Una Perspectiva Bíblica Sobre Los Juegos De Azar

(ADOPTADA POR EL PRESBITERIO GENERAL EN SESIÓN EL 1 Y 3 DE AGOSTO DE 2015)

La ubicuidad sin precedente de los juegos de azar y sus consecuencias en la cultura estadounidense exigen una crítica desde una perspectiva cristiana. Para determinar si la participación en los juegos de azar es apropiada, los seguidores de Jesús llenos del Espíritu deben reconocer la naturaleza problemática de los juegos de azar, comprender los principios relevantes que derivan de las Sagradas Escrituras, y aplicar esos principios en oración y con sensibilidad en su círculo de influencia personal.

La naturaleza de los juegos de azar

La definición básica de «apostar» en el diccionario es «participar en un juego por dinero o bienes; apostar sobre un resultado incierto»1. Una descripción legal más precisa puede ayudar a los cristianos a comprender los juegos de azar y a diferenciarlos de las transacciones legítimas en las que los esfuerzos creativos, las habilidades útiles y las inversiones responsables —con previsiones de rentabilidad positiva, al menos a largo plazo, además del valor inherente de riesgo marginal que se toma— son factores integrales:

Una persona se involucra en los juegos de azar cuando invierte o arriesga algo de valor en el resultado de una competencia de azar o un evento que está supeditado al futuro y que no está bajo su control o influencia… Los juegos de azar carecen de transacciones comerciales de buena fe que sean válidas bajo la ley de contratos, tales como la compra o la venta de valores o materias primas en una fecha futura, de contratos de naturaleza resarcitoria o contratos constitutivos, o de seguros de garantía financiera, de vida, de salud o de accidentes2.

Los juegos de azar, por tanto, son reconocidos como cualquier actividad en la cual la riqueza cambia de manos, principalmente sobre la base del azar, y presentan un riesgo para el apostador.

Los juegos de azar presentan una amplia variedad de actividades, tanto ilegales (y, por consiguiente, prohibidas por el estado y/o las leyes federales) como legales (y, por lo tanto, estrictamente reguladas por el estado y/o las leyes federales). En los Estados Unidos, a menudo se alude a los juegos legalizados de manera eufemística como «los juegos», entre los cuales se incluyen muchas clases de juegos en los que incluso algunos cristianos participan de vez en cuando de manera recreativa. Por lo general, éstos incluyen tres categorías: una probabilidad que no cambia (o sistema de apuestas «pari-mutuel»), tales como las carreras de caballos y galgos y otros eventos deportivos; los juegos de azar en los casinos, tanto los juegos de mesa como los juegos electrónicos (por ejemplo, las máquinas tragamonedas, video póker); y los juegos de azar fuera del casino, tales como el bingo, los juegos de la muerte, las loterías, las tarjetas raspe y gane, los juegos de carnaval, los juegos de naipes, los juegos de confianza (por ejemplo, el juego de trile), y los juegos con dados. Las actividades tales como las rifas, y a veces el bingo, que están diseñadas ante todo para apoyar una causa caritativa, y sólo de forma secundaria para generar una posible ganancia derivada de una compra, por lo general no se consideran «juegos de azar», aunque algunos de éstos tal vez sean un asunto de consciencia personal. 

El problema de los juegos de azar

La preponderancia de los juegos de azar ha incrementado como resultado de su acelerada legalización3, del aumento de la exposición mediática a través de las grandes loterías, de mayor accesibilidad a través de los juegos de azar en línea y de las loterías autorizadas por el estado, de la percepción de que «los juegos de azar» son aceptados como una actividad social saludable y un entretenimiento recreativo, y de las declaraciones afirmativas de sus beneficios económicos a través de la creación de empleos. Sin embargo, las consecuencias problemáticas de los juegos de azar permanecen, no sólo a nivel individual sino también social.

