El avivamiento puede representar algo diferente para cada persona: épocas de renovación espiritual en el creyente, un despertar espiritual en la cultura o una gran sensibilidad a la presencia de Dios en la iglesia. Los ejemplos de la Biblia y de la historia de la iglesia ofrecen diversas maneras de entender y experimentar el avivamiento. Este artículo ofrece orientación sobre cómo prepararse para épocas únicas de avivamiento, independientemente de cómo puedan manifestarse, y ofrece señales de avivamiento saludables y no saludables en la iglesia moderna.
La palabra avivamiento puede abarcar una variedad de definiciones. En el sentido más estricto, el avivamiento se refiere a la restauración del pueblo de Dios a una relación santa y prioritaria con Él. El término describe un período en la historia en el que sucedió algo especial, por ejemplo, el avivamiento de la calle Azusa. A veces, puede referirse a un énfasis espiritual programado, por ejemplo, una reunión de avivamiento en la iglesia o una reunión durante un campamento. La gente también usa el término para caracterizar una gran cantidad de conversiones. En todas esas definiciones, el énfasis está en un momento de mayor consciencia y deseo espiritual, que por lo general sucede en un lugar y un momento determinado.
En cierto sentido, el avivamiento es volver a la vida espiritual que deberíamos haber tenido siempre, viviendo una vida santa con prioridades piadosas y ministrando a quienes nos rodean. A lo largo de las Escrituras y la historia, Dios ha reavivado a Su pueblo, llamando a quienes vacilaban a volver a la devoción completa. Estos momentos conducen a una nueva oleada de vida espiritual marcada por una santidad, una vitalidad, un compromiso y un servicio renovados cuando respondemos a Él. A nivel personal, los cristianos experimentan un amor renovado por Dios y por los demás, la convicción del pecado personal y colectivo y un despertar del letargo de la apatía y la mundanalidad. En este sentido, el avivamiento es volver a un estado de devoción espiritual más ideal con una mayor conciencia de la presencia de Dios.
Para muchos, el término «avivamiento» sugiere una época de renovación espiritual generalizada en la iglesia o un despertar en la comunidad. Algunos diferenciarían la terminología, de modo que «renovación espiritual» indicaría un compromiso renovado con Dios por parte de los creyentes, mientras que el aumento de las conversiones dentro de la comunidad en general constituiría un «despertar espiritual». Algunos limitarían el término a un período de consciencia inusual de la presencia de Dios dentro de la iglesia, que puede conducir a una renovación y un despertar espirituales. Otros verían esos términos como sinónimos.
A veces, hay una tendencia a utilizar el término avivamiento como una palabra general para cualquier experiencia o servicio espiritual o emocional único. Esta propensión le resta significado. En esencia, podemos entender el avivamiento como un momento en el que un grupo de creyentes se compromete nuevamente con la vida santa, con la comunidad afectuosa y con la misión divina que Dios tiene para Su pueblo. Dios llama a los creyentes a ser discípulos completamente devotos que disfrutan de una vida espiritual vigorosa y se comprometen a alcanzar a los perdidos. Una comunidad de creyentes que ya es saludable y está viva no necesita un avivamiento.
CEn el Antiguo Testamento, hubo períodos en los que el pueblo de Israel necesitaba renovar su compromiso como pueblo de Dios. Clamaban a Dios y recuperaban Su visión de santidad al alejarse de los dioses falsos, arrepentirse de la desobediencia, renovar el pacto con Dios, buscarlo de todo corazón y restaurar la adoración en el templo. Cuando Asa eliminó a los dioses falsos de la tierra y restauró el templo, convocó a todos para buscar a Dios. El pueblo se volvió a Él “de todo corazón y con toda el alma”1 (2 Crónicas 15:1–15). Ezequías confesó los pecados de su pueblo, purificó el templo, destruyó los ídolos y restableció el servicio sacerdotal y los sacrificios (2 Reyes 18:1–8; 2 Crónicas 29–31). Josías leyó la Ley en el templo y guió al pueblo en la renovación del pacto de Dios, el cual incluía la eliminación de los ídolos de toda la tierra, la reforma y la celebración de la Pascua (2 Reyes 22,23; 2 Crónicas 34,35). Josías se volvió al Señor de “todo corazón, con toda el alma y con todas sus fuerzas, siguiendo en todo la ley de Moisés” (2 Reyes 23:25). En cada una de estas historias, el pueblo de Dios aprendió que estaba viviendo por debajo del estándar de fidelidad y santidad de Dios, y volvió su corazón a Dios.
