La Sanidad Divina

(ADOPTADA POR EL PRESBITERIO GENERAL EN SESIÓN EL 9 AL 11 DE AGOSTO DE 2010)

La difusión de las religiones orientales y del ocultismo en los Estados Unidos ha traído un aumento en la posesión de demonios similar a los informes de misioneros en los campos foráneos.  Con demasiada frecuencia, hay muy pocas enseñanzas sobre este tema.  Muchos piensan que solamente es necesario predicar a Cristo, y los demonios huirán. 

Pero el Nuevo Testamento hace más que exigir que prediquemos a Cristo.  Advierte muy seriamente contra el enemigo de nuestra alma y muestra que no debemos tratar ligeramente con los demonios.  También enfatiza que hay libertad por medio de la “mano de Dios”, el poder del Espíritu, y el nombre de Jesús.

El peligro de los extremos
Hay un peligro, sin embargo, al enfatizar cualquier doctrina descuidada, de ir a un extremo que está más allá de la intención de las Escrituras.  También es posible distraerse y hacer que la doctrina descuidada llegue a ser el ministerio completo.  Esto parece ser el caso con algunos que se fascinan con el tema de los demonios.  Son engañados a prestarles la mayor parte de su atención.  Cuanto más demonios echan fuera, tanto más demonios parece haber para echar fuera, y prácticamente hacen a un lado el resto de su ministerio.

Esta  tendencia de ocuparse más en echar fuera demonios que en exaltar a Cristo es contradictoria de las Escrituras.  Parece que tampoco hay ninguna base en las Escrituras para apoyar las preocupaciones con los fenómenos externos, tales como vomitar varias sustancias en conexión con la expulsión de demonios (olvidando que los demonios son seres espirituales).  La única vez que echar espuma se menciona, las Escrituras muestran claramente que era un problema para la persona hasta el momento en que el demonio fue echado fuera, y no un fenómeno que se mostró solamente en el momento del exorcismo. 

Uno de los tristes resultados de un enfoque no bíblico en los demonios es que las enseñanzas bíblicas a veces caen en descrédito.  Este fue uno de los resultados de la llamada brujería de los siglos 16 y 17 en Inglaterra y en el siglo 17 en los Estados Unidos.  En Inglaterra, había casos de niños que vomitaban diversos artículos que supuestamente probaba que espíritus malignos entraron en sus cuerpos.

Entonces, en 1692, Cotton Mather, un brillante predicador de Boston que se graduó con honores de la Universidad de Harvard, provocó a la gente de Salem, Massachusetts, a levantarse contra las “brujas”.  Diecinueve personas fueron ahorcadas y 150 encarceladas por el testimonio de niños que supuestamente estaban poseídos de demonios (y que podrían haber estado motivados por demonios mentirosos, aunque puede haber otras explicaciones).  En la presencia de los acusados, estos niños gritaban y parecía que estaban en trance.  En este estado, nombraban a las personas que ellos decían que eran responsables por los “sufrimientos”.

Aunque muchos de los acusados mostraron un espíritu y fe dignos de los mártires cristianos, jueces que eran hombres de integridad personal los declararon culpables.  Como resultado de la publicidad de este juicio, los estadounidenses de esta época rechazaron lo sobrenatural y declararon que todo lo que la Biblia enseña en cuanto a Satanás y los espíritus malignos es solamente superstición. 

Parece importante, entonces, que no permitamos que Satanás distraiga al pueblo de Dios a concentrarse en los demonios o espíritus malignos de una manera que vaya más allá de las claras enseñanzas de la Biblia, y de esa manera causar una reacción que haría que las personas rechacen todo lo sobrenatural y así impedir la obra de Dios.

Tener cuidado, sin embargo, no significa que debemos poner a un lado el asunto de los demonios.  La Biblia claramente reconoce tanto la actividad de los demonios como su gran número.  Esto es aun más evidente cuando reconocemos que las palabras “demonios” y “diablos” son muy parecidas.  La palabra diablo (griego, diabolos, “difamador”) es apropiada solamente para describir a Satanás.  Eso no quiere decir, sin embargo, que el diablo no trabaja por medio de demonios.  Satanás es un ser creado, un espíritu finito, y no es omnipresente.  Él hace la mayoría de su trabajo por medio de demonios dispersados en varios lugares del mundo.  La obra de Jesús de echar fuera demonios era por lo menos una parte de su obra sanadora a los oprimidos (explotados, dominados, los que estábamos bajo el reino tiránico) del diablo (Hechos 10:38).  (Se debe notar que la palabra oprimidos usada en este versículo era más fuerte que el sentido que tiene en el uso común de hoy.)