Para muchas personas, los juegos de azar resultan en una adicción psicológica4 que se asemeja a otras formas de adicción, tales como la dependencia del alcohol y de las drogas, en lo que se refiere a los síntomas5 y a la variación en la química del cerebro6. La amenaza a la salud pública que presentan los juegos de azar se entiende en términos de su susceptibilidad a la influencia y el control del crimen organizado, además de su impacto negativo sobre la sociedad en función de la disolución de matrimonios7, la pobreza de muchas familias, la bancarrota, los suicidios8, y los gastos relacionados con los servicios sociales, tales como el tratamiento de adicciones y la necesidad de responder al aumento de la delincuencia.

En las ciencias sociales, la frase «trastornos del juego» incluye tanto los «problemas con el juego» como la «ludopatía»9; esta última se considera la más grave y está sujeta a un diagnóstico clínico. Los investigadores de las últimas tres décadas estiman que apenas menos del 1 a 1,9 por ciento de la población general de los Estados Unidos sufre de ludopatía10. En un metanálisis de 120 estudios previos, los investigadores del Centro para Adicciones de la Facultad de Medicina de Harvard encontraron que, en el año anterior, alrededor del 1,1 por ciento de la población general adulta era jugador de tercer nivel [patológico], y un 2,8 por ciento adicional se clasificaba como jugador de segundo nivel [problemático], con algunos problemas a causa de sus apuestas, pero sin cumplir con los criterios de diagnóstico patológico11. Esta investigación sugiere que casi 4 por ciento de la población adulta en los Estados Unidos sufre de alguna forma de trastorno del juego. De los apostadores patológicos, alrededor del 75 por ciento tiene algún tipo de trastorno por el consumo de alcohol, y el 38 por ciento también tiene un trastorno por el consumo de drogas12. Lamentablemente, los estudios más recientes realizados por el Instituto de Investigaciones sobre Adicciones en la Universidad de Buffalo señalan que 6,5 por ciento de los jóvenes (de 14 a 21 años) son apostadores en situación de riesgo y con problemas (la mayoría varones), un índice mucho más elevado que la población general de adultos13.

Aquellos que creen que pueden escapar de los problemas al evitar ciertos tipos de juegos de azar mientras participan en lo que parecerían formas más inofensivas de juego deberían considerar la conclusión a la que llegaron los investigadores de la universidad financiados por la misma industria del juego: «El estudio no corrobora la creencia de que algunos juegos —tales como el póker en línea o las máquinas tragamonedas— son más peligrosos que otros. Las personas pueden verse en problemas con todo tipo de juegos de azar, desde las apuestas deportivas hasta las loterías, y desde el bingo hasta los juegos del casino»14. Esto debería servir de advertencia, incluso para muchas personas buenas y relativamente sanas a nivel psicológico, incluso los cristianos, que «han sido “suavizados” por la actitud permisiva de la familia o los amigos de jugar con frecuencia, y por la manera positiva en que la cultura popular describe los juegos de azar. Empiezan a apostar por entretenimiento, o para cultivar relaciones sociales… Y a partir de ese punto, predomina el proceso de condicionamiento, el cual forja una conexión en el cerebro entre ganar y sentirse bien»15.

Si bien todos los niveles de la sociedad pueden estar afectados de manera negativa por los juegos de azar, ciertos estudios recurrentes muestran que los pobres en particular son más susceptibles a los incentivos de la industria, y son el blanco deliberado16. Las loterías auspiciadas por los estados asimismo generan muchos de los ingresos de los menos pudientes, que suelen estar desesperados por encontrar una solución a su desgracia económica, y son atraídos con más facilidad por la propaganda de la lotería17. Bien se ha demostrado que aquellos que son pobres, o están cerca de serlo, gastan un porcentaje mayor de su ingreso en varias de las opciones de juegos de azar. Un estudio reciente que realizó un instituto universitario muy importante llegó a la conclusión de que, en los barrios «desvalidos», el problema con el juego era dos veces más común que en los vecindarios más ricos. Es más, los más pobres de estos barrios desvalidos eran los que se encontraban en una situación de mayor riesgo por su problema con los juegos de azar18.

