El ministerio a los discapacitados: Una perspectiva bíblica

(Declaración oficial sobre el ministerio a los discapacitados fue adoptada el 11 de agosto del 2000 por el Presbiterio General del Concilio General de las Asambleas de Dios)

Declaración oficial sobre el ministerio a los discapacitados fue adoptada el 11 de agosto del 2000 por el Presbiterio General del Concilio General de las Asambleas de Dios


Los evangélicos pentecostales, creyendo que los milagros todavía suceden hoy, a veces se les dificulta tratar con personas que tienen una discapacidad permanente y con los que no son sanados después de mucha oración. Pero, ¿incluye nuestra teología y nuestras creencias en los milagros sobrenaturales hoy una explicación bíblica para los que no son sanados o curados inmediatamente? Aceptamos la muerte por vejez, y aun por accidente; pero los recuerdos constantes de los que tienen discapacidades mentales o físicas, que no recuperan completamente su salud y actividad, parecen sugerir que nuestras creencias y fe son defectuosas.

Nuestra teología ofrece una explicación para el dolor y el sufrimiento, porque tenemos esperanza en la sanidad y en un fin del dolor. Pero, ¿cómo trata nuestra teología, nuestra fe, y nuestra práctica con la persona que quizás jamás andará o con el niño con una discapacidad mental por la que tal vez nunca participará en la interacción social normal? Aun cuando no tenemos todas las respuestas, un correcto entendimiento del evangelio tiene que proclamar, sin temor, que el Dios que creó el Universo y toda vida humana en él, es consciente de la tensión que sus hijos sienten. Él espera que seamos tanto personas de compasión como personas de poder.

Dios todavía sana y hace milagros

Afirmamos que “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8).1 Él sana hoy. Sus milagros confirman su deidad, omnipotencia, y fidelidad a sus promesas. Predicamos la verdad bíblica de su poder sanador, aunque el poder divino no responde inmediatamente a cada petición y deseo humano. Aunque sus caminos son más altos que nuestro entendimiento (Romanos 11:33), confiamos en sus decisiones en respuesta a todas nuestras oraciones.

El Nuevo Testamento registra muchos milagros y sanidades hechos por Jesús. Sin embargo, no sanó toda enfermedad alrededor de Él. Las Escrituras registran que al regresar a su pueblo, “no hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos” (Mateo 13:58). En Juan 5, Jesús sólo sanó a uno de los muchos que esperaban junto al estanque de Betesda en expectación supersticiosa de una sanidad física. Así que, si la oración por sanidad no es contestada inmediatamente, no cambiamos nuestra teología para decir que Dios ya no sana. Seguimos confiando en Él, esperando el día en que las enfermedades que existen en la tierra se desvanezcan en la luz perfecta de su presencia eterna. 2

Actitud bíblica acerca de las discapacidades3

Algunos especulan que Dios no valora a las personas con defectos físicos o mentales o los minusválidos, y que Él especialmente no quiere que tales personas sean parte del liderazgo espiritual. Esta errónea interpretación del amor imparcial y la compasión de Dios viene de Levítico 21:17–23: “Habla a Aarón y dile: Ninguno de tus descendientes por sus generaciones, que tenga algún defecto, se acercará para ofrecer el pan de su Dios. Porque ningún varón en el cual haya defecto se acercará; varón ciego, o cojo, o mutilado, o sobrado, o varón que tenga quebradura de pie o rotura de mano, o jorobado, o enano, o que tenga nube en el ojo, o que tenga sarna, o empeine, o testículo magullado. Ningún varón de la descendencia del sacerdote Aarón, en el cual haya defecto, se acercará para ofrecer las ofrendas encendidas para Jehová. Hay defecto en él; no se acercará a ofrecer el pan de su Dios. Del pan de su Dios, de lo muy santo y de las cosas santificadas, podrá comer. Pero no se acercará tras el velo, ni se acercará al altar, por cuanto hay defecto en él; para que no profane mi santuario, porque yo Jehová soy el que los santifico”.

El sacerdocio de Aarón, como grupo, anticipaba al Sumo Sacerdote perfecto, sin pecado. “Mas éste [Jesús], por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo” (Hebreos 7:24-27).