La pregunta que surge, entonces, no es si los demonios están activos hoy, sino si los creyentes nacidos de nuevo pueden estar poseídos por demonios, tener un demonio, o tener la necesidad de que se les expulsen demonios.  ¿Pueden el Espíritu Santo y un demonio morar juntos en el mismo templo?  ¿No son nuestros cuerpos templo del Espíritu Santo?

Lo que los escritores han dicho
La mayoría de los escritores más antiguos dicen que los cristianos genuinos no pueden estar poseídos por demonios ni tener un demonio que more en ellos.
Un ejemplo es Juan L. Nevius, un misionero presbiteriano que pasó casi 40 años en la China y vio muchos casos de personas poseídas por demonios, pero nunca entre los cristianos.  Él halló que los demonios no querían quedarse en presencia de verdaderos cristianos.1

El precursor misionero pentecostal, Victor Plymire, dio testimonio similar de Tíbet.  Él halló también que los que alababan a los demonios no podían hacer que éstos tomaran posesión de ellos fácilmente. 
Los escritores más recientes de varias denominaciones han tenido una opinión diferente.  M.H. Nelson, un médico, cuenta de numerosos informes de cristianos que aparentemente han sufrido de posesión de demonios.  Él sugiere, sin embargo, que algunos de ellos están rebelándose contra Dios.  (Aparentemente, él cree en la seguridad eterna y todavía llama a estos “rebeldes cristianos”.)  No obstante, dice que aunque un demonio puede influir en la mente y en el cuerpo de un cristiano, es muy dudoso que el cuerpo de un cristiano pueda estar poseído por un demonio.2

Otros dicen que un demonio puede poseer el cuerpo de un cristiano sin poseer el ser interno del cristiano.  Esto parece contrario a la enseñanza bíblica de que el cuerpo es templo del Espíritu Santo.  También contradice la doctrina bíblica de la unidad del cuerpo, alma, y espíritu en cuanto a la responsabilidad.  La fragmentación de la persona en varios aspectos es una idea pagana.  ¡Si un demonio entra en cualquier área del cuerpo o mente (o actitud), entra en la persona!

Lo que la Biblia dice
Muchos cristianos han experimentado liberación divina de problemas y creen que fueron liberados de la posesión de demonios.  Pero tenemos que estudiar las Escrituras para ver si su interpretación de lo que aconteció realmente está de acuerdo con lo que la Biblia enseña.

Algunos, por ejemplo, enseñan que debido a que la Biblia habla de un “espíritu de miedo”, cualquier liberación del miedo tiene que ser la expulsión de un espíritu maligno o un demonio de miedo.  Pero un estudio del mismo pasaje (1 Timoteo 1:7) muestra que también habla de un espíritu de poder, de amor, y de dominio propio.  Si las personas piensan que el miedo es un espíritu maligno que necesitan echar fuera, entonces para concordar con esta lógica tendrían que invitar a los tres espíritus buenos a entrar.

La falla de este razonamiento es obvia.  El amor y el dominio propio son frutos del Espíritu Santo en nuestra vida.  Cuando dice un espíritu de amor y dominio propio significa las actitudes que resultan de nuestra cooperación con el Espíritu Santo.

En realidad, la palabra espíritu en muchos casos significa una actitud o disposición.  David habló de un espíritu quebrantado (Salmo 51:17); Salomón de un espíritu humilde (Proverbios 16:19).  Pablo quería ir a Corinto, no con un látigo, sino con amor y un espíritu apacible (1 Corintios 4:21).  Pedro habló de adornar el corazón con algo incorruptible, un espíritu suave y apacible (1 Pedro 3:4), que realmente significa una disposición tranquila.  Esto está de acuerdo con el uso frecuente de la palabra espíritu para el espíritu propio de uno y sus expresiones (Hageo 1:14; Hechos 17:16; 1 Corintios 2:11, etc.).