En vista de estos efectos problemáticos que produce el juego en las personas, es deplorable que el gobierno dependa de los juegos de azar autorizados por los estados para financiar actividades legítimas tales como la educación. Además, es especialmente indignante la promoción y el mercadeo del juego, lo cual representa un impuesto (aunque voluntario) para aquellos de la sociedad que menos pueden darse el lujo de pagar las sanciones monetarias y sociales que acompañan a semejante juego.

La Biblia y los juegos de azar

Por lo general, la mayoría de las autoridades religiosas han rechazado los juegos de azar por las ampliamente reconocidas consecuencias sociales asociadas con el juego. Sin embargo, puesto que la Biblia no contiene declaraciones explícitas que condenen el juego19, a menudo se lo categoriza entre las adiáforas o «asuntos poco relevantes» de la religión, ya que no están explícitamente prohibidas por las Escrituras. Sin embargo, la Biblia sí provee principios que deben gobernar el pensamiento cristiano acerca de los juegos de azar.

1. Apostar en los juegos de azar es poco aconsejable, ya que esta actividad no refleja una administración responsable de los recursos.

La Biblia enseña con claridad que todas las cosas pertenecen a Dios: «Del Señor es la tierra y todo cuanto hay en ella, el mundo y cuantos lo habitan» (Salmo 24:1). Dado que todas las cosas pertenecen a Dios, a las personas se les ha concedido la responsabilidad de administrar y el deber de rendir cuentas adecuadas de todo lo que se les confió.

El primer paso en la administración fiel de esta mayordomía es que la persona misma se entregue como ofrenda a Dios. Los creyentes deben reconocer que ellos no son dueños de sí mismos (1 Corintios 6:19). Han sido redimidos por un precio, no de plata u oro, sino de la sangre preciosa de Jesús (1 Pedro 1:18–19). Las iglesias de Macedonia dieron un digno ejemplo de dedicación personal cuando «a sí mismos se dieron primeramente al Señor» (2 Corintios 8:5). La vida, con todo lo que involucra, es una mayordomía que debe administrarse para la gloria de Dios.

Las personas que se entregan con sinceridad a Dios a la vez reconocerán que todo lo que poseen debe manejarse como una mayordomía. La parábola de las monedas de oro (o de los talentos) en Mateo 25:14–30 señala que los servidores buenos y fieles administraron de tal manera los talentos que les fueron confiados que el señor quedó complacido. Los servidores malos y perezosos fracasaron en su responsabilidad administrativa y sufrieron las consecuencias correspondientes.

Cuando las personas reconocen su responsabilidad de mayordomo, no considerarán ninguna forma de apuesta una manera adecuada de administrar los recursos, el tiempo y las habilidades que Dios les ha confiado. La ética de los negocios seculares tampoco tolera que las personas apuesten con los recursos que se les ha confiado. La responsabilidad cristiana trasciende toda responsabilidad y, para un cristiano, apostar es un menosprecio total del principio de la mayordomía. Comprometer los recursos que Dios nos confía equivale a prostituir lo que Dios nos da, y que deberíamos usar para glorificarlo a Él al proveer para las necesidades de la familia y para el avance de su Reino.

2. Apostar en los juegos de azar es imprudente porque se gana sólo a costa del sufrimiento de otros, con frecuencia los más pobres. 

La naturaleza de los juegos de azar es tal que una persona tiene la oportunidad de ganar sólo porque otros han sufrido una pérdida. El beneficio económico es para unos pocos. La pérdida económica normalmente la sobrellevan muchos que no están condiciones de pagar. Sin importar si es excesiva o no la pérdida económica, los jugadores son en esencia los perdedores y los operadores de la empresa del juego son los verdaderos ganadores.

