Hemos actualizado nuestra Política de Privacidad para proveerte una mejor experiencia en línea.
Revisar
Noticias Eventos Tienda

Las mujeres en el liderazgo ministerial

Las mujeres en el liderazgo ministerial

(Aprobado por el Presbiterio General en sesión, 4 y 5 de agosto de 2025)

Resumen

La Biblia provee numerosos ejemplos de mujeres sirviendo en diversos ministerios. La función de ellas incluye tanto predicar como liderar entre el pueblo de Dios. Y desde el inicio de las Asambleas de Dios, las mujeres dotadas por el Espíritu Santo han servido como pastoras, misioneras, maestras y evangelistas. Las Asambleas de Dios reconocen los dones espirituales de las mujeres en todos los aspectos y niveles del ministerio de la iglesia, tal y como se revela en las Escrituras.

Introducción

El Concilio de las Asambleas de Dios fue fundado bajo una poderosa experiencia de manifestaciones sobrenaturales y dones del Espíritu Santo. Los pentecostales creen que el derramamiento del Espíritu a principios del siglo XX continúa el cumplimiento de la profecía: «Sus hijos e hijas profetizarán... En esos días derramaré mi Espíritu aun sobre sobre los sirvientes, hombres y mujeres por igual» (Joel 2:28–29; cf. Hechos 2:16–18, NTV).1 La profecía de Joel comprueba la inclusión de las mujeres en los ministerios en la era del nuevo pacto.

Desde los primeros días de la Fraternidad, los dones espirituales han sido evidentes en los ministerios de las mujeres. Destacadas ministras fueron pioneras y dirigieron una amplia variedad de ministerios. Algunas de ellas ministraron en colaboración con sus esposos. En ocasiones, los esposos tenían empleo secular para apoyar los ministerios activos de sus esposas. En otros casos, las mujeres optaron por permanecer solteras para cumplir mejor los ministerios a los que el Señor las había llamado. Mujeres valientes sirvieron a nivel local y en el extranjero como misioneras, evangelistas, fundadoras de iglesias, pastoras, educadoras y en otras funciones.

La Biblia como autoridad final

La historia y la práctica de las Asambleas de Dios demuestran que Dios bendice el ministerio público de las mujeres. Sin embargo, el debate continúa sobre el papel adecuado de las mujeres en el liderazgo espiritual. Dado que la Biblia es nuestra autoridad final en todos los asuntos de fe y práctica, debemos asegurarnos de que nuestra postura se base en las Escrituras. Lo que dice la Biblia se debe examinar con cuidadosa objetividad, utilizando reglas establecidas de exégesis e interpretación. Este documento ofrece orientación tanto histórica como teológica. También evalúa los textos tradicionales que se utilizan para limitar o negar el ministerio de las mujeres.

Para comprender el significado de un texto, es necesario examinar su cultura y contexto originales. Por ejemplo, 1 Corintios 7:1 comienza con: «Ahora, en cuanto a las preguntas que me hicieron en su carta». Pablo repitió la frase «ahora, en cuanto» al responder a las preguntas de los corintios. La primera carta a los Corintios contiene algunas de las respuestas de Pablo, pero solo revela partes de las preguntas de los corintios. Un estudio más profundo de la carta permitirá reconstruir las preguntas que le hicieron.

En cuanto a las cartas de Pablo a Timoteo, es necesario comprender la situación en Éfeso. Hechos 19:8–41 es una clave para comprenderla. Revela que la magia y el culto a Artemisa forman parte de esa situación. Además, Pablo dijo a los hombres de Éfeso que estuvieran libres de enojo y controversia durante la adoración (1 Timoteo 2:8). La Biblia no incluye ningún otro relato en el que Pablo dé instrucciones similares. Probablemente se trataba de un problema específico de la iglesia de Éfeso. La tarea de comprender el significado de las Escrituras requiere un discernimiento correcto. El lector debe discernir entre los principios teológicos atemporales y los consejos destinados a un público en su contexto particular.

Algunos grupos cristianos disienten sobre cómo deben interpretarse ciertos pasajes de las Escrituras. Esto ha llevado a algunos a negar lo que el pentecostalismo afirma sobre las mujeres líderes en el ministerio. Se requiere tolerancia hacia las tradiciones que pueden estar en desacuerdo con nuestras conclusiones. También reconocemos que se han hecho concesiones para fundar iglesias en contextos fuertemente patriarcales.