Entonces, a menos que el contexto muestre que está hablando de un ser espiritual, parece mejor interpretar la mayoría de las frases como un espíritu arrogante, un espíritu apresurado, un espíritu perezoso, un espíritu celoso, etc., como pecados de la disposición o deseos de la carne (Gálatas 6), y no demonios. 

Un peligro serio de considerar que todos estos pecados de la disposición son demonios es que el individuo llega a no sentir ninguna responsabilidad por sus acciones personales y que no hay necesidad de arrepentirse.  En realidad, la Biblia llama a las personas a arrepentirse de estas cosas y a dejar estas actitudes.  El gran conflicto dentro de nosotros no está entre el Espíritu Santo y demonios, sino entre el Espíritu Santo morador y la carne (es decir, todos los sentidos que tienden a pecar).

Cuando la palabra espíritu se usa para indicar demonios, la Biblia muchas veces habla de un espíritu maligno o inmundo.  A veces las palabras se usan juntas, por ejemplo, “un espíritu de demonio inmundo” (Lucas 4:33).
En muchos casos estos demonios causaron enfermedades.  Pero el Nuevo Testamento no atribuye todas las enfermedades a los demonios o espíritus malignos.  En realidad, muchos pasajes distinguen claramente entre las enfermedades no causadas por demonios y las causadas por demonios (Mateo 4:24; 8:16; 9:32,33; 10:1; Marcos 1:32; 3:15; Lucas 6:17,18; 9:1, etc.).  En ninguno de estos ejemplos hay indicación de que cualquiera de estas enfermedades causadas por demonios fueron sufridas por personas que tenían una buena relación con Dios.  Tenemos que recordar también que todos estos ejemplos acontecieron antes de Pentecostés. 

La palabra diamonizomai, estar poseído por un demonio, no es tan común.  Se usa como verbo una sola vez y era de una niña cananea poseída o “gravemente atormentada por un demonio”.  En todas las demás referencias se usa como participio que se debe traducir como “los endemoniados” (Mateo 8:28,33; 9:32; 12:22; Marcos 5:15-18; Lucas 8:35).  Otra vez, en ningún caso hay evidencia de que estos endemoniados tenían una relación con Dios; y en la mayoría de los casos eran gravemente atormentados – y experimentaron un cambio dramático de personalidad.

Otro gran problema con la idea de que los demonios pueden poseer a los cristianos es que el concepto nos hace perder la fe y debilita nuestro concepto de Dios y de la salvación que Él provee.  Dios es nuestro Padre.  Él “nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo” (Colosenses 1:13).  En “los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia” (Efesios 2:2).  Pero ahora Dios por su amor nos ha salvado y nos ha hecho “conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios” (Efesios 2:19).  Sería contradictorio que los demonios moraran en nuestro cuerpo ahora que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo.

Éramos esclavos del pecado (Romanos 6:17) pero ahora somos libres de vivir para Cristo.  Todavía es posible pecar, pero si un creyente peca es porque estuvo dispuesto a hacerlo, no porque ha sido invadido por un demonio.  El libro de Romanos no llama a una expulsión de demonios sino a un acto de fe que hace que uno llegue a ser lo que uno es.

Si un cristiano tuviera un demonio habría la división que Jesús rehusaba aceptar.  Los fariseos decían que Jesús echaba fuera demonios por Beelzebú, el príncipe de los demonios (Mateo 12:24).  Suponían que el reino de Satanás podría estar dividido contra sí mismo.  Jesús rechazó esto.  Lucas 11:21,22 implica además que Jesús había limitado a Satanás en cuanto a su poder de esclavizar a un creyente.  Solamente cuando un demonio regresa y encuentra que la casa está vacía puede entrar de nuevo (Lucas 11:24-26).

La idea de un verdadero creyente poseído por un demonio contradice también el concepto de salvación y paz.  Produciría un miedo terrible cuando el cristiano empiece a preguntarse cuál demonio será el siguiente que invadirá su vida. Esto ciertamente no concuerda con la libertad que la Biblia nos asegura que tenemos.  Los primeros cristianos no tenían tales miedos, ni la iglesia del segundo siglo.

