupo, de un año de duración, para ejercer disciplinas espirituales. En grupos de cinco o seis mujeres estudiamos las disciplinas espirituales, nos animamos unas a otras en línea, y nos reunimos para un retiro. Podría ser de ayuda que usted organizara su propio grupo que dé prioridad a la relación con Dios en su tiempo y energía.

  5. Comprenda que sus expectativas pueden producir su realidad. Hubo un tiempo cuando yo creía que era mi responsabilidad hacer coincidir mi forma de vida con paradigmas que tenían sentido para los demás. En mi afán de hacer eso, buscaba convertirme a mí y a mi esposo en personas que no éramos. Yo nunca seré linda o dulce. Buscaba encajar en un molde que no era para mí y tenía constante remordimiento porque no era posible. Tenía expectativas poco realistas, y enfrentarme a éstas todos los días me ponía de mal humor. Esa persona malhumorada producía una realidad de mal humor. Pero cuando cambié mis expectativas, a ser la persona para la cual Dios me había creado, comencé a andar en gracia y alegría. Eso produjo una realidad muy diferente de aceptación y paz.

  6. Conozca sus fortalezas y nútralas. Algo de lo más positivo que usted puede hacer es tomar un examen de sus fortalezas (vea  Strengthsfinder 2.0 )  y así descubrir sus puntos fuertes. Éstos son los que le dan energía. Pase ochenta por ciento de su tiempo haciendo cosas en sus áreas de fortaleza y tendrá la energía necesaria para ser la persona para la cual ha sido creada.

  7. Busque un entrenador. Un entrenador no le dirá lo que debe hacer, o volverá continuamente al pasado para descubrir por qué usted sigue dando vueltas por la misma montaña. En cambio, un entrenador le ayudará a centrarse en ser la persona para la cual fue creada, eliminando las barreras, creando un sentido de libertad en su vida. Con la ayuda de un entrenador usted podrá superar las cosas del pasado que la paralizaban y, más bien, seguir adelante con fuerza. Usted puede encontrar entrenadores certificados de las Asambleas de Dios en AGCoaching.org.

  8. Conozca sus recursos. Sólo hay veinticuatro horas en el día. Dedique su tiempo a hacer las cosas que hace mejor. Usted no tiene que ser la originadora de cada paso en el ministerio. Alguien por ahí ya ha creado herramientas muy útiles en casi todas las áreas del ministerio. Descubra todo lo que tiene para ofrecer las Asambleas de Dios; encontrará muchos recursos en línea. Entonces tendrá la libertad de utilizar su tiempo y su energía en cosas del ministro que son parte de sus dones primarios.

Por encima de todo, no olvide a quién está tratando de complacer. Al fin y al cabo, pregunte a Dios lo que Él dice sobre su trabajo, su rendimiento, y sus relaciones. Él no es un amo exigente, y comprende cuando no todo le sale de las mil maravillas. Como dice Pablo, nos gloriamos en nuestras debilidades, porque así damos lugar a que Dios se muestre poderoso en nosotras y a través de nosotras.

Los errores son parte de la vida. Dios estaba plenamente consciente de la humanidad de usted cuando la creó. De ningún modo tiene que sentir remordimiento por sus errores. En su lugar, camine en alegría y paz, porque Dios ya le ha allanado un sendero. Al igual que la de José, su trayectoria puede ser complicada y pasar por muchas curvas, pero Dios tiene el panorama completo, y Él tomará incluso las cosas más frustrantes de su vida y hará algo maravilloso.