El sufrimiento que causan los juegos de azar es del todo inconsecuente con la enseñanza acerca del amor en las Escrituras. El creyente no sólo debe amar a aquellos que son queribles, sino también a los enemigos (Mateo 5:44). Quienes son pueblo de Dios deben amar a su prójimo como a sí mismos (Mateo 22:39; cf. Levítico  19:18). El amor establece límites en las elecciones del cristiano: «Que nadie busque sus propios intereses sino los del prójimo» (1 Corintios 10:24). A la hora de elegir si se envolverá en conductas que podrían perjudicar a otros, o hacer que otros creyentes imiten su conducta peligrosa y, como consecuencia, tropiecen y caigan, el cristiano debe someterse al deber que le dicta el amor (Romanos 14:13–15, 19–21; 1 Corintios 8:9–13; 10:32).

El principio del amor impedirá que el cristiano participe en juegos de azar por el daño que causa a los demás. El principio del amor hará que el cristiano se oponga a cualquier esfuerzo del estado o de otra organización para legalizar cualquier actividad basada en la vulnerabilidad de las personas que degrada a la sociedad. William Temple, el difunto arzobispo de Canterbury, declaró adecuadamente la posición cristiana cuando escribió:

«Los juegos de azar desafían esa perspectiva de la vida que la iglesia cristiana debe mantener y extender. Su glorificación del azar niega el orden divino de la naturaleza. Arriesgar dinero al azar es menospreciar la insistencia de la iglesia en cada época de fe viva, en que las posesiones son una inversión, y que los seres humanos tendrán que dar cuenta a Dios por su uso. La inclinación persistente a la codicia se opone fundamentalmente a la generosidad que Jesucristo nos enseñó y que aprendemos en el Nuevo Testamento. El intento de generar ganancia (inseparable del juego de azar) a partir de la inevitable pérdida de otros y de su posible sufrimiento es la antítesis de ese amor por el prójimo del cual nuestro Señor enseñó con insistencia»20.  

3. Apostar en los juegos de azar es inconsecuente con la ética de trabajo que describa la Escritura.

En la Escritura se enfatiza la importancia del trabajo. En muchos lugares, se establece una correlación entre trabajar y comer. El Antiguo Testamento nos recuerda que, por lo general, «el que labra su tierra tendrá abundante comida, pero el que sueña despierto es un imprudente» (Proverbios 12:11). En el Nuevo Testamento se establece el mismo principio con gran contundencia. Pablo escribió a los Tesalonicenses: «Cuando estábamos con ustedes, les ordenamos: “El que no quiera trabajar, que tampoco coma”» (2 Tesalonicenses 3:10).

En la sabiduría de Dios, el trabajo fue asignado en el jardín del Edén, incluso antes de la caída (Génesis 2:15ff; cf.1:28). Aunque el pecado produjo un cambio en la naturaleza del trabajo (Génesis 3:17, 19), la responsabilidad de trabajar nunca se anuló. Cualquier esfuerzo por evitar la ética de trabajo de la Escritura puede resultar en el fracaso en vez del crecimiento21. Apostar en los juegos de azar, ya sea para asegurar la riqueza de manera rápida o para poner pan sobre la mesa, es inconsecuente con lo que enseña la Biblia acerca del trabajo.

4. Apostar en los juegos de azar se opone a la enseñanza bíblica acerca de la codicia y avaricia.

La Biblia no sólo requiere que uno trabaje con el fin de suplir para las necesidades de la vida, sino que gran parte de la sabiduría bíblica también advierte contra los enfoques de «obtener algo sin trabajar» o «enriquecerse de prisa», alimentados por la codicia: «El hombre fiel recibirá muchas bendiciones; el que tiene prisa por enriquecerse no quedará impune» (Proverbios 28:20). Por otro lado, Proverbios 13:11 nos alienta a trabajar con paciencia y a invertir de manera constante: «El dinero mal habido pronto se acaba; quien ahorra, poco a poco se enriquece».