Ahora que el Sumo Sacerdote perfecto ha venido a morir por nosotros, ya no hay necesidad de los sacerdotes físicamente perfectos que figuraban la venida del gran Sumo Sacerdote. Pero aparte de la restricción sobre los sacerdotes discapacitados de participar en ceremonias enfocadas en el futuro, los sacerdotes con discapacidades todavía eran sacerdotes que recibían todo lo que necesitaban por mandato divino: “Del pan de su Dios, de lo muy santo y de las cosas santificadas, podrá comer” (Levítico 21:22).

Cuando Moisés tuvo un encuentro con Dios en la zarza ardiente, el llamado al liderazgo siguió inmediatamente después: “Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel” (Éxodo 3:10). Moisés, después de dar varias razones explicando por qué él no era la persona indicada para el trabajo, se quejó: “!Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua” (Éxodo 4:10).

Esteban, el mártir del Nuevo Testamento, se refería a Moisés como “poderoso en sus palabras” (Hechos 7:22). Entonces, o Moisés no estaba consciente de su habilidad de hablar o, minimizaba sus habilidades. Por medio de una serie de preguntas, Dios le recuerda a Moisés que es Él quien determina las habilidades y discapacidades humanas. ¿Era la afirmación de Moisés de que era “tardo en el habla y torpe de lengua” una discapacidad o una falta de confianza en su habilidad dada por Dios? De cualquier modo, Dios tenía la respuesta: “¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová?” (Éxodo 4:11).

Algunos dirían que Dios es responsable por el pecado en el mundo y los defectos y discapacidades físicas que los humanos tienen. Pero Job habló la verdad en medio del sufrimiento: “Lejos esté de Dios la impiedad, y del Omnipotente la iniquidad” (Job 34:10). Dios ni crea la maldad ni la manda a ninguna persona. Cuando Él tiene que castigar, es una corrección amorosa (Hebreos 12:5,6). Dios estaba diciendo a Moisés: “Como el Creador de toda la vida, aun en un mundo caído de pecado y discapacidades, tomo con amor la responsabilidad por todos. Entonces, Moisés, si tienes una discapacidad, también puedo arreglarla”.

Dios imparte habilidad, y Él sabe de la discapacidad porque Él, al menos, la permite. Dios pudo haber dicho a Moisés lo que después le dijo a Pablo: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9).

Encontramos confirmaciones adicionales en otros pasajes de las Escrituras. Los israelitas fueron amonestados a que mostraran amabilidad a los sordos y ciegos (Levítico 19:14; Deuteronomio 27:18). Los que ministran a los débiles e indefensos son bendecidos (Salmo 41:1). Jesús recibía en el reino de Dios a personas con toda clase de discapacidades, aunque hubieran sido excluidos del servicio bajo el Antiguo Testamento (Mateo 4:23ff; 15:30). Enseñaba cómo tratar a las personas con discapacidades: “Dijo también al que le había convidado: Cuando hagas comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos; no sea que ellos a su vez te vuelvan a convidar, y seas recompensado. Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos” (Lucas 14:12–14, énfasis añadido). La cantidad de sanidades en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento proveen la prueba de la naturaleza misericordiosa de Dios, a pesar de que no todas las enfermedades o discapacidades son eliminadas.

Discapacidades mentales

La sociedad secular ha encontrado maneras de acomodar mejor a los que tienen discapacidades físicas que a quienes tienen problemas mentales. La iglesia de Jesucristo, la representante de la realidad espiritual en la tierra, debe ser líder en proveer oportunidades para que todos se conecten con el Espíritu de Dios. No entendemos completamente la edad de responsabilidad y su aplicación a personas con discapacidades mentales. No entendemos cómo se relaciona con Dios una persona con una discapacidad mental. Pero tenemos que ofrecer la oportunidad para que el Espíritu de Dios hable a tales personas en su nivel de comprensión.