El Nuevo Testamento tiene un paradigma un tanto diferente. El ministerio de Jesús a través del Espíritu Santo era en sí mismo un llamado para el pueblo de Israel a volver a Dios. Mediante el poder del Espíritu Santo, Jesús y los discípulos predicaban acerca de la realidad del reino de Dios, trayendo transformación a la vida de las personas. El Espíritu Santo empoderó a los creyentes judíos para alcanzar a los perdidos, incluidos los gentiles, y para establecer la Iglesia.
En los Evangelios, Juan el Bautista predicó acerca del arrepentimiento e invitó a las personas a volverse a Dios y a preparar el corazón para la llegada del Mesías (Lucas 3:2–4). Jesús habló acerca de la obra del Espíritu al producir una nueva vida, ofreciendo a las personas la salvación mediante el nuevo nacimiento (Juan 3:1–15). Jesús también dijo a Sus discípulos que quienes lo siguieran tendrían “ríos de agua viva” fluyendo de su interior, lo cual simboliza la obra continua del Espíritu de reavivar al creyente y a la comunidad (Juan 7:37–39).
En el libro de los Hechos, el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos el día de Pentecostés, infundiendo valor y poder a la iglesia primitiva mediante el bautismo en el Espíritu. Como resultado, alrededor de tres mil personas se convirtieron en seguidores de Jesús en un día (Hechos 2:41). La vida espiritual activa de la comunidad se caracterizaba por la dedicación a la enseñanza, la comunión, el partimiento del pan y la oración (Hechos 2:42), e hizo que el número de los que fueron salvos aumentara a cinco mil (4:4), seguido de grandes multitudes (5:14; 6:7; 9:31; 11:21, 24; 12:24; 16:5). En cada uno de estos casos, el Espíritu Santo capacitó a los creyentes para que experimentaran una renovación espiritual que guió a otros al Reino.
En las epístolas, Pablo le dijo a la iglesia de Éfeso que se mantuviera continuamente llena «del Espíritu» (Efesios 5:18). Como pentecostales, creemos que el bautismo en el Espíritu Santo nos lleva a una vida de renovación espiritual o de avivamiento personal. Podemos fortalecernos personalmente al orar en el Espíritu, y brindar aliento y usar nuestros dones para edificar a otros (1 Corintios 14:4).
Después de todo esto, también se nos advierte sobre la posibilidad de que necesitemos un avivamiento espiritual. Pablo nos advirtió que no «contristemos al Espíritu Santo» viviendo de maneras que menoscaben nuestra vida espiritual (Efesios 4:30). Juan le escribió a la Iglesia, no a los incrédulos, que si «confesamos nuestros pecados», Jesús nos perdonará y nos limpiará de todo lo que nos impida tener una relación correcta con Dios (1 Juan 1:9). Santiago nos aseguró que si nos acercamos «a Dios, él se acercará [a nosotros]» (Santiago 4:8). Finalmente, Jesús advirtió a la iglesia de Éfeso que, aunque habían hecho todo bien, igualmente habían perdido su primer amor (Apocalipsis 2:4). Incluso las iglesias del Nuevo Testamento podrían estar en un estado espiritual que justificara un avivamiento.
La historia de la Iglesia incluye una variedad de avivamientos y despertares espirituales. En los primeros 1500 años, hubo pequeños focos de avivamiento, por ejemplo, en las comunidades monásticas, y grandes movimientos que impactaron a las naciones.2 La Reforma proporcionó un tipo de avivamiento (aunque no siempre era saludable).
Después de la Reforma, hubo varios avivamientos de oración y evangelismo. La obra del conde Zinzendorf y los moravos redundaron en una oración ininterrumpida durante más de cien años y el envío de 2.400 misioneros. El avivamiento cultural y espiritual del Primer Gran Despertar afectó a ambos lados del Atlántico, bajo el liderazgo de John Wesley, George Whitefield, Jonathan Edwards, entre otros. El Segundo Gran Despertar comenzó a principios del siglo XIX con el avivamiento de Cane Ridge, continuó bajo líderes como Charles Finney, y convirtió la evangelización en una tarea prioritaria.
El movimiento Pentecostal moderno es el fruto de varios avivamientos a principios del siglo XX. El avivamiento galés de 1904, bajo Evan Roberts, redundó en más de cien mil conversiones. El avivamiento de la Misión Mukti de 1906 en la India, dirigido por Pandita Ramabai, vio una explosión de evangelismo entre las mujeres y una renovación de los dones espirituales. El avivamiento de Azusa (1906–1909), pastoreado por William J. Seymour, lanzó el avivamiento pentecostal a nivel mundial. En las primeras dos décadas, los pentecostales lideraron las misiones y los avivamientos en África (Lucy Farrow, John G. Lake et al.), Europa (T.B. Barratt, Lewi Pethrus et al.), Oceanía (Smith Wigglesworth et al.), Asia (A.G. y Lillian Garr et al.) y Sudamérica (Daniel Berg, Gunnar Vingren, R. Edgar Miller et al.).