Jesús nos advierte contra la atracción perversa de la codicia: «¡Tengan cuidado!», advirtió a la gente. «Absténganse de toda avaricia; la vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes» (Lucas 12:15). De la misma manera, Pablo amonesta a los cristianos a evitar la avaricia: «Entre ustedes ni siquiera debe mencionarse… ninguna clase de impureza o de avaricia, porque eso no es propio del pueblo santo de Dios» (Efesios 5:3; cf. Romanos 1:2). De hecho, repetidas veces Pablo asoció la avaricia con la idolatría, que descalifica al creyente de participar en el reino de Cristo (1 Corintios 6:10; Efesios 5:5; Colosenses 3:5). En la medida en que la codicia motive las apuestas en los juegos de azar, el juego es ciertamente una atracción perversa que deben evitar los seguidores de Cristo.

5. Apostar en los juegos de azar contradice el sano reconocimiento de la providencia de Dios.

Proverbios 16:33 afirma con claridad la soberanía de Dios sobre lo que la gente supone que son los eventos de azar. El pueblo de Dios no debe codiciar riquezas o estar preocupado por las necesidades materiales, sino que debe confiar en la soberanía de Dios, y no en la suerte o el azar. El Señor soberano reprende y advierte que castigará a los desobedientes entre el pueblo del pacto que han abandonado al Señor al cometer idolatría virtual con el «Destino» y la «Fortuna» (Isaías 65:11-15), los dioses paganos del destino y la buena fortuna en el mundo babilónico antiguo, que se equipara a la «Señora Fortuna» del mundo contemporáneo.

La advertencia de Jesús contra la codicia (Lucas 12:15) se sitúa en el contexto inmediato de su enseñanza de confiar en la fidelidad y la providencial provisión de Dios Padre (12:22-34). Jesús advirtió a sus discípulos a que no se preocuparan ni pusieran su corazón en el sustento de la vida, en el alimento, o en la vestimenta: «El mundo pagano anda tras todas estas cosas, pero el Padre sabe que ustedes las necesitan. Ustedes, por el contrario, busquen el reino de Dios, y estas cosas les serán añadidas… Pues donde tengan ustedes su tesoro, allí estará también su corazón» (12:30–31, 34).

Dado que las apuestas reflejan la fe de la gente en el Azar en lugar de la  Providencia, y que confían en la Suerte en lugar del Señor, aquellos que buscan el reino del Padre deben evitarlas. 

6. Apostar en los juegos de azar es poco prudente porque tiende a esclavizar.

Los juegos de azar, como cualquier otro mal, pueden convertirse en una adicción, la cual es una condición contraria a la enseñanza de la Escritura. La Palabra de Dios indica que un cristiano debe negarse a ser esclavo incluso de actividades legales y permitidas o dejarse dominar por ellas (1 Corintios 6:12). La persona en la que mora el Espíritu Santo se caracteriza por el dominio propio (Gálatas 5:23).

Es obvio que las personas que tienen costumbre de apostar están bajo la compulsión de jugar. En vez de ser servidores de Dios, son servidores del deseo que no pueden dominar. Pablo describió con claridad esta condición cuando escribió: «¿Acaso no saben ustedes que, cuando se entregan a alguien para obedecerlo, son esclavos de aquel a quien obedecen?» (Romanos 6:16).

7. Apostar en los juegos de azar pone en peligro la ética y el testimonio cristianos.

Gran parte de los juegos de azar, en particular los juegos en los casinos, tiene lugar en lujosos centros relativamente económicos para atraer la máxima participación de las personas, y con frecuencia ofrece diversión deslumbrante y tentado que afecta la sensualidad. La concurrencia y participación en semejantes ambientes plantea serios desafíos para el testimonio y la conducta cristianos.  

El cristiano y los juegos de azar

Mientras los seguidores de Jesús consideran qué es adecuado en su participación en las diversas actividades de los juegos de azar, las siguientes preguntas pueden ayudar a enfocar muchas de los asuntos actuales y los principios bíblicos que se presentan en este documento.