Recientes enfoques en la educación especial indican que los individuos con niveles moderados de discapacidad mental pueden participar en escuelas tradicionales y en experiencias emocionales y sociales con otros niños de su edad. Algunos muestran niveles excepcionales de creatividad en las artes. Muchos entienden realidades espirituales y participan en la adoración y otras actividades de la iglesia, especialmente en pequeños grupos. La iglesia debe proveer tales actividades para los que puedan experimentar encuentros genuinos con la presencia de Dios. 4

La clave principal para entender a personas con discapacidades mentales y trabajar con ellas es establecer relaciones con ellas. Desarrollar amistad y confianza los animará a abrirse al amor de Dios. Tal ministerio cumple con las palabras de Jesús: “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí” (Mateo 25:35,36). Podría haber añadido, “yo era diferente, y aun así me amasteis”.

Llamado a una iglesia compasiva

El ministerio a personas con discapacidades. El mandato bíblico de “servíos por amor los unos a los otros” (Gálatas 5:13) incluye a todos. Considerar que las personas con discapacidades son defectuosas, o posiblemente un error divino, es una mala actitud para una iglesia con la compasión de Cristo. Las personas con discapacidades son la oportunidad para mostrar el poder de Dios de sanar o usar lo débil para mostrar su fuerza. Con frecuencia la iglesia ministra efectivamente a las personas con enfermedades graves y heridas, donde el proceso de sanidad natural, el milagro de sanidad divina, o ambos, parece una posibilidad. Pero en situaciones donde la invalidez es de largo plazo o permanente, la fe es puesta en duda. Nuestra fe y práctica tienen que incluir una mano extendida a los que tienen discapacidades. Los desafíos del liderazgo de la iglesia son: (1) afirmar y ministrar a los que tienen discapacidades, mientras (2) anima a la congregación a aceptarlos en la vida y las actividades de la iglesia. Si estamos cumpliendo la Gran Comisión de predicar el evangelio a “toda criatura” (Marcos 16:15), no podemos pasar por alto a este segmento de la sociedad.

El ministerio a personas que tienen discapacidades es difícil. Los voluntarios se desaniman cuando hay pocas respuestas positivas. Puede que persistan los medicamentos, la terapia, el dolor, y el deterioro. Pero tenemos que recordar que el amor de Dios para nosotros es inalterable aun cuando sigamos fracasando y desobedeciendo. Cuando su amor nos consume y nos motiva, nuestro ministerio a los minusválidos es como ministrar a Cristo mismo.

La compasión que la iglesia muestre quizás será costosa porque se necesitará dinero para modificar las instalaciones. Los gobiernos federal, estatal y local tienen regulaciones que permiten acceso a los discapacitados a las instalaciones públicas. Tales requisitos deben ser considerados como lo mínimo. Nuestra responsabilidad como representantes del reino de Dios es incluir a los discapacitados en las funciones y en la adoración de la iglesia. La decisión de reservar los bancos más accesibles o los asientos de pasillo para las personas con limitaciones físicas les comunicará a ellos que “queremos que alaben con nosotros”. Los ujieres entrenados para tratar con amabilidad a quienes tienen discapacidad física o mental y a quienes los cuidan serán una muestra de la seriedad y la preocupación de la iglesia.

Aunque la salvación es la más grande necesidad de cada persona, la Gran Comisión incluye más que la evangelización. Discipular y capacitar a los discapacitados a fin de que usen sus dones para edificar el cuerpo de Cristo es también una respuesta a la comisión de la iglesia.

El ministerio a los que cuidan de una persona discapacitada. Los que cuidan necesitan nuestra gratitud. A veces las personas que ellos atienden no tienen la habilidad de decir gracias. Es fácil agotarse sirviendo a un familiar que tiene una enfermedad incurable o una discapacidad permanente. Al saber que Dios es omnipotente, pudiera ser que quien cuida de un discapacitado se sienta tentado a culpar a Aquel que podría sanar a la persona, y no lo hace. Pero hasta que Él responda, tienen que seguir confiando en el Dios que ama misericordiosamente tanto al que cuida como al discapacitado.