Ejemplos bíblicos de mujeres en el liderazgo ministerial

El Antiguo Testamento registra varios ejemplos destacados de liderazgo femenino. Miriam fue profetisa y líder religiosa de Israel durante el Éxodo juntamente con sus hermanos, Moisés y Aarón (Éxodo 15:20; Miqueas 6:4). Débora, profetisa y jueza, dijo a Barac que Dios le ordenaba dirigir al ejército en la lucha contra los opresores de Israel (Jueces 4–5). Hulda, profetisa, confirmó las palabras escritas en el rollo de la Ley que fue hallado en el templo. Ella ayudó a impulsar la reforma religiosa en los días de Josías (2 Reyes 22:14–20; 2 Crónicas 34:22–28).

El ministerio en el Nuevo Testamento es de naturaleza carismática. Eso significa que es posible gracias a que el Espíritu Santo es quien reparte los dones espirituales (charismata) según Su voluntad a cada miembro del cuerpo de Cristo (Romanos 12:6–8; 1 Corintios 12:7–11, 27–28; Efesios 4:7–12; 1 Pedro 4:10–11). Algunos dones son una obra espontánea del Espíritu. Otros son dones de ministerio reconocidos para el Cuerpo. El Espíritu da todos los dones para servir sin distinción de género. Por ejemplo, el don de profecía es explícitamente tanto para hombres como para mujeres: «sus hijos e hijas profetizarán» (Hechos 2:17). El Nuevo Testamento confirma que las mujeres recibieron y ejercieron este don del Espíritu (Hechos 21:9; 1 Corintios 11:5).

Las mujeres se dedicaban al ministerio y a la proclamación incluso antes del día de Pentecostés. Una mujer samaritana dio a conocer a Jesús entre su pueblo. Muchos de los habitantes del pueblo donde ella moraba «creyeron en él por el testimonio que daba la mujer» (Juan 4:39, NVI2). Las mujeres fueron también las primeras testigos de la resurrección de Cristo. Se les ordenó contar esta gran noticia a los discípulos (Mateo 28:1–8).

El Nuevo Testamento muestra que las mujeres también desempeñaron importantes funciones ministeriales después del día de Pentecostés. Tabita (Dorcas) inició un ministerio de benevolencia (Hechos 9:36). Una de las primeras iglesias en las casas se reunía en el hogar de Lidia (Hechos 16:14,15,40). La casa de Lidia también parece haberse convertido en la sede de la iglesia de Filipos. Varias mujeres son mencionadas como compañeras de ministerio. Pablo mencionó a dos mujeres en Filipos, Evodia y Síntique, diciendo que «han luchado a mi lado en la obra del evangelio» (Filipenses 4:2,3, NVI). En Romanos 16, Pablo saludó tanto a sus compañeros de ministerio varones como mujeres utilizando la palabra kopiaō. Este término alude al «trabajo» o «labor» de María, Trifena, Trifosa y Pérsida (Romanos 16:6, 12). En otros lugares, Pablo utiliza kopiaō para referirse al trabajo en el ministerio (1 Corintios 16:16; 1 Tesalonicenses 5:12; 1 Timoteo 5:17).

Priscila es otra de los «compañeros de Pablo en Cristo Jesús» (Romanos 16:3,4, NVI). Se la menciona junto a su esposo, Aquila, como maestros de Apolos. Ellos «lo tomaron a su cargo y le explicaron con mayor precisión el camino de Dios» (Hechos 18:26, NVI). Hechos también afirma que Apolos tenía un ministerio poderoso y «enseñaba con la mayor exactitud acerca de Jesús» (Hechos 18:24–28, NVI). Cuando se menciona al equipo ministerial de Priscila y Aquila, el nombre de ella se menciona primero al referirse a la pareja. Esto revela que ella desempeñó el papel principal en corregir e instruir a este reconocido líder masculino.

Las mujeres participaban activamente en la profecía en la Iglesia Primitiva. La Biblia señala que las cuatro hijas solteras de Felipe eran profetisas (Hechos 21:8–9). Primera de Corintios 11:2–16 también revela que los hombres y las mujeres de la iglesia oraban y profetizaban.