El juego de azar . . .

  1. ¿Refleja el juego una buena mayordomía de los recursos que Dios me ha confiado?
  2. ¿Perjudica el juego a otras personas al despojarlas de su dinero, al obtener provecho de la debilidad de otros, al hacer que otros tropiecen por seguir mi ejemplo, o por contribuir a un sistema inmoral?
  3. ¿Me motiva el juego a trabajar con honradez para suplir mis necesidades?
  4. ¿Me motiva el juego a la avaricia y la codicia, las cuales son idolatría?
  5. ¿Mo motiva a confiar que Dios es mi fuente, o a confiar en la Señora Fortuna?
  6. ¿Es el juego de azar algo que puede convertirse en una adicción? ¿Absorbe mis pensamientos? ¿Podría convertirse en una obsesión?
  7. ¿De qué manera el juego impacta mi andar espiritual con el Señor?

Con la apropiada humildad y santidad ante el Señor soberano, los cristianos sinceros reconocen que otros creyentes de ideas afines pueden sentir mayor libertad en lo concerniente a las llamadas adiáforas (asuntos debatibles), en especial cuando se trata del ejercicio del dominio propio durante diversiones esporádicas y presupuestadas. Sin embargo, se invita a los cristianos a considerar la importancia de las decisiones que tomamos respecto a la participación en los juegos de azar. Puede haber un peligro latente en la predisposición impredecible a la adicción. Sin querer, podría dar un ejemplo que atraiga a otros en su ámbito de influencia, y que induzca a una conducta peligrosa. Por un lado, el testimonio de uno ante el mundo puede resultar decepcionante en cuanto a evitar la avaricia. Por otro lado, es posible que el ejemplo de uno tampoco inspire una ética de trabajo responsable y una mayordomía bíblica a conciencia.

NOTA: Texto bíblico tomado de la Santa Biblia, Nueva Versión Internacional® NVI®, Propiedad literaria ©1999 por Biblica, Inc.TM Usado con permiso. Reservados todos los derechos mundialmente.


1 http://www.merriam-webster.com/dictionary/gamble, consultado el 9 de marzo de 2013.

2 http://definitions.uslegal.com/g/gambling/, consultado el 9 de marzo de 2013.

3 En especial, desde la aprobación de la ley para la reglamentación del juego en territorios indígenas en 1988.

4 Esto se ilustra de manera clásica en la obra de Fyodor Dostoevsky, The Gambler [El Jugador], 1867. Se publicó originalmente en ruso, y está disponible en muchas versiones en inglés y en ediciones gratuitas en línea. Véase también Howard J. Shaffer, «Understanding the Means and Objects of Addiction: Technology, the Internet, and Gambling» [Comprensión los medios y objetos de la adicción: La tecnología, el internet y los juegos de azar»]. Journal of Gambling Studies 12:4 (1996): 461–469.

5 Esto incluye el aumento de la tolerancia (por ejemplo, la necesidad de apostar más dinero para alcanzar la euforia deseada); los síntomas de abstinencia que aparecen cuando las apuestas se interrumpen o se reducen; y una incapacidad de poner fin a las apuestas o reducirlas.

6 John Mangels, «Gambling Addicts Arise from Mix of Flawed Thinking, Brain Chemistry and Habitual Behavior» [Los adictos al juego surgen de la combinación de pensamientos erróneos, química cerebral y hábitos en el comportamiento], The Plain Dealer, 15 de mayo de 2011. http://blog.cleveland.com/metro/2011/05/gambling_addicts_arise_from_mi.html, consultado el 12 de marzo de 2013.

7 «Se estima que un jugador con una conducta problemática afecta por lo menos a siete personas: al cónyuge, a los hijos, a los parientes lejanos y a los amigos. La conducta problemática del juego no sólo puede perjudicar las finanzas, sino también la salud física y mental de uno, además de las relaciones  personales». AAMFT Therapy Topics,American Association for Marital and Family Therapy [Temas de Terapia, Asociación Norteamericana para la Terapia del Matrimonio y la Familia]. http://www.aamft.org/imis15/Content/Consumer_Updates/Problem_Gambling.aspx, consultado el 12 de marzo de 2013.