Una palabra para los que cuidan. Siéntase complacido de ser visto en público o en un culto de alabanza con su familiar o amigo discapacitado. Las Escrituras nos mandan, “sobrellevad los unos las cargas de los otros” (Gálatas 6:2). Uno hace eso cuando da amor y compasión al que no puede devolver la bondad que recibe. Quizás otros no estén prontos a ayudarlo a sobrellevar la carga de cuidar a una persona especial de Dios, pero nuestro Padre celestial, que les muestra compasión, entiende su dedicación y bendecirá su ministerio.

Unas palabras a los discapacitados

Si usted comprende lo que le ha sucedido, entonces probablemente ha preguntado, “¿por qué yo, Señor?”. Los estudiosos de las Escrituras han examinado la Biblia para encontrar la respuesta a esa pregunta. Y como la Biblia no da una respuesta final, no podemos darla nosotros tampoco. Algunos han intentado penetrar el misterio del sufrimiento, pero al hacerlo, han ido más allá de la Palabra de Dios. Hay ejemplos en la Biblia de personas que sufrían por el pecado en su vida. Pero las personas justas también sufren. Otros sugieren que Dios tiene un amor especial para los que padecen dolores y sufrimientos por mucho tiempo, sabiendo que soportan más que otras personas. Pero el amor de Dios por cada ser humano sobrepasa la comprensión o el mérito.

Una madre discapacitada, cuyos hijos están sirviendo a Dios, dijo: “Mi deseo más grande de ver a mi familia entera siguiendo a Jesús ha sido contestado, aunque mi oración por la sanidad física todavía no es contestada. Puede ser que el compromiso de ellos sea de alguna manera resultado de mis sufrimientos y de la manera en que manejaba mi situación. Dios ha contestado el primer deseo de mi corazón.”

La respuesta que la Biblia ofrece acerca de su dolor y sufrimiento es que todos vivimos en un mundo caído y pecaminoso. Dios no lo hizo así. Nosotros lo hemos hecho así, de Adán y Eva hasta el presente, “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). La pregunta correcta sería entonces, “¿por qué es que no sufrimos más?”.

Dios lo llama a usted a que se acerque a Él con su discapacidad, así como invita a que todos se acerquen a Él. Él nos dice a cada uno de nosotros: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:28,29). Su primera preocupación por cada persona es el alma: ¿Está en buena relación con Dios en preparación para una sanidad eterna en su presencia? Una vida con una discapacidad, seguida de una eternidad con Dios, es preferible a una vida de salud y riqueza, seguida por una eternidad separada de Dios. Procure conocer a Dios íntimamente hasta que Él traiga paz a su corazón. Al buscar a Dios, invierta su tiempo, sus talentos, y sus energías en el servicio a otros. Jesús dijo, “de gracia recibisteis, dad de gracia” (Mateo 10:8).

Conclusión

Los discapacitados son esenciales para la integridad de la comunidad cristiana. En una cultura que adora la perfección física, devalúa la vida humana, y se jacta de la eliminación, la iglesia tiene que proteger a los indefensos, a los vulnerables, y a los privados de sus derechos, incluidos los discapacitados. Son personas creadas a la imagen de Dios, que tienen dignidad, valor y propósito.

La iglesia tiene que abrir sus brazos en invitación y compañerismo. Los discapacitados mentales pueden responder a la presencia del Espíritu Santo. Pablo escribió de la respuesta que recibió cuando pidió que el aguijón de la carne le fuera quitado: “Y [el Señor] me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9). Podemos confiar que Dios revelará su poder por medio de las vulnerabilidades de los discapacitados.

Preguntas frecuentes acerca del ministerio con los discapacitados

1. ¿Qué es una discapacidad?

Una discapacidad es un problema físico o mental que sustancialmente limita una o más de las actividades mayores de la vida de un individuo. Las condiciones de invalidez se manifiestan en muchas formas y tienen diversas causas. Estas causas incluyen, pero no se limitan a: nacimiento, enfermedad, la violencia de otros, accidentes, pecado y actividad satánica, y las enfermedades de la vejez. Una discapacidad es distinta a una enfermedad. Las enfermedades frecuentemente resultan en discapacidades, pero no todas las discapacidades son causadas por enfermedad.

2. ¿Dónde se originó la discapacidad?