Las mujeres también eran nombradas diaconisas. Febe, líder de la iglesia de Cencrea, es muy elogiada por Pablo ante la iglesia de Roma (Romanos 16:1,2). Sin embargo, las tendencias en algunas traducciones han oscurecido la posición de liderazgo de Febe, reconociéndola en algunos casos como «ayudante» (PDT) o «líder» (TLA). Sin embargo, Febe era diakonos de la iglesia de Cencrea. Pablo utiliza habitualmente este término para referirse a un ministro o líder de una iglesia. También lo usó para referirse a Jesucristo, a Tíquico, a Epafras, a Timoteo y a su propio ministerio.

Según el contexto, diakonos suele traducirse como «diácono» o «ministro». Algunos traductores eligen la palabra «diaconisa» (p. ej., RVR1960) a pesar de que diakonos es un sustantivo masculino. Por lo tanto, parece que diakonos es el título de un cargo de liderazgo oficial en la Iglesia primitiva. Y la traducción literal para la función que desempeñaba Febe es «diácono» o «ministro», (N. Del T. aunque casi todas las traducciones al español usan «diaconisa», esto responde a la tendencia del idioma a marcar explícitamente el género femenino del referente, y no a una diferencia de términos presente en el texto griego). Además, la interpretación de otro término griego de Romanos 16:2 también puede revelar un sesgo en la traducción. Algunas traducciones del versículo dos se refieren a Febe como «benefactora» (PDT) o quien «ha ayudado» (NBLA) a muchos, incluido Pablo. Según un nuevo análisis de los manuscritos griegos antiguos, Pablo llama a Febe prostátis o proístemi. Independientemente de cuál sea el término original usado, ambos son títulos de liderazgo.

Un último ejemplo clave es el de Pablo que identifica a Junia o Junias como apóstol (Romanos 16:7, NTV). A partir del siglo XIII, algunos eruditos y traductores masculinizaron su nombre a Junías. Parece que no estaban dispuestos a aceptar que hubiera una mujer apóstol. El nombre Junia o Junias aparece más de 250 veces solo en Roma. Sin embargo, la forma masculina Junías es desconocida en cualquier fuente grecorromana. Este cambio deliberado del griego ha sido ahora corregido en los textos utilizados por pastores y eruditos.

Las Escrituras apoyan claramente a las mujeres como ministras y líderes. Los casos de mujeres que desempeñan funciones de liderazgo en la Biblia deben considerarse un modelo aprobado por Dios. La función de ellas no debe verse como una excepción a los decretos divinos.

Precedentes históricos y globales

Las pruebas de que las mujeres lideraban el ministerio las encontramos más allá del Nuevo Testamento. También hay pruebas arqueológicas del liderazgo femenino desde el siglo II.3 Sin embargo, el siglo III trajo cambios a la Iglesia. El liderazgo pasó de ser más una función carismática a convertirse en un cargo formal. Esta transición cambió el papel de las mujeres.

Una teoría es que las mujeres lideraban juntamente con los hombres cuando la iglesia se reunía en los hogares. En aquella época, un hogar era culturalmente más aceptable como lugar para que las mujeres fueran líderes. Sin embargo, cuando las iglesias comenzaron a reunirse en espacios públicos, los puestos de liderazgo se reservaron para los hombres. En otras palabras, la exclusión de las mujeres de los puestos de liderazgo en la Iglesia Primitiva se produjo como una concesión a la cultura dominante.

La historia de la Iglesia ha sido bendecida por épocas de avivamiento.4 Estos tiempos ofrecieron renovación y fortaleza por el poder del Espíritu Santo. Las primeras etapas de la mayoría de los avivamientos están llenas de fervor espiritual y se centran en el regreso del Señor. En estos tiempos, tiende a producirse una mayor aceptación de las ministras dinámicas y vanguardistas. Con el tiempo, las iglesias jóvenes adoptan una estructura más rígida y las inquietudes institucionales pasan a primer plano. Esto hace que la disposición a aceptar el liderazgo espiritual de las mujeres sea menor. El liderazgo de la Iglesia pasa entonces a estar dominado por los hombres.

La experiencia de las Asambleas de Dios no ha sido la excepción. El ministerio pentecostal temprano contó con mujeres notables como María B. Woodworth-Etter, Aimee Semple McPherson, Alice Reynolds Flower, Anna Ziese y Marie Burgess Brown. Las mujeres tuvieron una gran libertad para ejercer el ministerio en los primeros días de la Fraternidad. Sin embargo, a principios de la década de 1920 hubo una pronunciada caída en la proporción de mujeres líderes. Más recientemente, el número de mujeres acreditadas ha ido en aumento.