Las Asambleas de Dios deben su origen a los avivamientos y a evangelistas que fueron instrumentos de avivamiento en todo Estados Unidos y que decidieron colaborar para llevar el avivamiento a toda comunidad y a toda nación. También hay avivamientos reconocibles que han tenido lugar en los tiempos modernos. En estos avivamientos históricos, Dios ha usado muchos corazones dispuestos y humildes para traer transformación y nueva vida a Su Iglesia a lo largo de los siglos. Al parecer, Dios suscita avivamientos en cada generación, llamando a los creyentes a regresar a su fe y a alcanzar a nuevas personas con el evangelio.
La preparación para el avivamiento implica una combinación de actividad divina y humana. En primer lugar, reconocemos que el avivamiento depende del Señor, ya que los seres humanos no pueden producirlo por sí mismos. Puesto que el avivamiento consiste en guiar los corazones hacia Dios, reconocemos que el Espíritu Santo es el principal impulsor, administrador e iniciador. Al mismo tiempo, la mayoría de los ejemplos bíblicos incluyen a personas que reconocieron que estaban viviendo por debajo de los estándares de Dios y clamaron a Él, arrepentidos. La respuesta de Dios a ese clamor es un avivamiento de Su misericordia, con Su amor y poder restauradores.
El compromiso con la oración es un elemento que se observa con regularidad en los avivamientos. Muchos cristianos se han basado en las palabras de 2 Crónicas 7:143 como guía para el avivamiento. El pueblo de Dios debe estar dispuesto a humillarse, a orar para que Dios se acerque, a buscar Su rostro (restaurando la relación) y a volverse de sus malos caminos. Esto es muy similar a la advertencia de Santiago de que debemos someternos a Dios y humillarnos (Santiago 4:7–9). Debemos «acercarnos a Dios», y Él se acercará a nosotros cuando nos lavemos y renovemos nuestro compromiso con el Señor. Esta actitud de sumisión continua a Dios produce el avivamiento personal que deseamos.
Otro elemento que a veces se pasa por alto es la preparación que necesita una comunidad para gestionar un avivamiento. ¿Están las iglesias preparadas para recibir a multitudes mayores que las previstas en el diseño del edificio? ¿Hay obreros disponibles en todos los niveles para atender a la multitud (personas que saluden, encargados del estacionamiento, encargados de los niños, ministros del altar, etc.)? ¿Las iglesias han planeado cómo dar seguimiento a un influjo de nuevos conversos y cómo formarlos como discípulos para que alcancen la madurez cristiana?
Algunos pastores han tratado de cultivar un ambiente espiritual para recrear avivamientos de otros lugares. Eso es un error. Nuestra prioridad no debería ser crear un avivamiento que imite lo que está sucediendo en otros lugares, sino cultivar un ambiente espiritual saludable donde experimentar a Dios se vuelva algo normal. Algunas de las formas en que las iglesias pueden fomentar ese ambiente son:
¿Estamos creciendo espiritualmente como líderes y permitiendo que otros nos ayuden a llevar la carga y así evitar el agotamiento? Una iglesia saludable debe contar con personas que hayan respondido al llamado de Dios y se hayan preparado para liderar y capacitar a otros para ministrar a las personas. Como preparación para el avivamiento, los líderes deben estar dispuestos a guiar con arrepentimiento y humildad.
¿Ofrecemos oportunidades constantes para que los nuevos conversos crezcan y maduren? Los sistemas de discipulado saludables llevan a las personas a la plenitud al abordar el quebrantamiento y el pecado.
¿Creamos espacios para que las personas tengan un encuentro con el Espíritu Santo y sean llenas del Espíritu Santo? El Espíritu Santo es El que vivifica y cultiva una espiritualidad saludable en los creyentes.
¿Están los creyentes preparados y se los alienta a moverse en los dones espirituales (por ejemplo, 1 Corintios 12:4–11)? El Espíritu a menudo se mueve cuando todos aceptan la oportunidad de seguirlo a través de los dones y al alentar a todo el Cuerpo.
¿Se han preparado las iglesias para recibir a multitudes más grandes y el influjo de conversos que acompaña al avivamiento? ¿Han planeado cómo recibir esa cantidad de personas con los recursos y las instalaciones disponibles? ¿Tienen suficientes voluntarios y trabajadores para ayudar a administrar el avivamiento de manera adecuada y hacer un seguimiento de los nuevos conversos para el discipulado?