Dios estableció su autoridad sobre Adán y el resto de la familia humana cuando les dio una restricción: “Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:17). La imperfección, el dolor, la tristeza, y el sufrimiento se originaron cuando Adán y Eva fueron sujetos a la muerte (Génesis 3:7–24).

Antes de la desobediencia de Adán y Eva, Dios había declarado que su Creación entera era muy buena – en gran manera (Génesis 1:31). Esta declaración divina no solamente describe el estado de su Creación, sino que también sirve como un indicador de su propósito benévolo con sus hijos. Nunca fue el propósito original de Dios llenar los días de sus hijos con circunstancias difíciles, incluidas las discapacidades.

3. ¿Por qué permite Dios el sufrimiento?

El dolor, el sufrimiento, y la muerte son más que un simple castigo por los pecados de Adán y Eva. La presencia del sufrimiento en el mundo es un testimonio de la integridad y santidad de Dios. Ciertamente Él no es hombre para que mienta (Números 23:19). El sufrimiento es esencial para que entendamos que el mundo donde vivimos no es el mismo que Dios declaró perfecto en Génesis 1:31. Ha sido violado y cambiado como resultado del pecado del hombre (Génesis 3:17–19). La persona más saludable vive en un cuerpo estropeado. El ser humano más saludable todavía morirá (Hebreos 9:27). La muerte es la última discapacidad universal, y su presencia en el mundo nos dirige a la Cruz. Vivir en cuerpos estropeados en una creación estropeada declara la necesidad del hombre pecaminoso del plan redentor de Dios por medio de Jesucristo (Romanos 8:20–22). Las buenas nuevas son que Dios nos promete que el sufrimiento terrenal es temporal (2 Corintios 4:17,18; Romanos 8:18).

4. ¿Cómo ve Dios a los discapacitados?

Dios determina tanto las habilidades como las discapacidades. Éxodo 4:11 dice: “Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová?”. La imagen de Dios como el alfarero y el hombre como la obra de sus manos se usa en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento. Implica participación personal, atención en los detalles, deliberación, y el diseño y propósito específico del alfarero para cada vasija individual. El alfarero moldea el barro de una manera que le agrada. Las personas con discapacidades no son productos dañados. Dios asume la responsabilidad completa por su existencia.

5. ¿Cuál es el propósito de los sufrimientos y las tribulaciones?

Las tribulaciones nos mantienen dependientes de Dios. Nos impulsan a orar y nos hacen buscar su rostro y su ayuda (Hebreos 4:14–16; 1 Pedro 5:6,7). Las dificultades ayudan a que nuestra fe produzca resistencia y paciencia (Santiago 1:2,3), y permiten que Dios establezca un historial de su fidelidad en nuestra vida (Salmo 37:25). Nos recuerdan que el amor de Cristo es constante y más grande que cualquier problema o dolor: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:35–39).

6. ¿Qué parte tiene el pecado en la vida de la persona, o la falta de fe en el proceso de sanidad?

Juan 9 indica que a veces Dios permite que una persona tenga una discapacidad para que el poder de Dios sea demostrado en algún punto. En Juan 9 y Hechos 3, ese poder vino en la forma de una sanidad divina. Hay otros pasajes de las Escrituras en los que se indica que Dios escoge mostrar su poder mediante las vulnerabilidades de la persona (1 Corintios 1:27–29; 2 Corintios 12:9). El individuo con la discapacidad es el mejor juez de su propia condición espiritual, porque él es el único a quien el Espíritu Santo convencerá de su pecado, si es necesario (Juan 16:8).

7. ¿Por qué es que Dios no sana a todos?