A lo largo de su historia, los pentecostales modernos han luchado por aplicar la verdad de la Biblia en contextos culturales muy diferentes. Algunos entornos aceptan el liderazgo espiritual de la mujer con rapidez y facilidad. Otros son menos receptivos. En los lugares donde las mujeres tienen un ministerio limitado, se les niega los puestos de liderazgo. A veces, las misioneras descubren que el papel de liderazgo que desempeñan en su país de origen difiere del que experimentan en el campo. También puede haber una discrepancia entre sus oportunidades de ministerio en el campo misionero y las de las mujeres de la cultura a la que sirven. Las culturas pueden influir en la naturaleza y el alcance del liderazgo femenino. Sin embargo, la Iglesia siempre debe buscar orientación en las Escrituras por encima de las prácticas contextuales.

Un estudio de pasajes que se debaten5

Solo dos pasajes del Nuevo Testamento parecen prohibir el ministerio de las mujeres en la iglesia (1 Corintios 14:34–35; 1 Timoteo 2:12). Cuando se analizan a la luz de otras declaraciones y prácticas de Pablo, no pueden considerarse prohibiciones absolutas del ministerio de las mujeres. Más bien, se referían a problemas específicos y locales que necesitaban ser corregidos. Por lo tanto, la verdadera perspectiva de Pablo se ve en su afirmación constante de las mujeres que ministraban y dirigían en sus iglesias. El contenido de estos dos pasajes, a menudo sujetos a interpretaciones contradictorias, debe ser reevaluado.

Primera carta a los Corintios 11:3–12

Los cristianos han debatido durante siglos la frase «el hombre es cabeza de la mujer». Algunos la utilizan para justificar la superioridad masculina. Otros la aplican para excluir a las mujeres del liderazgo espiritual. Dos posibles traducciones de kephalē («cabeza») son clave para este análisis. Los eruditos evangélicos contemporáneos debaten entre (1) «autoridad sobre» y (2) «fuente» u «origen». Ambos significados se encuentran en la literatura de la época de Pablo.

Tomando el pasaje completo, el segundo significado es más adecuado que el primero. Esto se ve claramente en la declaración resumida del versículo 12, donde no se utiliza kephalē: «Pues, aunque la primera mujer provino de un hombre, todos los demás hombres nacieron de una mujer, y todo proviene de Dios». Incluso la relación entre el Hijo eterno y el Padre —«la cabeza de Cristo es Dios» (11:3 NTV)— se entiende mejor como «fuente» que como «autoridad sobre» (cf. Juan 8:42). No encontramos que el uso de kephalē dé motivos para negar a las mujeres el ejercicio del liderazgo. Un estudio de los ejemplos bíblicos de mujeres en posiciones de autoridad espiritual y el consejo integral de las Escrituras lo deja claro.

Primera carta a los Corintios 14:34,35

Es necesario una interpretación cuidadosa para descubrir qué prohibió Pablo al escribir: «Las mujeres deben guardar silencio durante las reuniones de la iglesia. No es apropiado que hablen» (1 Corintios 14:34, NTV). Pablo habló acerca del orden en el servicio de adoración carismático. Utilizó la palabra sigatō («silencio») tres veces en este capítulo, incluso para limitar el habla de las mujeres. La misma palabra se utiliza para limitar a aquellos que hablan en otras lenguas si no hay interpretación (1 Corintios 14:28). El segundo grupo que se ve limitado por esta palabra es el de los profetas cuando se da una profecía (o juicio de profecía) a otra persona (versículo 30). En tercer lugar, esta es una instrucción a las mujeres. En determinadas circunstancias, los que hablan en otras lenguas, los profetas y las mujeres deben guardar silencio en la iglesia.

Entonces, ¿en qué circunstancias se debe limitar el habla de las mujeres? Las opciones que dan los eruditos incluyen (1) charlas en los servicios públicos, (2) interrupciones extáticas, (3) discursos autoritarios (como juzgar profecías) y (4) hacer preguntas durante el servicio. Sin embargo, está claro que Pablo permitía a las mujeres orar y profetizar en el servicio público en Corinto (1 Corintios 11:5). Pablo también habló que aquellos que profetizan, incluidas las mujeres, deben participar en juzgar las profecías (1 Corintios 14:29). La limitación es la siguiente: «Que se lo pregunten en casa a sus esposos» (versículo 35, NVI). Por lo tanto, la instrucción es para las esposas, no para todas las mujeres.