Hermas, que cerca del año 139 d.C., escribió un libro cristiano muy influyente llamado El pastor reprochó la corrupción y animó las virtudes cristianas.  En el libro también habló de los espíritus malignos que podían vivir y reinar dentro de una persona, pero él negaba que el Espíritu Santo pudiera vivir en esa misma persona junto con los espíritus malignos.

Las Escrituras están llenas de garantías para el creyente: “Porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4).  Un creyente es una persona que ha sido liberada del diablo.  Esto es fundamental.  Algunos señalan a Ananías y Safira como excepciones.  Pero Ananías, o renegó su fe antes de que Satanás llenera su corazón para mentir al Espíritu Santo, o él y su esposa estaban entre los que solamente se juntaron con la iglesia en vez de ser añadidos por el Espíritu (vea Hechos 5:13,14).  En el momento, por lo menos, no eran más que cristianos nominales. 

Cómo resistir las fuerzas malignas
Parece evidente que el término poseído no se debe aplicar a verdaderos creyentes.  Lo que la Biblia muestra es que Satanás y sus cohortes son enemigos externos.  Estamos en guerra contra las fuerzas de Satanás que están buscando oportunidades de atacarnos.  (Vea Efesios 6:12).  El énfasis bíblico está en lo que tenemos que enfrentar en el mismo ambiente alrededor de nosotros.  El llamado nunca es que busquemos a alguien que pueda echar fuera de nosotros a los demonios.  Están afuera atacándonos, probándonos, no poseyéndonos.  Estamos llamados a vigilar y a vestirnos de la armadura de Dios y a ser firmes (2 Corintios 10:3-6; Efesios 6:10-18; 1 Pedro 5:8,9).
Jesús venció a Satanás citando la Palabra de Dios (Mateo 4).  Nosotros también tenemos que depender de la Palabra de Dios y resistir a Satanás y sus demonios, en fe (Santiago 4:7; 1 Pedro 5:8,9).  Entonces el escudo de la fe apagará todos los dardos de fuego del enemigo (Efesios 6:16).  (Aquí reconocemos que de la misma manera en que a veces los rescates de Dios vienen por medio de los ángeles, también los ataques de Satanás a veces vienen por medio de demonios o de los poseídos por demonios.)

Los ataques son externos como vemos en el caso de Job; y también en el caso de Pablo y el aguijón en su carne, que él mismo llamó un mensajero (o ángel – griego aggelos) de Satanás mandado para abofetearlo (pegar o golpear con el puño).  (Vea 2 Corintios 12:7.)  Pablo pidió tres veces al Señor que quitara el mensajero de Satanás (literalmente, que lo alejara de él), pero Dios rehusó y dijo que su gracia era suficiente.  El resultado fue que Pablo aprendió a depender de Dios en su debilidad, reproche, o angustia.  La Biblia no dice si el mensajero de Satanás era un demonio, enfermedad, o una persona.  Lo que era, sin embargo, no importa aquí.  El ataque, el golpe, venía de afuera, y Pablo quería alejarse de él, no echarlo fuera.  Notamos también que Pablo ve en sí mismo y en nosotros también la presencia viva de Cristo como la única esperanza (Colosenses 1:2,29).

Creemos también que el don de discernimiento de espíritus tiene el propósito de discernir espíritus que pueden motivar a la gente que no tiene al Espíritu Santo, no de discernir los supuestos demonios en los creyentes.  Si la verdad permanece en nosotros, nosotros permaneceremos en el Hijo y en el Padre (1 Juan 2:24).  Solamente si somos quitados de la vid y echados fuera como un pámpano muerto Satanás o sus demonios pueden reclamarnos.  Nuestra redención es una redención de la persona entera.  El precio completo ha sido pagado. 

Los enemigos de Cristo lo acusaron de tener un demonio.  Es un engaño sutil del diablo que hace que personas sinceras acusen a los cristianos hoy de tener un demonio.  Claramente, hay liberación, pero llamarlo liberación de la posesión de demonios no es bíblico.

Notas
1 J.L. Nevius, Demon Possession, Grand Rapids: Kregel, reimpresa de 1894, p. 278,290.

2 M.H. Nelson, Why Christians Crack Up, Chicago: Moody Press, 1960, p. 76,77.

El Texto Bíblico ha sido tomado de la versión Reina-Valera Ó1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; Ó renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas.  Utilizado con permiso.

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