Al final, cada cristiano experimentará una libertad permanente de toda enfermedad, dolor, y discapacidad (1 Corintios 15:43,54). Todo cristiano que sufre puede vivir con esperanza porque tenemos la certeza de la sanidad final. Sabemos que Dios sí sana hoy. Servimos a un Dios que hace las cosas “en el cumplimiento del tiempo” (Daniel 9:24; Gálatas 4:4) y en el tiempo perfecto (Eclesiastés 3:1–8; Salmo 30:5). La hora de la sanidad de un individuo y la manera en que es sanado dependen de Dios. La sanidad no depende de los caprichos de cada creyente. El apóstol Pablo escribió a los filipenses acerca de Epafrodito, quien estuvo a punto de morir antes de ser sanado (Filipenses 2:27). Pablo escribió a Timoteo que debía de tomar un poco de vino, por razones médicas, por su estómago y otras enfermedades crónicas (1 Timoteo 5:23). El apóstol Pablo no podía sanar a las personas solamente porque quería. El Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento muestran que la hora de la sanidad divina depende de Dios y normalmente viene cuando las personas que Él escoge pueden ser impactadas por su gloria, o cuando Él decide que se cumplió el propósito de la aflicción o discapacidad. Por lo tanto, es mejor pensar en la sanidad como una cita divina con el Médico Divino.

8. ¿Qué de las personas por quienes oramos, pero no son sanadas?

La condición física y espiritual del discapacitado no debe ser juzgada sólo por lo que nuestros ojos físicos observan. Es imperativo que los líderes espirituales tengan discernimiento cuando oran por los discapacitados, y no presuman que su necesidad más grande es la sanidad física. De la misma manera, los que oran no deben juzgar los resultados de sus oraciones basados en lo que ven. Nunca pueden saber, sin preguntar, cómo el Espíritu Santo de Dios ministra a la persona. Recuerde, los discapacitados frecuentemente tienen trastornos físicos internos y disfunción. Los discapacitados frecuentemente experimentan el poder sanador de Dios, sin ser sanados de su discapacidad física. Por ejemplo, un muchacho joven con parálisis cerebral fue atropellado por un autobús y estuvo a punto de morir. Dios sanó sus heridas, pero no su discapacidad. Puede que el Espíritu Santo sane los problemas espirituales y emocionales en vez de los físicos.

9. ¿Cuál es la más grave necesidad en la vida de una persona con una discapacidad?

La salvación del pecado es la necesidad más grande de cada persona. Algunos con discapacidades se consumen con la idea de recuperar lo que han perdido. Equivalen obtener la sanidad física y mental con obtener la paz y felicidad. Jesús entendía que la salvación del alma era una prioridad muchísimo más alta que la sanidad e integridad física. En los momentos antes de sanar a un paralítico, Jesús dijo: “Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados” (Mateo 9:2).

10. ¿Cuál es el modelo bíblico de alcanzar a los discapacitados?

Cristo dio un ejemplo de servicio que llevó el ministerio más allá que los milagros. Los discapacitados están plenamente conscientes de que su condición y sus circunstancias frecuentemente son desagradables para otros, y que su estilo de vida y comportamientos son a veces interpretados como raros, anormales o extraños. También están plenamente conscientes de que, como resultado, las personas a su alrededor frecuentemente se sienten incómodas. El ejemplo de Cristo de humildad, empatía, y servicio nos enseña que la compasión del cuerpo tiene que ser más grande que su necesidad de comodidad. Jesús tomó en sus manos los polvorientos pies de sus discípulos y los lavó. La mejor analogía en la Biblia de alcanzar y tocar la vida de las personas con discapacidades es lavándoles los pies. “Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis” (Juan 13:13–17).

NOTAS

1 Las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960.
2 Para una afirmación bíblica de la creencia de las Asambleas de Dios sobre la sanidad divina y los milagros hoy, vea la declaración de creencias, “Sanidad divina: una parte integral del evangelio.”
3 El término discapacidad se usa intercambiablemente con minusvalía. Ambas palabras se refieren a algo que dificulta, impide, o estorba la habilidad de uno para realizar una actividad por causa de un deterioro mental o físico por medio de un deterioro natural, enfermedad crónica, defecto de nacimiento, o herida traumática.
4 Para obtener más ayuda de cómo ministrar a personas con discapacidades mentales y físicas, comuníquese con Special Touch Ministry, Inc., P.O. Box 25, Waupaca, Wisconsin 54981. Para ayuda en el ministerio a los ciegos, comuníquese con el National Center for the Blind de las Asambleas de Dios, 1445 N. Boonville, Springfield, MO 65802.