Además, la palabra griega traducida como «preguntar» es eperōtaō. En el Nuevo Testamento, casi siempre tiene un sentido de interrogación, no de simple petición. Las esposas deben juzgar o cuestionar la profecía de sus maridos en casa, no durante la reunión. Pablo no prohíbe el liderazgo femenino. Simplemente exhorta a que «todo debe hacerse de una manera apropiada y con orden» (1 Corintios 14:40, NVI). Claramente, 1 Corintios 14:34,35 continúa con las instrucciones a las congregaciones para el orden en la adoración carismática. No es un cambio de tema.

Primera carta a Timoteo 2:8–15

La afirmación de Pablo: «Yo no les permito a las mujeres que les enseñen a los hombres ni que tengan autoridad sobre ellos, sino que escuchen en silencio» (1 Timoteo 2:12, NTV), ha desconcertado a los intérpretes. Este enigma ha dado lugar a diversas opiniones sobre lo que Pablo propuso con respecto a las mujeres de Éfeso.

De la anterior revisión de pasajes sobre las mujeres en el ministerio, uno puede ver que Pablo reconocía el liderazgo ministerial de las mujeres. Hay problemas evidentes en Éfeso, no solo con las mujeres. Pablo dijo a los hombres que dejaran las contiendas durante la oración (1 Timoteo 2:8; cf. 1 Timoteo 3:3). Algunas de las mujeres se vestían y adornaban de manera inapropiada (1 Timoteo 2:9). Pablo ordenó que las mujeres aprendieran (la única orden en el pasaje). Deben hacerlo con serenidad, y con dominio propio (1 Timoteo 2:11).

Una lectura atenta de 1 Timoteo 2:8–15 aclara la intención de Pablo. Él dio a Timoteo consejos que se referían específicamente a la iglesia de Éfeso. Se trataba de enseñanzas y prácticas heréticas, incluyendo el comportamiento agresivo e inapropiado de hombres y mujeres. El culto local a Artemisa (Hechos 19) enseñaba que Artemisa era la fuente de la vida y el conocimiento. Primera de Timoteo 2:13–15 tiene más sentido como un rechazo directo a estas enseñanzas. Pablo ordenó a las mujeres que aprendieran y las limitó para que no «enseñaran» las afirmaciones de la herejía de Artemisa. Otros pasajes muestran que la exclusión de las mujeres del ministerio no era habitual en las iglesias paulinas.

Las instrucciones para que los hombres dejaran las contiendas se dirigían solo a Éfeso. Al parecer, otras iglesias no tenían esta dificultad durante la oración. Las instrucciones que limitan la enseñanza impartida por las mujeres se refieren al contenido de la herejía de Éfeso. En 2 Timoteo 2:2, Pablo instruyó a Timoteo que buscara seres humanos que pudieran enseñar, y no solo hombres. También saludó a Priscila (2 Timoteo 4:19). En su saludo se destaca la ausencia de cualquier instrucción de que Priscila debiera dejar de enseñar, por lo que ella es conocida en el Libro de los Hechos.

Primera carta a Timoteo 3:1–13

Algunos sostienen que las instrucciones a los «obispos» (NVI) y diáconos confirman que todos los líderes de la Iglesia primitiva debían ser hombres. Estos versículos señalan el liderazgo masculino debido a la sociedad dominada por los hombres de la época. Sin embargo, también hay pruebas sólidas de la existencia de mujeres líderes.

La Nueva Traducción Viviente (NTV) traduce el versículo 11 así: «De la misma manera, sus esposas deben ser dignas de respeto y no calumniar a nadie. Deben tener control propio y ser fieles en todo lo que hagan». Esto es típico de las versiones modernas. Los traductores de la NTV, al igual que los de la NVI 1984, decidieron que el versículo se refiere a las esposas de los diáconos. Sin embargo, la palabra traducida como «esposas» es el plural de la palabra griega gynē. Este término se traduce como «mujer» o «esposa», dependiendo del contexto. La PDT y la RVA traducen aquí la forma plural de gynē como «mujeres», no como esposas. La NTV y la NVI 1984 incluyen «diaconisas» como lectura alternativa en sus notas al pie de página. Se identifica a Febe explícitamente como «diaconisa» en Romanos 16:1. Cabe señalar que los diáconos deben ser puestos a prueba. Esto no se exige del llamado «obispo» (1 Timoteo 3:10). ¡Es posible que no sea cierto que los diáconos tuvieran un rango inferior en las comunidades paulinas! Primera de Timoteo 3:11 exponía los requisitos que debían cumplir las mujeres en el liderazgo espiritual, identificadas como «diaconisas».