Si bien cada iglesia y cada creyente pueden experimentar un avivamiento, reconocemos que hay momentos especiales en los que Dios parece hacer algo único en lugares particulares. ¿Cómo debemos juzgar estos avivamientos notables? A continuación, se presentan algunas características de los movimientos de avivamiento saludables.
Varias obras únicas del Espíritu surgen en algunos avivamientos. Debemos buscar lo típico, celebrar lo único y no apagar el Espíritu (1 Tesalonicenses 5:19).
Aunque el avivamiento debe involucrar a un buen liderazgo, el verdadero avivamiento se centra en Jesús, no en personajes humanos.
Aunque Dios siempre está presente dondequiera que Su pueblo se reúne, a menudo se reconoce que la presencia de Dios se manifiesta en formas tangibles que cambian la vida de las personas.
Una característica constante es el arrepentimiento, dado que el Espíritu de Dios convence de manera activa a las personas del pecado y las concesiones que han hecho para atraerlas nuevamente a una relación con Él.
Todo lo que sucede debe elevar la autoridad de la Palabra de Dios y la sana doctrina.
Experiencias más profundas de oración intercesora generalmente marcan un avivamiento, donde las personas buscan a Dios con desesperación y experimentan Su obra sorprendente (Habacuc 3:1,2).
El avivamiento siempre debe hacer que la Iglesia se concentre nuevamente en los que no asisten a la iglesia. Esto debería significar que las personas son salvas, bautizadas en agua, reciben el bautismo en el Espíritu y comprenden el llamado a servir (Hechos 19:1–6).
Si bien los avivamientos tienen muchos efectos positivos, también existe el potencial de que surjan tendencias insalubres que van en contra de lo que Dios está haciendo. Con demasiada frecuencia, las motivaciones humanas, la carnalidad y el egoísmo pueden interponerse cuando Dios quiere actuar. Además, debemos estar vigilantes a los intentos del enemigo de detener lo que Dios está haciendo. A continuación, se presentan algunas señales de advertencia comunes de un avivamiento que no es saludable.
Cuídense de los excesos y los extremos, que pueden desviar la atención de las personas de Dios hacia el emocionalismo excesivo y el sensacionalismo. El avivamiento puede desviarse cuando se hace demasiado hincapié en las manifestaciones espirituales, los milagros, el sensacionalismo o las «nuevas revelaciones» sobre cosas espirituales que conducen al sensacionalismo.
Cuídense de las personas o líderes que podrían manipular la obra del Espíritu o a las personas involucradas para sus propios fines (Hechos 8:18–23). Esos líderes tal vez se vuelvan controladores y atraigan la atención hacia ellos mismos y sus métodos sensacionalistas en lugar de Jesús.
Cuídense de aquellos que tratan las cosas santas con irreverencia o desprecio. Tales actitudes pueden «apagar el fuego del Espíritu» y sofocar la obra que Dios está haciendo (1 Tesalonicenses 5:19).
El avivamiento puede crecer cuando hay límites adecuados. Sin embargo, las cosas se tornan poco saludables cuando los líderes utilizan el avivamiento como una validación para dejar de rendir cuentas.
Los líderes deben mantener el fruto del Espíritu y no usar el éxito del avivamiento como licencia para autopromocionarse.
Si está considerando asistir a un avivamiento que ha ganado cierta notoriedad, es muy importante que ponga atención a estas características malsanas antes de participar en él. Del mismo modo, si usted está en una posición de liderazgo en un servicio de avivamiento, el discernimiento espiritual en todas estas áreas es fundamental para administrar y proteger una auténtica obra del Espíritu. Recuerde permanecer humilde y buscar al Señor; Él guiará y protegerá Su obra. El trabajo de un líder es percibir del Espíritu lo que Dios quiere hacer y estar atento a posibles situaciones que puedan desviar las cosas.
Lo que a menudo llamamos avivamiento es simplemente volver al mejor plan que Dios tiene para nosotros. Él desea que vivamos vidas santas y devotas, que adoremos en iglesias sanas y vibrantes a nivel espiritual donde los creyentes sean discipulados y capacitados, y que alcancemos a los perdidos mediante el evangelismo empoderado por el Espíritu. Cuando no alcanzamos el ideal de Dios, debemos responder a Él con arrepentimiento, cambiar nuestros hábitos y reordenar nuestras prioridades. Dios responderá a nuestra humildad mediante el avivamiento. Este es el estado de avivamiento donde debemos permanecer.
Dios sigue avivando a Su pueblo; Él derramará Su Espíritu sobre nosotros a medida que nos acerquemos. Pidamos que Dios nos sacuda de la tolerancia al pecado y nos despierte de nuestra apatía. Humildemente hacemos eco de la invitación de Isaías: «¡Oh, si rasgaras los cielos y descendieras!» (Isaías 64:1).