8 Alex Blaszczynski y E. Farrell, «A Case Series of 44 Completed Gambling Related Suicides» [Una serie de 44 casos de suicidios relacionadas con los juegos de azar]. Journal of Gambling Studies, 14 (1998): 93–110.

9 El diagnóstico de «ludopatía» fue añadido al Manual de diagnóstico y estadística de trastornos mentales  en 1980.

10 Christine Reilly, «The Prevalence of Gambling Disorders in the United States: Three Decades of Evidence» [«El predominio de los trastornos del juego en los Estados Unidos: Tres décadas de evidencia»] en Increasing the Odds, Vol. 3, Gambling and the Public Health, Part 1, 2009. http://www.ncrg.org/sites/default/files/uploads/docs/monographs/ncrg_monograph_vol3.pdf, consultado el 9 de marzo de 2013.

11 Ibid., 4. Reilly cita un estudio (1997) realizado por Shaffer, Hall y Vander Bilt. La investigación fue financiada por una beca del National Center for Responsible Gaming [Centro Nacional para el Juego Responsable].

12 Ibid., 5. Reilly cita un estudio (2005) realizado por Petry, Stinson y Grant, Universidad de Connecticut, Health Center and National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism [Centro Médico e Instituto Nacional sobre el Abuso de Alcohol y el Alcoholismo], 2005.

13 John W. Welte, Grace M. Barnes, Marie-Cecile O. Tidwell y Joseph H. Hoffman, «The Prevalence of Problem Gambling Among U.S. Adolescents and Young Adults: Results from a National Survey» [La preponderancia de la problemática del juego entre los adolescentes y adultos jóvenes de EE.UU.: Resultados de una encuesta nacional]. Journal of Gambling Studies 24:2 (2008): 119-133.

14 National Center for Responsible Gaming, Fact Sheet on Gambling Disorders [Centro Nacional para el Juego Responsable, Datos esenciales de los trastornos del juego], http://www.collegegambling.org/just-facts/gambling-disorders, consultado el 9 de marzo de 2013.

15 John Mangels, «Gambling Addicts Arise from Mix of Flawed Thinking, Brain Chemistry and Habitual Behavior» [«Los adictos al juego surgen de la combinación de pensamientos erróneos, química cerebral y hábitos en el comportamiento»], The Plain Dealer, 15 de mayo de 2011. http://blog.cleveland.com/metro/2011/05/gambling_addicts_arise_from_mi.html, consultado el 12 de marzo de 2013.

16 http://opinionator.blogs.nytimes.com/2014/06/21/gaming-the-poor, consultado el 25 de noviembre de 2014.

18 http://www.buffalo.edu/news/releases/2014/01/001.html, consultado el 25 de noviembre de 2014.

19 En la época del Antiguo Testamento, se echaban suertes para determinar en algunos casos la voluntad de Dios (Éxodo 28:30; Josué 18:6–10; 1 Samuel 14:41–42; Jonás 1:7). Hay un caso en el Nuevo Testamento en Hechos 1:26. Pero estas prácticas bíblicas de ninguna manera se ajustan a la definición de apostar.

20 William Temple, Gambling and Ethics [Los juegos de azar y la ética]. London: The Churches” Committee on Gambling, 1948.

21 Para una reflexión valiosa de una ética de trabajo bíblica, véase Charlie Self, Flourishing Churches and Communities: A Pentecostal Primer on Faith, Work, and Economics for Spirit-Empowered Discipleship [Las iglesias y comunidades pujantes: Un manual pentecostal sobre la fe, las obras y la economía para un discipulado empoderado por el Espíritu] (Grand Rapids: Christian”s Library Press, 2013).