El entorno cultural del siglo I dio lugar a un liderazgo eclesiástico predominantemente masculino. Sin embargo, este pasaje, junto a otras pruebas bíblicas (por ejemplo, Hechos 21:9; Romanos 16:1–15; Filipenses 4:2,3), revelan el liderazgo femenino. También muestran que el liderazgo de ellas no estaba prohibido ni en la época de Pablo ni en la actualidad. Los pasajes que dan a entender que la mayoría de los líderes eran hombres no prueban que todos los líderes sean hombres. Además, los relatos bíblicos hablan con aprobación de muchas mujeres líderes. Primera de Timoteo 3:1–13 no descalifica a las mujeres. Sino fuera así, esa misma manera de leer el texto podría utilizarse para descalificar del liderazgo a los hombres solteros y sin hijos, ya que se dirige a los líderes como si estuvieran casados y tuvieran hijos.

Afirmaciones

Un estudio minucioso de las traducciones y pasajes bíblicos clave reveló el papel activo de las mujeres en la iglesia del siglo I. Con el deseo de aplicar la Palabra de Dios a la práctica eclesiástica contemporánea, concluimos que no existen pruebas convincentes de que el ministerio de las mujeres esté restringido por ningún principio sagrado o inmutable. Por lo tanto, ofrecemos las siguientes afirmaciones:

  1. Afirmamos el rechazo de todo prejuicio y autopromoción por parte de hombres o mujeres. No se puede negar la existencia de intolerancia hacia las mujeres en nuestro mundo y, con mucha frecuencia, en las iglesias. Pero no hay lugar para tal actitud en el cuerpo de Cristo.
  2. Reconocemos que las actitudes de la sociedad secular, basadas en prácticas y tradiciones de larga data, han influido en la aplicación de los principios bíblicos a las circunstancias locales. Queremos respetar y ayudar a redimir las culturas que difieren de los principios del Reino. Afirmamos que la Gran Comisión tiene prioridad sobre otras consideraciones. Nuestra tarea es alcanzar a hombres y mujeres para Cristo, independientemente de sus costumbres culturales o étnicas.
  3. Afirmamos que el mensaje de redención ha sido llevado a lugares remotos del mundo a través del ministerio de mujeres y hombres dedicados y llenos del Espíritu. Los dones y la unción de un creyente deben permitir que su ministerio se ejerza aún hoy, tanto si se trata de una mujer como de un hombre.
  4. Afirmamos que el ministerio pentecostal debe ser siempre un llamado divino, confirmado por el Espíritu con dones especiales. No es una profesión a la que los hombres o las mujeres simplemente aspiran.
  5. Afirmamos que las Asambleas de Dios han sido bendecidas y deben seguir siendo bendecidas por el ministerio de las hijas de Dios dotadas y comisionadas.
  6. La Biblia afirma reiteradamente que Dios derrama su Espíritu sobre hombres y mujeres. De este modo, Dios otorga dones al hombre y a la mujer para el ministerio en Su Iglesia. Por lo tanto, continuamos afirmando los dones de las mujeres en el ministerio y el liderazgo espiritual.

La Gran Comisión nos desafía a «ir y hacer discípulos de todas las naciones» (Mateo 28:19). La magnitud de este desafío requiere sin duda el despliegue completo de todos los ministros dotados por el Espíritu de Dios, ya sean hombres o mujeres.

Recomendaciones

En vista de estas afirmaciones, recomendamos las siguientes normas:

  1. Predicar a la iglesia sobre el ministerio y los dones de las mujeres. Este tema debe surgir de una serie normal sobre el ministerio o el llamado, no solo en días dedicados a temas específicos relacionados con las mujeres, como el Día de las Madres. Promover el apoyo bíblico a las mujeres en el lliderazgo ministerial.
  2. Revisar la Constitución y los Estatutos de su iglesia local o ministerio en lo que respecta al papel de las mujeres (por ejemplo, si implican que solo los hombres pueden ser pastores y miembros de la junta, directorio o cuerpo oficial). Actualizarlos si es necesario. El Presbiterio General aprobó en 2022 dos ejemplos excelentes de estatutos de las iglesias a nivel local. Puede encontrarlos en el sitio web: https://ag.org/About/Leadership%20Team/General%20Secretary#Bylaws.
  3. Proporcionar políticas, normas y formación en toda la iglesia para todos los líderes, tanto mujeres como hombres. Adoptar políticas que exijan límites moralmente seguros que todos practiquen y que se apliquen por igual.
  4. Ser consciente de las analogías o el lenguaje utilizado en las políticas, entrenamientos y reuniones para que no excluyan a algún género. Por ejemplo, en lugar de utilizar el lenguaje «padre/hijo» para describir la relación de mentor, utilice «mentor/aprendiz», utilice «iglesia principal» en lugar de «iglesia madre» y utilice «cónyuge del pastor» en lugar de «esposa del pastor». Las palabras son importantes.
  5. Fomentar por igual los dones de Dios ha dado a las mujeres y los hombres, sin encaminarlos hacia funciones tradicionales basados en normas históricas o culturales. Si un niño y una niña sienten el llamado al ministerio, no oriente al niño a buscar la posición de pastor principal y a la niña a dedicarse al ministerio a los niños. Explicar al niño y a la niña que pueden hacer todo lo anterior en función de su llamado y preparación. El lugar al que llegan las personas en el ministerio tiene mucho que ver con la forma en que se les orienta, se les afirma y las oportunidades que se les conceden.
  6. Los hombres y las mujeres deben defender el avance de las mujeres. Prepárese para abrir puertas en función de la vocación de cada uno. Sugiera el nombre de alguien cuando surja una oportunidad. Conozca las habilidades, intereses y dones de sus colegas mujeres para una mejor preparación al promoverlas a puestos de liderazgo en el ministerio cuando surja la oportunidad.
  7. Ofrecer orientación tanto a hombres como a mujeres, en función de sus intereses, vocación, dones y necesidades dentro de la comunidad. Las mujeres pueden tener dificultades para encontrar un pastor dispuesto a supervisarlas o trabajar con ellas. Los esfuerzos por «evitar la apariencia del mal» no justifican ignorar el ministerio o la mentoría de las mujeres.

Abreviaturas de traducciones y versiones de la Biblia

NVI - Nueva Versión Internacional
NTV - Nueva Traducción Viviente
NBV - Nueva Biblia Viviente
PDT - Palabra de Dios para todos
RVA - Reina Valera Revisada
TLA - Traducción al Lenguaje Actual

Notas

  1. El texto bíblico indicado con «NTV» ha sido tomado de la Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente, copyright © 2010. Usadas con permiso de Tyndale House Publishers, Carol Stream, Illinois 60188. Todos los derechos reservados.
  2. Las citas bíblicas marcadas con (NVI) han sido tomadas de la Santa Biblia, Nueva Versión Internacional™, NVI™ Copyright © 1999, 2015, 2022 por Biblica, Inc.Usado con permiso. Todos los derechos reservados mundialmente.
    «Nueva Versión Internacional» es una marca registrada en la Oficina de Patentes y Marcas de los Estados Unidos y en el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) por Biblica, Inc. “NVI”, “Biblica”, “International Bible Society” y el logotipo de Biblica son marcas registradas en la Oficina de Patentes y Marcas de los Estados Unidos por Biblica, Inc. Usadas con permiso.
  3. Laurie Guy, Introducing Early Christianity [Introducción al cristianismo primitivo] (InterVarsity Press, 2004), 178–180.
  4. Véase el documento de posición de las Asambleas de Dios sobre «El avivamiento y la renovación espiritual» (2024) en ag.org/es-ES/Beliefs/Position-Papers
  5. Para más detalles, véase Discovering Biblical Equality: Biblical, Theological, Cultural & Practical Perspectives [Descubriendo la igualdad bíblica: perspectivas bíblicas, teológicas, culturales y prácticas] (InterVarsity Press, 2021) y Waldemar Kowalski, , “What Paul Really Taught about Women” [Lo que Pablo realmente enseñó sobre las mujeres] (Gospel Publishing House, 2026).

Download: Las mujeres en el liderazgo ministerial (PDF)